
Las personas libres jamás podrán concebir lo que los libros significan para quienes vivimos encerrados.
Ayer, 12 de junio, habría cumplido 80 años Ana Frank . La primera vez que leí la noticia pensé que me estaban “tomando el pelo”. Pero no, es cierto.
La nota en Wikipedia (una de las primeras fuentes que siempre aparece al buscar en internet) dice que Annelies Marie Frank Hollander, mejor conocida como Ana (Anne) Frank, nació en Fráncfort del Meno el día 12 de junio de 1929. Hija del matrimonio conformado por Otto Heinrich Frank y Edith Hollander, se transformó en una de las autoras más leidas del siglo XX, luego de que su padre, único sobreviviente de la familia al Holocausto de la II Guerra Mundial, publicara sus cuadernos de notas que hoy conocemos como El diario de Ana Frank.
Se están realizando gran cantidad de actividades para celebrar el onomástico, que coincide, además, con los 62 años de la primera edición del diario que fue publicado por primera vez en su lengua original, holandés, en 1947. Este diario se ha transformado en un símbolo de todos los millones de niños que murieron o bien en las cámaras de gas o, como Ana y su hermana, producto de las enfermedades que en ellos se desataban.
No voy a entrar en detalles sobre el libro ni sobre la vida de esta niña (que eternamente en nuestro imaginario seguirá siendo una niña aunque hipotéticamente hoy sería una anciana de 80), ya que no es el objeto de esta entrada. En lo que si me interesa detenerme es en el tema de la escritura como salvación, como esperanza, como compañía. Para los niños encerrados en aquel cuarto oculto de la casa en Ámsterdam, o más específicamente para Ana y Margot, aquellos 25 meses a escondidas fueron dedicados a la lectura y la escritura.
La escritura en el diario era el ejercicio urgente de conservar la existencia para quien sabia que ella estaba apenas sostenida por el azar de que no los descubrieran. La delación vino dos años después de haberse ocultado en “la casa de atrás” pero todo lo vivido quedó registrado conservando la experiencia y la vida de una niña de 13 años.
Hoy, en esa misma casa empiezan a ser exhibidos al público, por primera vez, los tres cuadernos y algunas notas sueltas que representan todo lo escrito por Ana antes de su muerte acaecida el 12 de marzo de 1945 en el campo de concentración de Berger Belsen. Murió enferma de fiebre tifoidea. Su sonrisa, sin embargo, representa para la eternidad la valentía y la lucidez de una adolescente en situaciones extremas, parecidas a las que viven día a día millones de niños en el mundo a causa de las guerras, los desplazamientos, los trabajos forzados.
Su palabra transformada en escritura mantiene su voz siempre actual. Hoy tendrìa 80 años y apenas podemos imaginarla, recrear su imagen incluso con programas de diseño pero la que permanece es la de la niña siempre sonriente y acompañada de libros. Larga vida a Ana Frank.

Comentarios
Ese diario es un auténtico timo. Escribió menos de la mitad de las páginas que fueron "retocadas" por los editores para hacerlo más comercial y morboso. Ver los juicios sino entre los editores y los padres por los derechos de autor (que ganaron los primeros). Hay quién sostiene que la niña nunca existió, que fue un instrumento de los judíos para justificar sus acciones. Hasta ahí no llego, pero me parece que hay mucha mierda escondida ahí detrás.
Respeto tu comentario, Travis. Sin embargo, creo que los timos están ocurriendo más ahora que en ese momento. De hecho, una recopilación de los timos editoriales que se han hecho y se están haciendo con todo el tema del holocausto da para unas cuantas entregas. No he tenido la paciencia aún pero me lo anoto. Es difícil pensar que la niña no existiera, pero comprendo la crítica y la retiscencia.
¡Saludos!
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