Novelas que han sido escritas sin usar una letra en particular

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Uno de los fragmentos que me parecen más trepidantes y la vez que aterradores de la novela Misery, de Stephen King, en cuando el protagonista, postrado en la cama de Annie Wilkes, se ve obligado a concebir una novela con una máquina de escribir a la que le falta una letra.

King nos permite ir leyendo el manuscrito que teclea el protagonista, al que indefectiblemente le falta esa letra, como prueba de lo absurdo y desesperado de la situación. La cosa se pone aún peor cuando a la máquina se le caen otras letras, hasta el punto de que el protagonista debe rellenar los huecos con un lápiz. O quizá evitar las palabras que contengan demasiadas de esas letras ausentes.

Algo parecido a lo que han hecho algunos escritores, pero sin la presión esquizoide de Annie Wilkes. Simplemente por jugar. Por comprobar hasta dónde alcanzan sus límites creativos. Autores, en definitiva, que han construido novelas completas sin emplear una letra en particular.

George Perec es seguramente el autor más importante de esta corriente un tanto alternativa y lúdica. Su obra, La Disparition, está concebida exclusivamente con palabras y expresiones francesas que no contienen la letra “e”.

Tal y como explica David Bellos en su libro Un pez en la higuera a propósito de la dificultad que entraña traducir una obra de estas características:

Adair decoró su traducción, titulada A Void, con muchas bromas e interpolaciones propias, y sustituyó las parodias sin “e” de famosos poemas franceses de Perec con versiones sin “e” de bien conocidos versos en lengua inglesa. Muy similares opciones de traducción adoptó el grupo de traductores (Marisol Arbués, Mercè Burruel, Marc Parayre, Hermes Salceda y Regina Vega) al español, más osadas, si cabe, porque en su versión el libro (titulado El secuestro) está escrito sin la letra “a”. Incluyeron también versiones sin “a” de poetas españoles como Bécquer, Miguel Hdez. [sic], Federico [a secas] o “El que murió en Colliure”.

Otro autor hizo lo mismo, también con la e. Fue el escritor estadounidense Ernest Vincent Wright, catedrático del Instituto Tecnológico de Massachussetts, que en 1939 escribió un libro titulado Gadsby, que contiene 50110 palabras y ni una sola “e”.

Otros autores, en vez de suprimir letras, han querido que determinada letra protagonizara toda la obra. Como aquel extraño poema en latín del alemán Christianus Pierus titulado Christus crucifixus, cuyos mil versos estaban compuestos por palabras que empiezan por C (Currite, castalides. Christo comitante camanae...).

El escritor ruso Nikolái Kultiápov, ex coronel del Servicio Federal de Seguridad, heredero del KGB, escribió también La isla de Olga, compuesta por 16.000 palabras que en ruso comienzan todas por “O”.

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