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15 mayo 2007
El (im)posible oficio de enseñar a escribir
“No se puede enseñar a escribir” Con esa frase como lema el escritor Mario Bellatín lleva adelante una muy curiosa escuela de escritura a la que llama Escuela Dinámica de Escritores, y en la que lo que menos se hace es escribir. Ahora publica, en colaboración con el Fondo de Cultura Económica, el volumen El arte de enseñar a escribir, en el que, a lo largo de 302 páginas, muestra 38 textos breves de escritores que han formado parte de sus cursos.
Mario Bellatín, es un escritor mejicano nacido en 1960 autor de libros como: “Flores”, “La escuela del dolor humano de Sechuán”; “Shiki Nagaoka: una nariz de ficción”; “El jardín de la señora Murahami”; “Salón de belleza, Canon perfecto”; “Perros héroes, Jacobo el mutante”; “Lecciones para una liebre muerta”. En unos textos publicados en la revista mejicana Fractal, escribio:
A quienes se preparan durante años para escribir de una determinada manera y, además, dicen tener claros los objetivos que pretenden alcanzar. Me parece un oficio tan vano y sacrificado que no puedo entender el sentido de esforzarse tanto para obtener tan poco. Estoy convencido además de que el uso de la voluntad como impulso inicial hace que cualquier proyecto nazca muerto.
Lo interesante de su propuesta, ante la aparentemente pesimista frase del enunciado, es que lo que hace es conectar a los estudiantes o aprendices con el proceso mismo de la creación. En las sesiones no se escribe, sino que se conversa creativamente y después se van a escribir. Pero mejor que sea el propio Bellatín quien defina la que también llaman escuela vacía:
Un lugar donde sólo existe una prohibición: la de escribir. Es decir, que los alumnos, tal vez deba decir los discípulos de un número grande de maestros, no pueden llevar a ese espacio sus propios trabajos de creación. Ellos deben, en lugar de cotejar sus textos, tener la mayor cantidad posible de experiencias con creadores en plena producción. No es posible enseñar a escribir, esta puede ser la premisa de una escuela semejante y, precisamente, por eso, es imprescindible.
La escuela sigue tres líneas de trabajo: lenguaje literario, contenidos y formas de construcción narrativas. No es tan laissez faire el asunto este de la escritura narrativa. Al final, como dice Margo Glantz, lo que se quiere es escribir y es el ejercicio mismo de la escritura el que dará forma al oficio.
Vía | Proceso
Sitio Oficial | Escuela Dinámica de Escritores
Otras páginas | Underwood Portátil. Modelo 1915
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Tags: Escuela dinámica de escritura, Mario Bellatín
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