Un hombre extraordinario en fuerza física y moral. Catilina, llamado por nacimiento e inteligencia a conseguir honores y poder, pero perseguido una y otra vez por una maldición que el mismo parece provocar. Este es Catilina. Su conjura y caída las narra Salustio Crispo, un historiador que vivió poco después de los acontecimientos y que conoció a muchos de los protagonistas del drama.
La figura de este patricio, presentada a la Historia por los que fueron sus enemigos, no pierde por ello esa grandeza convulsa de los que son precursores de la destrucción de mundos caducos y de la construcción de nuevos mundos.
Quizá Catilina no acabase con la vida de sus familiares más cercanos ni planease que los hijos de los romanos asesinaran a sus padres en mitad de la noche, quizá todo eso sea mentira. Pero el joven Sergio Catilina había ascendido a la sombra del último Sila, el terrible cercenador de cabezas y reconstructor del patriciado. No debía ser inocente.
Así que aunque algunos aspectos de su conjura no fuesen tal como Cicerón los presenta ni tal y como Salustio narra, sucedió algo que convulsionó Roma y de lo que fue el protagonista. Ni siquiera las pruebas presentadas en las obras de sus enemigos son completamente consistentes. Pero todo esto fue el preludio del Fin de la República y Catilina, ambicioso y revolucionario, representó el comienzo del fin. La caída de la República estaba gestándose desde hacía un siglo, pero hasta Catilina los romanos parecían se daban cuenta de hacia donde caminaban. Por eso este personaje obscuro, pasional pero frío, está cargado de un aura maldita que llevará para siempre.

La australiana Geraldine Brooks, ganadora del Premio Pulitzer en 2006 y corresponsal del Wall Street Journal, ha convertido un reportaje periodístico propio sobre la guerra de los Balcanes en el germen de la novela que ha arrasado en Estados Unidos, una ficción en torno a la historia real de uno de los libros más valiosos de la historia. El 1 de septiembre llegará a las librerías de España, de la mano de RBA Editores. Su nombre: Los guardianes del libro.
El irlandés
Ya hablamos en otra entrada de la exposición que está teniendo lugar en Nueva York de tres versiones distintas de las Biblias impresas por Gutenberg. Pero ahora me entero que no hay que moverse hasta allá para poder hacer una comparativa detallada de al menos dos de ellas, ya que la Biblioteca Británica nos permite explorar y comparar las versiones digitales de un ejemplar en papiro y otro de papel.
Si hablamos de Joseph Carey Merrick, un británico que vivió a finales del XIX y murió antes de cumplir los 30 años, poco sabrán a quién me refiero. Pero si digo Hombre Elefante entonces la cosa cambia. La historia de Merrick, aquejado por un extraño síndrome que le produjo deformaciones extremas y que le obligó a subsistir como fenómeno de feria, ha fascinado a muchos autores. Es famosa, por ejemplo, 
Tenía pendiente la lectura del Premio Nadal 2007 desde hace tiempo y sólo ahora me he puesto al día. Con grata sensación, además, ya que Lo que sé de los vampiros del barcelonés
Nudo de Sangre, segunda novela del escritor español Agustín Sánchez Vidal, ha ganado el Premio Primavera de Novela, dotado con 200.000 euros. El finalista ha sido Luis del Val con su novela Crucero de Otoño.
