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Franz Kafka

Un consejo muy difundido a la hora de escribir, es que no se piense nunca en el lector hipotético. Que se escriba pensando que nadie va a leer la obra en cuestión. Cuando se escribe un diario, este pensamiento se encumbra hasta ser considerado el documento más íntimo posible. La realización de un diario puede ser vista, en definitiva, como el diálogo del escritor con su otro “yo”.

Franz Kafka, por ejemplo, mandó a su mejor amigo quemar sus obras y por supuesto su famoso diario en cuanto él muriese, ya que padecía de tuberculosis. Sus diarios, que describen la cotidianeidad y la resignación de un modo muy rico literariamente hablando, han servido para ensalzar el mito del escritor checo. Un genio, que con sus adversidades y preocupaciones de cada día, generaba en su mente obras maestras por las que, sin embargo, el escritor nunca se sintió valorado. Es muy impactante ver cómo, a través del diario, podemos ver a un individuo que nunca ha publicado y que sin embargo siente que el sentido de su existencia es escribir. Se queja cuando no escribe, y un día en el que no ha escrito es un día perdido. Kafka murió inédito, y hoy en día La Metamorfosis o El Proceso son clásicos de la literatura universal.

Otra labor encomiable de los diarios es su perspectiva social, su tendencia intrínseca a describir el contexto geográfico e histórico en el que se encuentra su autor. Ana Frank, niña judía afincada de la holanda de la II Guerra Mundial, nos concede la oportunidad de tener información detallada sobre su biografía. Pero también explica, la barbarie nazi como víctima y testigo. Podemos llegar a la conclusión de que el diario es una historia en la que el escritor le cuenta a sí mismo, una historia de la que él es protagonista indiscutible.

Algo similar pasa con el zar de Rusia Nicolás II. La guerra contra Japón, en la que Rusia pierde, y el avecinamiento de los soviets, están escritos por él mismo con la misma cantidad de temores que los esperados, de un rey de un país en pleno cambio.

Hoy en día es difícil distinguir entre blog y diario, ya que mucha gente considera que un blog es, en cierta manera, un diario en Internet. Pero el término diario se sigue refiriendo a su acepción tradicional. El diario es ese cuaderno doblado y manido en el que su autor, todos los días, escribe a bolígrafo durante cinco minutos, lo que él considera relevante en lo que le ha ocurrido durante el día. Es un documento de autoconocimiento, de retrospectiva, una obra extremadamente íntima y sincera. Es, en resumen, un libro por y para uno mismo.

Para alguien que quiera empezar a escribir un diario, aquí van unas pautas que pueden ser de ayuda:

1.- La propia vida le parece extraordinaria, es la mejor historia que puede narrar jamás.

2.- Un diario es una historia intimista. En un diario, la objetividad y la sinceridad son cualidades contrapuestas. Se cuenta que el novelista ruso Leon Tolstoi escribía tres diarios. Uno para que lo leyera su mujer, que lo dejaba en un lugar visible de su casa. Otro que pensaba mandarlo publicar póstumamente, que tenía escondido en su habitación. Y otro del que no se desprendía nunca, siempre lo llevaba encima escondido en su bota derecha, en el que ponía sus pensamientos más íntimos.

3.- El diario debe reflejar parcialmente la vida del escritor, o lo que le haya parecido más importante. Si no ha sido un día fuera de lo normal, pero tiene ganas de escribir, quizás lo apropiado es reflejar su estado de ánimo, y explicar por qué el día le ha parecido aburrido, o su visión sobre la monotonía, la rutina…

4.- Los jóvenes y futuros escritores se han servido de un diario para apuntar sus inquietudes literarias. Por ejemplo, el famoso escritor Ernest Hemingway escribía algunas de las cosas que le ocurrían, que podían ser el argumento de una novela. Virginia Woolf plasmaba sus avances con sus obras, y mostraba su regocijo cuando terminaba una novela.

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