'La historia de las cosas' de Annie Leonard

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¿Alguna vez os habéis preguntado por la historia de las cosas que compramos? ¿De dónde provienen y adónde van a parar cuando las desechamos? Annie Leonard viajó por el mundo durante diez años para encontrar la respuesta. Y descubrió que no sólo despilfarramos sino que dañamos la ecología y agotamos los recursos a un ritmo preocupante.

Annie Leonard explica en la Historia de las cosas cómo el sistema capitalista y las consecuencias que esto tiene para nuestro planeta y las personas que vivimos en él. No en vano, el subtítulo del libro es, nada menos, que De cómo nuestra obsesión por las cosas está destruyendo el planeta, nuestras comunidades y nuestra salud. En ese sentido, el libro de Leonard es el reverso de otro que os reseñé hace poco por aquí: El optimista racional, de Matt Ridley.

Según Ridley, los seres humanos siempre acaban encontrando una salida a sus problemas colectivos, ya sea mediante descubrimientos fortuitos o por movimientos sociales poderosos. En más de una ocasión, por ejemplo, la humanidad ha estado a punto de desaparecer debido a la explosión demográfica y la escasez de alimentos. Pero siempre al límite, hemos hallado la solución: los fertilizantes que permitieron a principios del siglo XX que los campos fuesen más productivos; la invención del motor de combustión interna, que nos desligó de la dependencia de los caballos; los cruces de distintas variedades de trigo…

Por el contrario, Leonard no es nada optimista en ese sentido y apuesta por un consumo racional y un regreso a una especie de frugalidad donde no se apueste permanentemente por el crecimiento económico.

El frugalismo predica la simplicidad voluntaria y renuncia a lo ritmos de vida vertiginosos. El frugalismo surge del inconformismo, de la sed de vida. Este nuevo concepto de austeridad es una respuesta sensata a los excesos de la sociedad de consumo, un rechazo a la ambición, al dinero y al éxito. Se debe averiguar el grado de satisfacción que nos producen las cosas para distinguir una ilusión pasajera de la verdadera satisfacción. Con esta fórmula cada uno puede detectar los valores que le proporcionan bienestar y descubrir de cuántas cosas puede prescindir. Cuando en tu interior sientas que necesitas algo, comprobarás que en un gran porcentaje de ocasiones este algo es de naturaleza material. Entonces, llegado a este punto, formúlate las siguientes preguntas: ¿Lo necesito? ¿Cuántos tengo? ¿Lo voy a utilizar mucho? ¿Le sacaré partido? ¿Cuánto me va a durar? ¿Me lo puede prestar algún otro Insecto Frugal? ¿Seré capaz de limpiarlo, cuidarlo o arreglarlo yo mismo? ¿Querré hacerlo? ¿He buscado o comparado para tener la mejor calidad al mejor precio? ¿Tengo algo que me pueda servir para lo mismo? Y por último, ¿dejaré de ser feliz y dejaré de sentir que hay personas que me quieren a mi alrededor si renuncio a ello?

En definitiva, leer este libro sirve para equilibrar el fiel de la balanza que pueda haber desviado la lectura del libro de Matt Ridley, quizá para tener un juicio más ecuánime, quizá para estar mejor informado; quizá para admitir que, en el fondo, ignoras demasiado para tener una opinión sólida sobre el tema. En cualquier caso, algo está claro: si todos optáramos por la vía de Thoreau, la Tierra no soportaría nuestro impacto medioambiental (as ciudades, porcentualmente, son más ecológicas que el campo). Y se sabe que la madre de Thoreau iba de vez en cuando a su cabaña a lavarle la ropa.

Sitio Oficial | Ficha en Fondo de Cultura Económica

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