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16 abril 2007


Sobre el erotismo en la poesía rococó

Eva Paris

Odalisque
Desde hace algunas semanas se puede consultar en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes el estudio del hispanista David T. GiesSobre el erotismo rococó en la poesía del siglo XVIII español”. El autor analiza esta tendencia artístico-literaria de la cultura europea de mediados y finales del XVIII relacionando varias de las vertientes artísticas que se impregnaron de rococó. El estudio de Gies ayuda a comprender la corriente artística europea que está en el origen de esta poesía sensual que tanto me fascina.

Términos como elegancia, voluptuosidad, gracia, belleza, dulzura, pequeñez, sensualidad, intimidad, placer, frivolidad, delicadeza y erotismo tiñen los versos de los poetas rococó. Estamos ante una poesía delicada, sugestivamente erótica y juguetona que caracteriza una parte de la producción poética de autores como Nicolás Fernández de Moratín, José Cadalso y, sobre todo, Juan Meléndez Valdés. Estas características de los poetas españoles pueden relacionarse con ciertos movimientos estéticos europeos.

Las relaciones con la pintura rococó francesa son evidentes: el rico erotismo pictórico de los artistas del rococó francés se transforman en imágenes líricas en los versos de nuestros poetas. Los cuadros de Jean-Antoine Watteau, Jean Honoré Fragonard y, sobre todo, François Boucher (que creó los cuadros que ilustran estas líneas) captan de un modo inmejorable el juego pastoril-erótico del siglo XVIII.

Aunque no se sabe si Meléndez conoció directamente estos cuadros, muchos de sus versos podrían estar inspirados en sus pinceladas.

La toilette de Venus 2
También analiza Gies la importancia del elemento musical, fundamental en muchas poesías del periodo rococó y que autores como Meléndez emplean como instrumento de seducción.

El hispanista continúa analizando la supuesta inocencia de los juegos poético-eróticos de Meléndez: tanto los poetas como los pintores de la época eran plenamente conscientes de la carga erótica de su arte, a pesar de sus protestas en contra de cara al público:

Sabían perfectamente que habían transformado el jardín renacentista (morada de Venus, lugar de contemplación y espiritualidad) en jardín erótico, morada de Venus y Cupido, de Céfiro, de Flora, de los revolteados querubines, juntos en un juego eterno y amoroso.

Las aportaciones del rococó español apuntan sobre todo a un nuevo lenguaje literario, un lenguaje sensual, delicado, erótico y artificioso que para Gies y la mayoría de estudiosos encuentra su máxima expresión en la poesía de Juan Meléndez Valdés. Sus versos elegantes captan, tanto en su léxico como en su estructura, la delicada frivolidad y gracia de la poesía rococó dieciochesca. Lo que aporta Meléndez a la poesía de su época es una fina sensibilidad erótica, muy distinta del tono más mundano y grosero de las poesías eróticas de, por ejemplo, Quevedo. Creo que no existe mejor manera de acabar estas líneas que citando un poema de Meléndez que ejemplifica las cualidades rococó:

Cuando mi blanda Nise
lasciva me rodea
con sus nevados brazos
y mil veces me besa,
cuando a mi ardiente boca
su dulce labio aprieta,
tan del placer rendida
que casi al hablar no acierta,
y yo por alentarla
corro con mano inquieta
de su nevado vientre
las partes más secretas,
y ella entre dulces ayes
se mueve más y alterna
ternuras y suspiros
con balbuciente lengua,
ora hijito me llama,
ya que cese me ruega,
ya al besarme me muerde,
y moviéndose anhela,
entonces, ¡ay!, si alguno
contó del mar la arena,
cuente, cuente, las glorias
en que el amor me anega.

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