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03 junio 2008
El club de los parricidas, de Ambrose Bierce
Con un título así cuesta resistirse, al menos, a hojear esta obra para tratar de descubrir de qué diablos trata. Bueno, su título no podría ser más transparente: es una pequeña recopilación de cuentos en la que sus protagonistas, motivados por razones diversas y a través de diferentes procedimientos, acaban con la vida de sus progenitores.
Ambrose Bierce es un reconocido cuentista que combina diversos textos bélicos con otros concebidos con un explosivo humor negro que más tarde ha encontrado sus sucesores en autores tan magníficos como Edward Gorey. Su propia vida también parece extraída de la pluma de algún inquieto y alocado escribano, pues hacia el final de sus días, en 1914, marchó para participar en la Guerra Civil Mexicana y ya nadie volvió a saber nada de él. Por aquel entonces contaba 72 años.
La obra que ahora nos ocupa está compuesta por cuatro relatos breves. A pesar de la temática de las historias, el tono densefadado e inocente que emplea en la narración suaviza el impacto y nos invita a esbozar una sonrisa. El primero de estos cuentos, Una conflagración imperfecta, comienza así:
Una mañana de junio de 1872, temprano, asesiné a mi padre, acto que me impresionó vivamente en esa época.
El crimen estuvo motivado por la disputa por una cajita de música durante el reparto de las ganancias obtenidas de un robo. El desenlace, como en el resto de las historias de Bierce, es tan negro e inesperado como los de Roald Dahl.
El segundo de los relatos se titula Mi crimen favorito, en el que el protagonista comparece ante un tribunal para dar cuentas de sus poco recomendables actividades. El peculiar sentido del humor de este autor queda patente en el discurso que el abogado de este personaje expone para justificar los actos de su cliente:
Si Vuestra Señoría me permite, los crímenes son horribles o agradables sólo por comparación. Si conociera usted los detalles del asesinato previo de su tío que cometió mi cliente, discerniría en su último delito una especie de tierna indulgencia y de filial consideración por los sentimientos de la víctima.
A continuación, el propio acusado pasa a relatar las curiosas circunstancias en las que se desarrolló tal asesinato.
El siguiente cuento es Aceite de perro, mi favorito por los histriónicos personajes que lo protagonizan. Boffer Bings, el futuro parricida, vive con sus padres, que dedican su tiempo a dos peculiares profesiones: su padre es fabricante de aceite de perro y su madre “se ocupa” de los niños no deseados que nacen en el pueblo. En cierto momento de la narración, ambos progenitores deciden unificar sus negocios, lo cual los conduce a la cima del éxito empresarial.
Por supuesto, la fatalidad del destino termina haciendo acto de presencia, y ambos finalizan sus días de forma similar a los pobres padres del resto de los cuentos.
El último en discordia es El hipnotizador, posiblemente el más flojo de los cuatro. John, el protagonista, descubre ya desde pequeño sus poderes hipnóticos y telequinéticos. Por supuesto, decide usarlos en su propio provecho y nunca para hacer el bien, quizá debido a que en su escuela no se impartiera la Educación para la Ciudadanía. En cualquier caso, sus travesuras fueron creciendo desde robarle el almuerzo a una compañera de clase hasta la defunción de sus padres, estrafalaria a más no poder.
Bierce también es recordado por su obra El diccionario del diablo, en la que sigue haciendo gala de su humor negro aderezado con acidez y cinismo. Un ejemplo:
Felicidad: Dícese de la contemplación de las desgracias ajenas.
Más información | Una conflagración imperfecta
En Papel en Blanco | Humor negro
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Tags: Ambrose Bierce, Diccionario del diablo, El club de los parricidas, humor negro
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Comentarios
Qué bueno, Ambroce Bierce es de lo mejor que se puede leer, y el Diccionario del diablo es el libro perfecto para tener en la mesilla de noche. Además la muerte de Bierce inspiró Gringo viejo de Carlos Fuentes. En realidad no se sabe cómo murió, pero sí que murió durante la revolución mejicana de principios del siglo XX. Se fue a Méjico sabiendo que no volvería vivo a su país.
#1 | Escrito por Manuel González | 05 jun 2008 12:27:11
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