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31 agosto 2008
La asombrosa vida breve de Stieg Larsson
El autor sueco Stieg Larsson está conociendo un éxito fulminante en todo el mundo con la novela policíaca Los hombres que no amaban a las mujeres, pero no todos son conscientes de que él no está entre nosotros para disfrutarlo. Larsson murió en 2004 a los 50 años de edad, pero su popularidad inmediata está provocando algunas situaciones embarazosas. Un ejemplo: la novela había sido nominada este verano para un premio de la Crime Writers’ Association y durante la cena de gala, según cuenta el Times, se oyó llamar a Stieg Larsson a grandes voces para que posara en el photocall…
La prematura muerte de Larsson, poco después de entregar a su editor el manuscrito del último volumen de la trilogía Millenium que comienza con Los hombres… y que queda como su único legado de ficción, lo ha engradecido en su país al estátus de héroe, por no decir mito. Y es que su faceta de escritor de novela negra por la que le hemos conocido en el resto del mundo no es más que la punta del iceberg de una vida intensa marcada por el compromiso. Larsson dedicó su oficio del periodista a luchar contra la extrema derecha racista por un lado y el fanatismo religioso por el otro, ganándose con el tiempo unos enemigos tan poderosos que hay quién ha puesto en duda el motivo oficial (un ataque al corazón) de su muerte.
Un Larsson jovencísimo, de apenas veinte años, se convirtió en el corresponsal escandinavo de la revista antifascista y antiracista inglesa Searchlight, en una época en la que la violencia de ideologías extremistas conocía su punto álgido. Larsson se zambulló en el periodismo de investigación publicando artículos y libros sobre la extrema derecha sueca y los crímenes de honor. Se jugaba la vida y lo sabía: un compañero periodista suyo fue asesinado con un coche-bomba. Pero ni él ni su compañera, la arquitecta Eva Gabrielsson, cejaron en su vocación. Se acostumbraron a vivir siempre en alerta, a sentarse siempre en el restaurante con la pared a la espalda y vigilando la puerta.
Según su editora Eva Gedin, Larsson era un hombre difícil y brillante. Pese a mostrarse humilde con respecto a sus éxitos y su talento, un rasgo de orgullo le traicionaba, su dedicación al trabajo. Larsson podía condensar una semana entera de actividad en sólo 24 horas. Era excepcional, lo sabía y disfrutaba sacándolo a relucir. Sin embargo sería esta devoción al trabajo lo que terminaría consumiéndolo, según coinciden todas las fuentes. Larsson añadía además a sus agotadoras jornadas el consumo de unos sesenta cigarillos diarios. Aunque su deterioro era palpable para su entorno, despreció hasta el último momento las advertencias de los médicos y sus seres queridos.
Esa cabezonería suya también derivaría en otro problema presente: el de los derechos de autor de su obra, por los que litigan ahora sus familiares. Durante sus últimos meses de vida los allegados de Larsson insistieron en que dictara testamento para resolver la gestión de los ingresos que sus cada vez más exitosos libros le estaban reportando. Larsson no quiso, y ahora en la querella por su herencia ha intervenido incluso el Estado sueco.
Larsson era editor jefe de la revista cultural sueca Expo, fundada por él mismo, y su conocimiento sobre la violencia de extrema derecha le habían llevado a ser consultado oficialmente por organismos como Scotland Yard o la OSCE.
No parece que la teoría de la conspiración sobre la muerte de Stieg Larsson haya encontrado alguna base verosímil. Sólo cabe concluir que se mató trabajando. Pero según Eva Gerdin, eso no le hace menos digno de estima:
Fue el mejor tipo de héroe. Simplemente siguió adelante con su trabajo, y nunca pareció buscar ninguna forma de gloria personal. Quizás algunos piensen que ir detrás de siniestras organizaciones sea temerario, pero yo – y tantos otros – sólo le teníamos admiración.
Vía | Times online, La Vanguardia
En Papel en Blanco | Los hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson
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Tags: Los hombres que no amaban a las mujeres, periodismo de investigación, Stieg Larsson, Suecia
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