
Últimamente estoy un poco caótica con las reseñas de los libros que voy leyendo, pero es que cada vez que decido leer uno en concreto, aparece otro totalmente diferente y al final es lo que acabo leyendo. Algo así fue lo que me pasó con Los Radley de Matt Haig, que se interpuso en mi camino y fue el que acabé eligiendo. Un libro diametralmente opuesto a lo que tenía pensado leer en ese momento, pero también es bonito dejarse llevar de vez en cuando, ¿no?
‘Los Radley’ es un libro de vampiros. Pero, ojo, no de unos vampiros cualquiera. No. La familia Radley son vampiros abstemios, es decir, se niegan a tomar sangre e intentan llevar una vida lo más normal posible. Así, tenemos a Helen y Peter, papá y mamá, que renegaron de su condición de vampiros y se enfrentan a una crisis matrimonial; a Rowan, el hijo mayor, lector de Lord Byron y considerado un “rarito” por sus compañeros de instituto; y por último a Clara, la hija menor, que quiere ser vegetariana en un desesperado intento por caer mejor a los animales que huyen aterrorizados a su paso. La vida transcurre más o menos bien, con sus protectores solares factor 60 y los mareos matutinos, pero hay una pequeña sombra en su vida y es que ni Rowan ni Clara saben que son vampiros. Y claro, cuando Clara va a una fiesta nocturna y sucede lo que no debería suceder, todo se complica más y más…


Tenía ganas de posar mis ojos en algún texto de Ismael Martínez Biurrun (Pamplona, 1972), pues su nombre lleva un buen tiempo sonando como la nueva promesa del fandom. Y lo que se dice de él es cierto. Completamente.





