
Escribir algo digerible por la mayoría no está mal. Pero siempre recuerda que lo estás haciendo para la mayoría, que no se te vaya la olla en este punto. Y, sobre todo, intenta tener las espaldas anchas para que algunos, con razón, te digan que sólo escribes papilla digerible para estómagos infantiles. Si esto queda claro y asumido por ti, pues adelante, que ancha es Castilla. Tú allí y yo aquí, que se dice.
Pero si no es así, escritorzuelo, tienes un problema.
En el mundo cinematográfico el asunto quizás se perciba con mayor claridad. Una peli cara requiere de una buena taquilla para recuperar el dinero invertido. Ello provoca un curioso fenómeno: cuantos más efectos especiales tenga una peli, más idiota y plana será. Por eso la ciencia ficción y la fantasía, a grandes rasgos, está quizá tan desprestigiada en el mundo cinematográfico. Por eso películas que se pretenden “filosóficas y profundas” como Dark Knight o Watchmen queden como digests o versiones sin mordiente de obras que fuera de la ciencia ficción y la fantasía ya han ido muchísimo más lejos, en todos los sentidos. (Como es cuestión de dinero, hay obras literarias de ciencia ficción que sí profundizan más que muchas obras generalistas, porque están dirigidas a minorías y la inversión económicas para sacarlas al mercado es mínima: Ciudad permutación sería un buen ejemplo, porque a ver quién es el listo que la lee sin haberse empollado antes unos cuantos años informática avanzada).
Por ejemplo, la trilogía cinematográfica de Matrix le puede parecer una obra maestra a mucha gente, pero no fue precisamente rentable si la comparamos con cualquier otra producción de éxito dirigida a todos los públicos. Del estamento oscuro y mefistofélico que regula qué puede ver un menor y qué no depende en gran parte el éxito de un filme. Ahora podemos ver cómo los creadores de Matrix han decidido decantarse por un producto insustancial como Speed Racer, con mayores visos de alcanzar al público mayoritario gracias a su calificación moral (aunque finalmente les haya salido el tiro por la culata). Steven Spielberg ha tenido que mover hilos para que su próxima entrega de Indiana Jones recibiera un PG-13 (algún material puede ser inapropiado para niños menores de 13 años), de lo contrario difícilmente habría subsistido en taquilla. La nueva trilogía que se prepara sobre la franquicia de Terminator se está dulcificando también para desprenderse de su antigua calificación R, y así, tras escudarse en una violencia poco realista, en unos desnudos que no impliquen sexo y en unas palabrotas de bajo nivel del tipo “leches” o “cachis en la mar”, obtendrán el ansiado PG-13 del comité censor y, por ende, unos resultados más boyantes en taquilla.
La censura del siglo XXI es lo políticamente correcto, una evolución del código Hays estadounidense que ahora infantiliza toda película que quiere recuperar el dinero invertido. Por eso la mayoría de las películas de grandes efectos sólo sirven para disfrutar de los grandes efectos en una sala con sonido THX. No hay color entre una película con mucho CGI y una película con mucha Neurona.
Tampoco lo hay entre un libro que aparece en el Top 10 y otro que pasa desapercibido. Puede que el bestseller sea realmente interesante en sus postulados. Pero lo más habitual es que no se trate más que una reformulación de lugares comunes triturados y procesados como el fast food. Y me fastidia tomar esta postura.
Primero porque no quiero ser más papista que el Papa; segundo porque aquí, en el meollo literario, cada perro se lame su cipote; y tercero porque si una cosa no soy es esnob artístico: consumo basura tan alegremente como consumo arte con mayúsculas: para mí no hay distinciones cualitativas. Si acaso soy elitista en otros terrenos, quizá en el epistemológico, en el científico, en el cultural: sí que hay ensayos malos e inanes o ensayos realemente intachables. Pero en cuanto a obras de ficción, pues oye, la cosa no está tan clara porque la obra artística no tiene como objetivo único el alimentar intelectualmente; hay muchos otras metas subsidiarias y efectos colaterales difíciles de localizar. El arte no se pesa, ergo, como digo, no soy de los que clasifican los libros como buenos o malos, sino como “me gustan” y “no me gustan”.
Y también estoy legitimado para calificar los libros entre sosos y ácidos, entre epidérmicos y viscerales, entre lineales como el electroencefalograma de un muerto y llenos de picos y depresiones como el activísimo corazón de un taquicárdico. Y los bestsellers, es una obviedad económica y social, suelen adscribirse al primer grupo. Al grupo de los que se la cogen con papel de fumar, babean, aplauden y consumen demagogia baja en calorías.
Así que si te gusta consumir o producir cosas como Crepúsculo, La sombra del viento o los textos de Pablo Cohelo, no passsa nada, colegui, que a mí también me gusta (incluso disfruté en algunos momentos La sombra del viento, de Zafón, a pesar de ser una manida chorradilla). Pero sé consciente de que te gustan los potitos para bebé. Y sé también consciente de que si sólo comes potitos para bebé y crees que son la quintaesencia del gusto, es que tu paladar todavía no ha sido acostumbrado a delicatessen que a priori parecen saber mal, como el Whisky, el queso roquefort o la mojama.
Si todavía te saben mal esos sabores, si aún te saben a colonia, a pies o a cuero curtido, es porque aún tienes el elemental sabor infantil de los que sólo aprecian las golosinas, los macarrones con tomate y las palomitas del cine. Del cine donde echan Speed Racer y las chonis flipan colorines con su móvil Real al 4483.

Comentarios
A veces este tipo de novelas van bien para desintoxicar, como quien bebe un vaso de agua entre platos. Al menos luego, por comparación, disfrutamos mucho más las novelas "de verdad".
No has querido quedar como snob literario pero has quedado, no te digo más
#1 Letras Negras, estoy completamente de acuerdo. Aunque en ocasiones también tiene su gracia la diversión inane. Yo soy un fanático del cine cutre de los ´80, por ejemplo. Como dije, es difícil saber si una obra es buena o mala. Algo es seguro, si gusta a muchos tipos de personas, es que algo raro pasa.
#2 Elwen: Vaya… entonces yo tampoco digo más.
Tambien estoy de acuerdo con Letras Negras. Este extenso articulo no es nada más que un blablabla snobista. Que cada cual lea lo que quiera y escriba lo que quiera. No eres ni mejor ni peor por leer solo literatura "de la buena". La literatura está para hacerte disfrutar, y alguien puede disfrutar con "Crepusculo" tanto como tu con con cualquier obra que consideres de tu gusto. Lo que has escrito es criticar por criticar.
Pues lo que dice Segio me parece Sensato y bien argumentado. Los ejemplos que pone traidos del cine comercial son muy oportunos. El negocio de la "cultura" cada día asume más que se dirige a un publico idota e idotizado y entiendo que le parece moral contribuir a esa idiotización. Que cada uno lea lo que le de la gana, por supuesto. Snob es Antonio Gala, por ejemplo, o Rafael Argullol, por poner otro ejemplo, pero no me lo ha parecido Sergio. Todo lo más, un tanto atrevido en sus apreciaciones. Pero qué caray, de eso se trata. Saludos,
Juan Negro, Investigador Privado
Creo que nuestra mala memoria es proverbial, no puedo sino reírme de quienes critican la censura (con animo comercial del cine). Como si estuviéramos retrocediendo… ¿antes las cosas eran mejor acaso? Si miro muy atrás, veo películas donde no aparecía gente de color, sino hombres blancos con maquillaje ¡Eso es censura! Luego veo décadas de musicales ¿Alguien recuerda siquiera un escote o una falda sobre la rodilla?… ya entienden a donde voy, el cine a evolucionado y hoy existe diversidad y libertad, cada estudio y director de cine tiene su línea y sus metas, quizás no las compartimos, pero es de agradecer que exista la libertad de tomar el camino que se elija… En la literatura pasa lo mismo, me temo que secretamente todo esto de “escribir en modo Zombie” esta gentilmente patrocinado por la envidia que a veces provoca el éxito fácil e inmerecido de gente “afortunada”… ¿Pero acaso alguien nos prometió justicia al nacer???
Muchos lectores buscan en las obras distracción, evasión, una historia que les entretenga, que los "enganche", y que no tiene por qué ser de alto nivel literario.
De la misma forma que calificas ciertas obras como "potitos para bebé" otros podrían calificar las que "te gustan" como "platos de sabores tan extraños y rebuscados que cansan a los dos bocados…".
¿Y el libre albedrío Señor?...Dios se lo ha dado, haga uso de él, decida, lo que para usted considera es lo más apropiado y deje al resto también decidir. No infantilice a los demás por sus devociones, sus creencias y sus desiciones. No tilde a los que creen de egoístas y entupidos. ¡Dígame usted!, si yo que creo en Dios y soy capaz de entender el planteamiento y no compartirlo a cabalidad, pero si a aceptar su posición, usted que es una persona culta de acuerdo a lo que su propio ego menciona, ¿porque no respeta la libertad de pensamiento y de sentimiento? ¿Quién lo hace dueño de la verdad?...de su verdad OK, totalmente respetable,… ¿pero de la mía?... ¡por favor, no me tiranice! Para mí, libros como estos que aún siendo bastante inteligentes presentan una fobia tan abrumadora que se hace insostenible su lectura, me perecen tan grabes como las publicaciones homofóbicas, racistas, nazistas, judeofobicas y tantos otros escritos tan llenos de limitaciones, por la falta total de amor con la que se escribieron, (le recuerdo que no hay que ser creyente para amar al prójimo al punto tal de poder respetarlo) que solo se convierte en un libro que pudo tal vez ser inspirador… Tal vez la rudeza con la que me expreso, esta únicamente ligada a lo poco que se de su libro…la verdad solo he leído este articulo…si es así, entonces puedo entender la rudeza con la que a tratado a los que creemos en un Dios vivo…solo por falta de un real conocimiento de lo que es la fe.
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