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27 noviembre 2007
'Olvidado Rey Gudú', de Ana María Matute
La vena fantástica es la pariente pobre de la literatura española. O al menos la pariente de provincias: si no surge en la forma del folclore gallego de un Cunqueiro o un Fernández Flórez, las letras hispanas suelen arrugar la nariz cuando huelen historias de duendes, princesas y caballeros. Quizás porque nuestro Romanticismo fue de última hora o porque la mano diestra de Cervantes machacó a conciencia los mitos medievales, el caso es que en España se escribe de cosas serias y tristes como la Guerra Civil (no sólo, pero sobre todo).
Hacía falta una enorme heterodoxa de las letras, una outsider como Ana María Matute para producir algo tan diferente como Olvidado Rey Gudú. Una mujer que, tras hacerse reconocer jovencísima como escritora con novelas sobre, efectivamente, la Guerra Civil, regresó en la edad madura como autora de libros infantiles y fantasía adulta. Cuando apareció Olvidado Rey Gudú, algunos llegaron a decir que se había vuelto chocha. Tan caro sale jugar con la pariente pobre, indigna.
La verdad es que Olvidado Rey Gudú es una apuesta personalísima y difícil de encuadrar en algún género. Podría describirse como la historia dinástica de la creación y desaparición de un reino medieval fantástico. Leyéndolo uno tiene sensaciones que le reenvían tanto a Cien años de Soledad como al Silmarillion de Tolkien en su tono épico. Por otro lado, hay todo un pequeño mundo de magia y asombro propio de los hermanos Grimm y un innegable tono de parodia y humor negro al caracterizar a los hombres medievales, en sintonía con Jarry y la obra a la que parece aludir el título.
El género fantástico sirve a muchos escritores, como ya hemos comentado, para recrear un mundo en el que plasmar todos los grandes temas que antiguamente han correspondido a la tragedia. La violencia, el odio, la sexualidad, la ambición, la traición llenan con crudeza Olvidado Rey Gudú contrastando con momentos más ingenuos o líricos. En realidad la obra pone en juego un gran enfrentamiento entre el idealismo y el pragmatismo, entre potencias viriles y femeninas, entre los seres carnales y brutales para los que el fin justifica los medios y aquellos etéreos y soñadores con un pie en otro mundo.
Hace poco comentaba Matute que escribía sobre la Edad Media porque en la edad contemporánea nada merecía ser contado. Claro que esta Edad Media a la que se refiere es una puramente ideológica, no histórica. Es evidente que Matute pone gran parte de sí misma en esta obra, llegando a haber dibujado un mapa del reino (un vicio totalmente prescindible heredado de las novelas de Espada y Brujería: ¿alguién ha necesitado un mapa de Francia para leer Madame Bovary?) y varias ilustraciones. Pero en obras tan personales el autor corre el riesgo de olvidarse del lector, y Olvidado Rey Gudú sufre de altibajos narrativos y digresiones que acaban reclamando un esfuerzo para llegar al final de la epopeya.
En Papel en Blanco | Ana María Matute
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Tags: Ana María Matute, novela fantástica, Olvidado Rey Gudú
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