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Metacrítica

¿Un clásico de la literatura es bueno por el hecho de ser un clásico? ¿Y un libro que gusta a la mayoría de la gente? (y III)

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El experimento que os referí en la anterior entrega de este artículo consistía en sentar a varias personas en una mesa para mostrarles un par de tarjetas, una con una línea y la otra con tres líneas de diferentes longitudes, llamadas A, B y C. El experimentador les solicitaba entonces que dijeran cuál de las tres líneas tenía la misma longitud que la línea de la primera carta. Era una tarea sencilla, pero tenía truco: todas las personas sentadas a la mesa, menos una, eran actores contratados por Asch.

Cada uno de estos actores fue dando la misma respuesta equivocada. Cuando Asch llegó al verdadero sujeto del experimento, el pobre hombre se sentía inseguro porque él no creía que dichas respuestas fueran verdaderas. Pero tenían que serlo si todos ellos habían afirmado tal cosa. Así que el voluntario simplemente creyó que sus ojos le engañaban, que estaba equivocado.

Y bastaron simplemente tres actores para producir este efecto. Imaginaos lo que ocurriría si el efecto estuviera producido por miles de personas, por personas incluso que ostentan posiciones académicas respetables. Imaginaos lo que ocurriría si, al afirmar que determinada obra clásica es insufrible y no tiene ningún valor intrínseco salvo los años que acumula, una pléyade de personas te calificaran de inculto.

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10 escritores que merecían el Premio Nobel de Literatura y nunca lo recibieron

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Los premios literarios casi nunca nos indican nada sobre la excelencia de un libro o las destrezas técnicas de su autor. No importa cuál sea la catadura del premio, ni siquiera es relevante que el jurado sea honesto o que el proceso de selección sea justo. No importa que sea el premio Booker, el Pulitzer, el Goncourt, el premio de algún ayuntamiento perdido o el Nobel (aunque esté dirigido más bien a la trayectoria del autor y no tanto a un libro concreto).

Por ejemplo, en diciembre de 2009, el periódico The Guardian publicó una encuesta realizada a 892 blogueros acerca del que creían que era el peor libro publicado en los últimos diez años. El resultado fue muy significativo: los encuestados escogieron como peores libros a los ganadores más valorados de los premios Booker. (Recordaros que el premio Booker se estableció para identificar y premiar a la “mejor novela del año”, y en la actualidad está considerado como el premio literario más importante de este tipo en Inglaterra).

Así que los premios casi nunca significan algo, aunque constituyen una excelente sistema de promoción: la gente sigue comprando libros galardonados con un premio literario, a pesar de todo. Con todo, vamos a jugar a que nos creemos los premios. A que los premios realmente puntúan objetivamente la trayectoria de un autor. Y echemos un vistazo a los 10 escritores que merecerían el Premio Nobel de Literatura pero nunca lo han recibido:

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¿Un clásico de la literatura es bueno por el hecho de ser un clásico? ¿Y un libro que gusta a la mayoría de la gente? (II)

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Todo lo que ya expuse en la primera entrega de esta serie de artículos me sirve para aclarar algunos puntos antes de arremeter con lo siguiente: dada la complejidad arenosa de asuntos como la literatura, el arte y lo que es calificado de bueno y malo, todo el mundo puede, más o menos, posicionarse si dispone de los argumentos suficientes. Son frecuentes las discusiones sobre si Harry Potter o Los juegos del hambre son verdadera literatura o no, sin embargo casi nadie discute si la segunda ley de la termodinámica se cumple en todas las partes del universo o solo en algunas.

(Sí, me diréis: pero la literatura tiene reglas fijas para determinar las bondades de un texto. Cierto. Pero sin reglas que solo existen bajo un consenso, no se desprenden de una realidad objetiva).

Pero lo más llamativo es que esa discusión también existe entre los expertos en literatura. Y si no se produce, debería producirse. Si se produce es porque, como he apuntado anteriormente, todo parece discutible si se dispone de los argumentos suficientes. Pero si no se produce es porque en el ámbito de la literatura, así como en las ciencias sociales, florece con más facilidad el argumento de autoridad.

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¿Un clásico de la literatura es bueno por el hecho de ser un clásico? ¿Y un libro que gusta a la mayoría de la gente? (I)

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El tema es proceloso, lo sé: nada menos que acordar qué significa “bueno”, “malo”, “interesante”, “enriquecedor”, “aburrido” y demás adjetivos calificativos en el ámbito de la literatura. Como no me veo capaz de definir tales términos de una forma omnicomprensiva o, al menos, sin caer en la simplificación, sencillamente voy a saltármelo.

Pongamos por caso que todos estamos de acuerdo en que hay una serie de condiciones objetivamente medibles que hacen de una obra mejor que otra. Bien. Ahora viene la pregunta peliaguda: ¿un clásico es un clásico simplemente porque acumula polvo valetudinario o porque posee esas condiciones objetivas? ¿Un clásico es bueno per se? Y si un libro gusta a una gran mayoría de gente, incluyendo a los expertos, ¿es libro deberá ser aceptado como bueno?

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No uses las palabras "Crimen", "Muerte" o... "Dinosaurio" para no herir sensibilidades

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Está prohibido usar las palabras que aparecen en esta lista. En esta relación de palabras podemos encontrar términos como “crimen” o “muerte”, por sus connotaciones funestas. Tampoco podemos emplear la palabra “dinosaurio”, porque podría herir la sensibilidad de los creyentes en el creacionismo. No, no estamos ironizando ni esto es el principio de una novela distópica de George Orwell.

Son las palabras, conceptos o frases ofensivas que el Departamento de Educación de la Ciudad de Nueva York ha dado a conocer a fin de que sean erradicados de los exámenes escolares estandarizados que se lleven a cabo en los colegios de la ciudad.

Halloween es una fiesta pagana; cumpleaños no sugiere un día feliz para los testigos de Jehová; los términos relacionados con riqueza pueden originar celos…. es decir, de nuevo, con el lenguaje, nos la debemos coger con papel de fumar.

Porque seguimos creyendo que el lenguaje modela mentes, empozoña almas, discrimina a colectivos, empuja a actos deleznables. Como si el lenguaje fuera algo así como un conjuro de Harry Potter. La idea que subyace a esta estrategia es que las palabras y las actitudes son tan inseparables que podrían predisponer las actitudes de las personas.

Y sí, un discurso persuasivo puede ser hechizante. Pero las palabras, por sí mismas, apenas tienen poder persuasor. Las palabras no modela una mente, es la mente la que modela palabras. Nuestro vocabulario es un reflejo de nuestra idiosincrasia: censurarlo no censurará ni un ápice de nuestra idiosincrasia.

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Escritores muertos que dictan novelas desde el Más Allá

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2jjjjjj26.jpgPearl Curran nació en 1883 en San Luis (Missouri). Abandonó sus estudios secundarios, probó diversos empleos, se casó y dio clases de música. Hasta que el 8 de julio de 1913, experimentó con una tabla Ouija para hablar con los muertos.

Entonces apareció un espíritu que se llamaba Patience Worth, nacido en el siglo XVII en Dorset, Inglaterra, que había viajado en barco a América y había sido asesinado por los indios. El espíritu se metió dentro de Curran y le obligó a escribir, en lo que en el mundo parapsicológico se llama “escritura automática”.

De hecho, Curran llegó a transcribir los dictados de Worth durante los siguientes 25 años. Y entre los textos se encontraban más de 5.000 poemas, una obra de teatro y varias novelas. Lo más fabuloso, sin embargo, no era la producción de Curran sino la calidad de lo que producía. Por ejemplo, al reseñar la obra de Worth sobre los últimos días de la vida de Jesús, un crítico del New York Globe la comparó con la obra de Ben Hur, mientras que otro crítico la consideró “el mejor relato sobre Jesucristo escrito desde los Evangelios”.

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Las peores erratas de la historie

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ilustracion_1_1_2.jpgCuando escribimos, todos podemos tropezar en la errata. Incluso si somos extremadamente pulcros, incluso si revisamos nuestro texto una y otra vez, incluso si pasamos el corrector del Word, hay erratas que permanecen, recalcitrantes, inasequibles al desaliento, impermeables al escrutinio. Incluso el título de este artículo contiene una errata (deliberada, bueno) que puede haber pasado desapercibida para muchos.

Pero las erratas, sobre todo, pasan desapercibidas para uno mismo. Nuestra mente, habituada a leer lo que ya hemos escrito, desarrolla una suerte de ceguera selectiva al error. Como el que, por rutina, se acaba acostumbrando a la nariz aguileña o la mancha de nacimiento del amante. Como el que deja de ser consciente de lo charlatán que es.

Con todo, hay erratas y erratas. E incluso, en ocasiones, se concentran tal cantidad de erratas que uno se pregunta entonces si el escritor y el editor son algo así como amantes de lo feo y lo incorrecto. Es el caso de la edición del 15 de marzo de 1978 del periódico de The Times, que ostenta el récord de mayor cantidad de erratas. Nada menos que 78. El artículo empezaba así (permitiéndonos cierta licencia al traducir):

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Los 10 libros que han sido (sorprendentemente) prohibidos o censurados

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censura.jpgYa sea por miedo, como método de control social o por simple rechazo visceral, a lo largo de la historia hemos censurado o prohibido toda clase de libros. También ha habido mucha censura porque todos tenemos la piel muy fina, o porque muchos se la cogen con papel de fumar.

Por ejemplo, Huckleberry Finn fue y ha sido objeto de repetidas prohibiciones en las escuelas debido al uso de la palabra nigger (negrata), vocablo que en Estados Unidos ha adquirido un peso específico tan alto que incluso en los medios de comunicación se refieren a él como la palabra-n. En 1921, un tribunal estadounidense también declaró obsceno un pasaje del Ulises, de Joyce, y el libro estuvo prohibido hasta 1933. También sufrieron cortes y recortes Trópico de Cáncer, de Henry Miller, o Fanny Hill, de John Cleland.

En Australia se ha prohibido la pornografía donde aparezcan pechos pequeños. La autoridad que clasifica el material audiovisual en el país ha dictado esta norma porque considera que esta característica “fomenta la pedofilia en los consumidores de sus películas”. Por causas parecidas fue censurada Lolita, de Nabokov.

En China se prohiben los viajes en el tiempo. Los gobernantes de este país decidieron vetar el uso de este tema en televisión por ser “irrespetuosos con la historia” y “carecer de pensamientos positivos”.

Bajo esa premisa, uno se pregunta, también, ¿la FICCIÓN recrea alguna faceta de la REALIDAD o debe obligatoriamente, so pena de excomunión o denuncia, deformar la FICCIÓN para que influya en la REALIDAD para que ésta última se acabe pareciendo a la FICCIÓN? Si así fuera, ¿no deberíamos denunciar a los creadores de contenidos de FICCIÓN por tratar de cambiar la REALIDAD a su antojo bajo los parámetros ideológicos de la mayoría? ¿La FICCIÓN debe evangelizar?

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El manuscrito más rechazado de la historia. El autor de menos éxito. Y el crítico menos perspicaz.

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250px-manuscrito_512_01.jpgNo hay nada más desazonador para un autor que el rechazo de su manuscrito por parte de una editorial. Muchos escritores, tras la carta de rechazo, se replantean volver a escribir. Otros hacen añicos la obra. Los más cínicos, coleccionan las cartas de rechazo, que cualquier por doquier para acordarse de lo mediocres que son (o de lo mediocres que resultan los expertos que trabajan en una editorial).

Hay manuscritos que, en su día, fueron rechazados por muchas editoriales y que, finalmente, al ser editados, obtuvieron un éxito rutilante. La razón de ello es que muchos editores persiguen, sobre todo, que la obra que tienen entre manos resulte comercialmente rentable. Pero las cábalas que podemos hacer al respecto no son mucho más fiables que consultar la bola de cristal: si no fuera así, montar una editorial sería un negocio tan seguro que hasta los bancos invertirían en ello.

Sin embargo, hay manuscritos que parecen tener la negra. Es el caso del libro World Government Crusade (Cruzada del gobierno mundial), escrito por Gilbert Young. Posiblemente el manuscrito más rechazado de la historia. Literalmente ha sido rechazado cientos de veces.

El libro es un compendio de los punto de vista políticos del autor. Su principal tesis es la institución de un gobierno para el mundo entero y un solo idioma obligatorio. Según cuenta Stephen Pile en El libro de los fracasos heroicos a propósito de este manuscrito:

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Los 10 libros más vendidos de la historia

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9671176.jpgSi bien el hecho de que un libro se venda más que el otro no aporta ninguna información objetiva sobre la calidad de uno u otro libro, el ser humano no puede evitar sentirse atraído por las listas de los más vendidos, ya sean libros, discos, películas o lo que sea.

Para satisfacer esa atracción, a continuación os presentamos las obras más vendidas a lo largo de la historia (sin contar las sagas). No son las mejores, ni siquiera os recomiendo que las les echéis un ojo. Pero si las leéis, al menos podréis compartir conversación con muchas personas que viven en el planeta.

1. La Biblia (Entre 2.500 y 6.000 millones de copias vendidas)
Publicada por primera vez en algún momento entre los años 70 y 105 después de Cristo, es la publicación más vendida y traducida del planeta. Se estima que se han vendido entre 2.500.000.000 y 6.000.000.000 de ejemplares en 438 idiomas diferentes.

Es el conjunto de libros canónicos del judaísmo y el cristianismo. La canonicidad de cada libro varía dependiendo de la tradición adoptada. Según las religiones judía y cristiana, “transmite la palabra de Dios”.

2. El libro rojo: Citas del presidente Mao Zedong (Entre 800 y 6.500 millones de copias vendidas)

El único libro capaz de rivalizar con la Biblia en cuanto a ventas es el libro de Citas del Presidente Mao Zedong, más conocido en occidente como el “libro Rojo”. Publicado por primera vez en 1966, se ha traducido a 50 idiomas además del chino original.

El nombre de Pequeño Libro Rojo le fue dado en Occidente por su edición de bolsillo, especialmente hecha para un más fácil manejo y transporte, ya que los miembros del Partido Comunista debían llevarlo siempre consigo y su lectura era obligatoria en los colegios. Actualmente, aunque el lenguaje revolucionario de las citas de Mao ha caído en desuso en la China moderna, el libro se sigue imprimiendo para ser vendido principalmente como recuerdo turístico.

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