'La cuchara menguante' de Sam Kean

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No somos conscientes de lo importante que es la química en nuestro día a día hasta que contemplamos la realidad bajo el prisma adecuado. Por ejemplo, echemos un vistazo a una bicicleta.

Una bicicleta no es más que algo de mineral de hierro, cromo y aluminio tomado de la tierra, algo de cuero de vaca, algo de savia de árbol tropical, algo de aceite del subsuelo. Luego se funden los metales, y se vacían en distintos moldes. Se vulcaniza la savia hasta que se obtiene caucho y se moldea hasta formar anillos circulares. Se fricciona el aceite para obtener plástico y moldear. Se moldea el cuerpo hasta darle forma de asiento. Se deja enfriar. Y, voilá, ya tenemos bicicleta.

La química son los ladrillos que constituyen todas las cosas que nos rodean, incluso nosotros mismos.

Sam Kean colabora en diferentes medios como New York Times, Slate, The New Scientist o la revista Science y fue finalista del premio Everet Clark / Seth Payne que concede la National Association of Science Writers al mejor escritor de divulgación científica menor de 30 años. Así que ya os podéis imaginar lo sustancioso que es su libro La cuchara menguante.

Probablemente uno de los mejores libros de divulgación científica que he leído en años, y eso que trata esencialmente de una disciplina científica que no me atrae especialmente: la química.

El hilo conductor de esta obra es la Tabla Periódica de los Elementos. Una tabla que llegué a odiar con todas mis fuerzas en el colegio, cuando el profesor me obligaba a memorizarla (sin apenas entender casi nada de lo que estaba memorizando). Pero Kean no escribe un libro al uso.

O sí, pero lo hace condenadamente bien. Kean sabe introducir los temas de una forma distinta, tirando del hilo de otros asuntos llamativos, enfocando el tema central desde sus vértices menos conocidos, dibujándolo todo con lentitud y oficio, hasta conseguir que el simple viaje nos parezca fascinante. Kean se asombra por todo lo que le rodea, y consigue transmitir su asombro como el mejor de los poetas.

Además, Kean parece escribir la biografía de cada elemento químico, convirtiéndolo casi en un personaje histórico muy interesante, y entonces los elementos dejan de ser meros símbolos que no dicen nada a los legos en química.

Además, Kean no se olvida de la ciencia pop, y penetra con su maestría divulgadora en las respuestas a preguntas tan irresistibles como ¿Qué llevaba a Ghandi a odiar el yodo? ¿Por qué los japoneses introducían cadmio en los misiles que iban a matar a Godzilla? O, ¿por qué el telurio condujo a la más extraña fiebre del oro?

En definitiva, un libro completísimo para paladear con pausa. Un libro como pocos se escriben. Una oportunidad de descubrir que la divulgación científica, especialmente la árida química, puede ser tan fascinante como un libro de historia y otro de sociología, todo combinado y agitado en una coctelera donde se agitan los elementos de la tabla periódica.

Editorial Ariel
432 páginas
ISBN: 978-84-344-1364-1

Sitio Oficial | Ficha en Planeta Libros

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