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Tintín abandonó sus prejuicios al mismo tiempo que Hergé, nos dice Pierre Godin, su último biógrafo. Y es que ni siquiera la celebración del centenario de Georges Remi (Hergé) es capaz de despejar las contradicciones y los claroscuros que dominaron la vida de un autor mucho más torturado de lo que su obra deja entrever. Forzado a una educación católica, empleado por un diario de ultraderecha y aceptando trabajar en diario adictos al régimen nazi, Hergé se labró en los primeros años de su carrera una fama de colaboracionista que nunca conseguiría dejar atrás, a pesar de la consagración de su personaje como héroe nacional. Lo cual exige no poco de indulgencia hacia un Tintín que en sus comienzos tenía poco de personaje neutro infantil.
Y es que Tintín nació con una evidente intención política: fue un encargo de la publicación Le XXème Siècle para hacer una historieta infantil que adoctrinase contra el comunismo. Y en eso consiste la primera aventura de Tintín, en intentar llegar al país de los Soviets mientras los agentes bolcheviques intentan detenerle, temerosos de que cuente la verdad. Si alegamos que cualquiera es libre de tener una opinión política (aunque eso no justifique el “adoctrinamiento” de las mentes infantiles) y que la denuncia del sistema soviético tuviese, pese a su parcialidad, visos de verdad, mucho más difícil de entender es el siguiente albúm, Tintín en el Congo.
En él vemos aparecer una ideología colonialista y racista execrable, más aún conociendo el transfondo de la ocupación belga en el Congo. Tintín trata con desprecio y arrogancia a los ridículos “negritos”, que se maravillan de lo bien que piensa el “señor blanco”. Mientras, el reporter se dedica a masacrar tranquilamente a la fauna local (en un momento “chistoso” acaba de un plumazo con un rebaño entero de gacelas) y alcanzamos cimas del despropósito en unas escenas, posteriormente censuradas, en las que Tintín confunde el llanto de un bebé negro con los ladridos de Milú. Ese era el primer Tintín: oscuro, dogmático, antipático, cafre. Un hombre atrapado por sus propios prejuicios.
Cuenta la leyenda que, mientras preparaba Tintín en China, Hergé recibió una carta de un misionero escocés que le advertía que, si pintaba China como un cúmulo de estereotipos con cara amarilla y sombreros cónicos, causaría un daño irreprable. Con la mediación de este misionero Hergé entró en contracto con Tchang Tchong-Jen, un joven estudiante chino de bellas artes. Y su vida cambió. Sus horizontes se extendieron. A Tintín le salió un amigo, evidentemente llamado Tchang. Tintín en China pasó a ser El Loto Azul, y sus álbumes se transformaron en las elaboradas reconstrucciones de otras culturas y lugares que muchos adoramos. Hergé nunca abandonó el estereotipo (el pérfido oriental de dientes de conejo, el sibilino judío, el dictador latino corrupto y sudoroso) pero exhibiéndolo con una sabia ironía, con distancia.
Tintín había heredado así una misión mucho mayor: liberar a toda la humanidad, ser campeón de los oprimidos. Hergé quería luchar contra todos, incluso contra los nazis bajo los que trabajaba con El cetro de Ottokar, crítica del Reich que logró evadir la censura. El amor de Tintín por Tchang tendría su correlato en el de Hergé por Tchong-Jen, quien en los ochenta removió cielo y tierra para reencontrarse con su viejo amigo chino al que había perdido la pista tras la revolución comunista y que era un comunista convencido. La historia de Tintín es la de un Hergé abriéndose al mundo, de un conquistador. Y sin embargo, no acaba de parecer Tintín un ser completo.
Hergé encontró la felicidad con una mujer mucho más joven que él. ¿Conocieron esa felicidad sus personajes? Sus héroes Tintín, Haddock y Tornasol son un trío de solterones alienados que no saben muy bien lo que pintan en este mundo y se consuelan mutuamente. ¿Hace alguna vez Tintín algo remotamente propio de un reporter, tien alguna familia más allá de Milú? ¿Tiene algún sentido su existencia fuera de las disparatadas aventuras en las que se embarcan? ¿Y porque su club sólo acepta hombres? Se han vertido ríos de tinta sobre esta cuestión, tan del gusto posmoderno: ¿Porqué el único personaje femenino de Tintín aparece tarde y es un pajarraco grotesco como la Castafiore, que amenaza la plácida soltería de Haddock?
Atajemos lo evidente: Tintín no es homosexual porque simplemente es asexual, un eterno prepúber. En cambio, el encallecido Haddock vive en un estado de enajenación perpetua, entre el alcohol, sus crisis de histeria y su más que probable demencia. Y qué decir de Tornasol. Uno no se ha iniciado en el sexo, los otros lo han dejado atrás. Es el precio que pagan por vivir en el eterno estado de juego, de inocencia que caracteriza las aventuras de Tintín. Pero insistimos: ¿porqué no hay mujeres? ¿Tara de una estricta educación religiosa, misoginia, incapacidad de asumir a una mujer en un rol aventurero? Hergé no pudo dar respuesta y lógicamente nosotros tampoco podremos. Lo que Hergé fue no nos explica lo que es Tintín. Quizás Hergé nunca entendió que su personaje le pedía ser feliz de una manera diferente, que Tintín quería a su Tchang de una manera que él sólo llegaba a intuir.
Vía | Yahoo! Noticias
Más Información | Artículo sobre Hergé en Wikipedia
En Papel en Blanco | El siglo de Tintín. Biografía
Comentarios
O simplemente sólo dibujó las aventuras para entretener a una legión de niños a los que no preocupa tanto si hay ideologías políticas o inclinaciones sexuales diferentes escondidas entre sus historias y sí en cambio que haya un "malo malote", un "bueno" con sus amigos ("niños" claro, porqué a esa edad "las niñas son un rollo") y un montón de aventuras fantásticas para vivir. Quizá, lo primero sólo lo buscamos a partir de cierta edad, cuando perdemos la inocencia de la infancia…
Bueno, yo puedo decirte que 'Tintín en el Congo' lo leí siendo niño, y aún entonces ya notaba que tratar a los negros como basura no era exactamente lo que esperaba de uno de mis héroes…
No hay ningún misterio. Hergé explicaba sus motivos para la ausencia de mujeres en el universo tintiniano en el estupendo libro "Conversaciones con Hergé", de Numa Sadoul:
"Es cierto que salen pocas (mujeres), pero no es por misoginia. No, sencillamente, para mí, la mujer no tiene ningún papel en un mundo como el de Tintín: es el reino de la amistad viril, y esta amistad no tiene nada de equívoca. Es cierto que hay pocas o ninguna mujer; o, entonces, son caricaturas como la Castafiore… Si yo crease un personaje de niña bonita ¿qué papel representaría en este mundo en el que todos los seres son caricaturas? ¡Amo demasiado a la mujer como para caricaturizarla!"
En cuanto a otras acusaciones:
Ya en 2001 se publicaba Le Mythe Hergé, un panfleto obra de Maxime Benoît-Jeannin en el que su autor pretendía “probar” el colaboracionismo y el racismo de Hergé con argumentos tan débiles como su permanencia en el diario le Soir durante la ocupación nazi o el examen exhaustivo de las viñetas de los álbumes en busca del más leve indicio de racismo. Cada vez está más claro que el celo inquisidor de los tintinófobos sólo es comparable a su ignorancia y a su contumacia. No saben –o no quieren saber- que Paul Remi, hermano del creador de Tintín, fue preso de los ocupantes durante cinco años, miembro de la Resistencia y condecorado tres veces por otros tantos intentos de evasión. Tampoco hablan estos indocumentados –Haddock les habría llamdo “anacolutos”- de William Hugeux, jefe de Hergé en Le Vingtiéme Siécle y más tarde miembro eminente de la Resistencia, condecorado con la Legión de Honor, que nunca abjuró de su amistad con Hergé –a quien dedicó un ejemplar de sus memorias en 1962 con la frase “A mi amigo de siempre”. De haber sido verdadera la leyenda colaboracionista, tanto Paul como Hugeux habrían cortado su relación con Hergé, pero nada de esto sucedió.
Las acusaciones de racismo no tienen mucha más base. Bastaría con repasar algunas aventuras para comprobar que Hergé combate vigorosamente muchos estereotipos racistas –la crueldad intrínseca de los chinos, la inveterada tendencia al robo de los gitanos…-, al tiempo que condena con gran dureza los abusos coloniales. Son innumerables las actuaciones de Tintín en defensa de los oprimidos y es insólito para su época el respeto que muestra Hergé hacia culturas –quechuas, tibetanos, chinos, gitanos, árabes, indígenas- distintas de la europea. Más aún, los occidentales no quedan en muy buen lugar en historias como El Loto Azul, El Templo del Sol o La Oreja Rota, donde se denuncian la connivencia de las pot
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