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Tragediagriega

El término “anagnórisis” es un helenismo cuyo significado es “revelación”, “reconocimiento” o “descubrimiento”. Este concepto fue mencionado por primera vez por Aristóteles en su ‘Poética’. Describe el instante de revelación en que la ignorancia da paso al conocimiento.

También se llama agnición, “agnitio” en latín, al paso de la ignorancia al conocimiento que un personaje experimenta acerca de la identidad de alguno o varios de los demás o del personaje acerca de algún hecho. “Anagnórisis” significa lo mismo que agnitio: reconocimiento. Ambas son intercambiables, su uso depende de la tradición lingüística del usuario.

Desde la ‘Poética’ de Aristóteles el reconocimiento o anagnórisis ha sido caracterizado como uno de los puntos esenciales de la trama literaria, en particular en el teatro. Y es que, aunque la anagnórisis es un recurso frecuente en muchos géneros, Aristóteles la describió en relación con la tragedia clásica griega, con la que está asociada de modo especial.

Es el momento crucial de la obra en el que todo se le revela al protagonista, con efectos demoledores, pasando de las sombras y el desconocimiento a la luz. Se suele dar cuando el héroe descubre alguna verdad sobre sí mismo o de algunas acciones, descubrimiento que trastoca su actitud y la trama que cambia de dirección.

Este descubrimiento se suele dar tras una cadena más o menos compleja de vicisitudes, también cuando un personaje es reconocido por los otros, ya sea por medio de una declaración propia, ya sea por medio de un autorreconocimiento de su verdadera identidad.

La anagnórisis y la trama argumental están perfectamente interrelacionadas en la evolución hacia el desenlace de la obra, bien trágico, bien feliz.

Tipos de anagnórisis en la ‘Poética’ de Aristóteles

Según Aristóteles, hay varias clases de agnición, ordenadas de peor técnica a mejor:

  • ... la menos artística y la más usada por incompetencia, … la que se produce por señales.

La agnición o el reconocimiento mediante señales consiste en que un personaje logre identificar a otro debido a particularidades corporales o del atuendo de este último. De hecho, puede ser que lo reconozca por señales corporales “congénitas” o señales “adquiridas”, “y de estas unas impresas en el cuerpo, como las cicatrices, y otras fuera de él, como los collares”. Aristóteles pone como ejemplo que la nodriza de Ulises le reconociera cuando iba disfrazado de mendigo, por una señal, una cicatriz que tenía Ulises.

  • En segundo lugar vienen las agniciones “... fabricadas por el poeta”, serían aquellas en que algún personaje desvela lo que no se sabía explícitamente y de forma no muy verosímil ni necesaria.
  • La tercera se produce por el recuerdo, cuando uno, al ver algo, se da cuenta.
  • La cuarta es la que procede de un silogismo o pensamiento lógico, como en las Coéforos: ha llegado alguien parecido a mí; pero nadie es parecido a mí sino Orestes, luego ha llegado éste”. Al mismo nivel, en tanto agnición, se encuentran los paralogismos, razonamientos con forma silogística pero lógicamente errados.
  • La mejor agnición de todas es la que resulta de los hechos mismos, produciéndose la sorpresa por circunstancias verosímiles.

Aristoteles

Anagnórisis en los distintos géneros

Un ejemplo clásico de anagnórisis en la tragedia griega se halla en el ‘Edipo Rey’ de Sófocles cuando Edipo se entera de que la persona que había matado era su padre y que su esposa es su madre.

En la épica griega tenemos un buen ejemplo de anagnórisis en los últimos cantos de la ‘Odisea’, cuando Ulises vuelve a su patria y varios personajes le van reconociendo hasta que su esposa Penélope le somete a una última prueba para confirmar su identidad.

En la comedia latina la anagnórisis es también un recurso frecuente: en las obras de Menandro y sus imitadores abundan los personajes que han sido abandonados de pequeños y criados como miembros de una clase social inferior. Al final de la obra se descubre por algún indicio su verdadera identidad, cambiando el destino del personaje (matrimonio entre iguales…).

En la literatura española, la anagnórisis es muy habitual en las novelas de caballerías y en las comedias del Siglo de Oro como un topos muy utilizado para solucionar situaciones difíciles y escabrosas (‘La dama duende’, de Calderón, ‘Don Gil de las calzas verdes’ de Tirso…).

También en el drama romántico español se emplea la anagnórisis con frecuencia. En el teatro romántico la anagnórisis se introduce como un elemento integrante de la misma obra, funcionando en la estructura del drama como intensifícador del melodrama. Se aprovechan los recursos efectistas de este motivo para conseguir la sorpresa o el horror e intensificar el concepto fatídico del mundo romántico. Un ejemplo claro sería ‘Don Álvaro o la fuerza del sino’, del Duque de Rivas.

En el Romanticismo no hay voluntad expresa de encubrimiento o disfraz sino que es la casualidad la que provoca la no identificación, y los resultados son trágicos, pues el destino actúa como un juez implacable y severo.

Es un término que también se emplea en el lenguaje cinematográfico para hacer referencia al mismo concepto de anagnórisis como revelación y descubrimiento que da un giro a la trama.

Fotos | Wikimedia Commons
Más información | El tema del reconocimiento en el teatro español del siglo XVI, La anagnórisis y su interrelación con el pensamiento e ideología de la época en ‘La loa curiosa de Carnestolendas’
En Papel en Blanco | Diccionario Literario

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