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07 julio 2008
'Marciano, vete a casa', de Fredric Brown

Fredric Brown (1906-1972) es un novelista estadounidense absolutamente infravalorado, en cuanto a que todo amante de la ciencia-ficción ha leído, con seguridad, algo suyo, y sin embargo su nombre no ha adquirido la relevancia que se merece. Autor también de novelas de misterio y de decenas de relatos a cual más divertido y bizarro, Brown alcanzó con la publicación de ‘Marciano, vete a casa’ la cumbre de su carrera literaria y el mayor de los reconocimientos.
‘Marciano, vete a casa’ es, sin duda, la novela sobre invasiones alienígenas más entretenida que se puede leer. El autor es consciente de las limitaciones que acarrea desarrollar una historia de ciencia-ficción más enfocada al humor y a que el lector pase un buen rato más que a hacer una radiografía de las consecuencias políticas, sociales, económicas, etc. Téngase en cuenta que esto ya es una declaración de intenciones, una postura contracorriente que al haber sido escrita en 1955, con pleno auge de las ‘Crónicas Marcianas’ de Ray Bradbury, representa la otra cara de los relatos de marcianos. El lado más satírico, irreverente y desenfadado de la ciencia-ficción.
El escritor de novelas de “a duro” Luke Deveraux es uno de tantos humanos que un día presencian la ocupación masiva de marcianos en la Tierra. Los marcianos tienen el aspecto físico tan cargado de tópicos desde siempre: verdes, cabezones y decididamente desagradables. La cuestión es que los marcianos han llegado simultáneamente, en una proporción de uno por cada seis humanos habitantes del planeta, y hablan y entienden el mismo idioma. No hay rastro de curiosidad o fascinación, ya que los marcianos son maleducados, inoportunos, indecentes e irremediablemente molestos. Los humanos intentan acabar con ellos, pero es absolutamente imposible ya que es imposible tocarles, y ellos parecen no poder tocar nada de la Tierra, como si fueran hologramas. Por ello, el ser humano está condenado a sufrir su presencia hasta que los marcianos decidan irse.
El concepto de la intimidad se ha perdido completamente, ya que no es factible hacer nada sin ser asaltado por uno de estos bichejos, que insultan y descalifican por doquier. Los gobiernos, como siempre, se reúnen para aliviar las consecuencias de esta invasión, que por méritos propios puede considerársela la más original de las plasmadas en una obra literaria. Los marcianos se hacen testigos y luego dueños de la sociedad, no en el sentido del terror o de la paranoia, como en el caso de ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’, de Jack Finney. Aquí no es el miedo lo que sacude a la población. La invasión de los alienígenas, más que una situación de pánico, es un fastidio, un coñazo en toda regla.
Que Deveraux sea el protagonista no es por capricho, o por sostenerse en un personaje arbitrario que represente el prisma de la sociedad humana ante la invasión. Resulta que a mitad del libro, Deveraux deja de percibir la presencia de los marcianos. No les oye, no les ve, no les “siente”. Y emerge una reflexión liviana pero efectiva sobre el solipsismo. ¿Está loco Deveraux o lo están todos los demás? ¿Son los marcianos producto de la mente de Deveraux, y traspasados a la percepción de los demás? ¿Sabe Deveraux que él es un producto de la mente de Fredric Brown?
Lo mejor de todo es Brown introduce estos conceptos psicológicos sin perder la frescura general de las páginas anteriores, constituyendo una novela completa y curiosa, con la que uno puede reírse a carcajadas, y posee un final cerrado que no desentona con el aire original de la historia. ‘Marciano, vete a casa’ es una obra totalmente recomendable, cuya primera lectura no se olvida con los años, sino que se recuerda con cariño, y que deja una sensación parecida a cuando a uno le cuentan un buen chiste y se lleva un rato riéndose sin parar. Y por cierto, que no hace falta ser un aficionado a la ciencia-ficción para divertirse con esta novela, y eso es un importantísimo punto a favor con respecto a otros libros más serios y eruditos.
Una última indicación: en los últimos años, se ha vuelto a interpretar la traducción del original ‘Martian Go Home’, y ahora la novela puede encontrarse como ‘Marcianos Go Home!’, un horroroso híbrido entre el inglés y el español.
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Tags: Fredric Brown, Marciano vete a casa, reseña
Comentarios (2)
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Comentarios
A mi me encantó, me pareció una novela divertidísima y que suscitaba un montón de incógnitas y de reflexiones meta-literarias. La pena es que no se puede hablar demasiado de ella sin destriparla…
#1 | Escrito por Juan Gómez-Jurado | 07 jul 2008 17:23:31
Lo leí con unos quince años, hace veinte, y aún me acuerdo de casi todo lo que pasa: la mala leche de los marcianos intangibles, cómo cambia el mundo, las distintas alternativas que ofrecen varios personajes para vencerlos… La solución solipsista, aunque un poco chocante, no desentona en el fondo con lo irreverente y cachondo que es el libro
#2 | Escrito por SuperSantiEgo | 07 jul 2008 19:35:38
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