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29 julio 2007


[Lecturas para el verano] El talento de Mr. Ripley, de Patricia Highsmith

Paolo Fava

mr_ripley.jpg¿Quién dijo que las novelas policíacas sólo pueden tener por escenario ciudades modernas de cristales polvorientos, en dónde humean las alcantarillas y las luces de neón apenas dispersan la sucia oscuridad de los callejones? Varios de los autores clásicos del género se sentían mucho más fascinados por otro mundo: el de la Europa de la posguerra, de la que los americanos disfrutaban como de su legítimo botín y que ocultaba una sofisticada maraña de intrigas, ambiciones y traiciones.

Patricia Highsmith, una de las grandes damas del crimen que el siglo nos ha dado, tenía debilidad por Europa. Y le transmitió su antojo a su creación, Tom Ripley, uno de los malvados más pertubadores y elegantes de la ficción, un psicópata sutil que no necesita los histrionismos y la casquería de Annibal Lecter.

Al contrario, Ripley es un enamorado de la belleza y la clase, y este libro la busca, atreviéndose a romper quizás con las convenciones del género. Aquí no hay callejones sino playas mediterráneas, ciudades monumentales, palacios renacentistas y cócteles en la Riviera. ¿El coste de todo ello? Un simple crimen.

Tom Ripley es un timador de segunda que no quiere ser un perdedor toda su vida. Su gran oportunidad le sale al paso cuando un poderoso magnate le contrata para que encuentre a su hijo, Dickie Greenleaf, y le persuada para que deje la dolce vita de la que está disfrutando en Italia y regrese con su familia. Tom conseguirá ganarse la confianza de Dickie e incluso establecerá una más que tensa relación de atracción y dependencia con él.

Gracias a Dickie, Ripley descubrirá la felicidad de vivir como un elegido. Pero cuando el caprichoso hijo de papá empiece a perder el interés por su nuevo amigo a instancias de una tercera persona, un Ripley desesperado deberá decidir entre perderlo todo o tomar por la fuerza lo que siempre ha deseado.

Ripley es uno de esos seres fríos, mentirosos, sin remordimientos, de los que sólo se puede esperar lo peor. Pero al mismo tiempo es una criatura frágil e insegura, un niño perpetuamente rechazado. Es difícil sentir simpatía por Ripley. Pero Highsmith, en un giro magistral, nos transforma en cómplices de su crimen y su impostura.

Con las manos cada vez más manchadas de sangre, nos vemos obligados a huir junto con Ripley bajo una máscarada de lujo, y pasamos de desear su destrucción a retener el aliento cada vez que alguien amenaza con romper su frágil coartada.

En Papel en Blanco | Lecturas para el verano

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