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11 marzo 2007
El coronel ya ha dejado de escribir (bien)
¿Por qué Mario Vargas Llosa no puede firmarme en las tetas? me decía el otro día un gentil amigo mío. Supongo que con esta frase que usa un lenguaje (aparentemente soez) resumió perfectametne ese malestar que puede tenerse al referirse a los supervivientes del boom latinoamericano. Uno de los más difundidos es Gabriel García Márquez, el Nobel de literatura, que se ha convertido, en una visión deprimente de la literatura, en un titán indiscutible para una legión de crítico y público, que aunque son independientes adoptan actitudes muy similares respecto al asunto GGM. Con franqueza y con ánimo de alarmar a los integristas: ¿dónde empieza la literatura y termina la industria en el prestigio?
¿Es Cien años de Soledad una obra maestra? Desde luego lo es para millones de lectores. No para mí, de hecho, el realismo mágico me parece mejor como influencia de ciertos autores como Jeffrey Eugenides y Haruki Murakami que como concepto en sí mismo y no lo digo refiriéndome a las tristes novelas rosas latinas light derivativas de Isabel Allende.
Lo que es cierto es que la mejor obra, la verdadera obra maestra de GGM, es, claro que sí, una novelita lumpen incomprendida a estas alturas y reivindicable al máximo. Su nombre es El coronel no tiene quién le escriba y en ella su atmósfera es mucho más poderosa que cualquier narrativa de estética real-maravillosa (que tiene su fama por la creciente y anestesiante moda new age que también auspicia las obras del místico Herman Hesse). La diferencia entre El coronel... y el resto de las obras de GGM es que no hay heroísmos aparentes. Todo lo que se percibe es fracaso y desolación, y todo se construye como la mejor sucesión de William Faulkner que he leído en mi vida: sangre, sudor y derrota.
Posiblemente no cambie demasiado este comentario: al fin y al cabo resulta más reconfortante la popularidad de una novela de neoprestigio adaptable al chill out que la crónica de un fracaso anunciado que temina con posiblemente uno de los finales más redondos de la historia. Al igual que La ciudad y los perros de MVL, la nouvelle del colombiano puede redimirle de todos los síndromes creados a su alrededor y dar un motivo incuestionable e indiscutible para admirarle ad aeternum.
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Tags: Gabriel García Marquez
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