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Anatomías

Desde que leí La tabla periódica he esperado con impaciencia la próxima obra de Hugh Aldersey-Williams, uno de los escritores que más bien gestionan el maridaje entre ciencias y letras, como un renacentista contemporáneo, totalmente alfanumérico. Y, por fin, aquí está: Anatomías.

Si en La tabla periódica, Aldersey-Williams centraba su atención en cada uno de los elementos que componen la tabla periódica, descifrándonos sus secretos en base a cómo dichos elementos han influido en el arte, la literatura, la historia e incluso en la vida cotidiana, ahora el autor ha pretendido hacer exactamente lo mismo con el cuerpo humano y cada una de sus partes más íntimas. El resultado es tan satisfactorio como el obtenido como La tabla periódica, cuya reseña completa podéis leer aquí.

Aldersey-Williams, como si fuera uno de los personajes del filme de 1966 Viaje alucinante, parece miniaturizarse para viajar por el interior del cuerpo de un hombre con el propósito de desvelar cada uno de los detalles. Reflejando, también, cómo la ciencia ha ido avanzando, tomando posesión de esas tierras recién descubiertas, dividiéndolas en partes, proclamando soberanía sobre ellas en nombre de nuevas disciplinas especializadas.

Y todo ello intersectado con la influencia que ha producido cada uno de esas partes del cuerpo en el arte, la literatura, la sociedad, los prejuicios, la política, todo. Porque, sí, la resolución del ojo humano es aproximadamente dos décimas de milímetro, que aproximadamente es el diámetro del punto que termina esta frase. Pero el ojo también fue una de las obsesiones académicas del filósofo francés René Descartes, del que todos conocemos su cogito ergo sum, pero pocos saben que también escribió un ensayo titulado La Dioptrique (La dióptrica).

Una radiografía que ha sido realizada bajo el prisma renacentista sobre 650 músculos y 206 huesos, 3 millones de cabellos, 200.000 kilómetros de venas, 440.000 millones de células, un corazón que late 75 veces por minuto. 4.500 veces por hora. 108.000 veces al día. 2.800 millones de veces en una vida, y un genoma tan largo que deberíamos teclear en el ordenador 60 palabras por minuto, 8 horas al día… durante 50 años para plasmarlo por completo: si desenrrolláramos todo el ADN de las células de un cuerpo humano, cubriríamos la distancia de la Tierra a la Luna 7.000 veces.

Así de inmenso, y mucho más, es el cuerpo humano. Y gracias a la pluma de Aldersey-Williams, que obra como brújula, sabremos orientarnos mejor nunca por esta nueva geografía.

Editorial Ariel
392 páginas
ISBN: 978-84-344-0959-0

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