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09 mayo 2008
['Nuestros antepasados', de Italo Calvino] El Barón rampante
Llegamos al final de la trilogía de Nuestros antepasados con la novela más celebre de todas, El Barón rampante. Desde hace tiempo es una lectura juvenil obligada aunque como en todo Italo Calvino la sencillez aparente enmascara una profundidad alegórica compleja. Sin embargo, al contrario que El Vizconde demediado y El Caballero inexistente, esta última novela es mucho menos conceptual, apegándose a una narración tradicional con la que el lector está más familiarizado.
Así, es la más densa de las tres novelas, y la única que huye de lo fantástico (o al menos de la inverosímil). No por ello deja de tratarse de un relato extraordinario, el de Cosme Piovasco de Rondó, Barón de Ombrosa. Siendo sólo un niño, Cosme rechazo comer el plato de caracoles que su familia le imponía, y escapó subiéndose a los frondosos árboles que cubrían su región. Su padre, por entonces el Barón, le advirtió de un severo castigo cuando bajase; el declaró que no bajaría más; y mantuvo su promesa.
Es por lo tanto la historia de un hombre que, sin jamás bajar de las copas de los árboles, conocería aventuras, amores y guerras, se cartería con los sabios de su tiempo, participaría en movimientos revolucionarios. fundaría sociedades secretas y llegaría a conocer a Napoleón, quién declararía: SI yo no fuera Napoleón habría querido ser el ciudadano Cosimo Rondó. Todo esto nos lo cuenta su hermano pequeño Biagio, quién llevó una vida conformista a la sombra de Cosme desde el día en el que a él le falló la voluntad y comió los caracoles.
Toda la novela tiene por premisa la figura del Barón rampante y su precaria existencia entre dos mundos, el primero isolado entre los ramajes del bosque y el segundo terrenal entre los hombres, sus dificultades y sus pasiones. No nos sorprende está temática tratándose de uno de Nuestros antepasados, seres como hemos visto a caballo entre dos realidades paralelas. Pero encontramos aquí un apego a la verosimilitud, al “realismo” que Calvino no ha mostrado antes con sus hombres partidos por la mitad que se encuentran perfectamente y armaduras vacías dotadas de razón.
Hay una preocupación detallista en El barón rampante por explicarlo todo. Cómo Cosme se las ingenia para acomodarse en los árboles, cómo hace para desplazarse, cómo sobrevive, incluso cómo satisface sus necesidades higiénicas, fisiológicas (en el torrente convenientemente llamado Merdazio) y sexuales cuando le llega la edad. Es por esto que sirve tan bien como novela juvenil ya que tiene un eco de las aventuras de supervivencia clásicas. A Cosme se le compara en una ocasión, explícitamente, con Robinson Crusoe.
Pero más que hacer una de aventuras, parece que Calvino ha querido homenajear al gran siglo de las novelas, el XVIII, cogiendo un poco de todos los géneros. La estrafalaria familia del barón y su entorno le sirve para enlazar elementos de novela bizantina con piratas turcos, tesoros e hijas perdidas; novela sentimental en la tradicion de las Amistades Peligrosas, al relatar los tormentosos amores entre Cosme y su vecina la marquesa Viola; e incluso notas de novela gótica al convertirlo en un franco-masón que desbarata complots jesuíticos.
Pero por ser la más realista, y por ambientarse en un período de referencias tan claras como el de la Revolución Francesa, se ha visto en esta la obra más política de la trilogía. Lo cual parece cierto, ya que Calvino realidad y política van de la mano, aunque no en un sentido proselitista. Se ha querido ver en Cosme la figura del intelectual crítico, inconformista, que se exilia de un mundo que rechaza pero que intenta cambiar contribuyendo desde su atalaya privilegiada. El sentido de fracaso en Cosme, que no acaba de ser considerado más que un loco benéfico y cuyos planes utópicos no florecen, puede verse como un reflejo del propio desencanto de Calvino por su militancia ideológica.
Sin desmentir esta interpretación, creo que no hay que soslayar el valor poético del Barón rampante. Igualmente poéticos son los dos otros libros de la trilogía, con su simbolismo de la división, la ruptura y la mescolanza. En el barón rampante lo que hay en cambio es una poesía ascensional, el mito de una elevación mediante la voluntad por encima de la grávida existencia humana, evidenciado por el aéreo destino final de Cosme. Sin una pizca de religiosidad, Calvino nos habla de un hombre que vivió sobre los demás y terminó subiendo al cielo.
En Papel en Blanco | Nuestros antepasados, de Italo Calvino
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Tags: El Barón rampante, Italo Calvino, Nuestros antepasados
Comentarios (1)
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Comentarios
De las tres novelas, mi favorita es definitivamente el Vizconde Demediado, pero las imágenes de El Barón Rampante me parecieron maravillosas… y la idea de alguien viviendo siempre "elevado" sobre los otros hombres, mucho más.
#1 | Escrito por Rafael Penaloza | 10 may 2008 09:06:53
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