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Las Pequeñas Memorias + Memorial de Convento

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Pequeñas memorias

En 2006, cuando José Saramago contaba con ochenta y cuatro años presentaba el que sería su último libro autobiográfico, Las pequeñas memorias. Curiosamente, el libro estaría dedicado a sus primeros quince años de vida. Conoceríamos así su infancia dura, acosado por las penurias, y las vicisitudes que correría en esos años, acaso los más importantes para la formación de una persona.

Nacido en Azinhaga, no contará el autor ni con dos años cuando sus padres se trasladen a Lisboa buscando un porvenir mejor. Sin embargo, tal y como el autor nos cuenta, Azinhaga ya ha dejado en él una vívida impronta a pesar de corta edad, y volverá una y otra vez a lo largo de su vida.

En estos lugares vine al mundo, de aquí, cuando todavía no había cumplido dos años, mis padres, emigrantes empujados por la necesidad, me llevaron a Lisboa, a otros modos de sentir, pensar y vivir, como si nacer donde nací hubiera sido consecuencia de una equivocación del azar, de una casual distracción del destino, que todavía estuviera en sus manos enmendar. No fue así.

Lo que nos puede parecer un dato sn importancia se configura como una muestra más de la extraordinaria fuerza del carácter del autor. Saramago lucha contra su propio olvido y con su particular lenguaje nos lleva de vuelta a su infancia, a su peregrinaje por las casa humildes de la ciudad, sus primeros pasos en la escuela, su brillante expediente académico como cerrajero. Los compañeros de correrías infantiles, la dureza de los adultos, las burlas de los niños, Saramago se hace eco de todo, de lo bueno y de lo malo, sin que la pátina del pasado empañe su vista.

Un libro maravilloso en el que ahondar en la infancia y juventud de un hombre desde su punto de vista cuando ya es anciano. Con crudeza y cariño, Saramago nos hace viajar en el tiempo para encontrarnos con él mismo, para enfrentarnos a los hechos que marcaron su carácter y que hicieron de él quien fue. Un acto valiente, enfrentarse así al pasado, rememorar una época convulsa y una edad de la que no pocos quieren huir.

El niño que fui no vio el paisaje tal como el adulto en que se convirtió estaría tentado de imaginarlo desde su altura de hombre.

Puedes leer una nota bibliográfica sobre Las pequeñas memorias en Papel en Blanco.

Memorial del convento

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Don Juan, quinto de este nombre en el orden real, irá esta noche al dormitorio de su mujer, Doña María Ana Josefa, llegada hace más de dos años desde Austria para dar infantes a la corona portuguesa y que aún hoy no ha quedado preñada.

De esta manera tan singular comienza José Saramago su Memorial del convento. Nos trasladamos así al Portugal del siglo XVIII donde el rey D. Joâo V espera con avidez un heredero de su esposa Doña María Ana. Es tanto su interés que promete construir un convento en la villa de Mafra si en el plazo de un año la reina le da un heredero. Nos zambullimos de lleno en un siglo convulso y misterioso, mientras la Santa Inquisición campa a sus anchas.

Y a la vez que se suceden estas problemáticas reales, asistimos a la vida cotidiana del pueblo, encarnada aquí por dos personajes excepcionales. Baltasar, un soldado manco que perdió la mano izquierda en la guerra con los españoles y desde entonces lleva en su lugar un gancho, conocerá a Blimunda en un auto de fe, una mujer dotada con el extraño poder de poder ver en el interior de las personas, y que le ha acarreado más problemas que beneficios.

No menos extraordinario es el personaje del Padre Bartolomeu, obsesionado por la idea de volar y que se entregará en cuerpo y alma a la tarea de construir una passarola, un extraño objeto de su invención con el que poder alzar el vuelo, todo ello con la bendición expresa del rey. Baltasar se convertirá en su ayudante, quedando así entrelazados los destinos de estos personajes mientras el convento de Mafra va alzándose majestuoso.

Publicada por primera vez en 1982, 'Memorial del convento' supone la inmersión de José Saramago en una novela histórica propiamente dicha. Su estilo se amolda perfectamente a la época que describe, regalándonos una auténtica joya del virtuosismo literario. Sus personajes cincelados, su descripción de una época oscura y complicada, su mezcla de realidad mundana con el más poderoso de los sueños, convierten 'Memorial del convento' en una obra maestra no sólo de su autor, sino de la literatura.

En el momento de su publicación, el New York Times se haría eco de la fuerza narrativa de esta novela:

Son muchos los ecos que esta novela fascinante deja en la memoria, pero, sobre todo, el de su historia de amor resuena sobre el resto de la acción como una flauta en medio de una gran orquesta.

El amor, la lucha de poderes, los anhelos y las realidades, todo ello reflejado en la construcción del convento de Mafra, obra paradigmática de la arquitectura portuguesa, nos revela al mejor Saramago de todos los tiempos. Una dosis de la mejor literatura posible para paladares exigentes.

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