Grandes controversias académicas: El alijo de porno de Kafka
Todo comenzó este fin de semana cuando The Times publicó una estremedora revelación: buceando en la British Library y la Bodleian de Oxford el investigador James Hawes había descubierto que Franz Kafka había estado suscrito a las revistas eróticas Amethyst y Opale. Se da la circunstancia de que las revistas eran editadas por el que fue el primer editor de Kafka, Franz Blei, y según notas biográficas del autor las guardaba en un armarito cerrado con llave para que sus padres no las descubrieran.
¿Qué tiene esto de sorprendente en la biografía de un joven soltero? Pues según Hawes en que el contenido de las revistas sobrepasa lo convencional. Se trata sin duda de porno, puro y simple. Algo de ello es muy oscuro, con animales practicando felaciones y acción chica-chica… Es bastante desagradable. Hawes opina que los investigadores han ignorado voluntariamente esta fuente de información psicoanalítica sobre Kafka para no perjudicar su aureola de ídolo, de semi-santo, imagen que él se va a encargar de ajustar en su próxima obra adecuadamente llamada Excavating Kafka.
Tercia en la polémica Reiner Stach, biográfo de Kafka: No es ningún descubrimiento. Esas revistas no son una colección de pornografía. Son ilustraciones y no fotos, que en parte tienen valor como caricatura. Resulta que Kafka las coleccionaba junto a su gran amigo Max Brod, y la historia del armario cerrado con llave tiene para Stach una explicación prosaica: Ahí guardaba la libreta de ahorro que mantenía secreta a su familia. Por último Stach opina que Kafka está suficientemente desmitificado como ser humano a esta alturas, dada por ejemplo al abundante documentación sobre sus visitas a burdeles.
No hay cosa que le pueda gustar más a cierto espécimen de acechador biográfico que hurgar en las braguetas de la historia. Cierto que todos somos sexo, el de cara fuera y el de cara adentro, el cofrecillo de las especias de nuestra identidad. Y la literatura es Eros, como confirmará cualquier escritor. Pero hay un salto cualitativo entre liberar el eros cautivo por absurdas pudendas superadas y el buscar la suciedad, la costra de roña, el lamparón de la vergüenza. En eso, lamentablemente, la crítica académica se distancia poco de los métodos de los programas más rastreros de la peor televisión.
Dice Hawes, tras describir a un Kafka poco mejor que un monstruo sexual, que su retrato contribuye a “humanizarlo” y “acercárnoslo”. En primer lugar yo sugeriría un examen psicológico para el propio Hawes, porque no me siento humanamente cerca de alguien para el que la idea de la “acción chica-chica” es algo “oscuro”.
Segundo, hurgar en la trastienda es buscar el golpe bajo y a la vez el golpe de efecto, el “gag de mercadotecnia” del que ha hablado Stach. Será que no es tolerable que un hombre que se inventó el diario de una muñeca viajera para consolar a una niña desconocida se vaya de rositas, hay que insinuar que después se encerraba con imágenes de un perro y un bote de Nocilla. Señor Hawes, el porno oscuro o esplendoroso que Franz Kafka tuviera o dejara de tener no le hace humano, le hace convencional. El Diario de la muñeca viajera, La Metamorfosis y El Castillo le hacen en cambio excepcional, y nada cambia eso.
Tercero, pretender que un alijo de porno sea una clave psicocrítica para el estudio de su obra parece un intento a la desesperada por parte de Hawes de arrastrar su pseudo-exclusiva al terreno de lo que realmente importa, la literatura. No niego que las fijaciones pornográficas puedan ser un magnífico campo de comparación para sacar a relucir las influencias y el imaginario de un autor, pero me cuesta tomar en serio a alguien que se horroriza por cosas que cualquier usuario de internet ha visto, intencionadamente o no, por lo menos una vez en la vida.
Lector y lectora, os deseo de buena fé el anonimato. De lo contrario sabed que tenéis esperando en el futuro a un investigador deseando destripar vuestro disco duro y rastrear en vuestros archivos históricos todo lo extraño, anómalo, indecente y vergonzante que os dio por husmear en la intimidad frente al ordenador. Sabed que si os encontrásteis frente a lo aberrante y tardásteis más de lo justificable en apartar la vista, el investigador habrá ya puesto sus garras encima y estará aventando al mundo entero la mísera escena mientras pregona: ¿Pero no véis lo normalito que era?
Via | The Times, El Comercio
Más Información | Perfil de James Hawes, Reiner Stach en ABC
En Papel en Blanco | Franz Kafka
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(…) acción chica-chica… ¡Qué horror!
Saludos
www.lacoctelera.com/divagando
En la sociedad del espectáculo todo se permite, salvo "lo que no se permite" que es, precisamente, lo que la alimenta. Las revistas de Kafka no lo hacen peor escritor sino sólo "humano". O bien resulta que ahora un artista debe ser tan puro que roce lo articifial, así al menos estaría a salvo del amarillismo pero seguramente no sería tan buen escritor.
¡Así que Kafka se kafkaba!
Kafka es Dios, está por encima de todo.
Desde luego que la historia esta es tan surrealista como la propia literatura del autor.
Un abrazo.
www.bodegaderecuerdos.com