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		<title>Magazine - creacion</title>
		<link>http://www.papelenblanco.com</link>
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Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-13 01:13:08</pubDate>

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      <title><![CDATA[No te equivoques: la literatura no debe ser realista sino verosímil]]></title>
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      <pubDate>Sat, 28 Jan 2012 18:04:36 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" id="image10174" src="http://img.papelenblanco.com/2012/01/indiana-jones-reino-calavera-cristal-frigorifico-1.jpg" class="centro" alt="indiana-jones-reino-calavera-cristal-frigorifico-1.jpg" />Como lector de originales, en mi mano caen cada mes del orden de 10 manuscritos que todavía no han visto la luz. El 90 % de ellos jamás lo hará. La razón principal de tamaña criba es que la mayoría de gente que envía un manuscrito a un premio literario <strong>comete faltas de ortografía muy flagrantes</strong>, y ni siquiera domina los signos de puntuación.</p>

	<p>La segunda razón, normalmente, <strong>es la falta de verismo</strong>.</p>

	<p>Sin embargo, este último problema tiene otro subproblema menos evidente: que <strong>suele confundirse verosimilitud con realismo</strong>. Si pudiéramos escribir una novela muy realista, seguramente sería insufrible. <br />
<!--more--></p>

	<p>Pensemos exclusivamente en sus diálogos. Los diálogos demasiado realistas, exasperan. Intentad leer de corrido las transcripciones del <a href="http://www.historiasiglo20.org/GLOS/watergate.htm">caso Watergate</a> (la transcripción del texto completo de los diarios es de casi 750.000 palabras) y descubriréis que, aún siendo diálogos reales, no resultan verosímiles:<strong> parecen interpretados por robots o por retrasados mentales</strong>. Y son tremendamente aburridos porque están jalonados de circunloquios, correcciones, idas y venidas, reiteraciones, frases que no concluyen, respuestas que quedan en el aire&#8230; en fin, lo que sucede en un diálogo real en la vida real.</p>

	<p>Otro ejemplo bastante popular de la historia del cine es el de una escena muy concreta de la cuarta parte de la saga de Indiana Jones: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Indiana_Jones_y_el_reino_de_la_calavera_de_cristal">El reino de la calavera de cristal</a>. <strong>La escena corresponde a una explosión nuclear</strong>, a la que Indiana Jones sobrevive porque se refugia en el interior de una nevera (que además sale volando por los aires a causa de la onda de choque).</p>

	<p>Muchos fans de la saga reclamaron explicaciones al director por perpetrar una escena tan poco verosímil. Esta sensación también la tuvo el director, <strong>Steven Spielberg</strong>. Así que <strong>George Lucas</strong> le preparó un completo dossier sobre las probabilidades de sobrevivir a una explosión de esas características en una nevera. Cuentan que el dossier medía unos 2,5 cm de canto, y en él se justificaba que, si la nevera estaba todavía precintada, o nueva como salida de la fábrica, y teniendo en cuenta que Indiana no se rompiera el cuello con el golpe cuando el electrodoméstico se estrellara contra el suelo&#8230; se podía sobrevivir a esa escena.</p>

	<p>Pero no importaba. <strong>Aunque en realidad pudiera sobrevivir, no resulta verosímil que lo haga</strong>. Porque bien cierto es que la realidad supera muchas veces a la ficción. Si la gente suele creerse la realidad es <strong>porque se presenta como realidad</strong> (en las noticias de la tele, en un periódico, en un ensayo), pero si sabemos de antemano que lo presentado es ficción, entonces ya no nos creemos lo mismo que creeríamos en otro soporte de no ficción. </p>

	<p>Porque la ficción tiene sus propios códigos. Porque los diálogos tienen su propio ritmo, y resultan extrañamente fluidos. Porque esperamos que se cumplan ciertos estereotipos en la personalidad del protagonista. Porque los hechos anómalos son juzgados por el inconsciente de forma mucho más severa. <strong>Es mucho más irreal que un profesor de historia se dedique, en las horas libres, a vivir aventuras con un látigo en el cinturón</strong>... pero lo que le chirrió al público es que Indy sobreviviera en aquel frigorífico.</p>

	<p>Así que tenedlo en cuenta la próxima vez que escribáis un cuento o una novela. No busquéis que lo escrito parezca apropiado para figurar en una noticia del periódico, literalmente. Sino que reelaboradlo para que encaje dentro de los códigos narrativos inconscientes de vuestro público potencial. <strong>Para que sea, en suma, narrativamente verosímil</strong>.  </p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Lostories, encontrando historias perdidas en los libros]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/animacion-a-la-lectura/lostories-encontrando-historias-perdidas-en-los-libros</link>
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      <pubDate>Sat, 26 Nov 2011 20:00:36 +0000</pubDate>

      <author>Eva Paris</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image9920" src="http://img.papelenblanco.com/2011/11/lost.jpg" class="centro" alt="lostories" /></p>

	<p>Hoy os hablo de una manera diferente de crear historia aprovechando las ya escritas. <strong>Lostories es un proyecto artístico que muestra una nueva forma de hacer libros, de ejercitar el ingenio y de incentivar la lectura</strong>. Se trata de buscar historias perdidas, cuentos, poemas, versos, guiones invisibles en libros que ya fueron escritos, adueñarse de sus palabras y combinarlas fuera de su contexto original para darles otro sentido. </p>

	<p>Lostories es un proyecto artístico comunitario creado por Pato Del Sante, chileno afincado en Buenos Aires, publicista, con la  ayuda de Carlos Muller. Os dejo con la presentación que nos hacen de su proyecto:</p>

	<p><blockquote>Es tomar la obra de cualquier escritor con total impunidad y usarla como un pintor raya una tela, o un escultor dobla el fierro. Es un material que te da la libertad de jugar libremente, como si lo estuvieras haciendo con plastilina pero con límites, como los de una hoja de papel. Es un soporte para desformar, esculpir, dibujar o re diseñar. Un libro para ser escrito en conjunto con su autor original.</p>

	<p>Cada libro de Lostories está rayado con lápices de colores, cada vez que la página cambia de color significa que es el fin de una historia y el comienzo de otra. Por ahora son sólo un par de libros rayados, pero ya van a ir apareciendo más. </blockquote><!--more--></p>

	<p>Ya podemos leer un par de títulos rayados online (<strong>&#8216;Poderes secretos de los animales&#8217;</strong>, de Dennis Bardens y <strong>&#8216;Almas miopes&#8217;</strong> de Luciano Bellelli). Próximamente también estará disponible <a href="http://www.papelenblanco.com/ensayo/aerror-humanoa-de-chuck-palahniuk">&#8216;Error humano&#8217;, de Chuck Palahniuk</a>, y el objetivo es aumentar el corpus de historias y diseñar una aplicación para que todos podamos experimentar online.</p>

	<p>Pero, ¿qué es lo que resulta de este tachado? ¿Un capricho artístico, textos casuales, meras yuxtaposiciones sin alma? Pues de todo un poco, diría yo. Si no tenéis ganas de ir pasando páginas y páginas tachadas al rescate de las palabras seleccionadas, en la web de <strong>Lostories</strong> podemos leer los textos resultantes, Aquí os dejo unos ejemplos de <strong>&#8216;Almas miopes&#8217;</strong>, que podríamos denominar microrrelatos:</p>

	<p><blockquote>No está bien que guardes apellidos de nenas en el baño, es algo trucho, canchero y raro.</p>

	<p>El abuelo durante un programa de tele berreta dice con voz seductora: “Un saltito con sonrisa pícara es lo mismo que una secretaria de minifalda haciendo ruido con los tacos”. Su señora sonrojándose apagó la tele, antes de discriminar su slip azul gastado.</p>

	<p>Una promotora de shopping conoció a un urólogo y al verlo se enamoró, le pidió los datos y fantaseo con vergüenza un examen de rutina: “Siéntese en la camilla, bájese los pantalones y una cremita”. Así empezó todo, matrimonio, hijo, llantos, celos, supermercado, tetas gigantes, culo, gritos, estúpida tenemos que cortar, estoy gorda y encima con un crío, hijo de puta, pajero. Gorda frustrada.<br />
</blockquote></p>

	<p>La coherencia es fundamental, y no siempre fácil. Por eso los textos resultantes mezclan voces narrativas, muchas veces monologales para sortear la cohesión. Confieso que me quedo con ganas de leer lo tachado. Tampoco creo que los autores pretendan ir más allá, y crear nuevas obras de arte. Personalmente veo en <strong>Lostories un juego creativo original</strong> al que tal vez pronto estemos invitados. ¿Qué os parece a vosotros este experimento?</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.lostories.com/">Lostories</a><br />
En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/metacritica/podemos-encontrar-mensajes-secretos-en-los-libros-i">¿Podemos encontrar mensajes secretos en los libros?</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Escritura Creativa: Diccionarios, ficción continua.]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/escritura-creativa-diccionarios-ficcion-continua</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/creacion/escritura-creativa-diccionarios-ficcion-continua</guid>
      <pubDate>Sat, 01 Oct 2011 09:58:59 +0000</pubDate>

      <author>Pedro Crenes Castro</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image9641" class="centro" alt=diccionarios.jpg src="http://img.papelenblanco.com/2011/09/diccionarios.jpg" /><br />
Que nuestros lectores picados por la escritura lo prueben. Los <strong>diccionarios </strong>son una fuente de ficción continua siempre y cuando se usen como es debido. Ya saben ustedes que estas armas la carga el demonio. El <strong>demonio </strong>del que hablaba Vargas Llosa en su ensayo <a href="http://www.alfaguara.com/es/libro/cartas-a-un-joven-novelista/">Cartas a un joven novelista </a>o los <strong>fantasmas </strong>de los que se ocupa Ernesto Sábato en <a href="http://www.planetadelibros.com/el-escritor-y-sus-fantasmas-libro-13010.html">El escritor y sus fantasmas</a>. Da igual: el diablo o fantasma que llevamos dentro carga los diccionarios para dispararle al folio en blanco. Expliquemos el asunto.</p>

	<p>Los diccionarios son como un supermercado por el cual te puedes pasear e ir comprando ingredientes para luego guisar tus argumentos. Son una suerte de bitácora para el universo, porque desde allí las cosas van adquiriendo nombre y su textura y abandonamos, a fuerza de saber cómo se llaman las cosas o qué significan, la imprecisión y la falta de confianza con las historias que vamos a contar. <!--more--></p>

<blockquote>Si quieres comenzar por alguna parte a guisar tu argumentos, a disparar tu creatividad, pásate por un diccionario pero no seas en exceso académico: unos huevos fritos de toda la vida, si los mezclas con queso roquefort ¿qué te saldría? no sé, inténtalo en tu cocina esta tarde pero lo más seguro es que sabrán diferente. Por ello. Busca cualquier tipo de diccionario para capturar ideas que comiencen a gestar una historia. Dijimos que <a href="http://www.papelenblanco.com/creacion/escritura-creativa-miedo-blanco">el papel en blanco</a> causa cierto vértigo a veces, no sabemos por dónde empezar pero, si te angustia esa idea del arranque, pásate por un diccionario.</blockquote>

	<p>Existe uno que se llama <strong>Diccionario de Ideas afines </strong>(Editorial Herder, 2000 7ª edición)  de Fernando Corripio que es muy útil a la hora de escribir. Por ejemplo si buscas la palabra “chocolate” te pone al lado todas las ideas relacionadas: tipos, ingredientes fabricación, etc. Todo ello con sus términos concretos que van despertando la creatividad. Luego tengo uno de términos legales que define en tono jurídico ciertas palabras. Ni siquiera lo tengo de la A a la Z pero es rico en sus matices y texturas. </p>

	<p>Luego está uno de <a href="http://www.andrestrapiello.com/">Andrés Trapiello </a>que se llama <strong>El arca de las palabras </strong>(Fundación José Manuel Lara, 2006) que se dedicó a cazar palabras y a elaborarles un particular significado combinando términos, publicándolos en el Diario <a href="http://www.lavanguardia.com/">La Vanguardia</a>. El de María Moliner, <strong>Diccionario de uso del español</strong>, indispensable, y el de Manuel Seco, <strong>Diccionario del español actual</strong>, una maravilla de la erudición y de amor a esta lengua nuestra. </p>

	<p><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gustave_Flaubert">Flaubert </a>y otros locos de las letras leían el diccionario. No por ser pretenciosos si no por ser precisos, por enlazar palabras que los llevaran al conocimiento más exacto de lo que les rodeaba para después inventarse los nombres de sus propios universos. Hagamos la prueba ver qué pasa.</p>

	<p>Si tiramos de una palabra saldrá otra y otra y si la combinamos con un color, con una atmósfera y le ponemos nombre al que habita esas palabras, se irá levantando una historia que crecerá en la medida que la trama marche por el camino de las palabras. La conexión puede ser infinita y la ficción puede durar hasta que el tiempo deje de ser.</p>

	<p>En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/creacion/escritura-creativa-miedo-blanco">Escritura Creativa: Miedo blanco.</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Si puedes evitar comerte una chuchería, es posible que tengas mejores aptitudes para ser un gran novelista]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/si-puedes-evitar-comerte-una-chucheria-es-posible-que-tengas-mejores-aptitudes-para-ser-un-gran-novelista</link>
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      <pubDate>Fri, 16 Sep 2011 14:30:54 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id="image9598" src="http://img.papelenblanco.com/2011/09/caramelo-nino.jpg" class="centro" alt="caramelo-nino.jpg" />Una de las imágenes que más daño han hecho a la profesión de novelista es aquella en la que aparece un tipo bohemio dándole a una Underwood como quien pica piedra. <em>Clas-clas-clas</em>. Como si la literatura fluyera por sus dedos con nervio, empuje e inspiración divina. La idea que subyace a este estereotipo es:<strong> el arte surge del interior, lo tienes o no lo tienes; la transpiración es para los obreros</strong>.</p>

	<p>Y sí, hay inspiración, y también momentos en los que los dedos bailan solos. Pero en la mayor parte del proceso <strong>subyace la transpiración, la corrección y la disciplina</strong>. Hay autores que pueden pasarse horas sólo para cambiar el punto de una frase. Generalmente, un autor honesto admitirá que invierte más tiempo en corregir su texto que en escribirlo a vuelapluma. Escribir, muchas veces, <strong>es como practicar neurocirugía, no como tocar las maracas</strong>.</p>

	<p>Así pues, hay dos pilares básicos en los que se sustenta la buena literatura: <strong>el esfuerzo y la disciplina</strong>. </p>

	<p>Vayamos primero al esfuerzo. <strong>Carol Dweck</strong>, psicóloga de Stanford, ha dedicado años a demostrar que uno de los elementos fundamentales de la educación satisfactoria es la capacidad de aprender de los errores. Sin embargo, acostumbramos a enseñar justo lo contrario. Si un niño comete errores, es que no es muy listo. El listo no comete errores, y además le elogiamos precisamente por ello, por ser listo. Pocas personas son las que elogian a los demás por su esfuerzo, y no por su capacidad innata.</p>

	<p><strong>La imagen estereotipada del escritor, pues, contribuye justamente a ese tipo de elogios</strong>. Se elogia al escritor inspirado, loco, borracho de palabras, pero raramente al artesano, al que lee diccionarios para adquirir vocabulario, al que corrige durante años un manuscrito, a lápiz, minuciosamente, como un ingeniero trajinando en un circuito impreso.<br />
<!--more--></p>

	<p>Esta clase de elogios, empero, <strong>son contraproducentes, tanto para un alumno como para un escritor</strong>. Dweck realizó un experimento con más de cuatrocientos niños de doce escuelas de Nueva York: les sometía a una prueba muy fácil consistente en un puzzle no verbal. Una vez terminado, el experimentador decía la nota al niño, seguida de una frase de elogio. La mitad de los niños eran elogiados por su inteligencia; la otra mitad, por su esfuerzo. </p>

	<p>A continuación, se les permitía escoger entre dos pruebas diferentes. La primera opción se describía como una serie de puzzles más difíciles, pero se decía a los niños que si lo intentaban, aprenderían mucho. La otra opción era un test fácil, parecido al que ya habían hecho.</p>

<blockquote>Al idear el experimento, Dweck había imaginado que las distintas formas de elogio tendrían un efecto más bien moderado. Al fin y al cabo, era sólo una frase. Sin embargo, pronto quedó claro que el tipo de cumplido que se hacía a los alumnos de quinto grado influía espectacularmente en su posterior elección de las pruebas. Del grupo de niños felicitados por su esfuerzo, el 99 % escogió el conjunto de puzles difíciles. Por su parte, la mayoría de los chicos elogiados por su inteligencia se decidieron por el test más fácil.</blockquote>

	<p>Cuando elogiamos la inteligencia de un niño, en realidad le estamos transmitiendo el mensaje: sé listo, no te arriesgues a cometer errores. Es lo peor que lo podemos decir a un escritor, <strong>so pena de estrangular su creatividad</strong>. </p>

	<p>Ahora vayamos a por la disciplina y el autocontrol. La imagen estereotipada de un escritor es la de un vividor, un juerguista, un alcohólico, un drogadicto, un aventurero, un mujeriego, un hombre visceral y henchido de emociones purulentas. Pero raramente pensamos en un escritor como alguien disciplinado y lleno de autocontrol. La buena literatura, no obstante, <strong>acostumbra a surgir de la disciplina y el autocontrol</strong> (y, vale, un puntito de locura).</p>

	<p>Por ejemplo, <strong>tu nivel de autocontrol también puede reflejar qué notas acabarás sacando en tu vida académica</strong>. Esto se vio reflejado en un curioso experimento con caramelos realizado en la década de 1970 por <strong>Walter Mischel</strong>, psicólogo de la Universidad de Stanford. Los participantes en el experimento eran niños de 4 años. </p>

	<p>La primera pregunta que les realizó a los niños es si querían comer un caramelo. <strong>La respuesta unánime fue afirmativa</strong>. A continuación, se les realizó una propuesta: podían comerse ahora el caramelo o, si estaban dispuestos a esperar unos minutos mientras el experimentador iba a hacer un recado, entonces podrían comerse dos caramelos en cuando el experimentador regresara. </p>

	<p>La mayoría de los niños decidieron esperar para obtener los dos caramelos. Pero no todos lo consiguieron. También había otro detalle en el experimento: los niños disponían de un timbre que, al hacerlo sonar, provocarían que el experimentador regresara antes de tiempo: <strong>entonces sólo comerían un caramelo, no dos</strong>. </p>

	<p>El cerebro emocional de los niños, entonces, se puso en funcionamiento, tal y como explica <strong>Jonah Lehrer</strong>:</p>

<blockquote>La mayoría de los niños de 4 años no pudieron resistir  la tentación dulce más de unos minutos. Varios de ellos se taparon los ojos con las manos para no ver los malvaviscos. Uno se puso a dar puntapiés a la mesa. Otro empezó a tirarse del pelo. Unos cuantos fueron capaces de esperar unos quince minutos, pero muchos no aguantaron ni siquiera uno. Hubo algunos que se comieron el malvavisco en cuanto Mischel se fue de la sala, sin tomarse si quiera la molestia de tocar el timbre.</blockquote>

	<p>Retrasar la gratificación instantánea por un bien mayor requiere de unas características mentales que no todo el mundo posee en igual grado. <strong>Así que vamos a fijarnos en el grupo de niños que al final se zampó los dos caramelos</strong>. </p>

<blockquote>Los que hacían sonar el timbre antes de haber transcurrido un minuto tenían muchas más probabilidades de presentar problemas conductuales más adelante. Sacaban peores notas y era más fácil que tomaran drogas. Pasaban apuros en situaciones estresantes y tenían mal genio. Sus puntuaciones del <span class="caps">SAT</span> eran, por término medio, 210 puntos inferiores a las de los niños que habían aguardado varios minutos antes de tocar el timbre. De hecho, en niños de 4 años, el test del malvavisco resultó ser un mejor pronosticador de los resultados del <span class="caps">SAT</span> que los test de coeficiente de inteligencia (CI).</blockquote>

	<p>Resulta que las destrezas cognitivas que permitían a esos niños burlar la tentación después también les permitía pasar más tiempo haciendo sus deberes. En ambas situaciones, se obligaba a la corteza prefrontal a hacer uso de su autoridad cortical e inhibir los impulsos que pudieran entorpecer la consecución del objetivo. De igual modo, la transpiración será más común en autores que posean disciplina y autocontrol. <strong>Y sin transpiración, no hay obra</strong>. Y si la hay, bueno, ya habéis visto que no es buena idea elogiarla demasiado.</p>

	<p>Malditos estereotipos&#8230; maldita Underwood.</p>

	<p>Vía | <em>Cómo decidimos</em> de Jonah Leherer</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Os voy a dar 3 consejos para ser escritor... aunque el relleno pueda estar caliente cuando se caliente]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/animacion-a-la-lectura/os-voy-a-dar-3-consejos-para-ser-escritor-aunque-el-relleno-pueda-estar-caliente-cuando-se-caliente</link>
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      <pubDate>Thu, 08 Sep 2011 18:14:51 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2011/09/250px-fuellfederhalter.jpg" alt="" />Que <strong>existen recetas infalibles para convertirse en escritor</strong> es una leyenda urbana a la altura de que en las cloacas de Nueva York viven caimanes gigantes, que la llegada a la Luna es un camelo y fue filmada en un estudio de Hollywood o que el número de estrellas que hay dentro de la “P” del título de la portada de la revista <em>Playboy</em> indica las veces que <strong>Hugh Hefner</strong> ha tenido relaciones con la muchacha del desplegable. </p>

	<p>Bueno, vale, no voy a ser tan injusto. No es como creer una cosa para idiotas. Creer que existen recetas infalibles para ser escritor <strong>es como repetir perogrulladas</strong> como la que figura en la caja de <em>Pop-Tarts</em> de Kellog´s, que dice: “<em>cuidado: el relleno puede estar caliente cuando se calienta</em>”. Llamativas bengalas que no dicen nada que no sepamos (aunque lo digan de otra forma muy distinta): como que en las pepitas de manzana hay cantidades perceptibles de cianuro, un compuesto de conocida toxicidad para los humanos. O que cualquier cosa que nos rodea atrae a todos los cuerpos del universo con una fuerza igual al producto de sus masas dividido por el cuadrado de sus distancias.</p>

	<p>Acongoja, pero en realidad no aporta nada que no sepamos ya. </p>

	<p>Sin embargo, de vez en cuando recibo correos de lectores que me preguntan acerca de <strong>la receta para convertirse en escritor</strong>. O sencillamente me envían algún escrito suyo con la intención de que lo someta a mi escrutinio. Es entonces cuando me veo entre la espada y la pared.</p>

	<p><!--more--> </p>

	<p>Yo no soy quién para enseñar a escribir al personal porque me falta largo trecho en esto de dominar la tecla. Y, como he dicho, no creo que haya recetas ni consejos universales. Sin embargo, soy de natural cortés con la gente que se toma la molestia en contactar conmigo, y como lo de despachar el correo con un simple “mira, tío, no sé”, queda un poco como si quisiera escurrir el bulto, <strong>he llegado a establecer tres puntos básicos que considero</strong>, si no universales, que son bastante importantes a la hora de ponerse a trajinar con la pluma (o la tecla).</p>

	<p>-<strong>Lo principal son las faltas de ortografía</strong>. Es fundamental ser muy pulcro en ese aspecto porque puede estropear el juicio que un editor se haga sobre ti: un texto con demasiadas faltas de ortografía es sinónimo de que no se ha trabajado, no se ha corregido lo suficiente. Y muy poca gente es capaz de escribir espontáneamente de tal forma que apenas se necesite corregir nada. Así que intentad enmendar las faltas de vuestros textos, incluso las tipográficas, y ganaréis muchos puntos. Sobre todo intentad mejorar la puntuación: poner comas o puntos y comas es todo un arte. Y creo que solo en 10 % de la población escolarizada es capaz de hacerlo con solvencia.</p>

	<p>-<strong>No menos importante es la musicalidad</strong>. Generalmente, la prosa de alguien que está empezando es muy mecánica o incurre en algunas cacofonías o repeticiones de palabras que entorpecen la lectura. Ser musical es muy difícil, saber engarzar bien las ideas y los sonidos requiere de mucha práctica y de la lectura atenta de los que saben hacerlo de forma magistral. En ese sentido, os recomiendo que leáis y releáis mil veces las obras de <strong>Luis Landero, Felipe Benítez Reyes, David Foster Wallace, Javier Calvo, Chuck Palahniuk</strong>... todos ellos tienen una musicalidad (cada uno en su estilo) envidiable.</p>

	<p>-<strong>El último asunto son los temas de los que traten vuestras narraciones</strong>. Personalmente me gustan los cuentos que me descolocan, que me hacen sentir y vibrar, los que me obligan a reflexionar. Pero bueno, hay cuentos para todos. A veces una simple anécdota ya es un cuento. Pero lo que considero importante es que, aunque expliquéis cosas anodinas o cotidianas, intentéis hacerlo como si fuera algo nuevo o especial. La habilidad de un buen narrador se mide precisamente por ese rasero: cuando consigue atraparte aunque te esté explicando cómo una mujer se enciende un cigarrillo. Las palabras e imágenes que escojáis en ese sentido tienen que ser especiales. Nunca os pleguéis a las convenciones. Intentad brillar con vuestro estilo. Y, sobre todo, practicad muchísimo. Cada día.</p>

	<p>No os desaniméis, no desistáis, y no tengáis miedo de picar en las puertas de las editoriales. Aunque también os advierto que éstas son bastante reacias con los narradores noveles, así que os sugiero que <strong>lo intentéis con más brío con los premios literarios</strong>: es una excelente manera de darse a conocer y de adquirir seguridad en uno mismo.</p>

	<p>Ah, y recordad… <strong>el relleno puede estar caliente cuando se calienta</strong>.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Cuántas lenguas hay en el mundo? ¿Cuál es la mejor?]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/cuantas-lenguas-hay-en-el-mundo-cual-es-la-mejor</link>
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      <pubDate>Thu, 11 Aug 2011 08:32:29 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <img class="derecha" id="image9434" src="http://img.papelenblanco.com/2011/08/tongue-sticking-out-rolling-stones.png" class="centro" alt="tongue-sticking-out-rolling-stones.png" />Hay lenguas que, por su sonoridad, puede que no sean de nuestro agrado. Por ejemplo, la aspereza del alemán. <strong>Parece una lengua concebida para impartir órdenes</strong>. Otras lenguas parecen más musicales y relajantes, como el catalán. También las hay que simplemente dan rabia, como el francés: bueno, me da rabia a mí, y me da la impresión de todos los franceses hablan haciendo morritos, como si fueran a plantarte un ósculo en cualquier momento.

	<p>En la literatura sucede algo similar. El idioma es la herramienta del autor. Y como tal, el propio autor está plegado a sus limitaciones. También es el propio autor el que se impone las suyas: no es lo mismo leer a Góngora (paradigma de densidad léxica) que el los mensajes de una <em>choni poligonera</em> dejados en <a href="http://www.tuenti.com/?m=login">tuenti</a>.</p>

	<p><strong>Determinar el número de lenguas que hay en el mundo</strong> es como contar el número de estrellas o el número de especies de animales: constituye una cifra en continuo movimiento, pues se extinguen y nacen continuamente. Con todo, se establece una cifra orientativa aceptada en general: 6.800 lenguas. Sólo en Francia, por ejemplo, se hablan 75 (algunas indígenas, otras no). En la diminuta Papúa Nueva Guinea se hablan 820 lenguajes. A nivel global, se cuentan 600 consonantes diferentes y 200 vocales. <br />
<!--more--></p>

	<p>Señala <strong>Jeffrey Kluger</strong> en <em>Simplejidad</em>:</p>

<blockquote>El lenguaje medio individual se compone sólo de aproximadamente cuarenta fonemas diferenciados tomados de esos cientos de sonidos a elegir, pero puesto que antes de nacer no sabemos en qué lengua aprenderemos, no podemos saber qué cuarenta fonemas necesitaremos. Esto significa que nuestro cerebro debe ser lo bastante versátil para dominarlos todos.</blockquote>

	<p>A pesar de las apariencias, todas las lenguas y dialectos inventados por el ser humano disponen de <strong>una suerte de gramática universal</strong> y, también, de unos niveles de riqueza y complejidad parejos. O al menos las diferencias nada tienen que ver con el desarrollo de la sociedad en sí.</p>

	<p>La complejidad de las reglas gramaticales pude variar, sí, pero esta complejidad varía con independencia de los niveles de desarrollo político y tecnológico. Como señala <strong>Marvin Harris</strong> en impresionante libro <em>Nuestra especie</em>:</p>

<blockquote>Por ejemplo, el kwakiutl, una oscura lengua de los indios de América del Norte, tiene el doble de casos que el latín. Otros elementos para catalogar las lenguas “primitivas”, tales como la presencia de palabras adecuadamente generales o específicas, demostraron ser indicadores igual de poco fiables de los niveles de evolución. Por ejemplo, los agtas de Filipinas disponen de treinta y un verbos distintos que significan “pescar”, cada uno de los cuales se refiere a una forma particular de pesca. Pero carecen de una simple palabra genérica que signifique “pescar”. En las lenguas del tronco tupí habladas por los amerindios de Brasil, existen numerosas palabras que designan especies distintas de loros, pero no existe una palabra genérica para “loro”. Otros lenguajes carecen de palabras para lo específico; cuentan con palabras distintas para los números comprendidos entre el 1 y el 5, y después se sirven sencillamente de una palabra que significa “mucho”.</blockquote>

	<p>Pero carecer de determinadas palabras específicas nada tiene que ver con el nivel evolutivo de una lengua, sino que refleja necesidades culturales. El caso de los agtas, que viven esencialmente de la pesca, <strong>no precisan de una palabra para la pesca en general sino de las diversas formas específicas de pescar</strong>.</p>

	<p>Por ejemplo, de los miles de idiomas que se hablan en el planeta, el idioma de la tribu piraha, localizada en la ribera del río Maici, en Brasil, es sin duda <em>el idioma más simple del mundo</em>, según investigadores del Instituto Tecnológico de Massachussets (<span class="caps">MIT</span>). <strong>Lo hablan menos de 200 personas</strong>.</p>

	<p>Este idioma taquigráfico carece de palabras para expresar el concepto de un número específico, es decir, no tienen “uno”, ni “dos”. Las cantidades se expresan de manera relativa: “algunas”, “pocas” o “más”, por ejemplo. Sólo tiene 8 consonantes (7 en el caso de las mujeres). Y 3 vocales. Para compensar, el lenguaje piraha posee una morfología verbal muy compleja, <strong>así como un sistema prosódico enredado</strong>.</p>

	<p>Así que contamos miles de lenguas en el mundo, y todas ellas son muy diferentes entre sí (aunque estén sustentadas por esqueletos gramaticalmente equivalentes); <strong>no hay lenguas mejores o peores per se</strong>, pero sí lenguas que producen diferentes tipos de palabras, emociones, ficciones, realidades. De modo que hay miles de realidades distintas, cualitativamente idénticas, pero capaces de adentrarnos en mundos radicalmente distintos. Mundos de palabras.</p>

	<p>Vía | <em>Nuestra especie</em> de Marvin Harris | <a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2007/05/07/ciencia/1178524552.html">El Mundo</a> | <em>Simplejidad</em> de Jeffrey Kluger</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Construye poemas con cadáveres exquisitos, con monos infinitos y con un RACTER artificial]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/construye-poemas-con-cadaveres-exquisitos-con-monos-infinitos-y-con-un-racter-artificial</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/creacion/construye-poemas-con-cadaveres-exquisitos-con-monos-infinitos-y-con-un-racter-artificial</guid>
      <pubDate>Sun, 07 Aug 2011 13:24:46 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id="image9423" src="http://img.papelenblanco.com/2011/08/300px-cadaver_exquisito_01.jpg" class="centro" alt="300px-cadaver_exquisito_01.jpg" />Bien saben los que siguen mis lucubraciones un tanto locuelas que <a href="http://www.papelenblanco.com/poesia/la-poesia-me-parece-una-estafa">las poesías me parecen una estafa</a>: ripios publicitarios, mensajes para estampar en una camiseta, elóganes rimados, canciones de verano, las tan en boga batallas verbales de raperos&#8230; que <strong>pretende cristalizar una enseñanza más fácilmente recurriendo a la musicalidad</strong> (como un mantra adormecedor, un discurso zombi, una paremiología simplificada, un dogma, un meme musical). Vestir ideas simples con lenguaje oscuro transmite muchas más sugerencias al lector, hasta el punto de que lo leído puede llegar a significar cualquier cosa, dependiendo de la idiosincrasia del lector.</p>

	<p>Si embargo, <strong>las creaciones surgidas de lo aleatorio me fascinan</strong>. La falta de claridad y la ambigüedad en la ficción me estremecen. Por eso siento devoción por ejercicios poéticos como el propuesto por <em>Cadáveres exquisitos</em>.</p>

	<p>El origen de <em>Cadáveres exquisitos</em> es el siguiente. Tras la Primera Guerra Mundial, <strong>Paul Eluard</strong>, y otros, se reunieron en un café e intentaron hacer el siguiente ejercicio (la crítica literaria considera que el ejercicio fue espoleado por el sentimiento depresivo tras la guerra y la necesidad de evadir la realidad). El ejercicio consistía en que cada uno escribiera por turnos en un papel doblado un fragmento predeterminado de una frase sin saber lo que habían escrito los demás. </p>

	<p>El primero escogería un adjetivo, el segundo un nombre, el tercero un verbo, el cuarto un adjetivo y el quinto un nombre. <strong>El primer ejercicio publicado</strong> de este orden aleatorio (y colectivo) produjo la siguiente frase poética:</p>

	<p><!--more--></p>

<blockquote>Los cadáveres exquisitos beberán el vino nuevo.</blockquote>

	<p>Al pone suficientes palabras juntas, terminará surgiendo, si atendemos a las leyes de la combinatoria, <strong>cierto tipo de metáfora poco habitual y con un sonido mágico</strong> (y una prueba más de que escribir poesía de forma atractiva puede surgir de la inspiración, sí, pero también de la mera casualidad, algo que no es tan sencillo que ocurra con la prosa). Los cadáveres exquisitos, pues, son una suerte de simplificación (poética) de la imagen del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Teorema_de_los_infinitos_monos">teorema de los monos infinitos</a>, que afirma que un mono que pulsara teclas al azar sobre un teclado durante un periodo de tiempo infinito casi seguramente podrá escribir finalmente cualquier obra de Shakespeare.</p>

	<p>Una versión artificial y electrónica de los cadáveres exquisitos sería <span class="caps">RACTER</span>, acrónimo de un programa de ordenador que <strong>es capaz de construir historias y poemas simplemente eligiendo palabras sucesivas al azar de su diccionario</strong>. Si la palabra escogida se adecua gramaticalmente, <span class="caps">RACTER</span> la deja y pasa a la siguiente palabra de la oración. Pero si no se adecua, entonces <span class="caps">RACTER</span> elimina la palabra y busca otra.</p>

	<p>Las frases que producía el programa eran desatinos sin significado, pero un lector humano con suficiente imaginación podía extraer de ellas significados recónditos. <strong>Hasta el punto de que el libro recibió comentarios positivos en los periódicos de mayor tirada</strong>.</p>

	<p>Vía | <em>¿Existe la suerte?</em> de Nassim Taleb</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Powering the Arts: una plataforma para que jóvenes talentos den a conocer sus obras]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/powering-the-arts-una-plataforma-para-que-jovenes-talentos-den-a-conocer-sus-obras</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/creacion/powering-the-arts-una-plataforma-para-que-jovenes-talentos-den-a-conocer-sus-obras</guid>
      <pubDate>Tue, 28 Jun 2011 18:39:30 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2011/06/c0.jpg" alt="" />El portal cultural <a href="http://www.poweringthearts.com/">Powering the Arts</a> ofrece la posibilidad de dar a conocer tu obra, demostrando que Internet es una herramienta fundamental para democratizar la cultura, tanto su creación como su difusión y exhibición.</p>

	<p>Desde <strong>Powering the Arts</strong> se dedican a crear convocatorias para que los artistas suban sus obra y los amates de la cultura las valoren. En el ambito literario tienen convocatorias de Novela, Relatos Cortos y Poesía. Esto se completa con cortometrajes y música. </p>

	<p><strong>Hay convocatorias gratuitas y otras Premium</strong>.</p>

	<p>El mecanismo consta de tres modalidades de registro dentro del portal, como <strong>creador,</strong> como <strong>amante de la cultura</strong> o como <strong>trabajador en la industria cultural</strong>.</p>

	<p>En el caso de los creadores les permite subir sus obras y controlar las descargas y votos.</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.poweringthearts.com/">Powering the Arts</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[El café como sitio idílico para escribir]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/el-cafe-como-sitio-idilico-para-escribir</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/creacion/el-cafe-como-sitio-idilico-para-escribir</guid>
      <pubDate>Sat, 11 Jun 2011 20:18:49 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2011/06/elephant-house-cafe-the-birthplace-of-harry-potter.jpeg" alt="" />Los que me conocen saben que, para mí, <strong>el café es algo así como un inductor de ideas y un espoleador de la creatividad</strong>. Es meterme en vena una dosis de cafeína, y zas, en menos de dos minutos me salen las palabras solas, incluso superando los bloqueos creativos más peliagudos. </p>

	<p>Pero hoy no voy a hablaros del café como droga legal estimuladora para escribir, sino del café como lugar, como cafetería, como <em>locus amoenus</em> para ponerse a escribir (siguiendo un poco la estela de la entrada <a href="http://www.papelenblanco.com/creacion/que-trucos-usan-los-escritores-para-llamar-a-la-inspiracion">¿Qué trucos usan los escritores para llamar a la inspiración?</a></p>

	<p>Años ha, <strong>los cafés eran centros de autoeducación</strong>, de <strong>innovación literaria</strong> (en el club <em>Cabaret Voltaire</em> nació el dadaísmo) e <strong>incluso de agitación política</strong> (la Revolución francesa de 1789 se fraguó literalmente en el <em>Café de Foy</em>). No en vano, <strong>Tom Standage</strong>, en <em>La historia del mundo en seis tragos</em>, afirma que, colectivamente, los cafés de Europa vinieron a ser el Internet de la Edad de la Razón.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Uno de los cafés más icónicos es el <strong>Gran Café de Gijón</strong>, en Madrid. Nació nada menos que en 1888 y, a través de estos largos 123 años ha adquirido un rancio abolengo, por allí pasaron Santiago Ramón y Cajal, Pío Baroja, Jacinto Benavente, Valle-Inclán, Benito Pérez Galdós…</p>

	<p>Hasta <strong>Harry Potter</strong> fue concebida exclusivamente en una cafetería, el <strong>Elephant House</strong>, en Edimburgo, una bonita cafetería desde cuya ventana se puede atisbar un colegio, inspiración de la autora para describir Howgarts. Ahora, si acudís al café os entregarán papel y lápiz, por si os viene la inspiración.</p>

<blockquote>Entre 1680 y 1730, en Londres se bebía más café que en ningún otro lugar del mundo. Sus habitantes acuñaron el nombre popular de “universidades a penique”, en alusión al precio que solía costar un bol de café y las amenas tertulias que se organizaban a su alrededor. Un refrán de la época rezaba: “No existe universidad de mayor excelencia, pues por un penique puedes ser una eminencia”. </blockquote>

	<p>El <strong>White Horse Tavern</strong> de Nueva York es un café literario que, en su día, era frecuentado por Allen Ginsberg , Jack Kerouac y Dylan Thomas. </p>

	<p>Construido con viejas maderas de un barco ballenero, e inaugurado en el lejano 1883, el <strong>Heinold’s First and Last Chance Saloon</strong> de Oakland, en California, era frecuentado por Jack London.</p>

	<p><strong>Ye Olde Cock Tavern</strong> de Londres, la taberna preferida por Charles Dickens. El <strong>Davy Byrnes</strong> de Dublín, donde James Joyce escribió algunas páginas de esa que es considerada su obra maestra: Ulises.</p>

	<p>Sinclair Lewis y Ernest Hemingway frecuentaron el <strong>Harry’s New York Bar</strong>, en París.</p>

	<p>Y es que basta con echar un poco el ojo en una cafetería: veréis que, entre los lectores de diarios hay alguien que toma notas apresuradas en un cuaderno, quizá Moleskine. Ahí lo tenéis. </p>

	<p>Vía | <em>La historia del mundo con sus trozos más codiciados</em> de Fernando Garcés Blázquez</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué trucos usan los escritores para llamar a la inspiración?]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/que-trucos-usan-los-escritores-para-llamar-a-la-inspiracion</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/creacion/que-trucos-usan-los-escritores-para-llamar-a-la-inspiracion</guid>
      <pubDate>Thu, 09 Jun 2011 16:23:07 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2011/06/musas.jpg" class="centro" alt="musas.jpg" /><strong>Lo de la inspiración tiene miga</strong>. Es cierto que, cuando te sientes arrebatado de inspiración, las palabras, las ideas, las historias parecen fluir por sí mismas, como si ya estuvieran escritas en algún sitio y tú sólo te limitaras a copiarlas, cual amanuense. </p>

	<p>Pero en lo de la inspiración <strong>también hay mucho de camelo o de impostura</strong>. Siempre he creído que el artista que tiene a una musa a su lado, por ejemplo, la tiene más por placer estético (o por echar un casquete de vez en cuando) que por verdadera inspiración. Lo de las musas es una moda que se ha ido perpetuando pero es de todo punto absurda: como si un cirujano tuviera que tener a su lado a coach para hacer bien su trabajo.</p>

	<p>La mejor inspiración es la transpiración: 8 horas sentado cada día frente a un escritorio y, hale, con los días, los meses o los años, obtendrás frutos que ni un ejército de musas podría recolectar. </p>

	<p>Pero bueno, si nos ponemos un poco románticos, vale, <strong>mi truco para inspirarme es ducharme</strong>. En la ducha, bajo el agua, es cuando se me ocurren las mejores ideas. Como si la ducha fuera una cámara llena de ecos donde reverberan las ideas, o algo así. </p>

	<p>Y los escritores también tienen sus propias técnicas. Vamos a descubrir algunas de ellas:</p>

	<p><strong>Hemingway</strong>, por ejemplo, escribía a lápiz, sobre papel de cebolla, y controlaba sus progresos anotando escrupulosamente el número de palabras que escribía a diario. </p>

	<p><strong>Goethe</strong> escribía de pie, con pluma, porque le desconcentraba el sonido del lápiz arañando el papel. </p>

	<p><strong>Robert Graves</strong> escribía en su casa de Mallorca, en una habitación donde todo estaba hecho a mano (exceptuando los interruptores de la luz). Decía que estar rodeado de cosas construidas de forma artesanal era importante para su actividad creativa. <br />
<!--more--></p>

	<p>A mí todo me suena más a manías o rituales que a catalizadores de la creatividad. Pero soy consciente de que hay servidumbres que si no se cumplen pueden interferir en la paz de espíritu. </p>

<blockquote>Thomas Mann, por ejemplo, tenía en su estudio frascos de colonia, palanganas con agua de violetas en las que cada tanto se lavaba las manos, mientras que Rimbaud pasaba días enteros sin ocuparse de su higiene personal, escribiendo a veces desnudo (…). El escritor suizo Robert Walser, quien pasó los últimos 28 años de su vida recluido en un manicomio, escribía en minúsculos pedazos de papel que siempre llevaba encima, guardados en alguno de sus innumerables bolsillos. También Walter Benjamin presumía de tener una letra microscópica; de hecho, su ambición nunca realizada fue escribir cien líneas en una cuartilla.</blockquote>

	<p><strong>Jack Kerouac</strong> escribió En el camino en un rollo de papel de teletipo, en sólo tres semanas. Por miedo a perder la concentración y la racha, supongo. Lo mismo que le pasaba a <strong>Ricardo Baroja</strong>, que pegaba los folios con engrudo para obtener un papel continuo que le permitiese escribir sin descanso. </p>

	<p>Luego están los sitios predilectos para escribir. El mío son las cafeterías en el que existan un ligero runrún de gente charlando. <strong>Pero hay gente más maniática que yo</strong>:</p>

<blockquote>Es el caso de Ramón María del Valle-Inclán, quien escribía de vez en cuando en un banco del Retiro, apretando las cuartillas contra el costado, con el muñón, para que no se las arrebatara el viento, o Raymond Carver, el autor de Catredal, que durante una época de su vida, a falta de un lugar tranquilo donde poder trabajar, se decidió por escribir en el coche.</blockquote>

	<p><strong>Bernardo Atxaga</strong>, sin embargo, prefiere un espacio íntimo e inviolable, sin intrusos, exceptuando sus libros más cercanos y cuadros firmados por amigos suyos.</p>

	<p>También es útil leer un poco antes de ponerse a escribir. A mí me funciona con Luis Landero: tiene una prosa tan musical que consigue desengrasarme el cerebro en pocos minutos. Pero <strong>Witold Gombrowicz</strong> leía mala literatura policiaca porque decía que la mala literatura despertaba la imaginación. </p>

<blockquote>Stendhal encontraba sosiego leyendo el Código de Justicia napoleónico que, según él, le ayudaba a depurar su estilo.</blockquote>

	<p>El asunto de las mesas también es importante. Nada como una mesa bien firme y amplia para desplegar notas y documentación. Pero <strong>Ortega y Gasset</strong> se lo tomaba muy en serio:</p>

<blockquote>quien en ocasiones utilizaba la mesa del comedor de su casa hasta que la familia, hambrienta, decidía poner punto final al trabajo por el expeditivo método de poner los platos.</blockquote>

	<p>Vía |<em> Las bibliotecas perdidas</em> de Jesús Marchamalo</p>      ]]></description>
      </item>
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