Baudelaire y la obsesión por publicar

8 comentarios

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La modernidad es lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable.

No suelo responder por alusiones. Me parece entrar en un círculo vicioso en donde digo de lo que han dicho sobre lo que yo he dicho que no lleva a ninguna parte. Pero el post anterior sobre Flaubert ha suscitado reacciones tan extrañas que me incitan a retomar el tema. Me dicen que estoy en contra de la publicación en papel, cuando en realidad doy consejos para publicar; que pido humildad al escritor, cuando eso sería cortarle las alas (aunque evitar ser un ególatra pomposo no le viene mal a nadie, y menos a la propia obra); incluso que voy pidiendo que la gente escriba gratis, como si fuera un capataz de hacienda con la fusta al cinto. Grotesco.

Mi tesis es una sola: la escritura en internet no es inferior ni menos digna que la publicada. Por supuesto, no queda igual en el currículum. Publicar una novela o un poema te hace novelista o poeta, escribir en un blog te hace… uno más. Entre millones. Una vocecita en el estruendo digital. Pero piensa esto. Un escritor novel tiene con suerte una tirada de 10.000 ejemplares, de los que puede vender un 10%. Ahora piensa en el post de un blog posicionándose poco a poco en Google, consiguiendo una humilde visita a la semana, luego cada tres días, luego cada dos. En diez años ¿qué estará más presente? ¿Y en veinte?

Es lo paradójico de los bloggers literarios autónomos, que se quejan de ser invisibles cuando están a la vista de todos. Y más aún de los que rechazan una publicación minoritaria o incluso autofinanciada porque les parece humillante. Quiero hablaros de Charles Baudelaire, el coloso poético de la modernidad, y de Las flores del mal, el poemario que todos deberíamos leer una vez en la vida. Baudelaire ya era famoso cuando quiso publicarlo, pero más por sus escándalos sociales que por su obra. La fama de maldito era un truco publicitario tan bueno entonces como ahora, y el poderoso editor Michel Lévy le ofreció comprarle el manuscrito.

La oferta era jugosa, más aún para alguien con los crónicos problemas de endeudamiento de Baudelaire. Pero él sabía que si entregaba su obra a Lévy esta sería mutilada y censurada. Escogió por lo tanto a un excéntrico, un personaje llamado Poulet-Malassis (cuya traducción fonética sería ‘Pollo Malsentao’) que sin embargo estaba comprometido con la poesía de vanguardia y aceptó la la publicación íntegra. Baudelaire ganó una suma ínfima; la perdió enseguida, en la multa a la que le condenaron en un juicio por obscenidad. Poulet-Malassis también fue condenado. Quebró y tuvo que exiliarse. La edición de Las flores del mal desapareció rápidamente de circulación. Sobrevivió.

Baudelaire necesiataba un soporte para comunicar su obra, como cualquiera que escribe. Y escogió para ello el medio más improbable, aquél condenado inmediatamente al fracaso. En la era de internet no hubiera tenido ese problema, hubiera contado con un atril instantáneo desde el que hacer llegar su obra, tal y cómo él la había concebido, a todo aquél que quisiera. Le hubiera sido más difícil cultivar el romántico malditismo con este sistema aséptico, pero hay que saber perder atributos en favor de la independencia.

Me hastían los escritores que no dejan de protestar porque las editoriales rechazan sus manuscritos, o se los quieren cambiar, o gente peor que ellos gana premios literarios. Presentar una obra es el equivalente a una entrevista de trabajo. Puedes aparecer con una chupa de cuero y piercings para un puesto de administrativo y soltar un Tío, es mi forma de expresarme que no les convencerá cuando te comenten que el traje es obligatorio. E incluso puedes ir perfectamente ajustado a la demanda y recibir un lo siento, hemos encontrado alguien con un perfil más apropiado como única y lapidaria respuesta.

Es injusto. Es un asco. Pero son las leyes del mercado, y las editoriales y la mayoría los premios son cosas que están para hacer dinero. No conviene olvidarlo: cuando te veas tentado a decir que publicación equivale a reconocimiento literario, recuerda esto. Si no consigues abrirte hueco es que probablemente estás llamando a las puertas equivocadas. Si tu plan es entrar en Alfaguara, Santillana o Planeta de una patada, plantar el manuscrito sobre la mesa y espetar ¡Publíquenme o se arrepentirán!, tienes un 99% de posibilidades de llevarte un chasco. El númerito sólo le salió bien a Camilo José Cela, y eso según él mismo, que mentía más que hablaba.

No entiendo ese desprecio a internet, el único lugar en dónde la obra puede ser libre y para todos, sin límites ni condiciones. Para muchos seguirá siendo el patio trasero de la publicación escrita pero, ¿por cuánto tiempo? Las formas de comunicación cambian. Las editoriales no han tenido que preocuparse tan pronto de internet como las discográficas o las productoras, pero en algún momento cambiará el modelo. Nadie en su sano juicio lee aún en un ordenador. Nos encantan los libros, pero tenemos que darnos cuenta de que son (y siempre han sido) un lujo, basado en una producción insostenible. Con una población cada vez más alfabetizada habrá menos para todos, mientras que las tecnologías de la información se vuelven más accesibles y baratas.

El día que te rechacen tu obra o pierdas un concurso ante alguien peor, cabréate. Tienes – probablemente – toda la razón del mundo. Clama contra la mierda de modelo cultural que tenemos, y promete – si te apetece – que no volverás a escribir nunca. Que el enfado te dure una tarde, un día o una semana entera en función de tu temperamento. Y luego, en cuanto te pique el gusanillo, tengas una nueva idea o quieras experimentar, empieza de nuevo. Infórmate sobre editoriales y premios que se ajustan a lo que buscas. Esa es la única manera. Pero ante todo no te conviertas en ese espécimen que vocifera a quien le escucha que una conspiración de editores, jurados y rivales truncó su carrera literaria y arruinó su vida. Si tienes algo que contar este medio es tan bueno como cualquier otro.

Llegamos al final, y sé que me va a tocar hacer frente al argumento ad hominem: dices todo esto porque trabajas en internet y no has publicado nunca. Bueno, lo cierto es que tengo un volumen de mis Obras Completas ahora mismo en el estante frente a mí. Es un libro que me gusta mucho: lo maquetó mi chica ella misma, lo llevó a encuadernar a una copistería y me lo regaló por mi cumpleaños. Un solo ejemplar, para los dos. Podrás reirte todo lo que quieras, futuro Príncipe o Princesa de las Letras hispanas. Pero yo ya he ganado el planeta.

En Papel en Blanco | Flaubert y la obsesión por publicar

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Comentarios

  • 1

    Avatar de KesheR !
    KesheR | 1 estrellas

    La filosofía del capitalismo llevada a sus últimas consecuencias. Quiero disfrutar plasmando mis ideas por escrito y quiero… no, espera… necesito que me paguen. Si no hay dinero de por medio, no hay reconocimiento, no hay realización personal y ni siquiera hay diversión.

    Además quiero… no, espera… necesito que mi obra sea públicamente reconocida. Que un editor que no se habrá leído ni diez líneas de tu texto te llame "promesa editorial", o que un jurado compuesto de completos desconocidos que, por lo que sabes, podrían ser psicópatas o borrachos o cocainómanos, te aplauda y te dé un diplomita.

    ¿Acaso buscaba dinero o reconocimiento el que dibujó un bisonte en Altamira? ¿Acaso buscaba dinero o reconocimiento Ana Frank? ¿Acaso buscaba dinero o reconocimiento Kafka? ¿Acaso busca dinero o reconocimiento el pájaro en la rama o el cantante en la ducha?

    La actividad artística tiene sentido por y para sí misma. Todo lo demás son inseguridades provocadas por el sistema opresivo en el que vivimos.

  • 2

    Avatar de bodegaderecuerdos.com !

    Pero vamos a ver KesheR que capitalismo ni que niño muerto. Mezclas cosas sin ningún sentido, que tendrá que ver el reconocimiento con el dinero. Uno puede escribir para ser publicado porque crea que en eso está el reconocimiento y ya está. Que un escritor quiera publicar en una editorial no significa que sea un mercenario, o un capitalista sin principios.

    "…La actividad artística tiene sentido por y para sí misma…" Estoy de acuerdo contigo, pero si tu obra es llevada al papel (aunque te paguen medio céntimo por cada venta) es un reconocimiento a la misma, y también un canal para que el resto del mundo (que es para el que escribimos) sepa que existes.

    Respecto a la comparación de un escritor que publica en un Blog y otro que publica asiduamente sus novelas en cualquier editorial, ya sea grande o pequeña, la comparación es simplemente absurda.

    Atentamente,

    Sergio Becerril

  • 3

    Avatar de KesheR !
    KesheR | 1 estrellas

    Por supuesto, mezclo cosas sin sentido. Que tenga un buen año nuevo, Sergio Becerril.

  • 4

    Avatar de lobosluna !

    Bueno, para no querer contestar nada, contestaste bastante. Y para acusar a otros de "ególatras pomposos", hay que ser un ególatra pomposo, sobre todo si se va a proponer, acto seguido, una tesis y todo eso, suponiendo que le interese a alguien. Pero el TEMA es interesante y veo que todavía hay una mezcla de cosas insufribles… Una confusión entre escribir y escribir literariamente, entre escribir literariamente y editar, entre editar y vender, entre literatura y reconocimiento, entre reconocimiento y editar… Un mar de confusiones. Y ni hablar de la "creación literaria", que es un acto aparte de publicar o editar o ser reconocido o como se quiera llamarle, por lo menos yo hago la salvedad. Tres procesos, para mí, esencialmente distintos uno de otro, LA CREACIÓN, EL PRODUCTO CREATIVO, Y LA COMERCIALIZACIÓN DEL PRODUCTO. Para mí el escritor, el de verdad, está en la primera fase, y no pasa más allá. En la segunda está el lector, incluso él mismo ya está como lector y corrector de su propia obra, en la tercera está el mercenario. ¿Puede ser una misma persona escritor, lector y mercenario de su propia obra? Las dos primeras sí, son casi recíprocas, pero ¿la tercera? Y esa es la que produce el pataleo de muchos. Mi tesis de ególatra pomposo: el escritor se termina cuando termina de crear, en la primera fase, y vuelve a empezar cuando recomienza otra creación. Eso es todo. Lo que haga el "civil" que queda, como lector o mercenario, con el "producto", es cosa del civil o mercenario; ¿toca eso a la creación literaria, al creador? Depende, si el que escribe es una porquería de mercenario aún cuando escribe, y jamás se sumergue en la creación literaria, sí, la toca, la desvirtúa y la saca de todo contexto de creación literaria. En caso contrario, lo que haga el AUTOR, que ya se ha distinguido del escritor (que es el que se sumerge en el proceso creativo), con su obra o producto, es cosa del mercernario que lleve dentro, per

  • 5

    Avatar de Paolo Fava !

    @ lobosluna: 'para acusar a otros de "ególatras pomposos", hay que ser un ególatra pomposo, sobre todo si se va a proponer, acto seguido, una tesis y todo eso, suponiendo que le interese a alguien.'

    Efectivamente, aquí suponemos que si alguien entra en un blog de libros y escritura le va a interesar leer posts sobre libros y escritura.

    Lo de los "ególatras pomposos" te lo has tomado a la tremenda. Estoy seguro de que tú también conoces a personajes que se lo creen todo permitido por el hecho de ser escritores.

    Gracias por tu interesante reflexión. Personalmente no percibo las diferencias que dices que confundo, el autor nunca está escindido de su obra aunque la deje en manos de una editorial. Y el proceso es exactamente el mismo para un autor literario y uno utilitario.

  • 6

    Avatar de lobosluna !

    Eso les gusta creer a los escritores utilitarios, que el proceso es el mismo, así justifican su utilitarismo y lo hacen pasar por "literatura", y se creen "escritores". La literatura, por muy subjetiva que sea en muchos sentidos, tiene un margen de precisión donde entra algo que se llama calidad literaria. Difícil de definir, pero no imposible. A todos les gustaría creer que escriben (de hecho lo hacen, si por escribir entienden tirar unas cuantas ideas al papel con mucho sentimiento), pero a algunos no les preocupa la calidad de lo que escriben, por eso prefieren confundir la escritura con la publicación, el escribir con publicar, y ligar ambas cosas, así no tienen que hacerse cargo de su propia falta de calidad literaria, les basta con escribir, en el sentido más lato de la palabra, o publicar, para suponer que "escriben" y que son "escritores". Escribir es un trabajo muy arduo, de escritura y lectura, y de amor a la literatura como creación, no a lo que uno "escribe". Pero es difícil de digerir la diferencia y la confusión en la que caen, porque obviamente es más cómodo seguir pensando así, y entrar fácilmente en el "círculo literario" correspondiente, sin demasiado esfuerzo. La orgía literaria. Y sobre lo de "ególatras pomposos", bueno, te recuerdo que el término es tuyo, así que difiero en que yo sea el que me lo haya tomado a la tremenda. Las respuestas en este ámbito tienen que darse más reflexivamente, y con argumentos literarios, no despotricar así, eso no le hace bien a la literatura, ni a la "crítica literaria", si todavía queda algo de esto último en internet.

  • 7

    Avatar de Paolo Fava !

    @ lobosluna: Un ensayo filósofico, un libro de economía o incluso uno de recetas pueden no tener ninguna calidad literaria y ser perfectamente válidos. Una novela negra o de aventuras puede no tener estilo y aún así funcionar. Esos son los libros utilitarios.

    Obviamente, como tú bien dices, la creación literaria difiere de esto. Pero el proceso puramente laboral que lleva desde la escritura hasta la transformación en producto de lectura es esencialmente el mismo. Que es de lo que trata este post.

    Te recuerdo, no vayamos a sufrir los dos un síndrome repentino de amnesia, que eres tú quien se ha identificado y reivindicado el término 'ególatra pomposo' en tu primer comentario, como si fuera un insulto dirigido personal e intransferiblemente de mí hacia tí. Visto que tú también te despachas a gusto contra los tipos de escritores que no te gustan, no veo porqué yo debería censurarme. Y de argumentos te he dado diez párrafos, que no te gusten es otra cosa. Decirle a los demás que se callen porque no te gusta lo que dicen o cómo lo dicen es precisamente lo que perjudica a la literatura y la crítica.

  • 8

    Avatar de lobosluna !

    Cierto en lo primero. Que no tengan, los primeros libros mencionados, calidad literaria o no sean literarios, no los hace necesariamente malos libros. Jamás he dicho que no pueden haber otros tipos de libros y escrituras (de hecho creo que mencioné varios niveles de ella) y ser válidas. Pero en su campo, y aún en él requeriran un minimo de calidad, de lo suyo. Aquí no se habla de los otros tipos de escritura, sino de la literaria; aludir a otros como contraargumento es salirse del tema. Y que yo hable de la calidad literaria y haga esas distinciones en la ESCRITURA LITERARIA (dejo fuera la no literaria) no toca los otros tipos de libros, a menos que se sobre interprete. En lo segundo difiero definitivamente, no creo que se trate del mismo proceso. Personalmente distingo el proceso de escritura para lograr un producto literario de esa mentalidad exageradamente materialista y mercantil, que nos hace creer que todo producto laboral, o todo "producto" tiene que ver con la mercancía o el intercambio de productos y labores. Los distingo porque están en niveles totalmente distintos. Y con respecto a lo de "ególatra", lo único que digo es que hay que ser ególatra para acusar a otros de serlo, y sí, fue expresado (a menos que haya mal interpretado el tono contextual en que lo escribiste) como un insulto hacia los escritores, y sí, como soy ególatra, me creo escritor, así que lo considero intransferiblemente dirigido a mí. Pero que quede claro, sólo el tono o la intención de ser insulto que lo permea en el texto. Porque fuera de eso, es la pura verdad, pero no para arrojarlo a la cara como insulto, sino como una parte esencial del creador, que se hace imprescindible para salvar la creación literaria de esta extraña mentalidad capitalista y materialista que infecta todo, y que ya nos parece tan natural. Y no creo que acusar a otros de esto y lo otro, y despotricar desde la más profunda subjetividad sea argumento de nada. Esos son argumentos v

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