‘Historias curiosas de la ciencia’ de Cyril Aydon

2 comentarios

Esta es la segunda incursión de Cyril Aydon en la divulgación científica. La primera fue su biografía de Charles Darwin, el que quizá, a mi juicio, el científico que más ha contribuido en cambiar el mundo. O mejor dicho: la percepción del ser humano sobre el mundo y sobre él mismo.

En Historias curiosas de la ciencia, Aydon cuenta de forma amena (aunque no de forma especialmente interesante) algunas de las más intrigantes historias de la ciencia, pasando revista a algunos de los hechos sorprendentes que los científicos han descubierto sobre nuestra historia y el universo que habitamos.

Cuenta Cyril Aydon que, para escribir este libro, sobre todo se ha inspirado por una obra de Isaac Asimov, Enciclopedia biográfica de la ciencia y la tecnología.

El libro puede leerse en orden, como una introducción a los dos mil años de descubrimientos científicos. Pero los lectores que prefieran una lectura tipo piscolabis, entonces también pueden abrir el libro por una página al azar.

Además, el volumen que nos ocupa presume que el lector no tendrá conocimientos previos de ciencia o matemáticas, de modo que se vanagloria de contar con una única fórmula en todo el texto: E=mc2, del entrañable Albert Einstein.

Con esta claridad expositiva quizá un tanto desalentadora para quienes tengan algunos conocimientos sobre ciencia, Aydon narra anécdotas de la historia, personajes, teorías, leyes, experimentos, conceptos a fin de responder a dudas tal vez un poco estériles para la vida cotidiana, pero sin duda muy estimulantes para cualquier mente mínimamente inquieta por el mundo que le rodea (los epistémicamente hambrientos, absteneos).

Por ejemplo: ¿cómo se produce el arco iris y por qué tiene colores? ¿Por qué el cielo es de color azul? ¿Cómo se inventó la vacuna contra la rabia? ¿Por qué en el calendario gregoriano se eliminaron diez días respecto al anterior calendario juliano?

Los avances científicos, tal como nosotros los entendemos, sólo se han dado dos veces en la historia del mundo. Y entre el crepúsculo del mundo griego y el amanecer de la moderna era científica hubo un intervalo de mil quinientos años, durante los cuales se añadió muy poco al conocimiento científico mundial. ¿Por qué? No puede estar en los genes. Los griegos no eran más listos que los romanos o los chinos, ni los europeos que los aztecas o el pueblo de la Gran Zimbabwe. Quizá la clave es la economía: la ciencia sólo puede prosperar en sociedades lo bastante ricas como para permitir que muchas personas dediquen su tiempo a pensar y hablar.

Editorial Robin Book
Sello Swing
Colección ciencia
320 páginas
ISBN: 978-84-96746-32-9

Sitio Oficial | Ficha en Robinbook

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Comentarios

  • 1

    Avatar de !
    MASP

    Pues como sea como aquél libro titulado "El Pequeño Gran Libro De La Ignorancia (Animal)" del que se hizo una reseña en la que se afirmaba con toda alegría que los delfines pesaban 40 toneladas... http://is.gd/dzkTr

    Estos libros serán muy amenos, pero yo desconfío de ellos más que de mi pulso tras un par de cafés. Si de veras queréis versaros sobre ciertos temas, yo personalmente buscaría otras alternativas, pues según su biografía Cyril Aydon fue consultor de grandes empresas hasta que se jubiló y empezó a escribir. Que no digo yo que el libro esté bien documentado, pero vamos, en principio la cosa no pinta con mucho rigor científico o histórico de por medio. Y lo importante es tener ese conocimiento, aunque luego se explique del modo más sencillo posible, como por ejemplo hace Javier Negrete con su estupendo "La Gran Aventura De Los Griegos". Porque tirar de Wikipedia y escribir un libro de éstos lo podemos hacer todos y de verdad que algunos parecen escritos de este modo. Espero que no sea éste el caso.

    Saludos!

  • 2

    Avatar de Teresa Fernández Prieto !

    El fragmento no es muy sugerente. Estos libros de divulgación debían tener cierto sentido cuando no existía internet pero ahora...No me parece muy inspirador tratar los temas de forma tan superficial y eso que me encanta que la gente tenga ganas de aprender y sea curiosa, aprecio mucho ese afán autodidacta que tienen algunas personas que no han tenido posibilidades de estudiar.

    La palabra piscolabis me parece encantadora, admito el libro si es un aperitivo pero si tenemos que comer...

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