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Cada vez me doy más cuenta de que esto de que los herederos, asà sean legÃtimos, de los escritores famosos no son necesariamente quienes mejor cuidarán de su legado. Sabemos, por ejemplo, que la hija de la asistente de Max Brod, amigo y albacea de Kafka son protagonistas de un litigio (o más bien de varios) porque han tratado de vender las obras que conservan en un archivo mientras que el Museo judÃo de Tel Aviv busca conservar todo el legado del autor de La Metamorfosis de manera unitaria y en un solo lugar.
También sabemos de la edición de los textos inéditos de Julio Cortázar, por ejemplo, y de la publicación de la novela que Vladimir Nabokov dejó inconclusa e, incluso, de la edición post mortem de 2666 la obra monumental de Roberto Bolaño que, a pesar de no haber recibido los toques finales por su autor, se ha convertido en un referente ineludible de la literatura latinoamericana de los últimos tiempos. Todas ellas, de alguna manera, mantienen y respetan la escritura original del autor, pero lo que hoy está ocurriendo con Paris era una fiesta de Ernest Hemingway es poco menos que insólito.
Para entender el episodio, sin embargo, deberÃamos quizás remontarnos, no solamente al perÃodo en el cual fueron escritos estos textos o más bien al perÃodo en el que se refieren, sino también al proceso de su publicación. ‘Paris era una fiesta’ es la traducción libre al español de A moveable feast, que es una frase muy dinámica que podrÃa también ser traducida, casi literalmente por Una fiesta movible y que da la idea de lo que fue Paris en los años en los cuales Hemingway vivió alli y en la cual coincidió con toda una serie de escritores norteamericanos que llegaron a la capital francesa huyendo del macartismo y la recesión económica.
Paris era una fiesta no es un libro que Hemingway haya escrito como tal de principio a fin. Es un volumen de artÃculos aislados que se conectan por el hilo central de la ciudad de Paris, donde vivió desde 1921 cuando llegó como corresponsal de prensa y hasta unos 5 años después cuando publicó su primera novela ‘Aguas primaverales’. Por esta época, Hemingway estaba casado con Elizabeth Hadley Richardson con quien tuvo un hijo John Hadley Nicanor Hemingway (Bumby) que aparece con frecuencia en los textos.
Hemingway y su primera esposa se separaron en 1927 y el escritor muy pronto se casarÃa con la periodista Pauline Pfeiffer,con quien tendrÃa dos hijos. Hoy dÃa los hijos de esos hijos se encargan de publicar una edición revisada de ‘Paris era una fiesta’. La primer edición póstuma de 1964 fue hecha por Mary Welsh, la cuarta y última esposa de Hemingway quien, como editora, seleccionó los documentos de manera que se lograra una imagen poco favorable de Pauline. Sean Hemingway, hijo de Patrick, uno de los dos hijos del segundo matrimonio del autor de El viejo y el mar, ha sido el encargado de revisar minuciosamente los manuscritos que reposan en la Biblioteca John F. Kennedy y ha incorporado párrafos completos que rescatan positivamente a la figura de su abuela. Por ejemplo:
Para la mujer que engaña a su amiga fue algo terrible, pero fue mi falta y mi ceguera lo que hizo que no me repugnara. Viéndome envuelto en eso, y enamorado, acepté toda la culpa y vivà con remordimientos.
El remordimiento no desaparecÃa ni de dÃa ni de noche hasta que mi mujer (Hadley) se casó con un hombre mejor que yo, mejor de lo que yo nunca podrÃa ser, y supe que era feliz.
No voy a detenerme hoy, por razones obvias, en analizar el texto porque es muy poco lo que apenas se conoce. Lo que si puedo decir es que Paris era una fiesta, es uno de mis libros favoritos de Hemingway y uno de los mejores ejemplos de lo que es la escritura autobiográfica. Hemingway lo escribió al final de sus dÃas basándose en pequeñas notas y sobre todo en su memoria. Se regodeaba en los recuerdos de un Paris muy intenso de entreguerra rodeado de lo mejor de la llamada Generación Perdida norteamericana.
No fue él quien decidió publicarlo sino su viuda, cosa que sus lectores agradecemos. ¿Qué tendremos ahora? ¿Será un nuevo libro, acaso? Lo dudo. ¿Qué fantasmas se apaciguan con el rescate de unos párrafos? Al final de todo ¿cambiará esto la imagen que se muestra del escritor en estas páginas? Y más allá de eso la pregunta siempre sobre la autorÃa y la posible manipulación de las verdades históricas. Los nietos se preocupan y luchan por recuperar y rehacer la memoria de su abuelo. Sean a través de lo escrito, Mariel a través de la cinematografÃa. Hagan lo que hagan Paris seguirá siendo una fiesta.
VÃa | Revista Ñ
Más información | The Guardian
En Papel en blanco | Ernest Hemingway
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