
Historia viva es lo que se está haciendo en estos momentos en la Biblioteca Nacional con los once ejemplares recuperados tras el robo del año pasado. Teníamos la idea de que los restauradores intentarían recuperar su estado original, pero resulta que el procedimiento es el contrario. Se mantendrán las huellas de las barrabasadas que César Gómez Rivero, el aspirante a Arsenio Lupin, infligió sobre las láminas para que den testimonio a futuros investigadores del incidente.
Cortes con cutter, páginas arrancadas, retoques digitales, tiras de celo, sellos falsos para ocultar los de la biblioteca, certificados falsos estampados, falsos ex-libris pegados… todas las frankensteinadas que operó Gómez Rivero para venderlas por internet forman ya parte de la historia del mapa de Ptolomeo de 1482 o la reproducción de la Pietá de Miguel Ángel. Un honor inmerecido para un chorizo pero necesario para preservar la memoria del expolio. Según la directora Milagros del Corral:
No se va a falsear nada, queremos que siempre sea visible la mutilación y habrá una nota en cada una de las obras explicando cuáles son las falsificaciones, las intervenciones que se ha hecho y cómo se han llevado a cabo.
Es una iniciativa encomiable, pero en mi opinión se queda corta. Para dar la auténtica medida del acontecimiento en la historia de la infamia debería cogerse a la anterior directora Rosa Regás, introducirla en una campana hermética y ponerla a secar para su preservación a través de los siglos en lo alto de las escalinatas de la Biblioteca. Mediante grabaciones digitales las generaciones venideras podrán escuchar las que fueron sus grandes intervenciones durante la crisis.
“¿Qué nos han robado dieciséis libros?Bueh, será por libros en una Biblioteca.”
“¿Porqué habéis metido a la policía y la prensa en esto? ¡Lo tenía todo controlado!”
“Me atacan porque soy mujer.”
Vía | Yahoo! Noticias
En Papel en Blanco | Biblioteca Nacional de España

Comentarios
Lo cierto es que Rosa Regás se lució en esta ocasión…
Desde luego, Rosa Regás se lució y mostró una incompentencia bastante seria. Recuerdo que por esa época, yo quería visitar la Biblioteca Nacional aprovechando un finde que pasé en Madrid y casi no me dejan entrar (supongo que porque no era un ladrón). Pero a quién de verdad hay que disecar, crucificar o quemar vivo (y no necesariamente en ese orden), es al salvaje que hizo los destrozos a esos documentos. Si de mi dependiera, clavaría su cabeza en una pica a la entrada de la BN para dar ejemplo. El problema es que con la mierda de leyes que hay, ese tipo nunca pagará por su crimen contra una obra que no tiene precio y que quedará mancillada para siempre.
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