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		<title>Papelenblanco</title>
		<link>http://www.papelenblanco.com</link>
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			Weblog colectivo dedicado a la actualidad relacionada con
			los gadgets y los dispositivos y cacharros más novedosos.
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		<pubDate>Fri, 10 Jul 2009 11:26:18 +0000</pubDate>

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      <title><![CDATA[Las enciclopedias más curiosas de la historia (II)]]></title>
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      <pubDate>Wed, 22 Apr 2009 08:56:22 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2009/04/gonsalves-library17.jpg" alt="" />Ahora vayamos a <strong>la cultura islámica</strong>. En su forma de concebir sus diccionarios y enciclopedias también somos capaces de atisbar cómo veían y clasificaban culturalmente su mundo. Por ejemplo, la enciclopedia islámica del siglo IX <em>Kitab ´uyun al-Akhbar</em> (El libro de las mejores tradiciones), estaba dividido en las secciones Poder, Guerra, Nobleza, Carácter, Enseñanza y Elocuencia, Ascetismo, Amistad, Oraciones, Alimentos y Mujeres. </p>

	<p>Otras enciclopedias árabes eran <em>Los preciosos átomos</em> de Ibn Rusteh o <em>El canon de medicina</em> de Ibn Sinnah.</p>

	<p>Durante la época medieval, las enciclopedias que aparecieron estaban entreveradas de fe, interpretaciones literales de las Escrituras y al &#8220;conocimiento a través de los libros y a la información fiable&#8221;, con títulos tan sugestivos como <em>El libro de las Maravillas del Mundo</em>, el <em>Jardín de las Delicias</em> o <em>Brevario del Amor</em>. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Con el espíritu sistemático de los filósofos escolásticos de los siglos XIII y XIV, escuelas enteras, como la del monasterio de Saint-Victor, cerca de París, se consagraron a la idea del <em>Mappemonde</em>, cartografiando el mundo.</p>

	<p>El primer trabajo que incluyó la palabra &#8220;enciclopedia&#8221; en su título fue la <em>Encyclopedia septem tomis distincta</em> de <strong>Johnann Heinrich Alsted</strong>, que apareció en 1630.</p>

	<p>Pero acumular hechos y supuestos de forma masiva ya no se consideraba una empresa productiva. Era necesario organizar los conocimientos de la forma más eficaz y constructiva posible. En la Inglaterra que empezaba el año 1600, <strong>Francis Bacon</strong> encontró una forma para solucionar esto, muy revolucionaria para la época. Según él, el verdadero conocimiento debía partir acerca de <strong>la investigación de los propios sentidos</strong>.</p>

	<p>De esta manera, Bacon proyectó una obra utópica que nunca concluyó, ordenada no según la secuencia neoplatónica de las ideas de los escolásticos, sino en términos más empíricos. Trazó un árbol con todas las ramas del conocimiento, que surgía de las facultades y las percepciones humanas. Sus subdivisiones tenían que incluir Química, Vista y Artes Visuales, Oído y Música, Olfato y Olores, Gusto y Sabores, Tacto y los Objetos Palpables (incluidos el Amor Físico, el Placer y el Dolor), y así sucesivamente.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Escribir en 'modo zombi' para que los zombis te lean (y II)]]></title>
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      <pubDate>Thu, 02 Apr 2009 00:45:17 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2009/04/bestseller.jpg" alt="" /></p>

	<p>Escribir algo digerible por la mayoría no está mal. Pero siempre recuerda que lo estás haciendo para la mayoría, que no se te vaya la olla en este punto. Y, sobre todo, intenta tener las espaldas anchas para que algunos, con razón, te digan que sólo escribes papilla digerible para estómagos infantiles. Si esto queda claro y asumido por ti, pues adelante, que ancha es Castilla. Tú allí y yo aquí, que se dice.</p>

	<p>Pero si no es así, escritorzuelo, tienes un problema.</p>

	<p>En el mundo cinematográfico el asunto quizás se perciba con mayor claridad. Una peli cara requiere de una buena taquilla para recuperar el dinero invertido. Ello provoca un curioso fenómeno: cuantos más efectos especiales tenga una peli, más idiota y plana será. Por eso la ciencia ficción y la fantasía, a grandes rasgos, está quizá tan desprestigiada en el mundo cinematográfico. Por eso películas que se pretenden “filosóficas y profundas” como <strong>Dark Knight</strong> o <strong>Watchmen</strong> queden como <em>digests</em> o versiones sin mordiente de obras que fuera de la ciencia ficción y la fantasía ya han ido muchísimo más lejos, en todos los sentidos. (Como es cuestión de dinero, hay obras literarias de ciencia ficción que sí profundizan más que muchas obras generalistas, porque están dirigidas a minorías y la inversión económicas para sacarlas al mercado es mínima: <em>Ciudad permutación</em> sería un buen ejemplo, porque a ver quién es el listo que la lee sin haberse empollado antes unos cuantos años informática avanzada).</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Por ejemplo, la trilogía cinematográfica de <strong>Matrix</strong> le puede parecer una obra maestra a mucha gente, pero no fue precisamente rentable si la comparamos con cualquier otra producción de éxito dirigida a todos los públicos. Del estamento oscuro y mefistofélico que regula qué puede ver un menor y qué no depende en gran parte el éxito de un filme. Ahora podemos ver cómo los creadores de Matrix han decidido decantarse por un producto insustancial como <em>Speed Racer</em>, con mayores visos de alcanzar al público mayoritario gracias a su calificación moral (aunque finalmente les haya salido el tiro por la culata). Steven Spielberg ha tenido que mover hilos para que su próxima entrega de Indiana Jones recibiera un <strong>PG-13</strong> (algún material puede ser inapropiado para niños menores de 13 años), de lo contrario difícilmente habría subsistido en taquilla. La nueva trilogía que se prepara sobre la franquicia de Terminator se está dulcificando también para desprenderse de su antigua calificación R, y así, tras escudarse en una violencia poco realista, en unos desnudos que no impliquen sexo y en unas palabrotas de bajo nivel del tipo &#8220;leches&#8221; o &#8220;cachis en la mar&#8221;, obtendrán el ansiado PG-13 del comité censor y, por ende, unos resultados más boyantes en taquilla.</p>

	<p>La censura del siglo XXI es lo políticamente correcto, una evolución del <strong>código Hays estadounidense</strong> que ahora infantiliza toda película que quiere recuperar el dinero invertido. Por eso la mayoría de las películas de grandes efectos sólo sirven para disfrutar de los grandes efectos en una sala con sonido THX. No hay color entre una película con mucho CGI y una película con mucha Neurona.</p>

	<p>Tampoco lo hay entre un libro que aparece en el Top 10 y otro que pasa desapercibido. Puede que el <em>bestseller</em> sea realmente interesante en sus postulados. Pero lo más habitual es que no se trate más que una reformulación de lugares comunes triturados y procesados como el <em>fast food</em>. Y me fastidia tomar esta postura. </p>

	<p>Primero porque no quiero ser más papista que el Papa; segundo porque aquí, en el meollo literario, cada perro se lame su cipote; y tercero porque si una cosa no soy es esnob artístico: consumo basura tan alegremente como consumo arte con mayúsculas: para mí no hay distinciones cualitativas. Si acaso soy elitista en otros terrenos, quizá en el epistemológico, en el científico, en el cultural: sí que hay ensayos malos e inanes o ensayos realemente intachables. Pero en cuanto a obras de ficción, pues oye, la cosa no está tan clara porque la obra artística no tiene como objetivo único el alimentar intelectualmente; hay muchos otras metas subsidiarias y efectos colaterales difíciles de localizar. El arte no se pesa, ergo, como digo, no soy de los que clasifican los libros como buenos o malos, sino como “me gustan” y “no me gustan”. </p>

	<p>Y también estoy legitimado para calificar los libros entre sosos y ácidos, entre epidérmicos y viscerales, entre lineales como el electroencefalograma de un muerto y llenos de picos y depresiones como el activísimo corazón de un taquicárdico. Y los <em>bestsellers</em>, es una obviedad económica y social, suelen adscribirse al primer grupo. Al grupo de los que se la cogen con papel de fumar, babean, aplauden y consumen demagogia baja en calorías.  </p>

	<p>Así que si te gusta consumir o producir cosas como <em>Crepúsculo</em>, <em>La sombra del viento</em> o los textos de Pablo Cohelo, no passsa nada, colegui, que a mí también me gusta (incluso disfruté en algunos momentos <em>La sombra del viento</em>, de Zafón, a pesar de ser una manida chorradilla). Pero sé consciente de que te gustan los potitos para bebé. Y sé también consciente de que si sólo comes potitos para bebé y crees que son la quintaesencia del gusto, es que tu paladar todavía no ha sido acostumbrado a <em>delicatessen </em>que a priori parecen saber mal, como el Whisky, el queso roquefort o la mojama. </p>

	<p>Si todavía te saben mal esos sabores, si aún te saben a colonia, a pies o a cuero curtido, es porque aún tienes el elemental sabor infantil de los que sólo aprecian las golosinas, los macarrones con tomate y las palomitas del cine. Del cine donde echan <em>Speed Racer</em> y las chonis flipan colorines con su móvil Real al 4483. </p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Escribir en 'modo zombi' para que los zombis te lean (I)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/escribir-en-modo-zombi-para-que-los-zombis-te-lean-i</link>
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      <pubDate>Wed, 01 Apr 2009 09:53:50 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2009/04/zombie-tutorial-02.jpg" alt="" /></p>

	<p>Para algunos, el acto de escribir es algo así como poner el piloto automático y dejar manchas de tinta en el papel, cual impresora matricial. Para redactar prospectos de medicamentos o instrucciones de neveras alemanas lo veo estupendo. Sin embargo, cuando nuestro objetivo no es sólo comunicar sino suscitar determinadas emociones y pensamientos en el lector, <strong>la escritura automática debería ser anatema</strong>. </p>

	<p>Si uno no es capaz de poner sus tripas sobre la mesa, mojar la pluma en ellas y escribir con su propia sangre, entonces mejor que lo deje. <strong>A veces hay que curtir el vozarrón bebiendo ginebra a morro, no queda otra</strong>. Pero si uno prefiere seguir adelante como una princesa inmaculada, que luego no proteste si un crítico sabelotodo le dice que su libro parece haber sido escrito con formol o que se venderá mucho entre las almas ibéricas que persiguen lo inteligible, lo maniqueo y lo facilón.</p>

	<p>Si lo que se busca es que a uno le lea mucha gente de diferentes estratos sociales y con distintos niveles culturales, el padre, el hijo y el Espíritu Santo, si uno busca figurar entre los más vendidos, entonces que se olvide de tripas y fuerzas incontrolables surgidas de sus entrañas. Que siga las reglas, los cánones, lo políticamente correcto y, en todo momento, que siempre se la coja con papel de fumar. Como un buen político. </p>

	<p>O que siga el ejemplo de Pocholo, que sólo haciendo el aeroplano y buscando incasablemente su mochila perdida triunfa entre mayores y pequeños. Es la única forma de que la mayoría, esa masa estólida llamada humanidad, apoquine.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Si el autor tiene clarinete qué es lo que quiere alcanzar, entonces no hay problema, no tengo nada que objetar. El problema surge cuando el autor busca una u otra cosa inconscientemente, sin haberse sentado primero a decidirlo; o cuando sinceramente lo ha decidido pero, luego, no le apetece que los demás le adviertan que es un autor de masas o un pedante sólo para elitistas, descubriéndole los naipes o encasillándolo. </p>

	<p>Ésta última clase de autor no es el más detestable: el que no se entera de lo que hace lo es, el que no sabe que es Pocholo y encima se ríe de Pocholo. Después de todo, la clase de autor que decide vender y ser famoso sin más es sólo un tramposo o un ilusionista: hace creer que escribe algo especial o diferente, liberado de corsés estilísticos y hasta crematísticos, pero en el fondo todo lo hace por la pasta. </p>

	<p>No tengo nada en contra de los tramposos y los ladrones de guante blanco. Incluso los puedo llegar a admirar y hasta a envidiar en determinadas circunstancias. Pero ello no quita que intentemos una y otra vez descubrirles el truco. Policía contra ladrones y todo eso de la vida misma. </p>

	<p>Aún recuerdo en este sentido las declaraciones de <strong>Carlos Ruiz Zafón</strong> a propósito de las críticas negativas que habían caído a plomo sobre su obra, tachándola de producto liofilizado para mentes poco exigentes; ergo, la Mayoría. Zafón adujo que ser leído por una mayoría de gente no implica tener menos calidad o menos rigor o menos espíritu literario, que siguiendo por esa línea de razonamiento entonces los periódicos más leídos también serían los de más baja calidad. </p>

	<p>Zafón debe de ganar pasta por un tubo, y yo le envidio por ello. Pero precisamente si uno puede embolsarse tanto dinero, ¿no podría salir en los medios ciscándose en todo en vez de intentar defender lo indefendible? O peor aún: ¿acaso Zafón cree sinceramente en lo que dice y ha sido el dinero lo que le impide regir con una mínima coherencia?</p>

	<p>Si Zafón no nos está tomando por gilipollas y se cree lo que dice, entonces no debe de estar al tanto de que los periódicos más leídos son precisamente esos pseudoperiódicos superficiales, peores que una hoja parroquial, que regalan en el metro o en la calle y que uno puede leer en 15 minutos porque apenas hincan el diente a nada y se basan en una sucesión de sensacionalismos y juegos malabares de parvulario. Estos periódicos son fenomenales, pero no los lee más gente porque sean más interesantes, sino porque precisamente no dan tanto por saco a nuestros cerebros reblandecidos por la molicie y la rutina laboral. </p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Baudelaire y la obsesión por publicar ]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/baudelaire-y-la-obsesion-por-publicar</link>
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      <pubDate>Mon, 22 Dec 2008 22:07:02 +0000</pubDate>

      <author>Paolo Fava</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id=image4652 alt=charles-baudelaire.jpg src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/charles-baudelaire.jpg" /></p>

	<p><blockquote><p>La modernidad es lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable.</p></blockquote></p>

	<p>No suelo responder por alusiones. Me parece entrar en un círculo vicioso en donde digo de lo que han dicho sobre lo que yo he dicho que no lleva a ninguna parte. Pero <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/12/10-flaubert-y-la-obsesion-por-publicar">el post anterior sobre Flaubert </a>ha suscitado reacciones tan extrañas que me incitan a retomar el tema. Me dicen que estoy en contra de la publicación en papel, cuando en realidad doy consejos para publicar; que pido humildad al escritor, cuando eso sería cortarle las alas (aunque evitar ser un ególatra pomposo no le viene mal a nadie, y menos a la propia obra); incluso que voy pidiendo que la gente escriba gratis, como si fuera un capataz de hacienda con la fusta al cinto. Grotesco.</p>

	<p>Mi tesis es una sola: la escritura en internet no es inferior ni menos digna que la publicada. Por supuesto, no queda igual en el currículum. Publicar una novela o un poema te hace novelista o poeta, escribir en un blog te hace&#8230; uno más. Entre millones. Una vocecita en el estruendo digital. Pero piensa esto. Un escritor novel tiene con suerte una tirada de 10.000 ejemplares, de los que puede vender un 10%. Ahora piensa en el post de un blog posicionándose poco a poco en Google, consiguiendo una humilde visita a la semana, luego cada tres días, luego cada dos. En diez años ¿qué estará más presente? ¿Y en veinte?<!--more--></p>

	<p>Es lo paradójico de los bloggers literarios autónomos, que se quejan de ser invisibles cuando están a la vista de todos. Y más aún de los que rechazan una publicación minoritaria o incluso autofinanciada porque les parece humillante. Quiero hablaros de <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/charles+baudelaire">Charles Baudelaire</a>, el coloso poético de la modernidad, y de <strong>Las flores del mal</strong>, el poemario que todos deberíamos leer una vez en la vida. Baudelaire ya era famoso cuando quiso publicarlo, pero más por sus escándalos sociales que por su obra. La fama de maldito era un truco publicitario tan bueno entonces como ahora, y el poderoso editor Michel Lévy le ofreció comprarle el manuscrito.</p>

	<p>La oferta era jugosa, más aún para alguien con los crónicos problemas de endeudamiento de Baudelaire. Pero él sabía que si entregaba su obra a Lévy esta sería mutilada y censurada. Escogió por lo tanto a un excéntrico, un personaje llamado Poulet-Malassis (cuya traducción fonética sería &#8216;Pollo Malsentao&#8217;) que sin embargo estaba comprometido con la poesía de vanguardia y aceptó la la publicación íntegra. Baudelaire ganó una suma ínfima; la perdió enseguida, en la multa a la que le condenaron en un juicio por obscenidad. Poulet-Malassis también fue condenado. Quebró y tuvo que exiliarse. La edición de Las flores del mal desapareció rápidamente de circulación. Sobrevivió.</p>

	<p>Baudelaire necesiataba un soporte para comunicar su obra, como cualquiera que escribe. Y escogió para ello el medio más improbable, aquél condenado inmediatamente al fracaso. En la era de internet no hubiera tenido ese problema, hubiera contado con un atril instantáneo desde el que hacer llegar su obra, tal y cómo él la había concebido, a todo aquél que quisiera. Le hubiera sido más difícil cultivar el romántico malditismo con este sistema aséptico, pero hay que saber perder atributos en favor de la independencia.</p>

	<p>Me hastían los escritores que no dejan de protestar porque las editoriales rechazan sus manuscritos, o se los quieren cambiar, o gente peor que ellos gana premios literarios. Presentar una obra es el equivalente a una entrevista de trabajo. Puedes aparecer con una chupa de cuero y piercings para un puesto de administrativo y soltar un <em>Tío, es mi forma de expresarme</em> que no les convencerá cuando te comenten que el traje es obligatorio. E incluso puedes ir perfectamente ajustado a la demanda y recibir un <em>lo siento, hemos encontrado alguien con un perfil más apropiado</em> como única y lapidaria respuesta. </p>

	<p>Es injusto. Es un asco. Pero son las leyes del mercado, y las editoriales y la mayoría los premios son cosas que están para hacer dinero. No conviene olvidarlo: cuando te veas tentado a decir que publicación equivale a reconocimiento literario, <a href="http://www.aida-nizar.com/sedice.html">recuerda esto</a>. Si no consigues abrirte hueco es que probablemente estás llamando a las puertas equivocadas. Si tu plan es entrar en Alfaguara, Santillana o Planeta de una patada, plantar el manuscrito sobre la mesa y espetar <em>¡Publíquenme o se arrepentirán!</em>, tienes un 99% de posibilidades de llevarte un chasco. El númerito sólo le salió bien a <strong>Camilo José Cela</strong>, y eso según él mismo, que mentía más que hablaba.</p>

	<p>No entiendo ese desprecio a internet, el único lugar en dónde la obra puede ser libre y para todos, sin límites ni condiciones. Para muchos seguirá siendo el patio trasero de la publicación escrita pero, ¿por cuánto tiempo? Las formas de comunicación cambian. Las editoriales no han tenido que preocuparse tan pronto de internet como las discográficas o las productoras, pero en algún momento cambiará el modelo. Nadie en su sano juicio lee aún en un ordenador. Nos encantan los libros, pero tenemos que darnos cuenta de que son (y siempre han sido) un lujo, basado en una producción insostenible. Con una población cada vez más alfabetizada habrá menos para todos, mientras que las tecnologías de la información se vuelven más accesibles y baratas.</p>

	<p>El día que te rechacen tu obra o pierdas un concurso ante alguien peor, cabréate. Tienes &#8211; probablemente &#8211; toda la razón del mundo. Clama contra la mierda de modelo cultural que tenemos, y promete &#8211; si te apetece &#8211; que no volverás a escribir nunca. Que el enfado te dure una tarde, un día o una semana entera en función de tu temperamento. Y luego, en cuanto te pique el gusanillo, tengas una nueva idea o quieras experimentar, empieza de nuevo. Infórmate sobre editoriales y premios que se ajustan a lo que buscas. Esa es la única manera. Pero ante todo no te conviertas en ese espécimen que vocifera a quien le escucha que una conspiración de editores, jurados y rivales truncó su carrera literaria y arruinó su vida. Si tienes algo que contar este medio es tan bueno como cualquier otro.</p>

	<p>Llegamos al final, y sé que me va a tocar hacer frente al argumento ad hominem: <em>dices todo esto porque trabajas en internet y no has publicado nunca</em>. Bueno, lo cierto es que tengo un volumen de mis Obras Completas ahora mismo en el estante frente a mí. Es un libro que me gusta mucho: lo maquetó mi chica ella misma, lo llevó a encuadernar a una copistería y me lo regaló por mi cumpleaños. Un solo ejemplar, para los dos. Podrás reirte todo lo que quieras, futuro Príncipe o Princesa de las Letras hispanas. Pero yo ya he ganado el planeta.</p>

	<p>En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/12/10-flaubert-y-la-obsesion-por-publicar">Flaubert y la obsesión por publicar</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Flaubert y la obsesión por publicar]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/flaubert-y-la-obsesion-por-publicar</link>
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      <pubDate>Tue, 09 Dec 2008 23:28:25 +0000</pubDate>

      <author>Paolo Fava</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id=image4594 alt=gustave_flaubert.jpg src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/gustave_flaubert.jpg" />Me ocurre con frecuencia &#8211; no sé si os ha pasado alguna vez &#8211; encontrarme con gente que desarrolla una portentosa actividad literaria en internet. Buscan, reseñan, indagan, pegan, comentan, reflexionan, narran, investigan, rescatan, innovan. Pero cuando se lo comentas empiezan a emitir lastimeros gañidos, lamentando que nunca hayan publicado en papel; o acaso prorrumpen en furiosos exabruptos sobre como las editoriales, esa recua de filisteos, no hacen más que rechazar ese manuscrito que es la mitad de uno mismo.</p>

	<p>Esta actitud siempre me sorprende, y me hace recordar algo que decía <strong>Flaubert </strong>en su correspondencia privada con otros escritores. Flaubert no hizo otra cosa que escribir en su vida: comenzó con catorce años, y lo hizo hasta el día de su muerte. Conoció un éxito como pocos en su tiempo. Y sin embargo tenía que vivir de su hermana y cuñado, porque tardaba entre cinco y diez años en hacer un libro. Y si algo le reventaba era que le preguntaran por qué publicaba con tanta parsimonia y le sacaba tan pocos réditos a su obra.</p>

	<p><blockquote><p>Todo el mundo puede hacer como yo. Trabajar con la misma lentitud y mejor. Basta sencillamente con prescindir de determinadas aficiones y privarse de unos cuantos placeres. No soy virtuoso en absoluto, sino consecuente. Y, pese a que tengo importantes necesidades (de las que no digo palabra), preferiría trabajar de vigilante en una escuela a escribir cuatro líneas por dinero.</p></blockquote></p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Ya leo la sorna en tu cara. <em>Sí, sí, mucho hablar de vivir pobre pero seguro que acabó forrado</em>. Pues no, murió sin dejar un duro a nadie, fin de la historia. Un hombre que escribió todos los días de su vida, capaz de darle vueltas a una frase durante semanas, que se encerraba en el invernadero a recitar a voz en grito sus textos para ver si eran armónicos. Seis obras publicadas en vida y una póstuma. Al menos dos de ellas son obras maestras. Con lo que ganó con una pudo pagarse un viaje a Cartago, sus únicas vacaciones. Fin de la historia.</p>

	<p>Y ahí estás tú, bloguero o bloguera del siglo XXI, trabajando en tu obra cuando hay tiempo y ganas y carcomiéndote por verla saltar de la pantalla al papel. ¿Tanto necesitas el fetiche de celulosa, su portada marcada con tu nombre? Admitámoslo, no hay mayor placer para el amante de los libros que hacerse un hueco en la estantería. Bien. ¿Quién te lo impide? Puedes hacerte diseñar e imprimir tu libro en prácticamente cualquier copistería del planeta. Puedes hacerlo por internet incluso, en sitios como <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/bubok">Bubok</a> o <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/lulu">Lulu</a>. Si tienes ambiciones de negocio puedes informarte sobre ciertos contratos de distribución que se basan en la autopublicación.</p>

	<p>Ah. Que no quieres dejarte dinero. Bueno, es difícil empezar un negocio sin invertir. Ah, que lo que pasa es que la autopublicación te parece indigna. Tú lo que quieres es seguir el proceso de los grandes, que una editorial te descubra, exclame <em>¡Esto es lo mejor que leído nunca!</em> y te catapulte a la fama. Bueno, antes deberías valorar qué te parece más indigno, si publicar un texto tal y como tú lo quieres o recibir un manuscrito emborronado de tachones rojos con una carta adjunta que dice: <em>Te lo publicamos pero te hemos cambiado el título y de paso el final, ah por cierto, la protagonista ahora se llama Adelaida</em>. </p>

	<p>Nada, que sigues queriendo publicar a toda costa, y tu obra no deja de rebotar de lado a otro. Quizás va siendo hora de que te lo replantees completamente. Porque sí, todos sabemos de novelas escritas en los ratos libres que han acabado siendo éxitos editoriales, pero eso no es la norma. La norma es que ser escritor sea un trabajo de ocho horas diarias e incluso más, como cualquier otro autónomo, mal regulado y con pocas garantías. Para ser escritor hay que escribir novelas que a veces te gustan y a veces no, que a veces se publicarán y otras no, participar en todos los concursos, mandar cuentos a revistas, escribir guiones de teleseries y anuncios, pillar lo que puedas y tirar para adelante. Algunos se hacen un nombre, los más son obreros anónimos de la escritura. Y claro que publican. Lo hacen para vivir.</p>

	<p>Es precisamente contra lo que se rebelaba Flaubert. Un escritor del siglo XIX tenía que hacer exactamente lo mismo que uno de ahora para sobrevivir (y más todavía: si hubieran sabido lo lejos que llegarían los derechos de autor, hasta se habría asustado): escribir cuentos, colaborar en revistas, publicar mucho y de seguido y hacerse invitar a reuniones sociales. Flaubert quería hacer la literatura tal y cómo la sentía, sin obligaciones, sin deudas. Aunque ello supusiera pasar la mayor parte de su vida en la oscuridad.</p>

	<p><blockquote><p>Somos obreros de lujo; pero resulta que nadie es lo bastante rico para pagarnos. Si uno pretende ganar dinero con la pluma, debe dedicarse al periodismo, al folletín o al teatro. Una obra de arte no es valorable, carece de valor comercial, no puede pagarse con dinero. Cuando uno no se dirige a una multitud, es justo que la multitud no le pague (…) Conclusión ¡si el artista no tiene rentas, tiene que morirse de hambre!</p></blockquote></p>

	<p><em>¡Pero yo no quiero hacer arte!</em> &#8211; protestas &#8211; ¡<em>Yo quiero hacer historias para todo el mundo! ¡Tengos ideas tan buenas como la Rowling o la Meyer, y aún así no me publican! </em>Bueno, aquí entran otros factores. Maketing, modas, sobre todo suerte. ¿Cómo dar con la fórmula del éxito? Si las editoriales lo supieran, serían mucho más felices. Hace unos años se publicaba cualquier cosa medio decente que fuera histórica, y hasta hace poco cualquier cosa que fuera fantástica u ocultista. Algunos de los que se subieron al tren del género han logrado hacer carrera. Pero lo cierto es que quien quiere publicar, si insiste, publica. Basta con acudir a las editoriales más minoritarias, más fragmentarias. Ya sea un tratados sobre armas medievales, un libro de cocina o un poemario infantil, el objetivo estará cumplido: tu nombre en la portada.</p>

	<p>Pero veo que no te he convencido. Tu sigues teniendo ese manuscrito que es la mitad de tí, en el que has volcado tu alma y por el que crees que se mide tu valía, y te has jurado que algún día estará en los estantes del Corte Inglés. No te vale el anonimato digital, que tus textos floten en el ciberespacio a pesar de que no para de crecer, y tú con él, y tus lectores sean potencialmente la humanidad entera. No te basta que te descubra un navegante, te debe descubrir el cazatalentos. Creo que adivino tus deseos. Tú quieres ser la sensación de la temporada, quieres entrevistas en la televisión, quieres que te anuncien en el metro, quieres el <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/premio+planeta">Planeta</a>, quieres que tu biografía rece <em>Su primera novela fue un éxito absoluto de crítica y público</em>.</p>

	<p>En ese caso buena suerte, porque esas cosas no las consigues, te pasan. Las hacen ocurrir gente que sabe más del negocio que tú y que yo. Es la carrera de los lemmings, pura estadística: el trono del Parnaso es para uno y no más, el que más lo desea y lo hace lucir. <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/11/01-7-consejos-de-rrpp-para-triunfar-como-escritor">Puedes ir practicando, te vendrá bien</a>. Pero si te quedas por el camino haznos el favor de ahorrarnos tu resentimiento porque no te valoraron como te merecías. Claro que no: es la economía, estúpido, y no te rinde cuentas a tí. Sucede que no se está tan mal aquí, suspendido en la inmateria, haciendo textos translúcidos y microscópicos, corpúsculos celulares que forman la retícula de un organismo sin fronteras. Se está a gusto, a nuestras anchas. ¿Crees que sólo el libro te hará inmortal? Acuérdate de Alejandría.</p>

	<p>En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/categoria/metacritica">Metacrítica</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Cuál es la mejor receta para convertirse en escritor?]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/escritores/cual-es-la-mejor-receta-para-convertirse-en-escritor</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/escritores/cual-es-la-mejor-receta-para-convertirse-en-escritor</guid>
      <pubDate>Sun, 07 Dec 2008 14:35:18 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/escritor.jpg" alt="" />A menudo me preguntan cómo lo hago. Cómo escribo. Dónde he aprendido el secreto. De dónde saco las ideas. </p>

	<p>Esta curiosidad parece que deba ser saciada de la misma forma que un lego en informática decide aprender a usar el <em>Photoshop</em>: apuntándose a un cursillo de 30 horas para dominar los más íntimos secretos del software. Si el lego en informática hubiera dedicado una media hora a investigar a través de Internet, hubiese descubierto que entre videotutoriales, manuales para torpes, foros y demás recursos lo del cursillo, además de una monumental pérdida de tiempo, hubiera supuesto un despilfarro considerable de dinero.</p>

	<p>La cosa se parece a apuntarse a un curso para usar el mando a distancia de la televisión, cuando es mucho más fácil probar y equivocarse, investigar por uno mismo, hacerse con el mando día a día. Más fácil pero también más difícil. Es más difícil porque primero hay que derribar un mito. El mito de que todo se aprende en las aulas, que existen trucos incontrovertibles, que hay recetas, que la sabiduría se puede encapsular y vender en dosis milimetradas. Cualquier cosa antes que emplear un poco el pensamiento lateral y la transpiración para obtener la sabiduría por nuestros propios medios, aprehendiéndola.</p>

	<p>Pueden darse excepciones, pero hablo de la generalidad: todos somos un poco tullidos a la hora de buscar soluciones, preferimos que alguien nos las sirva en bandeja con un “¡conviértase en X en tres meses!”.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>En ese sentido, escribir se parece mucho a tocar un instrumento: la única forma de arrancar un arpegio consiste en invocar el tesón, la única manera de digitar un <em>diminuet</em> consiste en invocar la transpiración. En términos literarios, la única forma de saber si estamos en el buen camino consiste en rellenar lo escrito hace un año y comprobar que no nos reconocemos: da igual la edad que tengas, tu competencia lingüística o tu estatus literario. Si no cambias, no avanzas; si no tiras nada a la basura, es tu escritorio el que se llena de basura. </p>

	<p>Esta perogrullada no lo es tanto. Los que aspiramos a escribir, en pocas ocasiones estamos dispuestos a sacrificar ciertas cosas. Creemos que el buen escritor lo es por algún talento natural, exclusivamente. Hay de eso, por supuesto, pero el talento natural sólo determina el tiempo que debemos invertir en ser solventes escribiendo. Tampoco aspiremos a la excelencia, porque ¿quién es inequívocamente genial? ¿Acaso el genio de ahora no era considerado mediocre antaño y viceversa? Lo importante no es brillar más que nadie (algo que tampoco depende sólo de nosotros sino del azar, los contactos, el fáustico mercadeo) sino hacerlo bien. Y hacerlo bien no requiere más que práctica constante, mucha lectura y el examen minucioso de la técnica del autor que nos gusta. </p>

	<p>Otro aspecto que cabe borrar de la imagen del escritor prototípico es la del bohemio hasta las cejas de absenta, pulsando las teclas de una vieja Remington a ritmo de pistón y plasmando pulcramente una obra maestra dictada al oído por las musas.</p>

	<p>Esa sensación de que todo fluye ocurre en contadas ocasiones. Puede que un fragmento escrito a vuelapluma parezca estar llamado a cincelarse en mármol. Puede que hasta un capítulo entero. Pero la mayoría de veces sólo es una frase: el resto son aristas e imperfecciones a las que hay que pasar la garlopa una y otra vez, hasta que te duelan las manos, los hombros y el cerebro.</p>

	<p>La obra en sí no se concluye ni mucho menos con el primer borrador. La cosa se parece más a encajar las piezas de un rompecabezas, haciendo continua gimnasia retórica para sacarle algo de músculo al texto. <strong>Thomas Mann</strong> lo definió muy elocuentemente: “Un escritor es alguien para quien la escritura es más difícil que para cualquier otro”. <strong>Carl Hiaasen</strong> escribía novelas de humor pero decía: “cuando llego a casa a la hora de comer, después de haber estado escribiendo durante toda la mañana, mi esposa dice que parece que venga de un funeral”. ¡Y hacía humor!</p>

	<p>Los <em>Ensayos</em> de <strong>Montaigne</strong>, por ejemplo, no emergieron de su mente ya plenamente conformados sino tras innumerables correcciones añadidos y revisiones. Autores considerados brillantes hoy en día como <strong>Stendhal</strong> no se iniciaron como tal: empezó esbozando insípidas obras de teatro y sus obras de referencia no emergieron hasta haber pasado por todos estos intentos infructuosos y décadas de trabajo infatigable. El poeta estadounidense <strong>Walt Whitman</strong> se pasó toda la vida modificando hasta la extenuación su obra <em>Hojas de hierba</em>, con ese perfeccionismo maniático suyo tan <em>kubrickiano</em>. </p>

	<p><strong>Nietzsche</strong> describe perfectamente el agotador trabajo que requiere escribir:</p>

	<p><blockquote><p>La receta, por ejemplo, para llegar a ser un buen novelista es fácil de dar, pero la ejecución supone cualidades que generalmente se pierden de vista cuando se dice “No tengo bastante talento”. Hagamos más de cien proyectos de novelas, que no rebase ninguno de dos páginas, pero escritas con tal propiedad, que no sobre ninguna palabra; pongamos todos los días, por escrito, anécdotas, hasta llegar a aprender la forma más plena, más eficaz; sed infatigables en recoger y pintar tipos y caracteres humanos; relatad siempre que podáis y escuchad los relatos con oído atento para percibir el efecto producido en los oyentes; viajad como paisajistas y pintores de costumbres; extraed para vuestro uso, de cada ciencia, aquello que, bien expuesto, es capaz de producir efectos artísticos; reflexionad, en fin, sobre los motivos de las acciones humanas, no desdeñéis ninguna educación que pueda instruiros sobre este punto y coleccionad todos estos datos noche y día. Invertid en estas múltiples experiencias unos diez años; y entonces lo que produzcáis en vuestro taller podrá salir a la luz pública.</p></blockquote></p>

	<p>Para pasar de peso <em>welther</em> a paso medio o peso pesado, no hay otra: hay que darle a las mancuernas y dejarse de tanto gimnasio caro, al que, por otra parte, en pocas semanas dejaremos de acudir por desidia (aunque la cuota la sigamos apoquinando unos meses más con la vana pretensión de que tarde o temprano reuniremos ánimos para volver). Y ahora, entonemos las primeras notas de <em>Rocky</em>… y ¡a por ello! </p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Annie Proulx pide que dejen de enviarle fanfic porno de 'Brokeback Mountain']]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/annie-proulx-pide-que-dejen-de-enviarle-fanfic-porno-de-brokeback-mountain</link>
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      <pubDate>Wed, 17 Sep 2008 20:32:57 +0000</pubDate>

      <author>Paolo Fava</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="izquierda" id=image4064 alt=Annie_Proulx src="http://img.papelenblanco.com/2008/09/proulx_annie.jpg" />La &#8216;fanfiction&#8217; pornográfica es uno de los géneros creativos más en boga de la era de internet, o al menos eso me han contado. No cuesta demasiado encontrar comunidades dedicadas a reinterpretar sus libros, series, dibujos animados y hasta videojuegos en forma de tórridos relatos en los que volcar sus fantasías eróticas. Aunque estos juegos suelen rebasar a menudo el ámbito de lo literario para entrar en materia de psicoanálisis, normalmente se quedan en un pasatiempo entre entendidos. No es frecuente, como le sucede a <strong>Annie Proulx</strong>, que los aficionados bombardeen al autor original con &#8216;correcciones&#8217; sexuales.</p>

	<p>El relato breve de Annie Proulx <strong>Brokeback mountain</strong> jamás hubiera tenido la repercusión cultural que le conocemos de no haber inspirado <a href="http://www.blogdecine.com/tag/brokeback+mountain">la película de Ang Lee</a>. Proulx siempre ha dicho que el motivo de una pareja de vaqueros homosexuales le había interesado para contar una tragedia de la América profunda, pero que no tenía ninguna intención de convertirse en icono gay. El pudor de las escenas amorosas en su texto responde precisamente al hecho de que no tenía ganas de entrar en detalles. El que los aficionados le envíen textos poniendo su parte de carne en el asador se ha vuelto, según ella, <em>una fuente de constante irritación</em>.</p>

	<p><blockquote><p>Hay incontables personas ahí fuera que piensan que la historia les da via libre para explorar sus fantasías y corregir lo que ven como un argumento insoportablemente decepcionante. Me envían constantemente siniestros manuscritos y pornoides reescrituras de la historia, esperando que les responda con elogios y aplausos por &#8216;arreglarla&#8217; . El hecho es que no pillan el mensaje de que si no puedes arreglarlo, tienes que aguantarte con ello.</p></blockquote></p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Desde Papel en Blanco queremos solidarizarnos con Annie Proulx ya que sabemos que no hay cosa peor que el porno no solicitado. Esperamos que Proulx tome la oportuna medida de denunciar por violación (¡uy!) de derechos de autor a todos los reescritores aficionados de su obra y dejarlos en cueros (¡uyuyuy!). Aunque quisiéramos proponerle una tercera vía: la de imponer un canon a todas las fantasías húmedas en las que aparezcan sus personajes; a estas alturas Google ya debería ser capaz de rastrear esta clase de actividad mental.</p>

	<p>También podría aplicarse ella misma la máxima de <em>si no puedes arreglarlo, tienes que aguantarte con ello</em> y dejar de leer las malditas cartas de aficionados si le molestan tanto, pero no seré yo quién se interponga entre un escritor y su merecido derecho a la indignación. </p>

	<p>PD: Si <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/j.+k.+rowling">J.K. Rowling</a> ha llegado a recibir alguna de la atroz fanfiction erótica que circula sobre Harry Potter, no me extraña que la mujer ande tan quisquillosa últimamente y viendo un corruptor detrás de cada esquina. </p>

	<p>Vía | <a href="http://www.guardian.co.uk/film/2008/sep/17/heathledger.porn">The Guardian</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Agatha Christie nos habla de sus criaturas]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/agatha-christie-nos-habla-sus-criaturas</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/creacion/agatha-christie-nos-habla-sus-criaturas</guid>
      <pubDate>Tue, 16 Sep 2008 19:44:01 +0000</pubDate>

      <author>Paolo Fava</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" id=image4060 alt=agatha-christie.jpg src="http://img.papelenblanco.com/2008/09/agatha-christie.jpg" /></p>

	<p>Los seguidores de la gran dama del crimen por excelencia tienen una nueva pieza de coleccionista para atesorar. Se trata de una serie de grabaciones que <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/agatha+christie">Agatha Christie </a>realizó a mediados de los sesenta para preparar su autobiografía. Esta se publicó póstumamente en 1977 y las cintas han permanecido olvidadas en la antigua casa de Christie en Devon hasta que su sobrino Matthew Prichard  las encontró en una caja de cartón.</p>

	<p>Se trata de 27 cintas de treinta minutos en los que Agatha Christie habla de su vida, su obra y su proceso de creación. Descubrimos así, por ejemplo, que basó su personaje de Miss Marple en su propia abuela, <em>una persona alegre que sin embargo pensaba siempre lo peor de todo y de todos, y acertaba con una escalofriante precisión</em>. En un extracto publicado en internet conocemos otro hecho sorprendente, y es que la autora nunca concibió a <strong>Miss Marple</strong> como un personaje principal. Más bien llegó y se hizo hueco, con no pocos celos de su rechoncho y agudo hermanito belga.</p>

	<p><a href="http://del.interoute.com/?id=35f8f6ae-fb91-4d5f-90d9-c684bcb68209&#038;delivery=stream">Escucha a Agatha Christie hablando sobre Miss Marple y Poirot</a></p>

	<p><blockquote><p>No tengo ningún recuerdo de escribir Asesinato en la vicaría. Ni siquiera recuerdo porqué elegí a un nuevo personaje, Miss Marple, para que hiciera de sabueso en el caso. Con toda seguridad no tenía intención en ese momento de continuar con ella por el resto de mi vida natural.</p></blockquote></p>

	<p><!--more--></p>

	<p><blockquote><p>No sabía que se iba a convertir en una rival de Hércules Poirot. La gente hoy en día no para de escribirme para sugerirme que Miss Marple y Hércules Poirot deberían conocerse, pero ¿porqué deberían conocerse? Estoy segura de que no les gustaría nada encontrarse. Hércules Poirot, un completo egoista, no disfrutaría recibiendo lecciones o sugerencias de una anciana solterona.</p></blockquote></p>

	<p>Vía | <a href="http://entertainment.timesonline.co.uk/tol/arts_and_entertainment/books/article4757737.ece">The Times</a><br />
En Paple en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/agatha+christie">Agatha Christie </a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Construcciones poéticas vikingas: las kenningar]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/poesia/construcciones-poeticas-vikingas-las-kenningar</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/poesia/construcciones-poeticas-vikingas-las-kenningar</guid>
      <pubDate>Sat, 06 Sep 2008 11:55:31 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/09/86pbbqu.jpg" alt="" />A menudo, como escritor, uno debe tomar múltiples decisiones antes de enfrentarse al folio en blanco (o a la pantalla blanca con un cursor parpadeante). Escoger entre la primera persona o la tercera persona es una de las decisiones más cruciales, pues de ello depende todo el tono de la historia. Pero a otro nivel, podríamos llamarlo estilístico, también resulta decisivo el tipo de vocabulario y las metáforas que uno está dispuesto a emplear.</p>

	<p>¿Frases con gran carga lírica o lenguaje sencillo? Entre estos dos extremos, entre la corrección formal y la pura diarrea oral, existen muchos puntos intermedios, por supuesto. Uno no está obligado a trazar frases esbeltas como un Praxíteles, esperando que sean esculpidos en mármol, o, por el contrario, pergeñar fealdades que epaten y escandalicen al público burgués y filisteo. Se pueden hacer ambas cosas a la vez, en un maridaje bello-feo, o simplemente uno puede decantarse hacia uno u otro extremo sin radicalismos, según el efecto que se pretenda conseguir. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Aunque existen algunos ejemplos donde el autor decide perderse en un lenguaje simbólico, preñado de poesía, donde todo se percibe a través de una lente amplificadora, curva o convexa. </p>

	<p>Me saltaré de largo las greguerías de Gómez de la Serna (donde un reloj de arena es una copa de desierto), por ser bien conocidas por todos, e incidiré en las kenningar islandesas.</p>

	<p>Las kenningar, que eran adoradas por Borges (<em>Nueva antología personal-Las kenningar</em>, Editorial Bruguera) son construcciones poéticas que abundan en las sagas y los poemas épicos que forman parte del cuerpo literario medieval islandés y noruego: metáforas idiosincrásicas con las que los vikingos describían la realidad. Cundieron en el año 100. Las kenningar son conocidas en toda la poesía germánica pero sólo los escaldas (poetas cultos escandinavos) las usban y desarrollaban constantemente. Por ejemplo, para referirse a la lengua decían “espada de la boca”; </p>

	<p>El mar era el “prado de la gaviota”; <br />
la espada era la “vara de la ira”; <br />
el barco era el “potro de la ola”; <br />
los ojos eran las “piedras de la cara”; <br />
el pecho era el “asiento de las carcajadas”; <br />
el río era la “sangre de los peñascos”; <br />
el guerrero era el “teñidor de espadas”; <br />
el corazón era la &#8220;piedra del brío&#8221;, <br />
las cejas eran los &#8220;cortinajes del rostro&#8221;; <br />
la poesía era el &#8220;licor de Odín&#8221;; <br />
el brazo o la mano eran el &#8220;trono del halcón&#8221;; <br />
el viento era el &#8220;lobo de los cordajes&#8221;; <br />
la cerveza era &#8220;la marea de la copa&#8221;; <br />
los dientes eran &#8220;los riscos de las palabras&#8221;.</p>

	<p>En el <em>Háttatal</em> (El recuento de estrofas) de Snorri Sturluson, las kenningar se dividen en tres grados. El primero se le denomina kenning, al segundo tvíkent y al tercero rekit. Un kenning es la parte menor constitutiva de una kenning. Por ejemplo, se le puede llamar a la batalla &#8220;el fragor de los dardos&#8221;; o al aire, &#8220;casa de los pájaros&#8221;. Estos dos casos son kenningar simples. En cambio, en un tvíkent o doblado, se usa otra figura retórica adicional para doblar el kenning. Así , &#8220;la llama del fragor de dardos&#8221; no se le llamará a la batalla, sino a la espada. Cuando se continúa con más asociaciones, se dice que es proseguido, o rekit.</p>

	<p>Un ejemplo de texto construido con kenningar podría ser precisamente de Sturluson, de la <em>Saga de Egil Skallagrímsson</em>:</p>

	<p><blockquote><p>Pero me es hostil / el dios que destila / dulce licor de malta, / agrio su corazón; / ya no puedo erguir / mi cansada cabeza, / no puedo tener firme /  el carro de la razón.</p></blockquote></p>

	<p>Donde aparece las siguientes kenningar: &#8220;El dios que destila&#8221; (Odín); &#8220;Dulce licor de malta&#8221; (poesía); &#8220;El carro de la razón&#8221; (la cabeza).</p>

	<p>Otro más, un verso de los muchos interpolados en la <em>Saga de Grettir</em>:</p>

	<p><blockquote><p>El héroe mató al hijo de Mak;<br />
Hubo tempestad de espadas y alimento de cuervos.</p></blockquote></p>

	<p>Las kenningar también se usan en la modernidad. Como curiosidad, quizá poca gente sepa que todos los títulos de la saga de fantasía épica <em>Canción de hielo y fuego</em>, de George R. Martin, son kenningar. Por ejemplo: <em>Festín de cuervos</em> (un cadáver) o <em>Tormenta de espadas </em>(una batalla). El título de <em>El señor de los anillos </em>, de Tolkien, también parecería ser una kenningar: un señor de los anillos era un rey, no porque llevara un puñado de anillos en sus dedos, sino porque los príncipes nórdicos obsequiaban anillos como recompensa por triunfos militares a sus lugartenientes.</p>

	<p>Más información | <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Kenningar">Wikipedia</a> y <a href="http://hurgapalabras.blogspot.com/2008/08/kenningar.html">Hurgapalabras</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Halma: literatura de Europa para Europa]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/escritores/halma-literatura-de-europa-para-europa</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/escritores/halma-literatura-de-europa-para-europa</guid>
      <pubDate>Thu, 14 Aug 2008 16:50:18 +0000</pubDate>

      <author>Juliana Boersner</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/08/Halma1.jpg" alt="Halma" /><strong>Halma</strong> es el nombre de un juego de origen griego pero refundado por un médico estadounidense y que hoy en día conocemos como Damas Chinas, y es el nombre escogido para una <strong>red de escritores europeos</strong> para darse a conocer y promover así la literatura que se produce en el continente.</p>

	<p>Muchas veces creemos que nos conocemos y, sobre todo que conocemos al vecino, pero es bastante obvio que no es así. Por ello se funda el año 2006 Halma, gracias al <a href="http://www.lcb.de/ueberuns/lcb/index_en.htm">Literary Colloquium Berlin</a> y a las fundaciones  <a href="http://www.cdsintl.org/fromusa/bosch.htm">Robert Bosch</a>, de Alemania, y de la <a href="http://www.pogranicze.sejny.pl/archiwum/english/found/found.htm">Borderland Foundation of Sejny</a>, de Polonia. </p>

	<p>Halma promueve iniciativas de intercambio entre escritores, periodistas y traductores quienes, a través de becas, pueden pasar períodos en países distintos al suyo para conocer lo que allí se hace, para desarrollar un proyecto y para darse a conocer como autor. <!--more--></p>

	<p>Por los momentos los paises más involucrados en esta iniciativa pertenecen a Europa Oriental: Bulgaria, República Checa, Estonia, Alemania, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Rumanía, Serbia y Eslovenia. El reto es ampliar el rango de cobertura incluyendo a paises de Europa Occidental. </p>

	<p>Hasta los momentos han sido becados poco más de 50 autores, cada uno de los cuales ha debido escribir una reseña de su estadía. Estos textos se publicarán a futuro en la biblioteca digital de la fundación. </p>

	<p>Por lo pronto, queda como ejemplo de las cosas que se pueden hacer para fortalecer el intercambio entre los países así como la identidad de un continente que, aunque antíguo, sigue redescubriéndose. </p>

	<p>Vía | <a href="http://www.cafebabel.com/spa/article/25687/literatura-proyecto-alma-europa.html">Cafebabel</a></p>      ]]></description>
      </item>
        	  <atom:link href="http://www.papelenblanco.com/categoria/creacion/rss2.xml" rel="self" type="application/rss+xml" />
	</channel>

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