El 24 de septiembre se estrena El deseo y la realidad, un trabajo documental dirigido por Rafael Zarza (y coordinado por el Instituto Cervantes) a partir de una serie de grabaciones inéditas filmadas por Juan Guerrero. En ellas podremos ver las únicas imágenes en movimiento de la Generación del 27 grabadas en el momento en que estaban cambiando el mundo. Todos hemos visto imágenes de algunos de sus miembros, como Jorge Guillén, Rafael Alberti o Salvador Dalí, pero todas posteriores a la muerte del vanguardismo literario. Existían más grabaciones de la época pero fueron destruidas, como tantas otras cosas, por la Guerra Civil y hasta en la misma Residencia de Estudiantes se quemaron muchos archivos documentales por miedo a las consecuencias. Este milagro se lo debemos a dos hombres que bien merecen unas palabras.
Juan Guerrero Ruiz (1893-1955) fue traductor, editor y periodista, además de secretario personal de Juan Ramón Jiménez y fundador de las revistas Índice y Verso y prosa. Gran admirador de los jóvenes de la Generación del 27, dedicó su tiempo y su dinero a apoyarlos, siempre detrás de ellos con alguna de sus cámaras fotográficas. Tras comprar en 1925 una por entonces modernísima Pathé-Baby, comenzó a grabar a su familia y a sus amigos literarios, para luego organizar visionados en su propia casa. Las filmaciones que nos ocupan (de doce minutos de duración) son, nada más y nada menos, del año 28.



Editorial Berenice publicará próximamente la autobiografía de H.G.Wells, uno de los pocos autores que tiene más de un título propio en todas las encuestas sobre las cien mejores obras literarias de la humanidad.
Tal día como hoy, hace un siglo, moría el escritor sevillano Alejandro Sawa asediado por la pobreza, el hambre y la enfermedad. Su biógrafa, Amelina Correa, profesora en la Universidad de Granada, asegura que en su muerte se encuentra la génesis de la celebérrima obra de Valle Inclán, ‘Luces de bohemia’.
Una de las novedades anunciadas por la editorial
Estamos a acostumbrados a leer biografías de personajes históricos o, al menos, con cierta notoriedad. Pero ¿alguien ha leído una biografía de una persona anónima? Es más: ¿te imaginas leer tu propia biografía o la de algún amigo o familiar?
A principios de año recibimos el impacto de saber que J.G. Ballard padecía cáncer de próstata en estado avanzado. Lo revelaba él mismo, en su autobiografía Milagros de vida (Miracles of Life: Shanghai to Shepperton). Parecía por aquél entonces que se trataba de su testamento literario ya que en ella hacía repaso de su carrera y expresaba poca confianza en el futuro.