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28 junio 2008
Primer capítulo de 'La verdadera historia del Hombre Elefante'
Si hablamos de Joseph Carey Merrick, un británico que vivió a finales del XIX y murió antes de cumplir los 30 años, poco sabrán a quién me refiero. Pero si digo Hombre Elefante entonces la cosa cambia. La historia de Merrick, aquejado por un extraño síndrome que le produjo deformaciones extremas y que le obligó a subsistir como fenómeno de feria, ha fascinado a muchos autores. Es famosa, por ejemplo, la película que David Lynch le dedicó.
Turner edita ahora en español un ensayo historiográfico de Michael Howell y Peter Ford titulado La verdadera historia del Hombre Elefante, en el que se reconstruye la atribulada biografía de Merrick así como la Inglaterra Victoriana en la que vivió y el impacto que supuso su irrupción en el panorama científico de la época. La historia sigue los pasos novelescos de lo que conocemos sobre Merrick: de origen obrero, su enfermedad empezó a afectarlo en la adolescencia, a deformarlo y a inutilizarlo para el trabajo. Huyó de casa e intentó ganarse la vida con empleos convencionales, pero su degeneración física se lo impidió.
Un empresario lo descubrió medio muerto de hambre y frío en una estación e inmediatamente le vió futuro en un espectáculo de monstruos. La misma Inglaterra de los asesinatos de Jack el Destripador sentía una fascinación morbosa por las aberraciones. La cabeza de Merrick había doblado su volumen, su labio superior había desarrollado una excrecencia carnosa que le caía como una trompa (le sería amputada más tarde), un cartílago le atravesaba la mejilla como un “colmillo” y su piel se había vuelto grisácea y rugosa, despidiendo un desagradable olor. Había nacido el Hombre Elefante.
Fue en la barraca dónde lo encontró Sir Frederick Treves, médico especialista en enfermedades deformantes. Treves pidió reconocer en privado al Hombre Elefante, fascinado por su caso, y descubrió para su sorpresa que en lugar del idiota que esperaba Merrick era un hombre inteligente, perspicaz y amable. Entre los dos hombres se entabló una amistad que llevó a Treves a movilizar a sus influencias y conseguir que Merrick fuera transferido al Royal Hospital de Londres, en dónde vivió hasta el fin de sus días.
La fama del Hombre Elefante, el monstruo amable al trato al que le gustaba leer poesía, se extendió por todo Londres. No sólo fueron legión los especialistas que se agolparon para examinarle sino que incluso se ganó la amistad de la princesa de Gales. Sus últimos días los pasó coleccionando flores, escribiendo un diario y construyendo una maqueta de la iglesia que veía desde la ventana de su habitación. Su enorme cabeza le obligaba a dormir sentado, por miedo a la asfixia. La noche del 11 de abril de 1890, por razones desconocidas, Merrick quiso dormir tumbado y se desnucó a sí mismo. Dejó un único poema para la posteridad:
Es cierto que mi forma es muy extraña,
pero culparme por ello es culpar a Dios;
si yo pudiese crearme a mí mismo de nuevo
me haría de modo que te gustase a ti.
Si yo pudiese alcanzar de polo a polo
o abarcar el océano con mis brazos,
pediría que se me midiese por mi alma,
porque la verdadera medida del hombre es su mente.
Sitio Oficial | Leer el primer capítulo de ‘La verdadera historia del Hombre Elefante’ en ADN.es
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Tags: 'La verdadera historia del Hombre Elefante', Hombre Elefante, Joseph Carey Merrick, Londres, Michael Howell, Peter Ford, Turner
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