Lecturas ambulantes

D. Saldo Bolsillo 22 de febrero de 2007 12 comentarios

Leer metroHace poco comentábamos en esta bitácora la iniciativa de la compañía del Tranvía de San Sebastián de regalar un libro a sus pasajeros cada domingo. No son los únicos que animan a la lectura. En el metro de Barcelona pueden verse dispensadores de libros con las últimas novedades en edición de bolsillo, para calmar ansias lectoras. En Madrid se ha puesto en marcha hace poco el Bibliometro, una serie de pequeñas bibliotecas con un fondo de unos 500 libros que el viajero puede retirar en préstamo. En Japón los quioscos venden mangas organizados por tiempo de lectura; así se adecuan a la duración de tu trayecto.

En una sociedad en la que pasamos buena parte de nuestro tiempo en el desplazamiento a nuestros lugares de trabajo es normal intentar hacer más entretenido el viaje. Yo no sé salir a la calle sin un libro en la mano y buena parte de mis lecturas han transcurrido en vagones de metro y autobuses. Pero además de tener el vicio de la lectura compulsiva también tengo otro menos confesable: ser un cotilla.

Cuando veo a alguien con un libro me gusta averiguar el autor y el título; más de una vez he estirado el cuello – disimuladamente – o me he arrodilado para atarme unos cordones que no llevaba para satisfacer mi curiosidad. Lo más habitual es que sea el best-seller de moda, pero de vez en cuando te llevas sorpresas. Ayer vi a un chico leyendo Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño y hoy una chica leía Viajes por el Scripturium de Paul Auster.

¿A ustedes también les gusta cotillear los libros ajenos? ¿Alguna vez han visto un libro que les haya sorprendido?

Comentarios

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    Tengo que reconocer que si. Cuando descubres que el libro que se está leyendo el de al lado, ya lo has leído tu, te dices "yo ya sé que el asesino es el hermano…". Cuando ves el mismo libro (que no te has leído) dos o tres veces, te lo apuntas mentalmente para ver de que va, y ver si merece la pena leertelo. Muchas veces te lees así cosas, que nunca te habrías planteado leerte antes.

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    Totalmente de acuerdo… Como mola ver que alguien es´´a leyendo un libro que te gusto… que disfrute al recordarlo.

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    Un offtopic; ¿Sois conscientes de que vuestros post se multiplican en los lectores de feeds? En Bloglines me salen casi todos dos veces y algunos hasta 5. Supongo que es algún fallo técnico, antes también pasaba con otros blogs de vuestro grupo, pero estaría bien que lo solucionarais porque es bastante molesto.

    Saludos.

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    A mí me encanta fisgonear y encontrar lectores afines en el tren o el metro…

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    ¡Por supuesto! y ahora con el móvil es más fácil, solo tienes que apuntar hacia donde sea haciendo como que escribes un mensaje. Cuando tropiezo con algún título especial para mi, no puedo evitar lanzar sonrisas cómplices que no siempre son bien entendidas. Sin embargo, no me gusta nada que los pasajeros a mi alrededor sepan lo que estoy leyendo yo, y cuando el vagón o bus está abarrotado hago escorzos imposibles forzando la muñeca para que no se vea la portada. ¡? :)

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    Es verdad,¿ quién no ha "copiado" al vecino del metro? Muchas veces, aprovechando un descanso del lector, he consultado su opinión y seguido el ejemplo. Casi nunca me arrepentí. También reconforta ver cuánta gente lleva sus libro bajo el brazo, o en el bolso, para aprovechar cualquier minuto de espera o un café al paso para adelantar aunque más no sea un par de páginas en el libro que nos tiene "enganchados.

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    Sí, recuerdo una época en la que todo estaba plagado de "Códigos Da Vinci"s. Sería muy bonito que la gente se acercara a ti y te dijera: Yo me lo he leído. ¿Cuando lo termines hablamos sobre él?

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    Me alegra ver que no soy el único curioso :)

    Yo también recuerdo la época en la que sólo había Códigos Da Vinci… aunque a mí no me gustó no me parecía mal que la gente lo leyera pero ¡un poco de variedad, por favor!

    Cuando ves a alguien leer un libro que para ti ha sido especial dan ganas de acercarse e intercambiar teléfonos. Me decidí a escribir esta entrada al ver al que leía Los detectives salvajes, un libro que me marcó. Me hubiera gustado acercarme y decirle algo, pero soy demasiado tímido.

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    Yo estoy hasta los cojones de ver a la gente en los trenes y buses leyendo matildes asensis, almudenas grandes, dans browns y carlos ruices zafones. ¿Es que nadie lee nada decente, por el amor de Dios?

    En todo caso, a mí no me gusta leer en el transporte público, es terriblemente incómodo y además te quita buena parte de la concentración que necesitas para leer "en condiciones".

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    Llevo muchos años utilizando el tren de cercanías y suelo aprovechar la media hora de viaje para leer libros de diversa temática, unos más conocidos y otros menos. En el tren me he llegado a leer el Quijote y he conocido a innumerables grandes autores (Hemingway, H. Hesse y un largo etc.). Cuando he mirado de reojo a ver qué leia el vecino, me he topado de todo, desde el inevitable Código da Vinci hasta títulos tan desconocidos que ahora mismo ni recuerdo, pasando por decenas de novelas rosas y negras, tan típicas de los viajes de cierta duración.

    La verdad es que nunca me ha dado por preguntarle a nadie qué estaba leyendo pero a mí sí que me han pedido opinión en un par de ocasiones sobre lo que estaba leyendo. La primera vez fue cuando estaba enfrascado con las putas tristes de G. Márquez (del que ahora estoy leyendo El amor en los tiempos del cólera); nunca había entrado en mis planes leerlo, pero como me lo habían regalado por Reyes, no le hice ascos. La segunda fue cuando tenía entre las manos Blinking with fists, un poemario que escribió Billy Corgan (cantante de The smashing pumpkins) durante una etapa de catarsis existencial, por llamarlo de alguna manera. El muchacho me preguntó dónde podía conseguirlo, pero se llevó una gran desilusión al saber que puesto que se trataba de un libro para una inmensa minoría, lo más probable era que nunca se llegara a traducir al castellano ni, mucho menos, a publicar en España.

    Aunque en ninguno de los casos me dieron las gracias por la respuesta, debo decir que me hizo ilusión que me preguntaran y hablar un poco de los libros en cuestión.

    Así que ya sabéis: si tenéis curiosidad por la lectura del vecino, asaltadlo, aunque -según el caso- parezca una forma barata de ligar. A todos nos gusta hablar sobre lo que leemos, de modo que incluso podría tratarse de una nueva manera de hacer amigos.

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    Qué suerte tienen algunos de poder permitirse el lujo de no leer en los transportes públicos. Para otros es el único momento del día, salvo fines de semana, en que pueden hacerlo, aunque sea lo que más les guste hacer desde los cinco años. Y repecto a que si nadie lee nadie decente,¿de verdad que tampoco entiendo qué es la decencia en literatura y quién puede juzgar lo que se debe leer. Es verdad que ahora están de moda determinados géneros que a mí tampoco son los que más me emocionan, pero bienvenidos sean si hacen que la gente lea y se deje llevar lejos de lo cotidiano. Por cierto, no creo que ser popular no es sinónimo de mal escritor. Por ejemplo, Almudena Grandes me parece de lo mejorcito actualmente. Y Ruiz Zafón ha hecho que mucha gente vuelva a leer…. ¡Cuántos "buenos" escritores darían lo que fuera por haber conseguido algo así!

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