Se llama Shah Muhammad Raís, pero un libro le inmortalizó como El librero de Kabul. Su pequeña librería lleva treinta años ubicada en el centro de la capital de Afganistán: la mayoría del tiempo ha conseguido permanecer abierta. Raís empezó su negocio en la época de la invasión soviética. Tras las guerras tribales que dividieron el país, sin embargo, los muyahidines se hicieron con el poder en Kabul y prohibieron todo libro que no fuera religioso.
Intentaba explicarles que era importante guardar libros sobre la historia del país y que algún día ellos mismos los necesitarían… pero no me hicieron caso y me llevaron a la cárcel.
Dos veces conocería Raís el horror de las cárceles afganas. En 1996, los talibanes saquearon su tienda, hicieron una pira con todos los libros que contenían imágenes y les prendieron fuego. Raís entendió entonces que la situación había llegado a un límite y huyó con su familia a Pakistán. Pero no por ello abandonó su librería: regresaba periódicamente a Kabul donde, bajo la coartada de la venta de artículos religiosos, hacía circular también
“libros prohibidos”.
También imprimíamos postales y pósters para difundir sutilmente el mensaje de que Afganistán es un país bonito y con una riqueza histórica y cultural.
Hoy en día Raís está fuertemente comprometido con el renacer cultural de su patria. Ofrece libros para todos los bolsillos (entre un dólar y diez, veinticinco los importados) y ha organizado la primera librería-móvil del país: un autobús con el que recorre las provincias. Pese a obtener una buena acogida, el librero de Kabul lamenta que el desarrollo económico que arranca en Afganistán no se acompañe de una inquietud por el aprendizaje.
Hoy, la mitad de la población tiene coche y teléfono móvil, lo cual muestra que su situación económica no es tan mala. Pero pocos saben leer y aún menos quieren aprender.
Su historia merecía ser contada. La periodista noruega Asne Seierstad pasó seis meses en su casa y escribió posteriormente El librero de Kabul. El libro no ha satisfecho a Raís.
Vino a Afganistán con un cuadro ya pintado en su cabeza, buscando un marco en el que presentarlo. Mi familia acabó siendo ese marco.
El librero de Kabul ha decidio contar ahora su historia, la suya y la de su país. Acaba de editar – en noruego – un libro infantil en el que explica la realidad de Afganistán y su sociedad y cultura, algo que para mí El librero de Kabul fracasó en mostrar auténticamente.
Vía | Yahoo! Noticias

Comentarios
Tal cual como en Fahrenheit 451,de Bradbury…Y es que es lamentable que una cultura antaño tan apegada al conocimiento y la cultura como la àrabe haya perdido toda su antigua identidad para venderse al fanatismo religioso,sea en la vertiente que sea.
Trackbacks