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		<title>Magazine - legislacion</title>
		<link>http://www.papelenblanco.com</link>
		<description>
Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-12 23:04:31</pubDate>

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      <title><![CDATA[El caso megaupload o por qué creo que deberían suprimirse o flexibilizarse los derechos de autor (y III)]]></title>
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      <pubDate>Fri, 27 Jan 2012 11:06:38 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2012/01/midtown-manhattan-1a.jpg" alt="" />Tercer y último capítulo de <strong><a href="http://www.papelenblanco.com/tag/megaupload">esta serie de artículos</a></strong> sobre el caso Megaupload. <strong>El concepto de que las ideas son una propiedad (intelectual) es muy difícil de mantener,</strong> a pesar de que, desde hace décadas, nos han educado justo en sentido contrario. Como ocurría en los ejemplos anteriores, si yo robaba un libro, estaba robando una propiedad. Pero si lo robado era la información de libro, previamente memorizada por mí o mi disco duro, entonces ¿qué estaba robando exactamente?</p>

	<p>Aunque parezca muy obvio, <strong>a nivel legal es muy complicado definir lo que es una propiedad</strong>. Para que algo sea susceptible de propiedad, debe de reunir, al menos, dos requisitos: <strong>antagonismo</strong> y <strong>exclusión</strong>. En otras palabras: si yo te lo robo, te quedas sin tu propiedad; y tú puedes poner bajo llave tu propiedad para que yo no pueda acceder a ella. En el caso de las ideas, de lo que sale de nuestro intelecto, ninguno de los dos requisitos se cumple: si de tu cabeza sale una idea, no puedes evitar que los demás la cojan; y si la cogen, tú sigues conservando tu idea, de modo que nadie te ha robado tu propiedad.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>La propiedad intelectual, de existir, no puede robarse. Por eso, en España, <strong>no es delito descargar un libro de Internet</strong>, aunque sea propiedad de otra persona. (Otra cosa es que yo me lucre económicamente con ello, eso sí que es ilegal, de momento… aunque estoy dispuesto a respaldar cualquier iniciativa que despenalice ese supuesto).</p>

	<p>Legalmente tiene mucho sentido mantener que las ideas no son propiedad de nadie, porque ello enriquece la sociedad, la hace más culta, e incluso mejora la innovación: es decir, <strong>aumentan las nuevas ideas</strong>. Porque la mejor forma de concebir buenas ideas es procesar ideas de otros, lo cual explica, por ejemplo, que las ciudades sean lugares más innovadores, en proporción, que el campo, tal y <strong><a href="http://www.xatakaciencia.com/psicologia/ley-de-kleiber-o-que-en-las-ciudades-viven-mas-personas-innovadoras-que-en-el-campo">como explico aquí</a></strong>. O que la gran mayoría de los inventos se han producido en contextos donde existía flexibilidad en la propiedad de ideas, como bien explica en un capítulo de su libro <em>Las buenas ideas</em> de <strong>Steven Johnson</strong> o el catedrático de derecho de Stanford <strong>Lawrence Lessig</strong> en <em>Cultura libre</em>.</p>

	<p>Entonces es cuando los derechos de autor, el copyright, las patentes… en definitiva, las mordazas artificiales para sacar rendimiento económico a las ideas (que no rendimiento intelectual) se tornan, todos ellos, en malditos.<strong> Porque se han vuelto malditos en el momento en que, para preservarlos, hay que pisotear otros derechos todavía más fundamentales</strong>: como el derecho a la información o el derecho a la privacidad. Son malditos porque son derechos que se esgrimen con mañas <em>orwellianas</em>. Son malditos porque sólo favorecen a una minoría de ciudadanos: los que ganan mucho dinero con un modelo de negocio obsoleto.</p>

	<p>Siento si las ideas expuestas están un poco deslavazadas y solo tengan cierto sentido conceptual. Pero realmente resulta muy difícil resumir análisis multidisciplinares en pocas líneas. Si queréis profundizar, os recomiendo la lectura de los libros que os recomiendo más arriba, junto con el de <em>Imagine&#8230; no copyright </em>de <strong>Joost Smiers</strong> y <strong>Marieke van Schijndel</strong>. Si preferís evitaros leer, os recomiendo que visualicéis la siguiente charla de <strong>Jorge Cortell</strong>: en una hora amplía muchas ideas que aquí solo han sido esbozadas:</p>

	<p><iframe class="centro" width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/pQKibfsDTrE" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[El caso megaupload o por qué creo que deberían suprimirse o flexibilizarse los derechos de autor (II)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/legislacion/el-caso-megaupload-o-por-que-creo-que-deberian-suprimirse-o-flexibilizarse-los-derechos-de-autor-ii</link>
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      <pubDate>Fri, 27 Jan 2012 00:39:28 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2012/01/emprender-en-cultura-modelos-negocio.png" alt="" />Como os adelantaba <a href="http://www.papelenblanco.com/legislacion/el-caso-megaupload-o-por-que-creo-que-deberian-suprimirse-o-flexibilizarse-los-derechos-de-autor-i">en la anterior entrega de esta serie de artículos</a>, un libro puede tener mucho valor, <strong>pero no por ello debe tener un coste</strong>. Coste y valor no son lo mismo. Así que lo importante no es lo que valga un libro. Lo importante es que el autor <strong>se crea suficientemente recompensado económicamente</strong> por escribir un libro. Es importante lo de “suficientemente”, porque esa variable es arbitraria y cambia con los tiempos. Lo que ahora nos parece suficiente puede que en el futuro no lo sea, y viceversa. Las quejas de hogaño puede que nos resulten abusivas en el futuro. Que un autor considere que debe vivir unos años de su libro para poder escribir otro a tiempo completo puede parecer justo ahora, pero no siempre lo fue, y os garantizo que no siempre lo será.</p>

	<p>Para conseguir que, en la medida de lo posible, el autor se sintiera recompensado económicamente, se crearon los derechos de autor. Sin embargo, basta con echar un vistazo a los beneficios que aportan los derechos de autor al autor, valga la redundancia, para descubrir que <strong>el 90 % de los mismos son ridículos</strong>. Escribir libros y vivir de ello, pues, no es un trabajo bien remunerado con el sistema de los derechos de autor. Eso sí, los derechos de autor <strong>aportan pingües beneficios a las editoriales</strong>, a los distribuidores, a las librerías…</p>

	<p>¿Entonces? ¿Por qué le importa tanto a un autor que se vulneren sus derechos de autor? ¿Qué más le dará que alguien memorice sus libros para intercambiarlos con otras personas y así, todos, también él, podamos tener acceso a todos los libros sin tener que hacer una inversión de dinero astronómica? Cuando un autor se ve acorralado con esta pregunta, entonces apela a otra cuestión. <strong>Algo más en plan freudiano. Algo del ego</strong>. Dicen: <em>bien, sí, lo que tú quieras, pero si permito que todo el mundo copie mis libros, entonces otras personas pueden firmar dichas obras con su nombre. Afirmar que son suyas cuando en realidad son mías. Llevarse el mérito, si no económico, al menos el intelectual</em>. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Lo irónico, entonces, es descubrir que, para defender los derechos de autor, finalmente se apela al delito del plagio. Plagiar está mal. Es inmoral. Pero no debería ser ilegal. Y muchos menos es necesario conservar los derechos de autor para evitar el plagio. Si alguien asegura que su obra fue escrita por él cuando en realidad fue escrita por otro, basta con acudir a una suerte de archivo de publicaciones. Y si no existe, se inventa. Por ejemplo, <strong>Papel en Blanco permite comprobar en qué fecha fue publicado un post</strong>. Google también dispone de una caché para tal efecto. Si alguien sostiene que escribió este artículo, cuando en realidad lo hice yo, se meterá en un problema de honorabilidad: enseguida puede probarse que digitalmente yo escribí el artículo antes que él. Y, en cualquier caso, una persona que debe plagiar para publicar, lo volverá a hacer: tarde o temprano uno descubre quién plagia y quién tiene una voz propia. Lo que nunca haré es meter en un problema legal al que me plagie: porque eso tiene que ver más con lo económico.</p>

	<p>Por otro lado, hasta que alguien te plagie, existe un tiempo, una ventana temporal, en la que el texto solo existe porque tú lo has escrito. Esa ventana, según muchos análisis, puede ser más que suficientes para generar un rendimiento económico o una ventaja competitiva, <strong>lejos de complejos artificios como los derechos de autor</strong>. Yo mismo, con mis artículos en <a href="http://www.papelenblanco.com/">Papel en Blanco</a> y <a href="http://www.xatakaciencia.com/">Xataka Ciencia</a> tengo un salario superior al mínimo interprofesional en España, y ni voy detrás de los que copian mis textos (sobre todo si me referencian) ni tampoco os obligo a pagarme dinero para leerme. Así es como funciona la radio y muchos canales de televisión. Hacia esa dirección es donde se encamina todo esto, lo queramos o no: lo podemos hacer fácil o difícil, solo eso.</p>

	<p>Hacia la dirección de que los contenidos deben de ser gratuitos, casi gratuitos o de pago indirecto (mediante suscripciones, por ejemplo, o para evitar publicidad, o para obtener mejores rendimientos… es decir, <strong>el modelo de negocio que sostenía Megaupload</strong>). Hasta ahora, ese modelo de negocio era impracticable porque realizar, distribuir y vender copias era muy caro (tan caro que la mayoría del rendimiento económico de la obra se la llevaban todos menos el creador). Pero ahora todo eso es innecesario. Lo que se vende no es una copia, es un contenido, es una idea, es información. Y entonces entramos en un espinoso conflicto legal y filosófico: <strong>que las ideas no son de quienes las alumbran sino de ellas mismas</strong>, como nuestros hijos no son nuestros sino de sí mismos (y si son menores de edad, hasta puede exigirse que se arrebaten a sus padres si, con ello, se beneficia al menor).</p>

	<p>En la próxima entrega de esta serie de artículos, sin embargo, trataré de ahondar en qué significa que algo es tu propiedad y la razón por la cual no puede aplicarse a la propiedad intelectual, una expresión a todas luces paradójica.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[El caso megaupload o por qué creo que deberían suprimirse o flexibilizarse los derechos de autor (I)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/legislacion/el-caso-megaupload-o-por-que-creo-que-deberian-suprimirse-o-flexibilizarse-los-derechos-de-autor-i</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/legislacion/el-caso-megaupload-o-por-que-creo-que-deberian-suprimirse-o-flexibilizarse-los-derechos-de-autor-i</guid>
      <pubDate>Thu, 26 Jan 2012 13:36:10 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2012/01/megaupload-cierra-01.png" alt="" />En estos días, todo el mundo ha saltado a la palestra para comentar su particular visión del <strong>caso Megaupload</strong>. Ya sabéis: un fulano que se ha hecho de oro poniendo a disposición del respetable un servicio para subir y bajar películas, libros, música o lo que se terciara. Voy a intentar no hacer ninguna valoración legal sobre el asunto, pero <strong>sí que me gustaría hacerla desde un punto de vista conceptual</strong>.</p>

	<p>Conceptualmente, Megaupload solo es un tipo de negocio que funcionaba. Si tal negocio funcionaba tan bien, es porque los responsables de los contenidos que allí se alojaban no habían desarrollado un modelo de negocio similar. Claro, pensaréis, pero eso no es posible: <strong>los contenidos pertenecen a sus creadores, de modo que no deberían estar a disposición de los usuarios</strong>. Es como dejar la puerta de tu casa abierta para que todo el mundo coja lo que quiera.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Pero no es exactamente así. <strong>Pongamos el ejemplo de un libro</strong>. Si yo tengo una casa con 100 libros y permito que la gente entre a cogerlos, probablemente me quedaré sin ellos. Del mismo modo, si alguien tiene un libro y yo tengo otro diferente, si los intercambiamos, los dos seguiremos teniendo un único libro. Diferente, sí, pero solo una unidad. Un libro.</p>

	<p>Pero imaginaos que, al intercambiar ese libro con el desconocido, pudiéramos quedarnos con toda la información que hay escrita en nuestro libro. Al llevar a cabo el trueque, resulta que acabaríamos en posesión del libro nuevo, del libro físico, pero conservaríamos la esencia del libro que antes fue nuestro. Así, finalmente, resulta que tendríamos dos libros. De hecho, eso siempre ha sido posible: <strong>basta con tener buena memoria para aprenderse todas las páginas de un libro</strong>, así podremos conseguir una lectura nueva sin tener que desprendernos de la vieja (la viaje siempre sobrevivirá en nuestro cerebro).</p>

	<p>Hasta ahora, la industria editorial nunca se ha preocupado de que podamos albergar en nuestra mente los libros que editan. <strong>Realmente es muy poca la gente que puede memorizar un libro entero; y menos para, así, conseguir uno nuevo</strong>. Nadie nos denunciará por violar los derechos de autor si conseguimos memorizar un libro para explicarlo a otras personas. Pero las cosas han cambiado desde que disponemos de sistemas para guardar libros de forma fácil, barata y fiel: ya no usamos nuestra memoria sino la memoria de un disco duro. Ya no usamos neuronas, sino bits. </p>

	<p>Ahora imaginemos el anterior supuesto, pero con un disco duro. Yo tengo un libro, tú otro. Lo intercambiamos. Pero nuestros libros están guardados en sendos discos duros de ordenador. <strong>De este modo ha ocurrido algo milagroso</strong>: al intercambiar hemos conseguido que ambos, tú y yo, dejemos de tener un libro para pasar a tener dos. Si este proceso lo repetimos con otra persona que previamente ya lo haya realizado, en poco tiempo tendremos cuatro libros (y la otra persona, también). Y así sucesivamente. Hasta que mucha gente, por no decir toda la gente, pueda tener todos los libros que existen.</p>

	<p>Cuando ya no usamos nuestra memoria biológica y, sin embargo, usamos una memoria digital, entonces los escritores se envaran. Oigan, que ese libro es mío, dicen. También dicen que esos libros han sido escritos con el sudor de su frente y que, por tanto, es ilegal que nos apropiemos de ellos. Que son suyos. Bien, podemos responder, tenga usted aquí su libro, que yo simplemente lo guardo en mi memoria digital. Puede quedárselo, si tanto lo quiere. No, no, yo no quiero el libro físico, lo que no quiero es que tengas una copia digital del mismo. ¿Por qué? Porque es mío. Pero si es tuyo, cógelo, ¿qué más te da si lo memorizo? <strong>Porque si lo memorizas podrás dárselos a otros, y esos otros, entonces, ya no querrán comprar mi libro, porque ya se lo sabrán de memoria.<br />

</strong></p>

	<p>En el fondo, pues, todo se reduce a cómo un autor puede ganar dinero. Algo totalmente legítimo, por supuesto. Aunque no es legítimo a cualquier precio. Pero eso lo detallaremos <a href="http://www.papelenblanco.com/legislacion/el-caso-megaupload-o-por-que-creo-que-deberian-suprimirse-o-flexibilizarse-los-derechos-de-autor-ii">en la próxima entrega de este artículo</a>.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[No hay perdón para Miguel Hernández]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/escritores/no-hay-perdon-para-miguel-hernandez</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/escritores/no-hay-perdon-para-miguel-hernandez</guid>
      <pubDate>Tue, 29 Mar 2011 22:57:45 +0000</pubDate>

      <author>Juliana Boersner</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2011/03/c617x266_miguel.jpg" alt="No hay perdón para Miguel Hernández" /></p>

	<p>A veces cuando pensamos en los autores que amamos, su silueta se diluye en las neblinas del tiempo y nos hace pensar que son seres que están más allá de cualquier ley terrenal, pero hoy, así de golpe, me doy cuenta de que, por el contrario, muchas de las leyes vigentes siguen condenándolos, a pesar del transcurrir del tiempo y de la importancia de su obra. </p>

	<p>Oscar Wilde y Mark Twain, entre otros, han sido víctimas de censura y persecuciones morales. Todo ha quedado en la ética pero para Miguel Hernández <strong>, la ley militar no admite perdón</strong>. Si, podrán decirme, la <a href="http://leymemoria.mjusticia.es/">Ley de la Memoria Histórica</a> se creó para resarcir los errores y las injusticias del pasado, pero cuando se trata del enjuiciamiento hecho a Hernández el 18 de enero de 1940 en el que se le acuso del delito de &#8220;Adhesión a la Rebelión&#8221; y por el cual fue finalmente <del>asesinado y desaparecido</del> encarcelado hasta morir, la ley militar parece no reconocer equívocos. <!--more--></p>

	<p>Quienes más indignados parecen estar con todo esto, aún más que los familiares, son <strong>los miembros del Partido Comunista Español</strong>, quienes protestaron la negativa reciente del Pleno de la Sala de lo Militar a la familia del poeta de interponer una petición de revisión extraordinaria de la condena y amenazan con elevar el petitorio a instancias europeas. </p>

	<p>La <strong>Ley de la Memoria Histórica</strong> establece el: </p>

<blockquote>derecho a obtener una Declaración de reparación y reconocimiento personal a quienes durante la Guerra Civil y la Dictadura padecieron persecuciones, condenas, sanciones o cualesquiera otras formas de violencia personal por razones políticas, ideológicas o de creencia religiosa. </blockquote>

	<p>Sin embargo, para efectos &#8220;legales&#8221; <strong>Miguel Hernández sigue siendo un traidor, un rebelde</strong> y su desaparición y muerte, como la de cientos de miles de víctimas de la Guerra Civil, sigue sin ser condenada. Por supuesto de esto se desprende una polémica.  ¿Acaso importa que se anule oficialmente la condena militar al poeta? Obviamente no se le considerará mejor o peor escritor por eso, pero quizás algunas heridas colectivas cicatricen aún más. </p>

	<p>Vía | <a href="http://tercerainformacion.es/spip.php?article23562&utm_source=twitterfeed&utm_medium=facebook">Tercera Información</a><br />
Más información | <a href="http://www.elpais.com/articulo/opinion/Revisar/condena/Miguel/Hernandez/elpepiopi/20110221elpepiopi_7/Tes">El País</a><br />
En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/poesia/hoy-es-el-centenario-del-nacimiento-de-miguel-hernandez">Hoy es el centanario del nacimiento de Miguel Hernández</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Baidu, el buscador chino, llega a acuerdo con autores y retira sus libros de internet]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/legislacion/baidu-el-buscador-chino-llega-a-acuerdo-con-autores-y-retira-sus-libros-de-internet</link>
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      <pubDate>Mon, 28 Mar 2011 14:21:04 +0000</pubDate>

      <author>Juliana Boersner</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2011/03/baidu.jpg" alt="Baidú" /><br />
Como probablemente muchos saben, <a href="http://www.baidu.com">Baidu</a> es un buscador chino equiparable a Google y sus proyectos tienen las dimensiones y la envergadura de este último y, como él, ha permitido que se suban a los servidores libros sin autorización de sus autores. </p>

	<p>Ello provocó que 40 escritores chinos escribieran una carta pública <strong>acusando al motor de búsqueda de infringir los derechos de autor de sus obras</strong> y pidiendo una compensación por los daños y perjuicios que ello les ocasionaba. </p>

	<p>Casi 15 días después de la polémica carta, las tensiones parecen haber bajado luego de que los directivos de Baidú pidieron disculpas por &#8220;herir los sentimientos&#8221; de los autores y <strong>declararon que retirarían los libros de sus servidores y que establecerían convenios de colaboración con las editoriales</strong>. <!--more--></p>

	<p>Todo esto nos suena conocido gracias a los múltiples pleitos y resistencias que ha tenido a nivel mundial el proyecto Google Books que motivó proyectos alternativos como <a href="http://www.europeana.com/portal/">Europeana</a>. </p>

	<p>Tampoco en China es nueva la polémica ya que el año pasado se produjo <strong>un pleito similar entre Baidú y Shanda Literature Corporation</strong>, que es la principal editorial en línea del gigante asiático. </p>

	<p>Vía | <a href="http://www.20minutos.es/noticia/1001949/0/baidu/libros/online/">20minutos.es</a><br />
Más información | <a href="http://www.click.com.ar/blog/876561237/los-chinos-culpan-a-baidu">Click.com.ar</a>, <a href="http://www.chinastakes.com/2009/12/shanda-literature-to-sue-baidu-over-piracy.html">China Stakes</a><br />
En Papel en Blanco | <a href="Google Books acusado por China de utilizar sus libros sin permiso">Google Books acusado por China de utilizar sus libros sin permiso</a>, <a href="http://www.papelenblanco.com/novela/en-china-las-publicaciones-digitales-aumentan-la-venta-de-libros-en-papel">En China las publicaciones digitales aumentan la venta de libros en papel</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¡Cuidado! Que vienen los fundamentalistas del plagio (y V)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/legislacion/cuidado-que-vienen-los-fundamentalistas-del-plagio-y-v</link>
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      <pubDate>Tue, 14 Dec 2010 10:36:43 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2010/12/gutenberg_impresor.jpg" alt="" />El escritor <strong>Francisco Casavella</strong> se atreve incluso a proponer 6 condiciones inherentes a la práctica del plagio:</p>

	<p>1 Copiar algo bueno.</p>

	<p>2 Copiar algo poco conocido.</p>

	<p>3 Copiar de alguien sin capacidad de respuesta, sin importancia y, a poder ser, muerto hace mucho.</p>

	<p>4 Que no se note.</p>

	<p>5 El plagio debe superar lo plagiado.</p>

	<p>6 Hacerlo con cierto encanto o mucho morro. </p>

	<p>Añade Casavella:</p>

<blockquote>Hay quien dice que Desayuino en Tifanny´s de Truman Capote es un plagio de Sally Bowles de Christopher Isherwood. Es posible. Pero está tan bien hecho que a mí me da igual. (…) Hay quien dice que muchas de las canciones de Agustín Lara las escribía un negro a sueldo por cuatro duros. Pues si es verdad, Agustín Lara me parece un sinvergüenza y un tacaño, pero tuvo el buen gusto de elegir a un negro competente.</blockquote>

	<p>El profesor de Derecho de Stanford <strong>Lawrecen Lessig</strong> abunda en ello en su libro <em>Cultura libre</em> (libro que os recomiendo: tras su lectura, muchos obsesos del copyright acaban moderando su actitud):</p>

	<p><!--more--></p>

<blockquote>En lenguaje ordinario, el clasificar los derechos de autor entre los que atañen a la propiedad privada resulta un poco engañoso, toda vez que la propiedad de derechos de autor es de una índole extraña. (…) Entiendo lo que estoy robando si le quito la mesa de camping que tiene en el patio trasero. Tomo una cosa, la mesa de camping, y una vez se la he quitado, usted deja de tenerla. ¿Pero qué deja de tener cuando yo tomo prestada la buena idea de poner una mesa de camping en el patio trasero y decido imitarle haciendo lo propio en el mío? ¿Qué es lo que le he arrebatado entonces?</blockquote>

 

	<p>Si queréis profundizar sobre el tema latente que surge de esta clase de reflexiones (si alguien copia mi trabajo, que me ha llevado mucho tiempo, el plagiador se llevará mis mismos méritos con menos esfuerzo, lo cual es manifiestamente injusto, por ejemplo), os recomiendo la lectura de <em>Imagine… No Copyright</em>, de <strong>Joost Smiers</strong> y <strong>Marieke van Schijndel</strong>, donde incluso se propone la supresión total o casi total de la propiedad intelectual, y cómo, incluso así, los textos seguirían manteniendo el mérito de sus autores “originales”.</p>

	<p>Para profundizar en <strong>las raíces neurobiológicas de la creatividad</strong>, que ponen de manifiesto que el actual modelo de negocio de la propiedad intelectual y la obsesión por la pureza y virginidad de las creaciones es incompatible con el arte en todas sus manifestaciones, existe una lista enorme de libros. Sin embargo, si queréis un resumen superficial, os recomiendo mis artículos al respecto en <strong>Genciencia</strong>: <a href="http://www.genciencia.com/psicologia/una-vision-cientifica-de-los-derechos-de-autor-i">Una visión científica de los derechos de autor (I)</a>, <a href="http://www.genciencia.com/psicologia/una-vision-cientifica-de-los-derechos-de-autor-ii">(II)</a>, <a href="http://www.genciencia.com/psicologia/una-vision-cientifica-de-los-derechos-de-autor-iii">(<span class="caps">III</span>)</a>, <a href="http://www.genciencia.com/psicologia/una-vision-cientifica-de-los-derechos-de-autor-iv">(IV)</a> y <a href="http://www.genciencia.com/psicologia/una-vision-cientifica-de-los-derechos-de-autor-v">(y V)</a>.</p>

	<p>Vía | <em>Lo que vio el perro</em> de Malcolm Gladwell</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¡Cuidado! Que vienen los fundamentalistas del plagio (IV)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/legislacion/cuidado-que-vienen-los-fundamentalistas-del-plagio-iv</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/legislacion/cuidado-que-vienen-los-fundamentalistas-del-plagio-iv</guid>
      <pubDate>Tue, 07 Dec 2010 14:22:42 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2010/12/img_home_cc_blog.jpg" alt="" /><strong>El exceso de celo en la vigilancia de la expresión creativa ahoga la creatividad</strong>. El corazón mismo del proceso creativo se basa en pellizcos de cosas ya conocidas, de autores que admiramos, de ideas que escuchamos, de frases que nos calan… transformándolas con “nuestro estilo” (signifique lo que signifique eso, porque ¿acaso pueden existir millones de estilos diferentes o hay un reservorio limitado de estilos?)</p>

	<p>La verdadera creatividad no es copiar un libro entero ya publicado. Pero <strong>¿copiar doce palabras viola el proceso creativo?</strong> ¿Lo que hizo houellebecq desmerece todo su libro? Si la mítica banda Led Zeppelin no hubiera gozado de libertad para excavar en la mina del blues en busca de inspiración, no tendríamos el <em>Whola Lotta Love</em>. </p>

	<p>Cuando alguien copia un texto de otra persona, uno no suele preguntarse <em>por qué</em> lo ha copiado, ni <em>qué</em> ha copiado exactamente, ni tampoco si su copia sirve a algún objetivo más magnífico. Simplemente catalogamos la copia como algo negativo. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>La autora de la obra de teatro de Broadway de la que os hablé al principio copió determinadas cosas del artículo de Gladwell:</p>

<blockquote>Copió mi descripción del colaborador de Dorothy Lewis, Jonathan Pincus, realizando un examen neurológico. Copió la descripción de los terribles efectos neurológicos de pasar periodos prolongados bajo un alto estrés. Copió mi transcripción de la entrevista televisiva con Franklin. Reprodujo una cita que yo había hecho de un estudio de niños sometidos a abusos. Copió una cita de Lewis sobre la naturaleza del mal. No copió mis reflexiones o conclusiones ni la estructura. (…) Aceptamos el derecho de un escritor a embarcarse en una imitación a escala natural de otro; pensemos en cuántas novelas de asesinos en serie se han clonado de El silencio de los corderos. Sin embargo, cuando Kathy Acker incorporó a una novela satírica fragmentos textuales de una escena de sexo escrita por Harold Robbins, fue denunciada por plagio (y amenazada con un pleito). Cuando trabajé en un periódico nos enviaban rutinariamente a “refreír” un reportaje del <em>Times</em>: hacer una versión nueva de una idea ajena. Pero quien hubiera reproducido literalmente sin citarla cualquiera de las partes del reportaje del Times (aun la más banal de las frases) se habría puesto en situación de despido. La ética del plagio se ha convertido en un narcisismo de las pequeñas diferencias: puesto que el periodismo difícilmente puede arrogarse propiedad intelectual de la idea, dada su naturaleza eminentemente derivativa, sólo puede reclamar originalidad al nivel de la más ínfima literalidad.</blockquote>

 

	<p>Denunciar plagios incluso está de moda. Hay gente que dedica parte de su tiempo a bucear entre frases que les suenan de algo, como héroes solitarios, a fin de evidenciar determinada coincidencia. En algunos medios, incluso se publican reportajes sobre plagios. Encontrar plagios, pues, resulta casi tan honrado <strong>como encontrar carteras perdidas y devolverlas a su legítimo dueño</strong>.</p>

	<p>Por el contrario, en Japón existen los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/D%C5%8Djinshi">dōjinshi</a>, que son comics, pero <strong>una copia de un comic original en la que el artista debe contribuir de algún modo</strong>, transformándolo de manera sutil o significativa. Una trama diferente, por ejemplo. O un final diferente. O puede que el personaje principal posea un aspecto ligeramente distinto. ¿Parece que haya un vacío legal en Japón? Puede. Sin embargo, considero que el mercado del manga se muestra indulgente con estas supuestas violaciones del copyright porque provocan que el mercado del manga sea más rico y productivo en todos los sentidos.</p>

	<p>Plagiar no es exactamente robar, como nos refiere el profesor de Derecho de Stanford <strong>Lawrecen Lessig</strong> en la siguiente entrega de esta serie.</p>

	<p>Vía | <em>Lo que vio el perro</em> de Malcolm Gladwell</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¡Cuidado! Que vienen los fundamentalistas del plagio (III)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/legislacion/cuidado-que-vienen-los-fundamentalistas-del-plagio-iii</link>
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      <pubDate>Mon, 06 Dec 2010 15:22:25 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2010/12/1239134356_mickey-mouse.jpeg" alt="" />La <strong>copia que había perpetrado Beastie Boys</strong>, como os refería en la anterior entrega de este artículo, era tan mínima que no ascendió a la categoría de robo, según los tribunales.</p>

	<p>A pesar de que el compositor <strong>Andrew Lloyd Webber</strong> se copia a sí mismo en algún tema musical, como <em>La canción del fantasma</em>, no se considera robo porque el material en cuestión no pertenece a su acusador; de conformidad con la ley de propiedad intelectual, la cuestión no es si uno copió el trabajo de otro sino <em>qué</em> se copió y <em>cuánto</em>.</p>

	<p>Gladwell habla así de un experto en música, <strong>Lawrence Ferrara</strong>, catedrático de Música de la Universidad de Nueva York, cuando se refiere al caso de Lloyd Webber. En este caso, Ray Repp, un compositor de música folclórica católica, alegaba que los primeros compases de “La canción del fantasma” (1984) de Lloyd Webber, que forma parte de <em>El fantasma de la ópera</em>, tenían una semejanza aplastante con su composición “Till You”, escrita seis años antes, en 1978.</p>

<blockquote>Veamos todo lo que Andrew Lloyd Webber escribió antes de 1978: Jesucristo Superstar, Joseph, Evita (Ferrara repasó las partituras y en Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat encontró lo que buscaba). Ésta es la canción: “Benjamín Calypso” (Ferrara se puso a tocarla. La sensación de familiaridad era inmediata). Es la primera frase de “La canción del fantasma”. Incluso usa las mismas notas. Pero espero, falta lo mejor. Esto es “Close Every Door”, de una función de Joseph en 1969”. (…) Era la segunda frase de “La canción del fantasma”. “La primera mitad de “La canción del fantasma” está en “Benjamin Calypso”. La segunda mitad está en “Close Every Door”. Son idénticas. Sobre el papel. En el caso del primer tema, de hecho “Benjamin Calypso” está más cerca de la primera mitad del tema objeto de litigio que la canción del demandante. Lloyd Weber escribo algo en 1984 y se copia así mismo.</blockquote>

	<p><!--more--></p>

	<p>Cuando la propiedad intelectual atañe a la vida de los seres humanos, las leyes son más laxas. Por ejemplo, <strong>la cura para el cáncer de mama</strong>. Durante un tiempo será propiedad del laboratorio que haya invertido ingentes cantidades de dinero para hallarla. Pero transcurrido un tiempo, esta propiedad pasaría al dominio público, porque también va en el interés de la sociedad el permitir que el mayor número de personas posible copie esta invención; sólo entonces otros podrán aprender de ella, edificar sobre ella, ofrecer alternativas mejores y más baratas. </p>

	<p>Pero en el asunto del plagio literario es diferente. Cuando se trata de literatura, <strong>por alguna razón hemos decidido que copiar <span class="caps">NUNCA</span> es aceptable</strong>. Por ejemplo, no hace mucho el profesor de Derecho de Harvard <strong>Laurence Tribe</strong> fue acusado por plagio del material del historiador Henry Abraham. ¿Sabéis cuál fue el crimen? Copiar 18 palabras: “Taft declaró públicamente que Pitney era “un miembro débil” del Tribunal, por lo que no podía asignarle casos”.</p>

	<p>Esta hiperprotección de la literalidad de los textos empieza a parecerse peligrosamente a <strong>las argucias legales que emplean las grandes empresas para privatizar lo que en puridad es público</strong>: un grupo de música que quiso registrar el silencio, el azul usado en Pepsi a fin de que nadie más pudiera usarlo, la prohibición de usar un disfraz de dinosaurio de color púrpura en algunos estados de Norteamérica porque fue registrado por sus creadores, la prohibición de cualquier uso de Mickey Mouse <em>ad calendras graecas</em>, etc. </p>

	<p>Esta tendencia sólo sirve para enriquecer unos pocos. Y <strong>además ahoga el proceso creativo</strong>, como os explicaré en la siguiente entrega de este artículo.</p>

	<p>Vía | <em>Lo que vio el perro</em> de Malcolm Gladwell</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¡Cuidado! Que vienen los fundamentalistas del plagio (II)]]></title>
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      <guid>http://www.papelenblanco.com/legislacion/cuidado-que-vienen-los-fundamentalistas-del-plagio-ii</guid>
      <pubDate>Sun, 05 Dec 2010 19:30:21 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2010/12/copyright-fail.jpg" alt="" />Como os explicaba en la anterior entrega de este artículo, la propiedad intelectual ha empezado a adquirir la misma entidad que la propiedad privada o la propiedad física, a pesar de que tecnología está precisamente encaminada a lograr lo contrario: <strong>que la propiedad intelectual apenas tenga mérito o sentido</strong>.</p>

	<p>Hoy en día, plagiar un fragmento de un texto es tan escandaloso como robar una cartera, y a la mayoría de gente le parece algo natural porque desde instancias superiores se ha promovido que esa analogía es legítima. Por ejemplo, hace unos años, <strong>Doris Kearns Goodwin</strong> había fusilado pasajes de otros historiadores, ¿sabéis que le pasó? Le pidieron que dimitiera del comité del Premio Pulitzer. </p>

	<p>Cuando <strong>Malcolm Gladwell</strong> descubrió que algunos de los pasajes de su artículo formaban parte de una obra de teatro de Broadway, sólo sintió que estaba bien, que así se podrían oír ecos de su artículo en los escenarios de Broadway, algo que de otro modo nunca hubiese ocurrido.</p>

	<p><!--more--></p>

<blockquote>Las palabras pertenecen a quien las escribió. Pocos conceptos éticos más simples, particularmente ahora que la sociedad invierte cada vez más energías y recursos en la creación de propiedad intelectual. En los últimos treinta años, las leyes de propiedad intelectual se han visto reforzadas. Los tribunales se han vuelto más dispuestos a conceder protecciones a la propiedad intelectual. La lucha contra la piratería se ha convertido en una obsesión de Hollywood y la industria discográfica; y en mundos como el académico o el editorial, el plagio ha pasado de ser una demostración de malos modales literarios a algo mucho más cercano a un delito.</blockquote>

	<p>Enmascarar un plagio es una tarea poco complicada. Un escritor taimado puede lograrlo con soltura hasta el punto de que jamás lo descubriría nadie, y así llevarse el “beneficio” del autor “original”. Sin embargo, <strong>la justicia sólo actúa cuando hay literalidad</strong>. Dicho de otro modo, en la actualidad es como si castigáramos a quien roba en un banco si lo hace con violencia o lo hace sin violencia: si lo que se castiga es el robo en sí, el modo de hacerlo no debería eximir la culpa. </p>

	<p>Gladwell consideraba aquella obra de teatro una maravilla. Amplificaba su artículo, y también daba un nuevo enfoque a la obra de Lewis. Pero Lewis no podía evitar sentirse ultrajada por ello. La obra de teatro era un éxito, tenía buena crítica, hacía disfrutar al público… pero la demanda de Lewis hizo añicos, en un santiamén, toda la reputación de la dramaturga. </p>

	<p>Algo no funcionaba bien. </p>

	<p>En <strong>el mundo de la música</strong>, donde los préstamos musicales son más comunes y forman parte del andamiaje de muchas composiciones, la situación todavía resulta más grotesca (si nos limitamos a hablar de arte y creatividad, aunque no dudo que es muy rentable económicamente para los que comercian con la música).</p>

<blockquote>En 1992 los Beastie Boys sacaron una canción titulada “Pass the Mic”, que empieza con un simple de seis segundos tomado de la composición de 1976 “Choir”, del flautista de jazz James Newton. El simple era un ejercicio de lo que llaman multifonética elemental, donde el flautista “sobresopla” el instrumento a la vez que canta en falsetto. En el caso de “Choir”, Newton tocaba un do con la flauta y luego aullaba un do, un re bemol y otro do; y la distorsión del do sobresoplado combinada con su vocalización creaba un sonido sorprendentemente complejo y tormentoso. En “Pass the Mic”, los Beastie Boys repitieron el simple de Newton más de cuarenta veces. El efecto era fascinante. En el mundo de la música, la obra con derechos de autor entra en dos categorías: la ejecución de una música grabada y la composición base de dicha ejecución. Si usted escribe un rap y quiere samplear los coros de Billy Joel en “Piano Man”, primero necesita el permiso de la discográfica para usar la grabación de “Piano Man” y luego el de Billy Joel (o quien posea su música) para usar la composición subyacente. En el caso de “Pass the Mic”, los Beastie Boys obtuvieron el primer permiso (los derechos para usar la grabación de “Choir”) pero no el segundo. Newton presentó una demanda y perdió; y la razón por la cual perdió sirve como introducción útil a la hora de reflexionar sobre la propiedad intelectual.</blockquote>

	<p>Vía | <em>Lo que vio el perro</em> de Malcolm Gladwell</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¡Cuidado! Que vienen los fundamentalistas del plagio (I)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/legislacion/cuidado-que-vienen-los-fundamentalistas-del-plagio-i</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/legislacion/cuidado-que-vienen-los-fundamentalistas-del-plagio-i</guid>
      <pubDate>Sun, 05 Dec 2010 04:48:33 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2010/12/michel-houellebecq-acusado-de-plagio.jpg" alt="" />La idea para este artículo surgió de <a href="http://www.papelenblanco.com/escritores/michel-houellebecq-descubre-la-wikipedia">la noticia de que Michel Houellebecq fue pillado por cometer plagio</a>: había copiado literalmente fragmentos de entradas de la Wikipedia, lo cual originó un rechazo unánime, devaluando inmediatamente al Houellebecq como escritor. Bien. </p>

	<p>Voy a acometer otro de mis artículos un tanto polémicos, así que tened paciencia conmigo, leed con atención lo que pretendo exponer y, en la medida de lo posible, otorgad la interpretación más favorable de mis palabras (lo que pretendo exponer, además de complejo, es <strong>como el sonido de un silbato para perros</strong>: sólo resultará audible para los que alguna vez se hayan planteado lo que sigue hasta sus últimas consecuencias). </p>

	<p>Dicho lo cual, empezaré narrando una pequeña historia para abrir boca (ya se sabe, para vencer al enemigo, primero hay que rodearlo).</p>

	<p>Cuenta <strong>Malcolm Gladwell</strong> en su libro <em>Lo que vio el perro</em> la historia de una psiquiatra llamada <strong>Dorothy Lewis</strong>, que un día de la primavera de 2004, recibió la noticia de que, en una pieza teatral que se representaba en Broadway era sospechosamente parecida a un libro publicado por Lewis, unas memorias sobre su trabajo como investigadora de asesinos en serie. El libro se titula <em>Guilty by Reason of Insanity</em> (Culpable a causa de la locura). La obra de teatro, <em>Congelados</em>. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Lewis quiso comprobarlo por sí misma. Accedió al libreto de la obra, y se quedó helada. Empezó a subrayar frases, sin dar crédito. Frases que coincidían con su vida, con sus pacientes, incluso con frases que ella misma había pronunciado en su libro. Lewis se sintió robada, violada. No sólo le habían cogido prestadas ideas y expresiones de su libro, sino <strong>parte de su propia vida</strong>. </p>

	<p>La sensación de Lewis, innegablemente, fue dolorosa. Pero que algo nos suscite una emoción negativa no significa necesariamente que ese algo sea negativo <em>per se</em>. Con todo, Lewis creía con sinceridad que la autora de la pieza teatral se había excedido, así que la llevó a los tribunales. </p>

<blockquote>A petición de su abogado, Lewis elaboró dos cuadros detallados en los que se exponía las que consideraba partes cuestionables de la obra de Lavery. Entre los dos ocupaban quince páginas. El primero exponía las semejanzas temáticas entre Congelados y el libro de Lewis Guilty by Reason of Insanity. El otro, la sección más indiscutible, copiaba doce casos de coincidencias casi textuales (un total de 675 palabras) entre unos pasajes de Congelados y los mismos pasajes de un perfil de Lewis publicado en 1997. El perfil se titulaba “Dañado”. Salió el 24 de febrero de 1997 en The New Yorker. Lo escribí yo.</blockquote>

	<p>Gladwell se entrevistó con la presunta plagiadora de la obra de Lewis (y de su propio artículo) y lo que descubrió le dejó desarmado: aquella dramaturga no consideraba que hubiese hecho nada malo, y aquel escándalo había sido una pesadilla para ella. Después de todo, creía que tomar prestadas algunas frases o situaciones era lícito, porque así es como funcionaba su mente a la hora de escribir historias: <strong>tomaba prestada cosas de su alrededor</strong>.</p>

	<p>Lo que parece que desafía nuestro sentido moral, pues, no es tanto la inspiración como <strong>la copia literal</strong>. Es decir, que uno puede basarse en la obra de otro, pero tiene que cambiar algunos aspectos para poder hacerlo. Debe, de algún modo, “maquillar” la inspiración. Esto sucede porque solemos considerar igual la propiedad intelectual y la propiedad privada. </p>

	<p>¿Hasta qué punto esto es positivo para la literatura? Lo veremos en la próxima entrega de este artículo.</p>

	<p>Vía | <em>Lo que vio el perro</em> de Malcolm Gladwell</p>      ]]></description>
      </item>
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