El libro como fetiche

Paolo Fava 14 de marzo de 2007 2 comentarios

beckam.jpgUna curiosa noticia, sobre cómo los británicos compran libros con intención de decorar sus salones y no para leerlos, me ha traído a la memoria la famosa definición de Theodore Adorno sobre el fetiche cultural:

La Ilustración es tan racional como irracional: racional en tanto que percibe la idolatría, e irracional en tanto que se vuelve contra su propio objetivo, que sólo puede hallarse donde no necesita acreditarse ante ninguna instancia e incluso ante ninguna intención: no hay felicidad sin fetichismo.

En Inglaterra se compra la biografía de Bill Clinton, de David Beckam, y el cuarto libro de Harry Potter. Pero no se leen, y tampoco atraen por su dudoso valor decorativo, diga lo que diga el titular. El libro-fetiche tiene en sí la clave de la normativización cultural. Es la cápsula que sintetiza la sustancia del ídolo. Es lo que hay que poseer para estar integrado.

Poco importa conocer la vida del muchacho de Arkansas que llegó a ser el presidente más marchoso de los Estados Unidos, con tal de que su poderosa influencia presida la estantería. Poco importa que seas fan de la intriga de fantasía con tal de poder compartir las lecturas colectivas del mismo best-seller en el vagón del metro. El fetiche es esa edición del Quijote en tapa rústica con ilustraciones de Doré que preside la sala de estar y se mira pero no se toca.

Vía I Yahoo! Noticias
Más información I Extractos de Minima Moralia II de Theodore Adorno

Comentarios

Destacado

Suscríbete