Cómo se escribe un ensayo, según Benjamín Prado

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Cuando un escritor opina sobre otro escritor, habla de sí mismo dice Jaime Gil de Biedma. Así concibe Benjamín Prado el ensayo: como una prueba o un intento de formular una teoría de alguien o sobre alguien. Un ensayo no es un estudio, ni una tesis u obra crítica, y mucho menos una opinión.

El ensayo debe tratarse con frialdad, focalizado en la obra de otro sin intención de crítica. En el ensayo el autor sabe la posición que ocupa él mismo, el protagonismo que le corresponde mientras ofrece una visión genérica. Así han operado grandes autores de ensayos como Octavio Paz y T.S. Elliot.

El ensayo es un oficio con reglas. Exige esfuerzo y sinceridad. Citando a Yeats:

De la disputa con los demás hacemos retórica, de la disputa con nosotros mismo hacemos poesía.

El objetivo es domar la realidad a través del lenguaje: decidir qué es lo que se quiere que le pase al lector y definir concretamente el tema, exactamente sobre qué se va a escribir. Un buen ensayista es aquél que divaga lo menos posible. El tema debe ser grande y universal .

El ensayista debe ejercer como ‘detective’ de sí mismo, agotando todas las opciones, sabiendo sobre todo con qué no se está de acuerdo. Importa del escritor su sentido del mundo, de la realidad, y sobre todo la claridad: debe evitar el ser pedante.

A la hora de enfrentarse a un ensayo el autor debe necesariamente tomar parte, adoptar un punto de vista concreto, que le permita a la vez arriesgarse y contemplar todas las caras. En literatura, lo debe abarcar todo, pero no lo puede explicar todo, debe saber a dónde se dirige. Debe ser concreto y tender a la exactitud, no divagar ni ser repetitivo y machacón, intuyendo a cada momento que el lector no le sigue.

El estilo debe ser frío y exacto, y conviene adoptar de cuando en cuando cierta irreverencia, cierta sentenciosidad, afirmando cosas de golpe. La metáfora no debe ser utilizada para adornar, sino para sintetizar. Importa la verosimilitud general. El ensayista debe tener la ambición de conocer el pasado de sus temas genéricos y clarificarlo, para poder reconstruirlo.

Sin embargo, el autor debe ser ante todo humilde, conservador y reaccionario al mismo tiempo, con los pies en el pasado pero apuntando hacia el futuro.

Cursos de verano de San Lorenzo del Escorial, 2003
En Papel en Blanco | Ensayo

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