Imaginad la siguiente hipótesis: la letra perjudica más al medio ambiente que el consumo desaforado de petróleo.
Para mantener el actual ritmo de publicaciones de libros, los bosques se están deforestando, tal y como sucedió para construir la Armada Invencible. No existe alternativa. Ni papel electrónico, ni blogs, ni papel reciclado. Es como el fuego de Fahrenheit pero con forma de desastre medioambiental.
Como sucedía antes de la invención de la imprenta, cuando todo dependía de un puñado de copistas manuales.
Se decretan, pues, unos máximos de impresión de páginas anuales. Algo así como un Canon Gutenberg. Porque ya no cabe todo. Hay que escoger meticulosamente, favorecer el bien común, contentar a las mayorías. Pablo Coelho, por supuesto, se continuaría editando a cascoporro. Dan Brown, también.
Al existir tan poco espacio para imprimir letras, sólo se publican determinados pensamientos. Las neuronas minoritarias son relegadas a la marginalidad: si quieres decir la tuya sólo te queda la boca, pero olvídate de que lo dicho sobreviva demasiado tiempo. Y quizá nadie te escuchará.


La primera respuesta que puedo dar es: “no es mi problema”. Si alguien ha inventado la nevera (o por ejemplo las redes P2P o Internet), no es su responsabilidad que los transportistas de hielo desde las montañas sigan ganando dinero de alguna forma asociada a esa actividad.
Los derechos de autor eliminan vías de creación. A principios de 1990, el estudioso Siva Vaidhyanathan observó que la música rap estaba cambiando; el cuerpo subyacente de muestras estaba menguando y la música se hacía más predecible, más obvia y menos lúdica. En esa época fue cuando surgieron duros conflictos sobre el copyright, sobre todo el caso de Estados Unidos contra la apropiación por parte del rapero Biz Markie de una canción de Gilbert and Sullivan. Los tribunales estaban arrebatándole el alma a la música rap.
Ser autor protegido por derechos de autor como los actuales sólo beneficia a una minoría, y por supuesto a discográficas, distribuidores e intermediarios. El autor, a pesar de todo ello, ha continuado creando, impertérrito.
A propósito del revuelo (mayormente internauta) generado por el
La villa cordobesa de Fuente Obejuna adquirió fama mundial gracias una de las obras más importantes escritas por Lope de Vega: Fuente Ovejuna (1612-1614). Un drama que cuenta como todo el pueblo se une contra el Comendador cuando éste, entre otras muchas fechorías, reclama el derecho de pernada sobre la joven Laurencia. El abusador acaba muerto y cuando Fernando el Católico pide explicaciones todo el pueblo calla. De ahí el archifamoso ¡Todos a una! Esta vez contra la SGAE.
Hoy en día el asunto del copyright está más en boga que nunca debido a que cada vez es más fácil copiar una obra intelectual, reproducirla y distribuirla con un coste casi próximo a cero. Algunos estudiosos y abogados expertos en derecho intelectual ya empiezan a abogar por la supresión del copyright para que esta situación favorezca a los sociedad y no, como ha ocurrido en mayor o menor medida desde siempre, a las entidades de gestión, los editores y los distribuidores.
El máximo organismo de control de la propiedad intelectual peruano, el Indecopi, ha fallado que
Parecía que la fiebre por las continuaciones póstumas de novelas, con