
El esperpento, como estilo literario, fue creado por Ramón del Valle-Inclán (1866-1936) en su obra Luces de Bohemia, aparecida en 1920 en la revista ‘España’ y en formato libro cuatro años después. El “esperpento” (voz traída del habla popular) se caracteriza por la deformación grotesca de la realidad.
La primera mención la leemos en la escena XII de ‘Luces de Bohemia’ en boca de Max Estrella, antihéroe y trasunto literario de Alejandro Sawa:
Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.(…) Los héroes clásicos reflejados en espejos cóncavos dan el Esperpento. (…) Las imágenes más bellas, en un espejo cóncavo, son absurdas.
La inspiración parece haber surgido en un famoso bar que Valle-Inclán visitaba con frecuencia en las cercanías de la Puerta del Sol, en Madrid. Su fachada estaba decorada con varios espejos cóncavos y convexos que deformaban la imagen reflejada.
Esta desfiguración, graciosa y divertida en un primer momento, es utilizada por el autor para designar lo feo, lo ridículo en el ámbito social y moral. El esperpento actúa como espejo deformante de la realidad, dando como consecuencia una crítica mordaz de ésta.
El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada…; deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.
Si bien el esperpento como tal es creado por Valle-Inclán, él mismo afirma que “el esperpentismo lo ha inventado Goya”, refiriéndose a las estampas caricaturescas y satíricas como las de la serie ‘Los caprichos’. Otro precedente, ahora sí literario, lo encontramos en los versos de Francisco de Quevedo.
Algunas de las características del esperpento, como forma de expresión, son:
Posteriormente, Valle-Inclán aplicaría la técnica del esperpento en su trilogía ‘Martes de Carnaval’, compuesta por ‘Los cuernos de don Friolera’ (1925), ‘Las galas del difunto’ (1926) y ‘La hija del Capitán’ (1927).
En Papel en Blanco | Diccionario Literario

Comentarios
Me llama poderosamente la atención que todos, en alguna medida, - las mujeres como los hombres - somos esperpénticos, para muchas cosas... es que antes de ser observadores 'objetivos', somos al final observadores emocionales, receptores y deformadores de alguna realidad 'construída' por nuestras sencibilidades. Claro, el mundo ideal de las féminas tienen sus parámetros bien definidos, sus colores y sus circunstancias, o los machos políticos, sus jerasquías de poder tenazmente edificadas. Éstos extremos son esperpénticos para los espiritus 'libres' o 'normales', al final éstos tienen el riesgo de ser, además, igualmente esperpénticos... nada se salvo de la crítica, y ser susceptible de la deformación o de la caricaturización en el buen arte de la expresión urbana... cuídense entonces. Saludos desde Lima. :-)
Hay tanto esperpento en la vida...
Y que lo digas... ¡Buena lupa la que tuvo Valle!
España es un esperpento en sí mismo; sin él, para muchos, la mayoría, no sería España. Valle-Inclán era un ser sensacional, con una lengua incomparable y una sensibilidad atronadora, al igual que Baroja, y con un uso de la filosofía o la sicología en la novela que sorprende, con caricaturas propias del expresionismo y la GN98, entre los prototipos hispanos ,o universales, que abundan a puntapala. Un saludo de Samuel.
Escribir un comentario
Para hacer un comentario es necesario que te identifiques: ENTRA o conéctate con FacebookConnect