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	<title>Papel en blanco</title>
	<link>http://www.papelenblanco.com</link>
	<description>Blog sobre literatura, el arte de los libros y el apasionante mundo de la lectura.</description>
	<pubDate>Tue, 06 Jan 2009 14:04:52 GMT</pubDate>
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      <title><![CDATA[‘Mujer. Una geografía íntima’ de Natalie Angier]]></title>
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      <pubDate>Tue, 06 Jan 2009 14:04:52 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2009/01/woman.jpg" alt="" />Volvemos a reseñar otro libro de la ganadora del premio Pulitzer <strong>Natalie Angier</strong>. Si en <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/12/06-ael-canona-de-natalie-angier">El canon</a>, <strong>Angier</strong> se revelaba como una divertida y lenguaraz escritora sobre toda clase de asuntos relacionados con la ciencia, aquí la encontramos algo más contenida y solemne, aunque sin perder ni un ápice de su frescura, rigurosidad, cercanía y, por qué no, ese tono propio de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Lorelai_Gilmore">Lorelai Gilmore</a> que tanto la caracteriza.</p>

	<p><strong>Mujer. Una geografía íntima</strong> constituye una minuciosa investigación en la que afloran todo tipo de datos fascinantes acerca de las mujeres, desde el ámbito de cuerpo hasta el de su comportamiento, desde el punto de vista de la literatura, la historia, la medicina, el arte o la ciencia. ¿Cuál es la finalidad del orgasmo? ¿Por qué las mujeres se emperejilan más para otras mujeres que para los hombres? ¿La leche materna es más fascinante de lo que parece? ¿Y los senos, por qué son como son? </p>

	<p>Una radiografía del cuerpo, la mente y el alma de la mujer, tan erudita y exhaustiva que, tras su lectura, uno no podrá seguir contemplando a una fémina tal y como lo hacía antes. Por ejemplo, ¿sabíais que el ser humano es femenino por naturaleza y que el sexo masculino nació derivativamente del femenino? El hombre, en genérico, debería llamarse mujer, pues el hombre no es más que una mutación de la mujer. </p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>La primera parte del libro es un recorrido por el cuerpo femenino, de lo más pequeño, como el óvulo, a lo más grande, como los senos o el enigmático clítoris. Esta primera parte se hace un poco más pesada en algunos tramos, sobre todo en los que hay demasiados detalles técnicos, que pueden desalentar a los no iniciados en biología. Pero <strong>Angier</strong> recurre a su mejor sentido del humor para hacer llevadera la mayoría de la carga. Sin embargo, la segunda parte gana en interés, la orientada a desvelar los matices del comportamiento de las mujeres: los altibajos emocionales de la menstruación, los motores del amor, los desencadenantes de los celos y demás. </p>

	<p>Como la propia <strong>Angier</strong> admite en su prólogo, este libro interesará a hombres y mujeres, pero su tono, sus llamadas a la complicidad, su ironía, toda su carga de profundidad está dirigida específicamente a las mujeres, a las que no dudará en llamar en más de una ocasión como “hermanas”. Pero no creáis que <strong>Natalie Angier</strong> usa este libro como alegato feminista, tal y como han aprovechado otras investigadoras como Louann Brizendine con su <a href="http://www.rba.es/libros/el-cerebro-femenino_louann-brizendine_libro-ONFI164-es.html">El cerebro femenino</a>. <strong>Angier</strong> se vanagloria de su sexo, pero en ningún momento lanzará indirectas al sexo contrario. <strong>Angier</strong> en candorosa y humilde; Brizendine es una arpía. </p>

	<p>Como muestra de la enjundia que se infiltra en cada página de este libro, sólo basta con repasar los títulos de algunos capítulos: Decodificando el óvulo; Ventosas y Cuernos, el útero prodigio; Histeria de masas; Agua bendita, la leche materna; Nada como la mala fama, madres, abuelas y otras grandes damas; Aullidos de lobo y sonrisas de hiena, la testosterona y la mujer; De hógamos y otros sinsentidos, la psicología evolucionista en el diván.</p>

	<p>El libro está descatalogado por la editorial, así que esperemos que pronto lo reediten.</p>

	<p><blockquote><p>Hay otras razones obvias por las que el cerebro de una niña puede decidir que centrar la atención en la apariencia es la vía más rápida hacia el poder. Hay demasiadas revistas de belleza, muchas más de las que había cuando yo era una niña prepubescente, hacia 1970. (Entonces ya había demasiadas). En los supermercados hay cajas de salida sin golosinas para padres que no quieren que sus hijos se pongan a berrear por una chocolatina mientras esperan en la cola para pagar. ¿Dónde están las cajas sin revistas para mujeres? ¿Dónde están las cajas para escapar del fascismo de la Cara? Cualquier chica sensata y observadora acaba llegando a la conclusión de que su aspecto es muy importante, de que puede controlar su rostro, igual que controla su cuerpo, mediante el maquillaje, un adecuado régimen de cuidados faciales, un análisis de sus rasgos, y manteniéndose siempre en guardia y pensando sobre ello. No es extraño que una chica pierda su confianza. Si es lista, sabe que es una tontería obsesionarse con la apariencia y acabar desilusionada y deprimida. ¿Para eso aprendió a leer, a hablar un español pasable y a hacer cuentas? Pero aunque sea lista, ha observado la ubicua Cara y conoce su asombroso poder; y quiere ese poder. Una chica quiere conocer los posibles poderes, y todo indica que un cuerpo controlado y una cara bonita prácticamente garantizan una feminidad poderosa.</p></blockquote></p>

	<p>Más información | <a href="http://www.iberlibro.com/products/isbn/9788483063118/Angier-Natalie/Mujer-Una-Geograf%C3%ADa-%C3%ADntima/">Ficha en Iberlibro</a></p>


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      <title><![CDATA[Sale a la venta un coleccionable sobre Anne Rice]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2009/01/04-sale-a-la-venta-un-coleccionable-sobre-anne-rice</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2009/01/04-sale-a-la-venta-un-coleccionable-sobre-anne-rice</guid>
      <pubDate>Sun, 04 Jan 2009 15:59:32 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2009/01/994d93b78d443cd5d4f06ad8f4fd2d62.jpg" alt="" />La autora sobre temas vampíricos por antonomasia en la actualidad llega en forma de coleccionable de la mano de Planeta DeAgostini. Año nuevo es sinónimo de nuevos propósitos, y también de coleccionables de toda clase, de modo desembaracan 25 entregas de la prolífica <strong>Anne Rice</strong>. La primera entrega consiste en <em>La hora de las brujas</em>, primera entrega de la trilogía dedicada a la familia Mayfair.</p>

	<p>Junto a esta trilogía, también se publicarán la larga serie de Las crónicas vampíricas (Entrevista con el vampiro, Lestat el vampiro, El ladrón de cuerpos, La reina de los condenados, Armand, el vampiro, Merrick, Memnoch, el diablo, Sangre y oro y Cántico de sangre), y otros títulos como Pandora; Vittorio, el vampiro; El Mesías, el niño judío; y La momia o Ramsés el condenado.</p>

	<p>La primera entrega aparece a 3,99 €. Pero si te suscribes a la colección, recibirás de regalo un juego de escritorio (bien) y una tabla y cuchillos de queso (¿?, quizá porque se conoce que los aficionados a <strong>Rice</strong> también sueñan con usar los cuchillos para provocar hemorragias en sus víctimas).</p>

	<p>Vía | <a href="http://www.stardustcf.com/notiindiv.asp?noti=3701">Stardust </a><br />
Sitio Oficial | <a href="https://www.planetadeagostini.es/suscripcion/coleccionable/356">Planeta DeAgostini</a></p>




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    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[La imposibilidad de la crítica literaria perfectamente ecuánime]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2009/01/02-la-imposibilidad-de-la-critica-literaria-perfectamente-ecuanime</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2009/01/02-la-imposibilidad-de-la-critica-literaria-perfectamente-ecuanime</guid>
      <pubDate>Fri, 02 Jan 2009 13:33:16 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2009/01/manos%20escher%202.jpg" alt="" />Éste es, entre otras cosas, un espacio para la crítica de obras literarias. Dejando a un lado las percepciones idiosincrásicas de cada uno de los editores de este blog, ¿es posible que exista un criterio objetivo que enumere una serie de puntos perfectamente sensatos y coherentes acerca de una obra artística? En política, dos personas inteligentes pueden mantener creencias diametralmente opuestas. Si esto ocurre en literatura, ¿significa que pueden coexistir posibles familias de explicaciones y exégesis acerca de una obra y que cada una de ellas puede ser igualmente rigurosa? ¿Tal vez sólo existe un análisis perfecto pero, a causa de limitaciones epistemológicas, nos limitamos a dar válidas cualquier exégesis porque no hay forma de impugnar lo que ignoramos?</p>

	<p>Cuando un especialista debe traducir una obra de un idioma a otro, se enfrenta a una disyuntiva casi infinita: una frase puede interpretarse de muchas formas diferentes y no todas ellas poseen una traducción literal. De igual forma, una crítica suele escapar (o debería) de unas reglas estrictas. Por esa razón, las críticas a una misma obra deberían ser, por sistema, distintas entre sí. Esto ocurre con frecuencia, pero no tanto como pensamos. Si muchas críticas se parecen entre sí no es porque exista un código universal para valorar una obra (existe, pero las emociones suelen vulnerarlo). </p>

	<p>Si las críticas se asemejan es debido a un efecto de solapamiento que se describe muy bien <em>Fire the Bastards!</em>, de Jack Green, que recoge sistemáticamente las críticas de la novela de William Gaddis <em>The Recognitions</em>. Green demuestra así que muchas opiniones acerca del mérito artístico de una obra son el resultado del contagio arbitrario: una persona lee una reseña de un libro; otra la lee y escribe un comentario empleando parecidos argumentos, pues las ideas se anclan en su mente de forma inconsciente (ya decía Asimov que cualquier teoría puede defenderse con el suficiente aparato retórico). En poco tiempo, aparecen cientos de críticas que, atendiendo a su contenido, se reducen a dos o tres críticas originarias.  </p>

	<p><a name="more"></a> </p>

	<p>Luego está el problema de la limitación de nuestra percepción literaria. Uno, por mucha que lea, sólo leerá una ínfima parte de los libros que existen. Las obras que no ha leído (la mayoría) pero que se consideran obras fundamentales o canónicas serán prejuzgadas con benevolencia aunque sólo sepa de ella a través de terceros. Y por último, ni siquiera somos conscientes de las obras y los autores que quizá nos parezcan más espectaculares que las obras y autores que han saltado a la fama y que tal vez modificarían nuestros criterios estéticos. Las librerías pequeñas, de no más de 5.000 libros en su fondo bibliográfico, no tienen ningún interés en ocupar el espacio de sus estanterías con obras marginales o poco conocidas. Incluso una gran librería, como la estadounidense Barnes &#38; Noble, que puede contener del orden de 130.000 volúmenes, es un lugar de hechuras insuficientes para exhibir las miriónimas facetas artísticas del hombre. La mayoría de obras nacen muertas, a efectos de la crítica.</p>

	<p>En Internet puede existir, sin embargo, un número infinito de obras, una biblioteca de Babel como la que imaginaba Borges, pues su almacenamiento es etéreo, apenas ocupa espacio físico. Y luego existe la posibilidad de la impresión bajo demanda, si uno prefiere leer la obra de forma tradicional. Pero la infinitud de la Red también constituye un impedimento para que conozcamos la realidad literaria. Nadie tiene suficiente tiempo en su vida para indexar en su mente todas las obras que se escriben y mucho menos las que se escribieron y que muchos se dedican a escanear. Así pues, paliamos nuestro limitado horizonte perceptivo empleando cribas.</p>

	<p>Una de las cribas que la propia Red fomenta consiste en una pléyade de críticos y expertos en letras que, mediante opiniones más o menos subjetivas, de nuevo tratan de transformar el universo incognoscible de la literatura en una nación pequeña, de fronteras definidas y catastro selectivo, casi eugenésico. De nuevo, pues, volvemos donde estábamos: podemos consumir más libros que nunca pero, so pena de ahogarnos en la sobresaturación, preferimos afincarnos en una pequeña isla de libros del tamaño de Barnes &#38; Noble.</p>

	<p>Pero Internet, además de permitirnos decuplicar la cultura y la información, liberarnos de las tiranías de muchos ideólogos intocables, del sistema académico o de los grupos de prensa, también permite que la crítica sea un poco menos influyente y platónica. En Internet, la información va de abajo a arriba, tal y como podemos comprobar en la enciclopedia más consultada de la historia: la Wikipedia, que ha sido confeccionada por la base y parte de los detalles para llegar a los conceptos. Ahora, gracias a la democracia digital, los críticos deben rendir más cuentas de sus arbitrarios sesgos.</p>

	<p>Antes de Internet, los vulnerables autores se sentían impotentes ante la voz incuestionable de la crítica. Un autor, antes, quedaba silenciado. Ahora es capaz de colgar su contracrítica, por ejemplo, dejando en evidencia las debilidades del crítico y propagándolas a través de foros, buscadores y webs especializadas. <strong>Papel en Blanco</strong>, al ser un blog, tiene la posibilidad de que toda entrada sea comentada por los lectores, incluidas las críticas. Ello redunda, aunque de momento el efecto sea pequeño, en ajustar la credibilidad del crítico, rebajándola a un nivel más justo.</p>

	<p>La mayoría de críticas, por mucho que nos convenzamos de nacen de la razón, contienen muchos elementos emocionales, impulsivos, maniáticos, veleidosos. Internet no ha podido acabar con esos defectos (probablemente el público prefiere críticos con defectos que ausencia de críticos y cribas), pero al menos las redes sociales 2.0 generan más ruido ambiente. Y de tanto ruido seguramente brotará con mayor facilidad algún esqueje de verdad. Al menos con mayor facilidad que en un soliloquio frente a un auditorio mudo.</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.paidos.com/lib.asp?COD=70069">El Cisne Negro, de Nassim Nicholas Taleb </a><br />
En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/12/22-ael-cisne-negroa-de-nassim-nicholas-taleb">Reseña de El Cisne Negro</a></p>


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    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[Fallece José Luis Giménez-Frontín]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/12/23-fallece-jose-luis-gimenez-frontin</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/12/23-fallece-jose-luis-gimenez-frontin</guid>
      <pubDate>Tue, 23 Dec 2008 02:37:30 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/gimenez.jpg" alt="" /><strong>José Luis Giménez-Frontín</strong> (1943), escritor, traductor y crítico, falleció inesperadamente este domingo a causa de una enfermedad que le fue detectada hace tres semanas, coincidiendo con con otra repentina pérdida, la de <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/12/17-muere-francisco-casavella-premio-nadal-a-los-45-anos">Francisco Casavella</a>.</p>

	<p>Figura relevante en el panorama cultural barcelonés, <strong>Giménez-Frontín</strong> era secretario de la Asociació Col.legial d´Escriptors de Catalunya (ACEC), ganó en dos ocasiones el Premio Ciutat de Barcelona de Literatura en lengua castellana por los poemarios <em>Las voces de Laye </em>(1981) y por la novela <em>Señorear la tierra</em>(1991) y en 2006 recibió el Premio Esquío de Poesía por <em>Réquiem de las esferas</em>. Su trayectoria cultural le valió también en el 2001 la condecoración de Caballero de la Orden Nacional del Mérito francesa.</p>

	<p>Su última obra, publicada hace apenas tres meses, se titula <em>Los años contados</em> (Editorial Bruguera, Ediciones B), un extenso libro de memorias que excede las 400 páginas.</p>

	<p>Vía | <a href="http://www.elpais.com/articulo/Necrologicas/Jose/Luis/Gimenez-Frontin/poeta/humildad/elpepinec/20081222elpepinec_1/Tes">El País</a></p>


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    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[‘El Cisne Negro’ de Nassim Nicholas Taleb]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/12/22-ael-cisne-negroa-de-nassim-nicholas-taleb</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/12/22-ael-cisne-negroa-de-nassim-nicholas-taleb</guid>
      <pubDate>Mon, 22 Dec 2008 15:08:39 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/70069.jpg" alt="" />Este voluminoso ensayo trata de descifrar las reglas y la lógica de la suerte, la incertidumbre, la probabilidad y el saber en base a un fenómeno llamado “Cisne Negro”, que en esencia es un fenómeno altamente improbable que determina la realidad de forma muy profunda. </p>

	<p>Para que un suceso sea determinado como “Cisne Negro” (antes del descubrimiento de Australia, las personas del Viejo Mundo estaban convencidas de que todos los cisnes eran blancos basándose en las pruebas empíricas de su realidad) debe reunir tres requisitos. Primero, debe ser una rareza. Segundo, debe producir un gran impacto. Tercero, pese a su condición de rareza, la naturaleza humana debe inventar explicaciones de su existencia a posteriori, para convertirlo en falsamente explicable y predecible. </p>

	<p>Según <strong>Nassim Nicholas Taleb</strong>, una pequeña cantidad de Cisnes Negros es capaz de explicar casi todo lo concerniente a nuestro mundo, desde el éxito de las ideas y las religiones hasta la dinámica de los acontecimientos históricos y los elementos de nuestra propia vida personal. El éxito de Google y Youtube, y hasta el 11-S, son Cisnes Negros.</p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>Profesor de Ciencias de la Incertidumbre de la Universidad de Massachussets en Amherst, <strong>Nassim Nicholas Taleb </strong>ha escrito un libro que quizá sea un Cisne Negro en sí mismo, donde trata de explicarnos mediante narraciones trufadas de anécdotas cómo los seres humanos creemos saber más de lo que realmente sabemos. También constituye un lúcido razonamiento acerca de la estupidez de reducir la complejidad del mundo (social, psicológico, financiero, histórico) a unas simples fórmulas que en realidad jamás predicen casi nada, pues casi todo lo que vemos está creado por la serendipia, esto es, el azar. </p>

	<p>Lo cual relega a muchos expertos en diversas disciplinas a la categoría de engañabobos inconscientes; lo que Nietzsche llamaba <em>Bildungsphilisters</em> o zafios doctos, ignorantes que se escudan en los títulos académicos pero que carecen de erudición verdadera por su falta de curiosidad y humildad y su estrechura de miras. </p>

	<p>En <strong>El Cisne Negro</strong> descubriremos que nos encanta los tangible, la confirmación, lo explicable, lo estereotipado, lo teatral, lo romántico, lo pomposo, la verborrea, la Harvard Business School, el Premio Nobel y, sobre todo, la narración; que todo se nos explique en forma de fábula o cuento para que nuestro sistema crítico quede todavía más inerme de lo habitual.</p>

	<p>Tal vez uno de los puntos negativos más evidentes de <strong>El Cisne Negro</strong> sea su extensión. No sólo tiene muchas páginas sino que, en realidad, sólo plantea dos o tres ideas básicas repetidas incesantemente, y no siempre desde ángulos distintos sino con sólo diferentes paradigmas. Ello puede entorpecer la lectura, que acaba siendo morosa de tan reiterativa, al menos a nivel ideológico. Pero al estar estructurado siempre en capítulos cortos, casi cápsulas, de estilo ameno y accesible, y con títulos realmente llamativos (como “No quiero ser pavo”, “No todos los <em>zoogles</em> son <em>boogles</em>”, “¡Vi otro Mino rojo!” o “Cómo buscar caca de pájaro”), finalmente uno avanza impelido por las páginas por cierta curiosidad insaciable. </p>

	<p>También resulta un ensayo atípico en el sentido de que no existen apenas citas de otros pensadores o eruditos, pues el autor siempre recela de ello y trata de presentar su ideario como una colección de pensamientos muy personales, basados más en la reflexión y la meditación y no tanto en pruebas de laboratorio. Sus ideas son interesantes y muy útiles para ajustar nuestro grado de percepción acerca de las cosas, pero quizá se echa en falta un poco más de profundidad en algunos asuntos y menos narraciones que traten de confirmarlas (precisamente uno de las falacias que el propio autor aduce como tóxicas para la comprensión de muchos asuntos).</p>

	<p><blockquote><p>El escritor Umberto Eco pertenece a esa reducida clase de eruditos que son enciclopédicos, perspicaces y amenos. Posee una extensa biblioteca personal (con más de treinta mil libros), y divide a los visitantes en dos categorías: aquellos que reaccionan con un “¡Oh! Signore professore dottore Eco, ¡vaya biblioteca tiene usted! ¿Cuántos libros de éstos ha leído?”, y los demás –una minoría muy reducida-, que saben que una biblioteca privada no es un apéndice para estimular el ego, sino una herramienta para la investigación. Los libros leídos tienen mucho menos valor que los no leídos. Nuestra biblioteca debería contener tanto de lo que no sabemos como nuestros medios económicos, la hipoteca y el actual mercado activo, competitivo y con escasa variación de precios de la propiedad inmobiliaria nos permitieran colocar. Acumularemos más conocimientos y más libros a medida que nos hagamos mayores, y el número creciente de libros no leídos sobre los estantes nos mirará con gesto amenazador. En efecto, cuanto más sabemos, más largas son las hileras de libros no leídos. A esta serie de libros no leídos la vamos a llamar antibiblioteca.</p></blockquote> </p>

	<p>Editorial Paidós<br />
Colección Transiciones<br />
496 páginas</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.paidos.com/lib.asp?COD=70069">Ficha en Editorial Paidós</a></p>



 ]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo nos influye lo que leemos?]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/12/20-como-nos-influye-lo-que-leemos</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/12/20-como-nos-influye-lo-que-leemos</guid>
      <pubDate>Sat, 20 Dec 2008 15:58:00 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/libo.jpg" alt="" />Hay que cuidar con quien te codeas. Parte de lo que eres responde a lo que es la gente que está a tu alrededor. En un grupo cualquiera de individuos compuesto por miembros distintos, la suma del coeficiente de inteligencia del grupo como tal será más bajo que la media matemática de sus componentes: la inteligencia baja y primitiva parece ejercer una succión subliminal que anula la inteligencia más elaborada.</p>

	<p>Por ejemplo, si dos grupos heterogéneos de personas son sometidos a sendas baterías de tests idénticos, los resultados de ambos grupos pueden diferir mucho según las experiencias previas de sus componentes. El grupo de personas que se relacionó durante un rato con jugadores de un deporte de masas obtuvieron resultados menores que el grupo de personas que se relacionó durante un rato con un profesor de Oxford.</p>

	<p>Lo que nos rodea puede sacar lo mejor de nosotros. También lo peor. Sobre todo si los que nos rodean son personas o soportes de alta densidad ideológica, como son los libros. Según los libros que leamos, seremos así o asá, al menos en cierta medida: porque también escogemos uno u otro libro en base a cómo somos. </p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>Richard Dawkins, en su prólogo para <strong>La máquina de los memes</strong>, de <strong>Susan Blackmore</strong>, a propósito de la existencia de los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Meme" target="_blank">memes</a>, comenta:</p>

	<p><blockquote><p>Era todavía estudiante en la universidad de Balliol cuando un día, charlando en la cola de la cantina con un compañero, me di cuenta de que a medida que iba hablando, su mirada de asombro crecía. &#8220;Acabas de ver a Peter Brunet, ¿verdad?&#8221;. Me sorprendió que lo supiera. Peter era nuestro queridísimo director de seminario y yo acababa de salir de una de sus tutorías con muchos ánimos. &#8220;¡Lo sabía!, agregó mi colega sonriendo, &#8220;hablas exactamente como él, hasta en el tono de voz se te nota&#8221;. Aunque sólo fuera esporádicamente, había &#8220;heredado&#8221; su cantinela y su modo de hablar que tanto admiraba y que tanto echo de menos en la actualidad.</p></blockquote></p>

	<p>La clave reside en ese <em>esporádicamente</em>. Si nos relacionáramos sólo una hora a la semana con alguien realmente interesante pero el resto de la semana la dedicáramos a rodearnos de personajes grises, monótonos, vacuos e inanes, ¿cuánto nos duraría el efecto de sentirnos excepcionales? Seguramente, muy poco. Seguramente acabaríamos por pensar que esa persona interesante que vemos una hora a la semana no es tan interesante como creíamos. Que incluso resulta pagado de sí mismo. Que no sabe disfrutar de la vida. Que nunca encajaría entre la gente normal, como nosotros conseguimos durante toda la semana.</p>

	<p>Somos más volubles de lo que pensamos. Creemos que nunca cambiamos o que cambiamos muy poco a lo largo de los años. Pero en cuestión de meses podemos dejar de resaltar sin darnos cuenta. Porque estamos a gusto entre otros que no brillan. Porque es muy fácil dejarse contaminar subliminalmente por lo que nos rodea, sonreír, aceptar. Porque somos cómodos por naturaleza.</p>

	<p>No nos damos cuenta. Pero somos más ellos que nosotros mismos.</p>

	<p>Leer libros de personas que brillan muy lejos de nosotros, a los que nunca podremos acercarnos lo suficiente como para contaminarnos de su brillo, que sintetizan lo mejor de su esplendor en unas líneas de texto bien estructuradas y expuestas con claridad, es una forma de estar rodeado de estrellas. Es una manera de meterse de lleno en un cúmulo globular. Ésta sería uno de los mejores argumentos para leer libros: inviertes tu tiempo en personas que se salen de la norma (al menos a la hora de exponer sus ideas en un libro). Los libros también pueden ser buenos compañeros cuando no existen tales a tu alrededor: todo buen lector conoce la sensación. (Tú eliges, también es cierto, tus lecturas, y si no te rodeas de otros individuos excepcionales que te lleven a escoger las más luminosas, entonces leer se convierte una opción tan superflua como mirar cualquier otra cosa mundana, habitual o clónica).</p>

	<p>En estos tiempos de corrección política y de rechazar todo lo que atufe a eugenesia, de respetar todo lo que diga el contrario aunque ese respeto sea sinónimo de aceptación y mansedumbre, de disimular tus dotes y tu nervio por una educación que en el fondo es miedo al diferente y al disidente, de convivir con todos los seres antropomórficos por igual porque no hacerlo así te convierte en xenófobo, racista, intransigente, pedante, esnob, asesino o algo peor&#8230; en estos tiempos, digo, está mal visto ser pragmático con tu tiempo. Está mal visto invertir tu tiempo con las personas con el mismo pragmatismo con el que inviertes tu tiempo en cualquier otra actividad. Porque no puedes tratar a una persona igual que cualquier otra cosa. Todos somos personas, dicen.</p>

	<p>Dejaremos esa discusión para otro momento porque, afortunadamente, los libros son considerados cosas y no personas, aunque puedan ofrecernos tanto o más que las personas (de hecho, muchas personas parecen libros en blanco). Así que tened cuidado con lo que leéis, escoged con el cuidado con el que un médico escoge vuestra dieta vitamínica, buscad aquellos volúmenes que fortalezcan vuestras debilidades y someta a análisis vuestras virtudes. En definitiva, cuidad lo que leéis como os cuidáis a vosotros mismos, porque la atmósfera de memes en la que habitéis os convertirá en una u otra clase de persona. Leed con cuidado, como si en la tapa de los libros hubiera la típica pegatina de &#8220;material radioactivo&#8221;. Vuestra vida depende de ello.</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.paidos.com/lib.asp?cod=70025">La máquina de los memes</a>, de Susan Blackmore</p>



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    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA['Dios no es bueno' de Christopher Hitchens]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/12/17-adios-no-es-buenoa-de-christopher-hitchens</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/12/17-adios-no-es-buenoa-de-christopher-hitchens</guid>
      <pubDate>Wed, 17 Dec 2008 12:08:08 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/dios_no_es_bueno_med.jpg" alt="" />El título de este alegato contra la religión es, sin duda, provocativo. Pero, pese a la apariencia beligerante, el autor jamás abandona el rigor. Sí que carga las tintas contra la fe, la doctrina, el sistema clerical y demás, se nota cierto enojo en sus palabras (cosa evidente si uno ha presenciado cosas como las que el autor ha visto en calidad de periodista por medio mundo), pero ello no empaña un discurso lleno de fundamento. Su ateísmo militante puede incomodar a muchos, algunas ideas resultarán un poco tendenciosas o quizá fragmentarias, pero lo serán pocas. La mayoría del corpus de este libro está lleno de racionalidad y sabiduría, lo cual ya es mucho más de lo que los libros que ensalzan la religión (como la Biblia o el Corán) pueden decir. ¿No os lo creéis? Dadle una oportunidad a <strong>Dios no es bueno</strong>. </p>

	<p>Según <strong>Christopher Hitchens</strong>, la religión, cualquiera, no sólo es amoral, sino positivamente inmoral. Y esto no debe buscarse sólo en el comportamiento de sus fieles sino también en los preceptos que podemos leer en sus manuales de comportamiento. Sus delitos son, fundamentalmente: presentar una imagen falsa del mundo para los ingenuos y los crédulos, la doctrina del sacrificio de sangre, la doctrina de la expiación, la doctrina de la recompensa y/o el castigo eternos y la imposición de tareas y normas imposibles. </p>

	<p>Me centraré en el último punto para esta reseña. Una de las normas imposibles son las relativas al pecado de la carne. No sólo se prohíbe el sexo, sino que se prohíbe incluso su pensamiento, algo que nadie es capaz de conseguir. O para hacerlo la mayoría del tiempo, uno debe irse convirtiendo en una suerte de reprimido que no encaja de manera sana sus disposiciones naturales, evitando incluso la masturbación. Estos engendros son los que, tarde o temprano, acabarán abusando sexualmente de niños, por ejemplo, porque la religión les ha carcomido la sexualidad. Por ello existe un porcentaje mayor de pederastas entre el clero que entre el ciudadano de la calle. Por eso, porcentualmente, hay más convictos con fe que sin ella en todas las cárceles del mundo; lo cual también dejaría constancia de la correlación siguiente: que el mal se da con mayor facilidad en el religioso, el que profesa doctrina, que en el ateo.</p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>Christopher Hitchens (Inglaterra, 1949), se graduó el filosofía, política y economía en Oxford, y como periodista y escritor ha colaborado con publicaciones tanto estadounidenses como británicas. Y como él mismo dice acerca de sus intenciones con <strong>Dios no es bueno</strong>, su incendiario libro no se basa en una doctrina o un dogma sino en una argumentación refutable, en principios que no se apoyan en fe alguna. En la demostración filosófica e histórica, sin fanatismos, de que la religión ha provocado que muchas personas, la mayoría de hecho, se comporten de una forma que haría que el gerente de un burdel o un genocida torcieran el gesto.</p>

	<p>Tampoco obvia el autor algunas evidencias científicas que dejan en ridículo las ideas más arraigadas de los creyentes, como que el aborto es una sinónimo de homicidio o que la teoría de la evolución es otra teoría más del mismo nivel que el creacionismo o el diseño inteligente. Lo cual, viniendo de un hombre de letras, se agradece.</p>

	<p>Por último, <strong>Dios no es bueno</strong> es un excelente manual de ejemplos sobre el problema provinciano de cualquier religión. Esto es: analizar la realidad próxima olvidándose de la lejana. Si, por ejemplo, un creyente da las gracias a su dios por salvar a su hijo de un accidente de tráfico, yendo a poner velas, persignándose o de cualquier otra forma ritualista, parece olvidar que durante todo ese tiempo de agradecimiento están muriendo decenas o centenares de niños en países subdesarrollados de formas que ni siquiera puede imaginar, demostrando así el creyente un egoísmo y una mirada rectilínea tan espantosamente simplona que Dios debería aparecérsele en forma de rayo cósmico sobre su propia cabeza. </p>

	<p>Pero no lo hace, así el creyente sigue profesándole una fe estúpida e infantil. Y también cree en él porque no se llega a cuestionar por qué se ha inoculado en el mundo el bacilo de la sífilis, por qué se ha extendido la lepra o la idiocia, o incluso por qué se concibieron los tormentos de Job. Cree en él como se cree en Santa Claus.</p>

	<p>Todo esto no debería importarnos a las personas cultas. Pero lo hace, porque la religión no es algo privado e irrelevante, sino que intenta siempre que puede inculcarse en los demás con diversas formas coercitivas; porque recibe prerrogativas fiscales; porque intenta alzar políticamente su voz, acusando de asesinos a los médicos abortistas o de enfermos a los onanistas, infestando a la gente sencilla de Sida por retorcidas y morbosas ideas acerca de los profilácticos. Y a la larga, todo ello iba a repercutir de algún modo, obligando a muchos a dejar de guardar silencio y respeto, porque la religión, como el nazismo o cualquier otra colección de ideas irrefutables y fanáticas, no merecen ni un gramo de tolerancia. <strong>Dios no es bueno</strong> es uno de tantos libros laicos y antirreligiosos que empiezan a poblar los anaqueles de las librerías. Y esperan muchos más, a Dios gracias. </p>

	<p><blockquote><p>En 1996, la República de Irlanda celebró un referéndum acerca de una cuestión: si su Constitución debería seguir prohibiendo el divorcio. La mayoría de los partidos políticos, en un país cada vez más laico, instaban a los votantes a aprobar una enmienda legislativa. Lo hacían por dos razones excelentes. Ya no se consideraba correcto que la Iglesia católica de Roma prescribiera su moral a todos los ciudadanos y, evidentemente, era imposible aspirar siquiera a una definitiva reunificación de Irlanda cuando la gran minoría protestante del norte rechazaba continuamente la posibilidad de que se implantara un régimen religioso. La madre Teresa tomó un avión desde Calcuta para apoyar la campaña a favor del voto negativo junto a la Iglesia y sus partidarios de la línea más dura. Dicho de otro modo: una irlandesa casada con un borracho maltratador e incestuoso jamás debería esperar nada mejor para su vida, y hasta podría poner su alma en peligro si suplicaba poder volver a empezar de nuevo.</p></blockquote></p>

	<p>Editorial Debate<br />
384 páginas</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.editorialdebate.com/ficha_libro/ficha_libro.asp?Ident=40736">Ficha en Editorial Debate</a></p>



 ]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[Clásicos Versus Contemporáneos: ¿cuáles son las lecturas más interesantes?]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/12/15-clasicos-versus-contemporaneos-cuales-son-las-lecturas-mas-interesantes</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/12/15-clasicos-versus-contemporaneos-cuales-son-las-lecturas-mas-interesantes</guid>
      <pubDate>Mon, 15 Dec 2008 11:57:39 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/untitled.jpg" alt="" />Siendo sincero, y aun a riesgo de parecer sacrílego, he de reconocer que la lectura de muchos de los clásicos que la Literatura, con mayúsculas, ha entronizado me han dejado más bien frío. Da la impresión que con las letras, cuanto más polvo acumulen, más valor se les debe otorgar; o al menos, mayor dosis de respeto y veneración. Simplemente por sus arrugas valetudinarias. Como si la cronología tuviera algo que ver con la crítica. </p>

	<p>Muchos pensarán, por supuesto, que mi afirmación es propia de mi bisoñez o de mi incultura. Irónicamente, cuando lleve muchos años muerto, a ser posible unos cuantos siglos, es probable que se me tome un poco más en serio. O mejor todavía: ¿por qué no hacer que sea precisamente un muerto y un considerado &#8220;clásico&#8221; el que profiera mis mismas palabras? De esta manera, muchos tendrán que guardar silencio a riesgo de parecer ellos los jóvenes incultos. Es una de las ventajas que puedes obtener cuando retuerces las falacias de autoridad (muerta) en tu beneficio:</p>

	<p><blockquote><p>En mi país de Gascuña consideran gracioso verme impreso. Cuanto más lejos de mi guarida llega el conocimiento que de mí se tiene, más valgo.</p></blockquote></p>

	<p>Esto lo decía <strong>Montaigne</strong>. Era filósofo. Es reputado. Y está muerto. Y también evidencia que, además del tiempo, es el espacio lo que otorga autoridad a unas palabras. Si escuchamos a un español ya muerto, le prestamos atención. Pero si encima el muerto es extranjero, entonces caemos rendidos a sus ideas.</p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>Así pues, caben dos opciones: o somos tremendamente críticos con los contemporáneos y los próximos a nosotros, que consideramos más como iguales, o somos tremendamente laxos con los lejanos en tiempo y espacio. ¿Qué postura es la más acertada? Supongo que aquélla en la que no interviene ni el tiempo ni el espacio, sino el frío y objetivo análisis. Pero, ay, es tan difícil no ser vehemente. </p>

	<p>Pues bien, a lo que iba: yo no soy ni Séneca ni Platón. Tampoco Montaigne. Soy alguien probablemente de vuestra edad o incluso más joven, que vive a pocos pasos de vosotros. Así que por un momento imaginad que cualquiera de esos clásicos tan venerados por la elite intelectual también es joven y próximo, que incluso que puede ser vuestro propio vecino. ¿Cuántos aforismos lanzaríamos entonces a la basura? Pero ello tiene otra consecuencia importante: que uno ya no se autoincapacita para llegar a ideas tan profundas o más que las articuladas por momias en las grandes obras de la Antigüedad.</p>

	<p>Volvemos a <strong>Montaigne</strong> (aun a riesgo de incurrir en el error que estoy criticando, el invocar a gente muerta y lejana):</p>

	<p><blockquote><p>Sabemos decir: así dice Cicerón: he aquí las costumbres de Platón; son las propias palabras de Aristóteles. Mas, y nosotros, ¿qué decimos nosotros? ¿Qué opinamos? ¿Qué hacemos? Lo mismo diría un loro. (…) Con mi propia experiencia tendría bastante para hacerme sabio, si fuera buen estudiante. Quien conserva en su memoria los excesos de su pasada cólera y hasta dónde le llevó esa fiebre, ve la fealdad de esta pasión mejor que leyendo a Aristóteles y alimenta odio más justo contra ella. Quien recuerda los males que ha sufrido, aquellos que lo han amenazado, las livianas circunstancias que le han hecho pasar de un estado a otro, prepárese así a las mutaciones futuras y a la asunción de su condición. La vida de César no es más ejemplar que la nuestra, para nosotros; y por emperadora o popular que sea, siempre será una vida expuesta a todos los acontecimientos humanos.</p></blockquote></p>

	<p>Quizás tendemos al exceso de citas y no al pensamiento propio, que puede ser incluso más iluminado porque se enfrenta, directamente, a problemas que tal vez los antiguos ni sospecharon o que tuvieron que afrontar con menos información que nosotros. La humildad, en este respecto, es síntoma de cobardía, y de vagancia.</p>

	<p>Para subsanar el algo este desliz en el que todos tropezamos, citaré a un filósofo contemporáneo, y bastante joven, <strong>Alain de Botton</strong>:</p>

	<p><blockquote><p>muchos libros que la tradición académica nos anima a repetir como loros no son fascinantes en sí mismos. Se les otorga un lugar destacado en el programa por tratarse de obras de autores de prestigio, mientras que asuntos tanto o más relevantes languidecen por no haber merecido jamás la atención de alguna autoridad intelectual.</p></blockquote></p>

	<p>Así que si en nuestro ánimo no está el estudiar filológicamente un texto, ni tampoco tenemos especial predilección por los clásicos griegos o latinos, a no ser que queramos ufanarnos de nuestra erudición e inteligencia por leer a escritores que universalmente (aunque sea tramposamente) son considerados eruditos e inteligentes, entonces mejor que leamos aquello que más llame nuestra atención, aunque sea algo que acaba de aparecer en las librerías. Y si no habéis leído a Platón, no pasa nada. O pasa tanto como no haber leído al vecino del quinto, que también es escritor.</p>

	<p>Y para terminar, y para que no se diga, recuriré a una cita de alguien a quien no conocéis de nada, sin autoridad, sin bagaje. Fijaos sólo en lo que dice, sin más.</p>

	<p><blockquote><p>Los siete sabios de Grecia son Tales de Mileto, Salón de Atenas, Chilón Lacedemonio, Brías de Priena, Pitaco de Mitilene, Cleóbulo de Lindio y Periandro de Corinto. Pero yo me río en la cara de todos ellos, porque no tienen ni idea de la actualidad, ni de los ordenadores, ni de la inteligencia artificial, ni del cosmos, ni de la física de partículas, ni de nada. La gente suele encumbrar la antigua cultura clásica porque siempre ha sido sinónimo de sabiduría, pero en realidad es, casi en su totalidad, demodé. Dinosaurios que se atreven a juzgar y regular mi moral, plasmando su antediluviana forma de ver el mundo en libros que no se venden como curiosidad arqueológica de la que debemos hacer gestos condescendientes sino como verdades más puras y profundas que las contemporáneas.</p></blockquote></p>

	<p>Ah, su nombre es Perfecto. Un auténtico don nadie que ni siquiera existe en Google. De momento. </p>

	<p>Más información |  <a href="http://www.taurus.santillana.es/ld.php?id=362">Las consolaciones de la filosofía</a></p>


 ]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[‘Antifuente’ de Fco. Javier Pérez]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/12/14-aantifuentea-de-fco-javier-perez</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/12/14-aantifuentea-de-fco-javier-perez</guid>
      <pubDate>Sun, 14 Dec 2008 16:10:02 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/antifuente_portada.jpg" alt="" />Una nueva colección de literatura de Ciencia Ficción y Terror llamada Clatter, editada por un sello especializado en cómics, <a href="http://www.bizancioediciones.com/">Viaje a Bizancio Ediciones</a> , ha aterrizado en nuestro planeta para cambiarnos la mente.  Y para su desembarco han escogido la última antología de relatos de <strong>Fco. Javier Pérez</strong>: <strong>Antifuente</strong>.</p>

	<p>En <em>La vida dura</em>, el genial Mark Twain califica de “cloroformo impreso” el <em>Libro de Mormón</em>. No es extraño que le causara efectos soporíferos: Joseph Smith era casi analfabeto. <strong>Antifuente</strong>, por el contrario, parece haber sido impreso en un secante impregnado de doscientos microgramos de LSD. Yo todavía lo estoy flipando, que se dice.</p>

	<p>Inmune a la Gestapo de la estética que parece dominar el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fandom">fandom</a>, <strong>Fco. Javier Pérez</strong> hace lo que le da la gana, y sin renunciar a su ácrata independencia se ha ido labrando un pequeño nicho donde sólo cabe él. Atención a algunos títulos de esta antología: <em>Psytrance</em>, <em>¡Tilt!</em>, <em>Zooética</em>, <em>Matrices perinatales básicas</em>, <em>Cuando el slasher se aparea</em>. Títulos que dan paso a historias de una anciana atorada en un bucle espacio-temporal que cada vez afecta a más personas; de niños llamados a destruir el mundo para levantar sobre las cenizas otro nuevo bajo los dictados de su excelencia; de una endiablada carrera de coches hiperfuturistas; de cuentos de hadas con un final más feliz que el <em>happy end</em> con el que siempre se ha intentado lobotomizar a los niños. Y no olvidemos el relato que da título a la antología, uno de los más inspirados estilísticamente, donde la Tierra es un presidio, y la procesión de Semana Santa, la peor pesadilla en esta especie de Anunciación al revés.</p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p><strong>Fco. Javier Pérez</strong> (Barcelona, 1979), también autor de cómics, nos sorprendió con su primera antología, <em>Dionisia Pop!</em>, donde, entre críptico y pluscuamperfecto, demostró que estaba dotado de una prosa envidiable, abstracta, vagamente oracular. Quizá haya menos de experimental en <strong>Antifuente</strong> que en aquélla, pero por contrapartida demuestra un pulso más firme; sin olvidar, por supuesto, su nihilismo galopante, marca de la casa, y una total ausencia de pudibundeces y gazmoñerías. Además de un ojo crítico que nos hará aumentar el tamaño del cerebro. ¿Recordáis el efecto que tenía la radiación sobre las hormigas y las arañas en la ciencia ficción de 1950? Pues lo mismo. Pero en vuestro cerebro reblandecido por la molicie.</p>

	<p>Todos los relatos, sin excepción, son muy cortos, enseguida van al meollo, y parece que el argumento nunca se presente de forma armoniosa sino con tajos sagitales de pintor cubista; zas, zas, zas y fin de la historia, y si no te gusta, te aguantas. Esto no quiere decir que su escritura sea ortopédica o que apueste por la economía retórica, al contrario: ignoro si el autor revisa y corrige mucho lo que escribe, pero a primera vista parece que todo le salga de corrido, espontáneamente inspirado, en un permanente estado de gracia, sin faltarle ni sobrarle nada. </p>

	<p>En resumidas cuentas, si queréis leer ciencia ficción diferente e iconoclasta, <strong>Antifuente</strong> es para vosotros. Si no es así, huid. Porque seguro que <strong>Antifuente</strong> os resultará un plato indigesto. Aunque ésa es, paradójicamente, su mayor virtud: a nadie le gusta que un reflujo de acidez le ascienda a la boca desde las simas estomacales, pero tras el vómito, tras expulsar lo que el cuerpo considera nocivo, uno, entonces, respira hondo y encuentra un gran alivio. Como al bajar del tren de la bruja. </p>

	<p>Así que leed. Leed y aliviaos de piezas indigestas como la que sigue: </p>

	<p><blockquote><p>Deberías ser mi esposa en lugar de la esposa de esa deformidad que se gana el pan con el sudor de los otros. Deberías saber lo que se cuece bajo la bragueta de samplers del disco conceptual que le dedico en cada actuación a nuestro retorcido proceso de adulterio. Cariño, el billete de autobús hacia tu estrecha línea de vello púbico, meramente decorativa, está manchado de sangre. La impavidez raras veces conduce a la felicidad, como raras veces alguien de su calaña se reforma tanto como para ser digno de una segunda oportunidad. Deberías pedirle que se bajase de esa cruz con la que ha reinventado el mundo. Deberías decirle que necesitamos la madera para otras cosas mejores. Cariño, tu chabola es un palacio desde que él se marchó. Déjame salir de la caseta del perro. Ahoguemos a los niños en su pila bautismal. Deberías ser mi esposa, no guardar luto por la conversión de tu marido. Deberías ser sólo mía, en cuerpo y esencia. Puta.</p></blockquote></p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://tienda.bizancioediciones.com/product_info.php?products_id=57&#38;osCsid=e140851b79d1c2b09c2e5b986e5a3891">Ficha de Antifuente</a></p>



 ]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[‘Cómo cambiar tu vida con Proust’ de Alain de Botton]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/12/09-acomo-cambiar-tu-vida-con-prousta-de-alain-de-botton</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/12/09-acomo-cambiar-tu-vida-con-prousta-de-alain-de-botton</guid>
      <pubDate>Tue, 09 Dec 2008 13:53:36 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/como_cambiar_tu_vida_con_pr.jpg" alt="" />El prolífico <strong>Alain de Botton </strong>me vuelve a sorprender con un delicioso libro que mezcla la autoayuda culta e inteligente con la historia de la literatura desde el punto de vista de ese excéntrico y genial personaje que era Marcel Proust.</p>

	<p>Para extraer enseñanzas de la vida del creador de la oceánica <em>En busca del tiempo perdido</em>, <strong>Alain de Botton </strong>evita por completo la narración lineal, llena de fechas y datos consabidos del autor y del mundo de la literatura en general, y son sumerge sobre todo en una personalidad poco conocida y en su quehacer diario como si nos dejara colarnos de rondón en la habitación de Proust. He dicho su habitación, sí, porque Proust apenas salía de casa, concretamente apenas salía de su cama, en la que se sentía a resguardo de las enfermedades imaginarias que generaba su exagerada hipocondría. </p>

	<p>Bueno, de las enfermedades y del frío, porque Proust siempre tenía frío, tanto en invierno como en verano, y raro era verle fuera de la cama sin estar pertrechado por varias piezas de ropa, uno o dos abrigos y bufanda. Cuando asistía a una cena, por ejemplo, se sentaba en la mesa de esta guisa, tal y como lo haría un explorador dispuesto a cruzar el Ártico. </p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>Y es que Marcel Proust se pasó los últimos 14 años de su vida casi sin salir de la cama para escribir la que sería su obra magna, una novela tan insólitamente larga que fue necesario dividirla en siete volúmenes. Una novela sobre la memoria y sobre las magdalenas que nos ayudan a evocar los recuerdos. </p>

	<p>De modo que, más que nada, <strong>Cómo cambiar tu vida con Proust</strong> es una ocurrente biografía de Proust, en la que se resalta los aspectos que más interesarían a la prensa amarilla, pero de una forma tan elegante y profunda que, sin darnos apenas cuenta, empezamos a entresacar ideas y enseñanzas para nuestro propio devenir diario.</p>

	<p>Una de las enseñanzas en las que <strong>Alain de Botton</strong> hace más hincapié es la consistente en que leer, leer mucho, aunque sea ficción, y aunque sean obras tan inabarcables como las de Proust, tiene muchas ventajas. La gente suele quejarse que Proust, por ejemplo, dedique tantas páginas a describir cosas nimias. Pero no suelen darse cuenta de que ciertas cosas nimias, si son sintetizadas tal y como lo hacen los periódicos al hablar de grandes desastres, pueden perder parte de su encanto. Un buen autor puede escoger una noticia escueta del periódico, como la de un hombre que se tira por la ventana a causa del incendio de su casa, y entonces la amplía de tal modo que se convierte en una novela. En esencia, la novela no tendrá más argumento que el expuesto por la escueta noticia, pero el atender minuciosamente a los detalles, el dotar de pasado y futuro al protagonista, el bucear el sentimientos, ambiciones, aspiraciones y miedos, puede convertir la noticia que entonces hubiéramos leído entre sorbo y sorbo de café en un drama capaz de quitarnos el apetito durante días. </p>

	<p><strong>Botton</strong> también sostiene que el leer es intrínsecamente útil (independientemente de la cantidad de datos por centímetro cuadrado que hallemos en el texto) por estos tres puntos:</p>

   1) Se amplía el abanico de lugares en que nos sentimos como en casa y también nos acercamos a gentes que en principio nos parecen extraños hasta convertirlos casi en familiares. Entonces es cuando cruzamos fronteras y vencemos miedos y prejuicios.

   2) Constituye un remedio para la soledad. <br />
<blockquote><p>Las experiencias de los personajes de ficción nos proporcionan una imagen inmensamente ampliada de la conducta humana, y por tanto una confirmación de la normalidad esencial de los pensamientos o los sentimientos que no se mencionan en nuestro entorno inmediato.</p></blockquote>

   3) Leemos cómo se describen complejas emociones mejor de lo que nosotros mismos habríamos podido hacer; nos ayuda a entendernos. También nos permite prestar atención a detalles en las cosas que antes nos habían pasado desapercibidas.

	<p><strong>Cómo cambiar tu vida con Proust</strong> es un libro fascinante y divertido, sin una sola página de relleno, ideal para cualquier clase de lector, independientemente si entre sus planes futuros de lectura se encuentra la posibilidad de leer <em>En busca del tiempo perdido</em> (ya en un <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/12/04-la-frase-mas-larga-de-marcel-proust">post anterior</a> seguro que conseguí asustar a más de uno). Aunque no debemos olvidar, tal y como refiere <strong>Alain de Botton</strong>, que desde que en 1913 se publicó el primer volumen de esta, para muchos, indigesta obra:</p>

	<p><blockquote><p>… fue recibida por la crítica como una obra maestra; un crítico francés llegó a comparar al autor con Shakespeare, un crítico italiano lo puso a la altura de Stendhal y una princesa austriaca le ofreció su mano en matrimonio.</p></blockquote></p>

	<p>Ediciones B<br />
Colección Tiempos Modernos</p>



 ]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cuál es la mejor receta para convertirse en escritor?]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/12/07-cual-es-la-mejor-receta-para-convertirse-en-escritor</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/12/07-cual-es-la-mejor-receta-para-convertirse-en-escritor</guid>
      <pubDate>Sun, 07 Dec 2008 15:35:18 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/escritor.jpg" alt="" />A menudo me preguntan cómo lo hago. Cómo escribo. Dónde he aprendido el secreto. De dónde saco las ideas. </p>

	<p>Esta curiosidad parece que deba ser saciada de la misma forma que un lego en informática decide aprender a usar el <em>Photoshop</em>: apuntándose a un cursillo de 30 horas para dominar los más íntimos secretos del software. Si el lego en informática hubiera dedicado una media hora a investigar a través de Internet, hubiese descubierto que entre videotutoriales, manuales para torpes, foros y demás recursos lo del cursillo, además de una monumental pérdida de tiempo, hubiera supuesto un despilfarro considerable de dinero.</p>

	<p>La cosa se parece a apuntarse a un curso para usar el mando a distancia de la televisión, cuando es mucho más fácil probar y equivocarse, investigar por uno mismo, hacerse con el mando día a día. Más fácil pero también más difícil. Es más difícil porque primero hay que derribar un mito. El mito de que todo se aprende en las aulas, que existen trucos incontrovertibles, que hay recetas, que la sabiduría se puede encapsular y vender en dosis milimetradas. Cualquier cosa antes que emplear un poco el pensamiento lateral y la transpiración para obtener la sabiduría por nuestros propios medios, aprehendiéndola.</p>

	<p>Pueden darse excepciones, pero hablo de la generalidad: todos somos un poco tullidos a la hora de buscar soluciones, preferimos que alguien nos las sirva en bandeja con un “¡conviértase en X en tres meses!”.</p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>En ese sentido, escribir se parece mucho a tocar un instrumento: la única forma de arrancar un arpegio consiste en invocar el tesón, la única manera de digitar un <em>diminuet</em> consiste en invocar la transpiración. En términos literarios, la única forma de saber si estamos en el buen camino consiste en rellenar lo escrito hace un año y comprobar que no nos reconocemos: da igual la edad que tengas, tu competencia lingüística o tu estatus literario. Si no cambias, no avanzas; si no tiras nada a la basura, es tu escritorio el que se llena de basura. </p>

	<p>Esta perogrullada no lo es tanto. Los que aspiramos a escribir, en pocas ocasiones estamos dispuestos a sacrificar ciertas cosas. Creemos que el buen escritor lo es por algún talento natural, exclusivamente. Hay de eso, por supuesto, pero el talento natural sólo determina el tiempo que debemos invertir en ser solventes escribiendo. Tampoco aspiremos a la excelencia, porque ¿quién es inequívocamente genial? ¿Acaso el genio de ahora no era considerado mediocre antaño y viceversa? Lo importante no es brillar más que nadie (algo que tampoco depende sólo de nosotros sino del azar, los contactos, el fáustico mercadeo) sino hacerlo bien. Y hacerlo bien no requiere más que práctica constante, mucha lectura y el examen minucioso de la técnica del autor que nos gusta. </p>

	<p>Otro aspecto que cabe borrar de la imagen del escritor prototípico es la del bohemio hasta las cejas de absenta, pulsando las teclas de una vieja Remington a ritmo de pistón y plasmando pulcramente una obra maestra dictada al oído por las musas.</p>

	<p>Esa sensación de que todo fluye ocurre en contadas ocasiones. Puede que un fragmento escrito a vuelapluma parezca estar llamado a cincelarse en mármol. Puede que hasta un capítulo entero. Pero la mayoría de veces sólo es una frase: el resto son aristas e imperfecciones a las que hay que pasar la garlopa una y otra vez, hasta que te duelan las manos, los hombros y el cerebro.</p>

	<p>La obra en sí no se concluye ni mucho menos con el primer borrador. La cosa se parece más a encajar las piezas de un rompecabezas, haciendo continua gimnasia retórica para sacarle algo de músculo al texto. <strong>Thomas Mann</strong> lo definió muy elocuentemente: “Un escritor es alguien para quien la escritura es más difícil que para cualquier otro”. <strong>Carl Hiaasen</strong> escribía novelas de humor pero decía: “cuando llego a casa a la hora de comer, después de haber estado escribiendo durante toda la mañana, mi esposa dice que parece que venga de un funeral”. ¡Y hacía humor!</p>

	<p>Los <em>Ensayos</em> de <strong>Montaigne</strong>, por ejemplo, no emergieron de su mente ya plenamente conformados sino tras innumerables correcciones añadidos y revisiones. Autores considerados brillantes hoy en día como <strong>Stendhal</strong> no se iniciaron como tal: empezó esbozando insípidas obras de teatro y sus obras de referencia no emergieron hasta haber pasado por todos estos intentos infructuosos y décadas de trabajo infatigable. El poeta estadounidense <strong>Walt Whitman</strong> se pasó toda la vida modificando hasta la extenuación su obra <em>Hojas de hierba</em>, con ese perfeccionismo maniático suyo tan <em>kubrickiano</em>. </p>

	<p><strong>Nietzsche</strong> describe perfectamente el agotador trabajo que requiere escribir:</p>

	<p><blockquote><p>La receta, por ejemplo, para llegar a ser un buen novelista es fácil de dar, pero la ejecución supone cualidades que generalmente se pierden de vista cuando se dice “No tengo bastante talento”. Hagamos más de cien proyectos de novelas, que no rebase ninguno de dos páginas, pero escritas con tal propiedad, que no sobre ninguna palabra; pongamos todos los días, por escrito, anécdotas, hasta llegar a aprender la forma más plena, más eficaz; sed infatigables en recoger y pintar tipos y caracteres humanos; relatad siempre que podáis y escuchad los relatos con oído atento para percibir el efecto producido en los oyentes; viajad como paisajistas y pintores de costumbres; extraed para vuestro uso, de cada ciencia, aquello que, bien expuesto, es capaz de producir efectos artísticos; reflexionad, en fin, sobre los motivos de las acciones humanas, no desdeñéis ninguna educación que pueda instruiros sobre este punto y coleccionad todos estos datos noche y día. Invertid en estas múltiples experiencias unos diez años; y entonces lo que produzcáis en vuestro taller podrá salir a la luz pública.</p></blockquote></p>

	<p>Para pasar de peso <em>welther</em> a paso medio o peso pesado, no hay otra: hay que darle a las mancuernas y dejarse de tanto gimnasio caro, al que, por otra parte, en pocas semanas dejaremos de acudir por desidia (aunque la cuota la sigamos apoquinando unos meses más con la vana pretensión de que tarde o temprano reuniremos ánimos para volver). Y ahora, entonemos las primeras notas de <em>Rocky</em>… y ¡a por ello! </p>



 ]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[‘El canon’, de Natalie Angier]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/12/06-ael-canona-de-natalie-angier</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/12/06-ael-canona-de-natalie-angier</guid>
      <pubDate>Sat, 06 Dec 2008 15:55:20 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[<p><img class="derecha" src="http://w7.papelenblanco.com/images/2008/12/52123.jpg" alt="" />Al poco de abordar esta obra de reciente aparición en las librerías, avalada además por una oleada de críticas entusiastas, enseguida me di cuenta de que me enfrentaba a una especie de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bill_Bryson">Bill Bryson</a> femenina. Eso significa: diversión a raudales, rigor, continuos guiños al lector y una documentación exhaustiva. No me equivoqué. <strong>Natalie Angier </strong>escribe sobre temas de biología para el <em>New York Times</em>, por lo cual recibió un premio Pulitzer. Antes que <strong>El canon</strong>, escribió un libro dedicado a la mujer que fue proclamado el mejor libro del año por numerosas publicaciones americanas especializadas (próximamente saldrá a la venta, y el mismo día que lo haga, juro y perjuro que lo leeré).</p>
<p>Y no me extraña el revuelo que ha levantado esta humilde y dicharachera autora con esta obra descomunal y fascinante. Mi emoción al leer sus páginas era tal que no pude dejar de hacerlo de principio a fin. Me dejé los ojos, pero en contrapartida me hinchó el cerebro y el corazón hasta límites que creía imposibles. He llorado, he reído y me he enamorado para siempre de <strong>Natalie Angier</strong>. Sin duda, <strong>El canon</strong> es uno de los más brillantes y divertidos libros de divulgación científica que he leído. Pero divertido de verdad, con el cafeínico <em>speech</em> y las continuas alusiones a la cultura pop de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gilmore_Girls">Las chicas Gilmore</a>.</p>
<p><strong>El canon</strong> constituye la columna vertebral de todo lo que uno debería saber, como mínimo, para no parecer un egocéntrico analfabeto incapacitado moral y mentalmente para abrir su estúpida boca a propósito de cualquier asunto, por pequeñísimo que éste sea. Lo desesperante es que el 99 % de la gente ignora el 99 % de lo que se dice en este libro, y seguimos adelante dando palos de ciego, como perfectos indocumentados.</p>
<a name="more"></a><p><strong>El canon</strong> está dividido en unas pocas áreas de conocimiento imprescindibles para prepararnos mentalmente para empezar a aprender cosas de verdad (este libro no te enseña demasiado, sólo te hace olvidar casi todo lo que has aprendido y crees cierto y te indica cuál es el largo sendero que debes tomar a partir de ahora si quieres empezar a sentirte sabio de verdad). Primero explica cómo se mira el mundo desde un punto de vista científico, que por supuesto no tiene nada que ver con lo que suele pensar la gente: recordamos de nuevo que la gente no suele saber absolutamente nada sobre nada, ni siquiera que no sabe nada. Tener mentalidad científica no consiste en aprenderse de memoria un puñado de datos, como la tabla periódica o el funcionamiento interno de una célula, nada de eso: es un estado mental, una manera de mirar, un escepticismo crítico perpetuo.</p>
<p>Luego pasa a desgranar cómo funciona el mundo de las probabilidades: por qué la gente compra lotería sin tener ni idea de lo idiota que es hacerlo, por qué las casualidades no son tales, etc. En definitiva, que contamos mal las cosas, siempre atolondrados en creencias irracionales.</p>
<p>A continuación toca calibrar las magnitudes y las medidas. Cuál es nuestra verdadera posición en el mundo, cuáles son los tamaños de las cosas, desde un quark hasta una célula, cuáles son las distancias que hay de nuestra casa a la siguiente galaxia. Y lo hace de tal modo que en verdad eres capaz de sentir el vértigo de lo pequeño y lo grande, lo cercano y lo desquiciantemente lejano. Un ejercicio de humildad imprescindible: sin humildad no hay conocimiento científico, sólo chorradas de mercadillo, puras opiniones que en realidad no han servido nunca ni servirán para nada. <strong>El canon</strong> dice: jamás te fíes de tus opiniones ni de las opiniones de los demás, por mucho que te atraigan. Las cosas o se demuestran o no se saben. Punto. Si crees algo, necesitas una hipótesis para creerlo, y una hipótesis no se forma sólo con ideas personales, experiencias o demás. Las hipótesis precisan de una serie de requisitos que, oh, de nuevo casi todos ignoramos, como ignoramos que ignoramos lo que ignoramos.</p>
<p>Luego viene la física, la disciplina que está detrás de todas las cosas que existen en nuestro mundo. La física debería ser, de hecho, la primera y principal materia de estudio en los colegios; más tarde vendría todo lo demás. Se dedica otro capítulo a la no menos importante química, que es la responsable directa de todo lo que sentimos, vemos, soñamos, ambicionamos. Más tarde, la biología evolutiva, uno de los conceptos más revolucionarios para comprender qué somos, por qué hacemos lo que hacemos y hacia dónde vamos, si es que vamos a algún sitio. Luego la biología molecular; la geología; y finalmente la astronomía. Y lástima que ya se termine el libro, porque uno, al llegar a la última línea, por pura atracción físico-química con la autora, desea más y más. Pero, en fin, todos los libros se acaban.</p>
<p>Veamos una muestra de la enjundiosa prosa de la autora:</p>
<blockquote>
<p>
En este país, el número de adolescentes amantes de la ciencia suele ser menor que el número de aburridos apodos que se les otorga: son empollones, pazguatos, cabezas de huevo, cabezas picudas, cerebritos, ratas de laboratorio, el término recientemente acuñado aspies (por el Síndrome de Asperger). Y, caramba, ¿por qué no “cocos” o “torpes” (los últimos en ser seleccionados para cada deporte)? Los adolescentes no científicos, por otro lado, se conocen como “adolescentes”, excepto entre ellos mismos, en cuyo caso, con independencia del género, se comunican utilizando combinaciones de la palabra “tío”. Por ejemplo: “Vosotros, tíos” u “¡Oíd, tíos!” o “¡Eh, tíos!”. Los “¡tío!” no suelen tener problemas para diferenciarse de los empollones que van con la probeta en la mano. Pero, en el caso de que surja alguna duda, un adolescente siempre se apresurará a afirmar su inequívoca condición de “tío” o “tía”, tal como aprendí recientemente mientras caminaba detrás de dos chicas de unos 16 años.</p>
</blockquote>
<p>Editorial Paidós<br />
Colección Contextos<br />
400 páginas</p>
<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.paidos.com/lib.asp?COD=52123">Ficha en Paidós</a></p>]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[‘Cuentos de hadas retorcidos’ de A. J. Jacobs]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/12/05-acuentos-de-hadas-retorcidosa-de-a-j-jacobs</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/12/05-acuentos-de-hadas-retorcidosa-de-a-j-jacobs</guid>
      <pubDate>Fri, 05 Dec 2008 00:52:50 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/9788478082872.gif" alt="" />Si hace unos días hablábamos del <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/11/13-un-hombre-que-cumple-los-todos-mandamientos-de-la-biblia-escribe-un-libro-sobre-la-experiencia">último libro </a>de <strong>A. J. Jacobs</strong>, editor de la revista <em>Esquire</em>, en la que se proponía seguir todos los mandamientos de la Biblia durante un año, hoy vamos a ocuparnos de su primera obra, editada en 1997, una antología de cuentos muy particulares dirigidos a niños de 0 a 100 años.</p>

	<p><strong>Cuentos de hadas retorcidos </strong>es una irónica revisión de todos los cuentos populares que nos contaban de niños, actualizados de tal manera que no es extraño encontrar continuas referencias contemporáneas en ellos. Aquí las brujas usan dólares, los príncipes no siempre están interesados en las princesas y a los ogros puedes contratarlos por teléfono como si fueran rudos porteros de discoteca. Una cosa sí que conservan todos los personajes: una actitud bobalicona y disneyniana que, por contraste con una realidad mucho más compleja que la de antaño, produce la sonrisa continua. </p>

	<p>En ocasiones me recordaba el fino humor de <strong>A. J. Jacobs</strong>, muy inglés él, al de los mejores gags de <em>Shrek</em>, una película que también se propuso dinamitar en su día todas las convenciones del género del cuento infantil. Como en toda antología, hay historias un tanto irregulares, pero en general el balance es muy positivo. Y como los cuentos nunca pasan de las 4 o 5 páginas, uno empieza con uno y ya no puede dejarlo. Gustará a adultos, pero estoy convencido de que los niños también captarán la retranca de muchas de las imágenes. Algunos títulos, como <em>Vulgarcito</em> y <em>La guapa y la Bestia</em>, ya nos dejan entrever que el autor va a tocar lo intocable.</p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>Un buen ejemplo podemos encontrarlo justo al principio del primer cuento, cuando se detalla el currículum de una bruja llamada Griselda:</p>

	<p><blockquote><p>La bella durmiente: hechizo altamente efectivo que mantuvo a una mujer joven en estado cataléptico durante varias décadas. El príncipe encantado: miembro de la familia real convertido en anfibio. Este suceso recibió en su momento una enorme cobertura por parte de los medios de comunicación y, especialmente, de las revistas del corazón.<br />
Hansel y Gretel: exitoso extravío de dos hermanos en el bosque, utilizando como carnada alimentos con un alto contenido en hidratos de carbono.</p></blockquote></p>

	<p>Personalmente, me habría divertido más (e incluso, creo, me habrían educado mejor) si en vez de leerme esas historias a veces un poco tontas o sórdidas cimentadas en arquetipos demodé, hubiera probado con estos cuentos llenos de enjundia y un poco de mala baba (aunque siempre con un humor blanquísimo, que conste). El único punto negativo, quizás, sea la tipografía empleada, que es poco habitual y a veces difícil de seguir.</p>

	<p>Y para acreditar las bondades de esta original e iconoclasta antología, en la contraportada han dejado de recurrir a literatos y personajes influyentes para dar voz a los propios protagonistas de algunos cuentos. Las siguientes, como dice el autor, son algunas opiniones de gente muy importante acerca del libro.</p>

	<p><em>Estos cuentos son maravillosos, ¡y no miento!</em>, Pinocho. <br />
<em>¡Es un libro que te iluminará!</em>, Aladino. <br />
<em>¡Gracias, Jacobs, con tus cuentos de hadas retorcidos logré finalmente vencer el insomnio!</em>, La bella durmiente del bosque. <br />
<em>¡Estos cuentos son oro puro!</em>, El rey Midas. <br />
<em>¡Son bestiales!</em>, La Bella. </p>

	<p>Editorial Sirio<br />
176 páginas</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.editorialsirio.com/?mod=colecciones&#38;cat=18&#38;id=10708&#38;ida=0&#38;tip=1&#38;idm=">Ficha en Editorial Sirio</a></p>



 ]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[La frase más larga de Marcel Proust]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/12/04-la-frase-mas-larga-de-marcel-proust</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/12/04-la-frase-mas-larga-de-marcel-proust</guid>
      <pubDate>Thu, 04 Dec 2008 09:34:50 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/Proust1.jpg" alt="" /><strong>En busca del tiempo perdido</strong> de <strong>Marcel Proust</strong> crea adhesiones incondicionales o profundos bostezos, lo que todos estamos más o menos de acuerdo es que su extensión, al menos a priori, resulta intimidante. Recordamos que son 7 volúmenes con un buen número de páginas, y como ya decía el director de la editorial que a comienzos de 1913 recibió la petición de publicar su obra, encontramos, por ejemplo, que Proust necesita 30 páginas para describir cómo da vueltas en la cama antes de quedarse dormido.</p>

	<p>Pero quizá lo más mareante entre este texto oceánico sea la extensión de muchas de sus frases, llenas de subordinadas sin ningún punto en el que podamos recuperar el aliento. La más larga de todas ellas se encuentra concretamente en el quinto volumen. Tiene una longitud de casi cuatro metros. </p>

	<p>Y es que para leer a Proust hay que tomárselo con calma. Como decía el hermano del digresivo autor, &#8220;lo triste es que las personas tengan que estar muy enfermas o tengan que haberse roto una pierna para disfrutar de la ocasión de leer <em>En busca del tiempo perdido</em>&#8221;.</p>

	<p>Pues coged aire, que ahí va la frase de marras:</p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p><blockquote><p>Sofá surgido del sueño entre los sillones nuevos y muy reales, unas sillas pequeñas tapizadas de seda rosa, tapete brochado a juego elevado a la dignidad de persona desde el momento en que, como una persona, tenía un pasado, una memoria, conservando en la sombra fría del salón del Quai Conti el halo de los rayos de sol que entraban por las ventanas de la Rue Motalivet (a la hora que él conocía tan bien como la propia madame Verdurin) y por las encristaldas puertas de La Raspèhere, adonde la habían llevado y desde donde miraba todo el día, más allá del florido jardín, el profundo valle de la mientras llegaba la hora de que Cottard y el violinista jugaran su partida; ramo de violetas y de pensamientos al pastel, regalo de un gran amigo va muerto, único fragmento superviviente de una vida desaparecida sin dejar huella, resumen de un gran talento y de una larga amistad, recuerdo de su mirada atenta y dulce, de su bella mano llena y triste cuando pintaba; un arsenal bonito, desorden de los regalos de los fieles que siguió por doquier a la dueña de la casa y que acabó por adquirir la marca y la fijeza de un rasgo de carácter, de una línea del destino; profusión de ramos de flores, de cajas de bombones que, aquí como allí, sistematizada su expansión con arreglo a un modo de floración idéntico: curiosa interpolación de los objetos singulares y superfluos que aún parece salir de la caja en la que fueron ofrecidos y que siguen siendo toda la vida lo que en su origen fueron, regalos de Año Nuevo, en fin, todos esos objetos que no sabríamos diferenciar de los demás, pero que para Brichot, veterano de las fiestas de los Verdurin, tenían esa pátina, ese aterciopelado de las cosas a las que añade su doble espiritual, dándoles así una especie de profundidad; todo esto, disperso, hacía cantar para él, como teclas sonoras que despertaran en su corazón semejanzas amadas, reminiscencias confusas y que en el salón mismo, muy actual, donde ponían su toque acá y allá, defininían, delimitaban muebles y tapices, como lo hace en un día claro un cuadrado de sol seccionando la atmósfera, los tapices y de un cojín a un jarrón, de un taburete al rastro de un perfume, perseguían con un modo de iluminación en el que predominaban los colores, esculpían, evocaban, espiritualizaban, daban vida a una forma que era como la figura ideal, inmanente en sus viviendas sucesivas, del salón de los Verdurin.</p></blockquote></p>

	<p>Uf.</p>

	<p>Vía | Cómo cambiar tu vida con Proust, de Alain de Botton</p>


 ]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[‘¿Por qué no se hielan los pies de los pingüinos?’ de Mick O´Hare]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/12/03-apor-que-no-se-hielan-los-pies-de-los-pinguinosa-de-mick-ohare</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/12/03-apor-que-no-se-hielan-los-pies-de-los-pinguinosa-de-mick-ohare</guid>
      <pubDate>Wed, 03 Dec 2008 11:35:31 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/pies.jpg" alt="" />Este es el típico libro de preguntas que todos nos formulamos y de sus correspondientes respuestas. Con una pequeña diferencia. Tantos las preguntas como las respuestas no provienen de expertos sino de los simples lectores de la revista <em>New Scientist</em>, que luego han sido editadas por <strong>Mick O´Hare</strong>. Este punto tiene su parte positiva y su parte negativa. La positiva es que algunas respuestas hacen gracia, y es curioso ver cómo unos y otros (a veces se presentan varias respuestas diferentes para una misma pregunta) pueden diferir mucho en algunos detalles. </p>

	<p>La negativa es que no te queda claro si lo que lees es la respuesta cierta o no es exactamente así.</p>

	<p>Se supone que los lectores de la columna <em>The Last Word </em>(La última palabra) de la prestigiosa <em>New Scientist </em>deben de ser en su mayoría expertos o al menos gente medianamente cultivada. De hecho, esa es la impresión que causan muchas de sus respuestas. Pero en otras ocasiones, acabas sin saber muy bien qué creer. A veces el autor del libro sale a aclarar las confusiones generales, pero esto no suele ser lo habitual, lo cual que te deja aún más sumido en las dudas. </p>

	<p>Por ejemplo, una de las preguntas que más me interesaban del libro (y que fue la razón de que lo leyera) sólo genera más y más preguntas. La pregunta es si el pasar frío está íntimamente relacionado con coger un catarro. Al parecer, no hay relación alguna, pero no acabo de entender la razón y finalmente parece que no atacan el problema de raíz. ¿Puedo ir sin abrigarme por la calle en un día de frío invernal sin constiparme? La verdad es que la experiencia dice que no, aunque la teoría diga que sí.</p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>Otras preguntas curiosas (115 en total) que se plantean, sin embargo, sí que quedan bastante bien explicadas, y uno se siente considerablemente más sabio tras su lectura; sabio en cosas triviales, un poco absurdas, pero no por ello menos interesantes. ¿Por qué tenemos huellas dactilares? ¿Cómo opera el champú anticaspa? ¿Por qué el pegamento no se queda adherido a las paredes del tubo? ¿Por qué vuelven los bumeráns? ¿Por qué no sentimos cosquillas si nos las hacemos a nosotros mismos? ¿Puede verse la Gran Muralla China desde el espacio tal y como dice la cultura popular?</p>

	<p>Las preguntas están divididas en nueve áreas: nuestros cuerpos, ¿te encuentras bien?, plantas y animales, comida y bebida, ciencia doméstica, nuestro planeta, tiempo extraño, transporte problemático y lo mejor del resto.</p>

	<p>No es de los mejores libros de preguntas y respuestas que he leído (muchas preguntas son directamente tontas o surrealistas), pero está bien para pasar un rato, leyendo un par o tres de vez en cuando.   </p>

	<p><blockquote><p>El lector que formula la pregunta tiene razón: se pueden obtener cubitos de hielo más deprisa utilizando inicialmente agua caliente en vez de fría. El mejor procedimiento es colocar el recipiente que contiene el agua sobre una superficie de escarcha o hielo. La temperatura más alta funde ligeramente la superficie helada sobre la que se apoya el recipiente, mejorando muco el contacto térmico entre éste y la superficie fría. La tasa superior de calor transferido desde el recipiente y su contenido excede con mucho la mayor cantidad de calor que tiene que eliminarse. Eso no se producirá, sin embargo, si el recipiente está suspendido o se apoya en una superficie seca. El primero que describió este fenómeno fue sir Francis Bacon, utilizando recipientes de madera sobre hielo. Mi propia investigación demostró que podían obtenerse cubitos de huelo en 15 minutos en vez de 20 si la escarcha del refrigerador era lo suficientemente gruesa. El incentivo para obtener el hielo un poco más deprisa es evidentemente mayor en Australia que en países más frescos.</p></blockquote></p>

	<p>Editorial RBA<br />
Colección Divulgación<br />
272 páginas</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.rba.es/libros/por-que-los-pies-de-los-pinguinos-no-..._micke-ohare_libro-ONFI202-es.html">Ficha en RBA</a></p>




 ]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[‘La semana laboral de 4 horas’, de Timothy Ferriss]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/12/01-ala-semana-laboral-de-4-horasa-de-timothy-ferriss</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/12/01-ala-semana-laboral-de-4-horasa-de-timothy-ferriss</guid>
      <pubDate>Mon, 01 Dec 2008 05:27:53 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/11/semana.jpg" alt="" />No soy aficionado a los libros de autoayuda, y mucho menos los dirigidos a empresarios y ejecutivos dinámicos a fin de optimizar su trabajo con algunas reglas <em>zen</em> de mercadillo. Pero desde que había oído a hablar de las bondades de <strong>La semana laboral de 4 horas</strong>, <em>No hace falta trabajar más</em>, no pude resistirme a echarle un vistazo. Será porque de natural me caracterizo por mi vagancia y su subtítulo, en consecuencia, me cautivó. No lo sé. La cuestión es que no me arrepiento del tiempo invertido.</p>

	<p>Al terminar de leer la obra, obviamente, sigo sin saber cómo vivir sin trabajar (o sólo trabajando cuatro horas a la semana, que es lo que propone el autor), pero lo formidable de este libro no reside en ese punto sino en la lista de curiosidades y lúcidos puntos de vista sobre cosas que nos suelen amargar en el día a día. Cierto es que no son puntos de vista muy elaborados, pero en su sencillez y también en su eficacia reside su gracia. Sobre las curiosidades, hablaré más adelante. </p>

	<p>Primero hay que hablar del autor, <strong>Timothy Ferriss</strong>, un singular tipo que en pocos años (todavía sin cumplir los 30), resultó tretracampeón mundial de lucha libre en jaula, fue el primer norteamericano en detentar en récord Guinness mundial de tango, dominó seis idiomas y se especializó en lingüística aplicada al japonés, chino, alemán y español, fue investigador en el campo del índice glucémico, campeón nacional en China de kickboxing, bailarín de breakdance en la MTV de Taiwán, asesor de entrenamiento de más de 30 deportistas con récords mundiales, actor en una serie de TV de máxima audiencia emitida en China y Hong Kong, trotamundos… y una lista interminable propia de un octogenario muy vivido (o de dos octogenarios).</p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>La cuestión fundamental que trata de responder este libro es cómo obtuvo el autor todo el tiempo libre necesario para poder llevar a cabo todas estas proezas. Eso se consigue no viviendo para trabajar sino pensando en cómo otros pueden trabajar para nosotros (es fascinante descubrir que existe toda una red mundial de asesores a distancia por horas a precios muy reducidos que se pueden contratar en la India, por ejemplo). ¿Para qué jubilarte cuando llegues a viejo y no hacer minijubilaciones ahora? Luego trata de demostrarte que los miedos que todos tenemos a abandonar nuestras costumbres, vivir de país en país, comenzar de nuevo, son miedos en gran parte injustificados. Finalmente, te invita a descubrir cuántas posibilidades existen para viajar por todo el mundo por menos de lo que te cuesta un alquiler en una gran ciudad trabajando a distancia: no sin antes, claro, convencer a tu jefe de las bondades del teletrabajo.</p>

	<p>Todo esto con datos exactos, páginas web que consultar, direcciones, teléfonos y demás. Información útil para los nuevos ricos o los que necesiten replantearse su modo de vida.</p>

	<p>Pero, como dije, la parte más divertida es la dedicada a las curiosidades, que salpican cada página del libro. Ejercicios para leer un 200 % más rápido; la inutilidad de leer cada día el periódico; ejemplos reales de personas que han sabido encontrar formas asequibles de ganar 2000 dólares al mes dedicando media hora de esfuerzo cada lunes por la mañana; entrevistas a nuevos ricos y sus formas de ocio, que en nada se parecen ya a las imágenes arquetípicas de mansiones y cruceros; y sobre todo una larga lista de experiencias vitales del autor, algunas de las cuales son muy jugosas. </p>

	<p>Como ejemplo, voy a transcribir cómo consiguió ser medalla de oro en los Campeonatos Nacionales Chinos de kickboxing sólo entrenando una semana (y no siendo especialmente bueno dando puñetazos y patadas):</p>

	<p><blockquote><p>Gané porque me leí las reglas y busqué vacíos legales que pudiesen beneficiarme. Encontré dos. <br />
Se pesaba a los participantes la víspera del campeonato: utilizando técnicas de deshidratación que ahora enseño a levantadores de pesas, perdí 14 kilos en 18 horas, hasta que me pesaron (resultado: 82 kilos), y luego me hiperhidraté hasta volver a los 96 kilos y medio. Es difícil luchar contra alguien que pertenece a tres categorías de peso por encima de la tuya. Pobres chiquitos. <br />
Había un detalle técnico en la letra pequeña: si un combatiente se caía de la plataforma elevada tres veces en una ronda, su oponente ganaba por incomparecencia del adversario. Decidí que este detalle sería mi única técnica y me limité a empujar a la gente hasta tirarla abajo. Como te puedes imaginar, al final los jueces no eran los chinos más felices del mundo.</p></blockquote>  </p>

	<p>Quizá el libro no es sea de gran utilidad, quizá le abra los ojos a algunos. En todo caso, su lectura, curiosa y divertida, es de todo punto recomendable.</p>

	<p>Editorial RBA<br />
Colección Integral Inspiracions<br />
367 páginas </p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.rba.es/libros/la-semana-laboral-de-4-horas_timothy-ferriss_libro-OALR158-es.html">Ficha en Editorial RBA</a></p>



 ]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[‘El séptimo velo’, de Juan Manuel de Prada]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/11/27-ael-septimo-veloa-de-juan-manuel-de-prada</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/11/27-ael-septimo-veloa-de-juan-manuel-de-prada</guid>
      <pubDate>Thu, 27 Nov 2008 11:58:21 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/11/El+séptimo+velo.jpg" alt="" /><strong>El séptimo velo</strong> fue galardonada con el Premio Biblioteca Breve 2007 y tiene hechuras de guía telefónica. Incluso, lo que se narra en la novela que nos ocupa se parece bastante a lo que hay en una guía telefónica (al menos en el 50 por ciento de sus páginas): mucha letra y poca historia. Y lo que es peor: todo lo que se presenta, por nimio que sea, se hace de forma tan épica y pomposa como una odisea homérica, o algo así.</p>

	<p>En resumen: 650 páginas que habrían podido resumirse en 200. En 100, si me apuráis. Porque la novela incurre en el exceso, en el exceso de páginas, en el exceso de metáforas, en el exceso de frases preciosistas trufadas de subordinadas, en el exceso de&#8230; todo. Todo se explica, todo se detalla al milímetro, todo se menciona hasta la saciedad. No es extraño, pues, que el mero acto de tirarse un pedo requiera varias líneas de texto y tres o cuatro imágenes poéticas sobre los intestinos (el ejemplo es mío, a Dios gracias, pero los tiros van por ahí). </p>

	<p>Me recuerdan estas muestras de descripciones minuciosísimas a un divertido texto de Julio Cortázar, en el <a href="http://www.literatura.org/Cortazar/Instrucciones.html" target="_blank">describe pormenorizadamente cómo se sube una escalera.</a></p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>Propongo algo: leer sólo las páginas impares. La novela se entenderá igualmente. Y se hace mucho menos pesada.</p>

	<p>Porque la novela es pesada, lenta, morosa, meándrica, superflua, barroca. No negaremos que en algún que otro pasaje, <strong>de Prada </strong>demuestra una maestría estilística de la que muchos autores deberían tomar buena nota, y otros fragmentos me han atrapado o estremecido mucho más de lo que esperaba. Pero, en general, el tedio planea sobre la mayoría de páginas, y terminar la novela sólo es cuestión de inercia o de santa paciencia. Y encima, el misterio final no se desvela satisfactoriamente.</p>

	<p>En cierta manera me hace recordar a ese divertido concurso auspiciado por los Monty Python llamado “Resuma usted a Proust”, un certamen público en el que los participantes debían resumir los siete volúmenes de la obra de Proust en quince segundos como máximo, lo cual vendría a demostrar que hay mucha, mucha paja en <em>En busca del tiempo perdido</em>. A quien le gusten los circunloquios, pues quizá también disfrute con <strong>El séptimo velo</strong>. A quien no, le invito a participar en dicho certamen, aunque quedáis advertidos que el resumen debe exponerse oralmente en traje de baño y luego vestidos de etiqueta.</p>

	<p><strong>El séptimo velo</strong> es una historia sobre buenos y malos, y sobre lo infantil que resulta tal maniqueísmo. Y también es una historia acerca de la memoria, y sobre cómo porfiamos en olvidar aquello que nos amarga, no sólo frente a los demás sino también frente a nosotros mismos. Es una historia, también, cuya trama bascula entre la época actual y la Segunda Guerra Mundial. Es dura, sin concesiones, pornográfica en ciertos momentos. Digerible si <strong>de Prada </strong>la hubiera adelgazado un poquito. Tal y como está, es un hueso duro de roer, un grueso manual de retórica. Muy interesante para los que quieren mejorar su técnica literaria, eso sí.</p>

	<p>Ahí va un fragmento de los buenos:</p>

	<p><blockquote><p>Aunque no lo reconociera expresamente, Lucía seguía amando a Jules; lo amaba de ese modo esquinado, aguzado de aristas, ensordecido con una espesa capa de despecho, con que solemos amar a quienes más daño nos han hecho, a quienes en estricta lógica más deberíamos aborrecer. Pero los afectos nunca se rigen por la lógica, a diferencia de las rutinas; y, aunque lo expresaba de forma más delicada o eufemística, Lucía concluía que había llegado a encontrar en las rutinas la única anestesia medianamente eficaz contra los afectos defraudados. Esas rutinas, además, le habían deparado un remedo de felicidad que, con un poco de tesón, lograría confundir con la felicidad misma: tenía un esposo que le había regalado más amor del que merecía, un amor honrado y sin reticencias al que ella sólo podía corresponder, por desgracia, con un sucedáneo de amor; y tenía un hijo que ignoraba su origen y que lo seguiría ignorando durante mucho tiempo, al menos mientras ella sospechase que esa revelación podría quebrar el simulacro de normalidad que se esforzaba por renovar cada día. Ese hijo, que era su bendición, también era su condena, pues no había ocasión que lo mirase que no le recordara los rasgos de su padre, cuyo nombre además prolongaba.</p></blockquote> </p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.seix-barral.es/fichalibro.asp?libro=986">Ficha en la editorial Seix Barral</a></p>



 ]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[[Un relato a la semana] ‘Berenice’ de Edgar Allan Poe]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/11/25-un-relato-a-la-semana-aberenicea-de-edgar-allan-poe</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/11/25-un-relato-a-la-semana-aberenicea-de-edgar-allan-poe</guid>
      <pubDate>Tue, 25 Nov 2008 11:49:07 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/11/poe.jpg" alt="" />El cuento que nos ocupa no es uno de los más conocidos del estadounidense <strong>Edgar Allan Poe</strong>, quizá tampoco de los más notables, pero sin duda constituye una de las primeras muestras de sadismo exacerbado del autor.</p>

	<p><strong>Berenice</strong> fue publicado por primera vez en el periódico <em>Southern Literary Messenger </em>en 1835, sin embargo, debido a sus explícitas descripciones de escenas espeluznantes, los lectores enviaron toda clase de quejas al periódico. Esta suerte de censura pública obligó a <strong>Poe</strong> a publicar con posterioridad una versión recortada, en 1840. No obstante, a juicio de expertos en su obra como Cortázar, <strong>Poe</strong> consiguió entonces afinar la calidad del relato, volviéndolo mucho más sugerente.</p>

	<p>Este relato de terror gótico se basa en la relación de dos personajes antagónicos, Egaeus y Berenice; él enfermizo y estudioso, ella pletórica y extrovertida. A través de Egaeus asistimos a su monomanía, una enfermedad que le obliga a quedarse obsesionado por las cosas más pequeñas e insignificantes durante largas temporadas. Y la belleza de Berenice constituirá una de estas nuevas monomanías para el protagonista, concretamente sus dientes blancos e inmaculados.  </p>

	<p>El desenlace apenas ofrece detalles, sólo una nube de sugerencias, <em>esa caja, esas 32 piezas blancas</em>, pero enseguida, retrotrayéndonos con la imaginación a lo que pudo haber pasado, podemos reconstruir la violencia que ejercerá Egaeus en Berenice para poseer esa belleza o quizá para arrebatársela. </p>

	<p>Por cierto, la cita en latín que encabeza el relato puede traducirse como “Me decían los amigos que podría encontrar algún alivio a mi dolor visitando la tumba de la amada”, una cita que de algún modo esclarece el final del relato y que el propio protagonista hallará escrita en un libro también en las postrimerías de la historia. </p>

	<p><blockquote><p>Berenice y yo éramos primos y crecimos juntos en la heredad paterna. Pero crecimos de distinta manera: yo, enfermizo, envuelto en la melancolía; ella, ágil, graciosa, desbordante de fuerzas; suyos eran los paseos por la colina; míos, los estudios del claustro; yo, viviendo encerrado en mí mismo y entregado en cuerpo y alma a la intensa y penosa meditación; ella, vagando despreocupadamente por la vida, sin pensar en las sombras del camino o en la huida silenciosa de las horas de alas negras.</p></blockquote> </p>

	<p>En Papel en blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/busqueda?q=un+relato+a+la+semana&#38;sa=Buscar+con+Google&#38;domains=www.papelenblanco.com&#38;sitesearch=www.papelenblanco.com&#38;client=pub-9977500652563564&#38;forid=1&#38;channel=6541091904&#38;ie=UTF-8&#38;oe=UTF-8&#38;cof=GALT%3A%23008000%3BGL%3A1%3BDIV%3A%23336699%3BVLC%3A663399%3BAH%3Acenter%3BBGC%3AFFFFFF%3BLBGC%3A336699%3BALC%3A0000FF%3BLC%3A0000FF%3BT%3A000000%3BGFNT%3A0000FF%3BGIMP%3A0000FF%3BFORID%3A11&#38;hl=es">Un relato a la semana</a><br />
El relato | <a href="http://www.mascuentos.com/mostrar-cuento.php?cuento=421">Berenice</a></p>


 ]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[‘Las consolaciones de la filosofía’, de Alain de Botton]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/11/23-alas-consolaciones-de-la-filosofiaa-de-alain-de-botton</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/11/23-alas-consolaciones-de-la-filosofiaa-de-alain-de-botton</guid>
      <pubDate>Sun, 23 Nov 2008 14:42:06 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/11/Consolaciones.jpg" alt="" />Carambolas de la vida, cayeron en mis manos dos libros con similares propósitos: el popularísimo <em>Más Platón y menos Prozac</em>, de Lou Marinoff, y el que es objeto de esta reseña, <strong>Las consolaciones de la filosofía</strong>. </p>

	<p>El primero confieso que fui incapaz de acabarlo: trataba de arreglar el mundo con cuatro recetas demasiado elementales, tenía aspecto de autoayuda cogida por los pelos, era pretencioso, limaba algunas aristas para que todo encajara en su tesis, mostraba una arrogancia y una superioridad frente a los demás saberes un poco estomagantes… casi parecía un publirreportaje para dar trabajo a una nueva clase de profesional: el terapeuta filosófico. </p>

	<p>El segundo, del infalible <strong>Alain de Botton</strong>, sin embargo, es mucho menos ambicioso pero también más juicioso y templado.</p>

	<p>Lo que más me llama la atención de <strong>Las consolaciones de la filosofía</strong>, este modesto manual para enfrentarse a la vida con cierto bagaje intelectual (no lo confundamos con un libro de autoayuda aunque juegue en la misma liga), es su tremenda facilidad para simplificar las ideas filosóficas más abstrusas en narraciones asequibles para profanos. La imagen recuerda a la de un grupo de hormigas rojas actuando con voracidad metódica sobre el cadáver de un animal: al final sólo queda la osamenta, un armazón limpio de impurezas gracias a la infinita pedagogía del autor. </p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>La primera parte del libro, que trata sobre la independencia de nuestras ideas y nuestras acciones y la natural tendencia de la gente al gregarismo, resulta especialmente conmovedora gracias al relato de Sócrates, que mantuvo sus convicciones hasta el final, conservando la serenidad incluso en el momento de tomarse la cicuta. Hasta su carcelero, tras compartir unas horas de charla con él, acabó lamentando que el mundo deseara eliminar de un plumazo a un hombre tan amable, lúcido y sensible. También era bastante feo, pero se le perdona. </p>

	<p>Luego viene una segunda parte dedicada al dinero, las posesiones y la publicidad, usando el pensamiento estoico de Séneca como hilo conductor, poniendo en evidencia que tenemos unas concepciones peligrosamente optimistas sobre el mundo y sobre los demás.</p>

	<p>Más tarde leeremos sobre la ineptitud, tanto social, como cultural e intelectual, de la mano de Montaigne, que era todo un especialista en narrar las miserias humanas, empezando por él mismo. </p>

	<p>Del amor y sus tribulaciones se encargará Schopenhauer. Y de las dificultades en general, Nietzsche, quien opinaba que la felicidad no era la ausencia de conflicto sino el saberse enfrentar con inteligencia al conflicto, entresacando lecciones que más tarde nos permitirán evitar otros. </p>

	<p>Y es que <strong>Las consolaciones de la filosofía </strong>es un delicioso libro que arrojará un poco de luz a aquellas cuestiones que suelen obstaculizar el buen vivir, todo ello de una forma amenísima, franca, de un autor que no gusta enredar con conceptos ininteligibles y que, por el contrario, tal y como sostenía Montaigne, cree que la claridad expositiva y la diversión no están reñidas con la rigurosidad. </p>

	<p>Ahí va un fragmento de la parte dedicada a Montaigne a propósito de las pedorretas:</p>

	<p><blockquote><p>Montaigne había oído hablar de un hombre que sabía tirarse pedos a voluntad y en cierta ocasión había organizado una pedorrera como acompañamiento métrico de un poema. No obstante, semejante alarde de control no contraviene su observación general en virtud de la cual nuestro cuerpo se lleva la palma sobre nuestra mente y nuestro esfínter es sumamente “indiscreto y escandaloso”. Montaigne conocía incluso un trágico caso de un trasero “tan turbulento y rebelde que tiene a su amo sin aliento tirándose pedos constantemente y sin remisión desde hace cuarenta años, llevándole así a la muerte.</p></blockquote></p>

	<p>Editorial Taurus, 2001 <br />
295 páginas</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.taurus.santillana.es/ld.php?id=362">Ficha en Editorial Taurus</a></p>



 ]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[‘En las antípodas’, de Bill Bryson]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/11/19-aen-las-antipodasa-de-bill-bryson</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/11/19-aen-las-antipodasa-de-bill-bryson</guid>
      <pubDate>Wed, 19 Nov 2008 11:18:00 GMT</pubDate>
      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/11/en-las-antipodas_bill-bryson_libro-OBOL038.jpg" alt="" />Tras la reseña de <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/11/09-auna-breve-historia-de-casi-todoa-de-bill-bryson">Una breve historia de casi todo</a>, volvemos con otro libro de este prolífico autor británico que, además de escribir de viajes, se ha atrevido con la lingüística y la ciencia.</p>

	<p>Para muchos, <strong>Bill Bryson</strong> es el viajero más divertido y excéntrico del mundo, y sus libros de viajes sobre Estados Unidos, de los que soy fiel devoto, así lo demuestran. Sin embargo, me costó atreverme con su última obra traducida al español que me quedaba por leer: nunca me ha llamado la atención ese país lejano que es Australia.</p>

	<p>Por suerte, acabé leyéndolo y descubrí que <strong>En las antípodas</strong> es tan divertido e interesante como los otros. Y el libro también me ha demostrado que Australia es uno de los lugares más exóticos y curiosos del planeta. De hecho, si tuviera que elegir nueva nacionalidad, no dudaría en decantarme por la australiana.</p>

	<p>No en vano, Australia es el sexto país más grande del mundo y la isla más extensa, sin embargo, también es uno de los países del primer mundo del que menos sabemos. Se celebraron las Olimpiadas, Mel Gibson nació allí… poco más. Sus noticias parecen no abandonar nunca la isla, sus gentes parecen vivir lejos de todos nosotros. ¿Cuántos de nosotros sabemos que un grupo terrorista hizo estallar hace poco una bomba nuclear en Australia? Y, no obstante, Australia es la Noruega del trópico: segura, limpia, ordenada, con un nivel de vida envidiable… y el sol brilla con frecuencia. </p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>Australia también es un lugar indómito en muchos sentidos. Allí vive el ser vivo más grande de la Tierra, la Gran Barrera de Arrecifes; diez de las serpientes más venenosas del mundo son australianas; si bañándote en sus aguas ideales para surfistas te pica una medusa cofre, da igual que te inyecten morfina o que te quedes inconsciente, seguirás gritando de dolor porque no hay nada que sea capaz de generar tanto dolor como eso; un tiburón o un cocodrilo, si te descuidas, puede zamparte antes de que puedas pestañear; apenas se conoce una ínfima parte del interior de Australia, el <em>outback</em>, que puede guardar más oro del que jamás hayamos soñado, además de toda clase de animales que se creían extinguidos: el 80 por ciento de las plantas y animales de Australia no existe en ninguna otra parte del mundo; después del Transiberiano, el tren que cruza Australia es el que posee el trayecto más largo y cautivador; y así podríamos seguir hasta el infinito.  </p>

	<p>Australia también es el lugar más seco, llano, caluroso, árido, yermo y climáticamente agresivo de los continentes habitados. Sólo la Antártida es más hostil a la vida. Pero tras la narración de <strong>Bryson</strong>, uno arde en deseos de mudarse a vivir a uno de los mejores lugares del mundo en todos los sentidos. Incluso dispone de sus propios montes nevados para esquiar, aunque jamás hayamos oído sobre ellos, y también sobre su propio San Francisco contracultural, y también de su propio Los Angeles hortera y millonario. </p>

	<p>Cada página de <strong>En las antípodas</strong> está repleta de información maravillosa sobre Australia, pero de nuevo la mayor virtud en el libro de <strong>Bryson</strong> es su capacidad para contarlo todo de una forma amena, didáctica y tan, tan divertida que a veces parece que estás leyendo un libro de humor. Sin duda, aunque jamás te hayas interesado por Australia (como me pasó a mí), <strong>En las antípodas</strong> es un libro imprescindible para todo el que tenga ganas de saber qué hay más allá de lo percibimos informativamente a diario. El resto lo disfrutará por igual gracias a los chascarrillos del entrañable <strong>Bill Bryson</strong>.</p>

	<p><blockquote><p>los australianos tienen los mejores y más entretenidos debates parlamentarios del mundo. Las noticias de televisión de Estados Unidos, e incluso la británica, se animarían enormemente si ofrecieran un informe diario del debate australiano. No haría falta explicar de qué va el asunto –de todos modos por lo general no hay quien lo entienda-, sino simplemente permitir que el público disfrutara del intercambio de insultos. En el libro Among the Barbarians, el escritor australiano Paul Sheehan informa de un intercambio de insultos en el Parlamento entre un hombre llamado Wilson Tuckey y el entonces primer ministro Paul Keating, del que transcribimos sólo un fragmento:<br />
Tuckey: Usted es idiota. Es un tonto acabado.<br />
Keating: ¡Cállese! Siéntese y cállese, cerdo… ¿por qué no se calla de una vez, payaso? … Este hombre tiene una mente criminal… este payaso nos va a interrumpir eternamente.</p></blockquote></p>

	<p>Editorial RBA Bolsillo<br />
414 páginas</p>



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    </item>
	

  </channel>
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