Hay casas realmente extrañas en el mundo. Sobre una de las más extrañas, por ejemplo, escribí hace poco: Reversible Destiny lofts: un lugar para vivir… o convertirte en Bruce Lee. Es completamente reale, pero parece directamente inspirado en un sitio procedente de la ficción literaria: Balnibarbi.
Esta isla del Pacífico norte, situada entre Japón y California y salida de la mente de Jonathan Swift para Los viajes de Gulliver, tenía una capital, Lagado, cuyas casas mostraban una arquitectura igualmente peculiar. La razón de este caos arquitectónico se debía a los Proyectistas, un grupo de gente que en 1660 partió hacia Laputa y regresó 5 meses más tarde con ideas extravagantes basadas en nociones superficiales de matemáticas.
Alguno de los proyectos arquitectónicos que llevaron a cabo, por ejemplo, consistía en emplear un método para construir casas empezando desde arriba y edificando hacia abajo, ya que de esta manera arman sus hogares las abejas y las arañas.
O si rebuscamos un poco más en la historia de la literatura, hallaremos otro ejemplo en uno de los cuentos de El Aleph de Jorge Luis Borges. Allí se describe la Ciudad de los Inmortales, situada en Etiopía, cerca del golfo Arábigo. Breve guía de lugares imaginarios de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi la describe así:
En la profundidad de la meseta, gracias a un sistema de sórdidas galerías, se llega a una vasta cámara circular. Hay nueve puertas en esa cámara; ocho dan a un laberinto que falazmente desemboca de nuevo en la misma cámara; la novena, a través de otro laberinto, a a una segunda cámara circular, igual a la primera. La arquitectura e la Ciudad es insensata, como si la hubieran edificado unos dioses que hubieran estado locos. Abundan en ella corredores sin salida, altas ventanas inalcanzables, aparatosas puertas que dan a celdas o a pozos, increíbles escaleras que mueren sin llegar a ninguna parte.









El ser humano, en su intento de descifrar lo qhe ya bajo sus pies, no ha llegado demasiado lejos. Por supuesto, debo obviar Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne. “Desciende por el cráter del Snaefellsjökull cuando la sombra de Scartaris lo acaricie, antes de las calendas de julio, viajero audaz, y llegarás al centro de la Tierra”, dice Verne. Lo cierto es que si os asomáis al Snaefellsjökull, no distinguiréis más que el fondo del volcán, poco más.