Enésimo volumen que digiero del cada vez más popular filósofo José Antonio Marina (¿a qué velocidad escribe este hombre?). Bien, en realidad, Crónicas de la ultramodernidad, que así se llama el libro, no es un ensayo al uso sino una antología de sus mejores artículos para la prensa.
Asegura Marina que no le gustan las antologías de artículos, y que en realidad estos artículos, en su concepción, ya estaban pensados para formar un todo, así que en realidad también estamos frente a un ensayo unificado (los artículos están hilvanados por el autor, de tal manera que, si no fuese por unas pequeñas señales, no seríamos capaces de adivinar dónde empieza un artículo y acaba otro, así como dónde el autor ha incorporado alguna adenda).
Quería comprobar si era posible hacer filosofía sistemática en un periódico, a trozos, en contacto con los problemas diarios, en comunicación con los lectores, interactuando con la realidad.
Crónicas de la ultramodernidad resulta una lectura agradable, asequible, y rebosante de curiosidades, anécdotas y fragmentos de otros libros que tratan de reflexionar sobre el mundo hibridando rigor, poesía, dramatismo y sentido del humor.
El problema de Crónicas de la ultramodernidad es que no profundiza en todos aquellos temas que saca a colación, y en ocasiones ni siquiera remata lo que empieza. Las reflexiones de Marina son lúcidas, sus circuitos de pensamiento son lógicos, pero a menudo da la impresión de que se queda en una fastuosa exposición del problema, en un agudo diagnóstico social, que no se atreve a solventar. O quizá es que no tenía demasiado espacio para hacerlo.
Con todo, los libros de Marina siempre resultan interesantes y permiten enfocar desde una óptica sosegada y erudita los problemas más abstrusos, sobre todo dejando siempre en el ambiente la sensación de que nos queda mucho por aprender, que los asuntos son más complejos de lo que parece, y que el propio autor, Marina, tampoco es un sabio que todo lo conoce, sino un buscador, como nosotros, perdido en la inmensidad de un océano de ignorancia.
No en vano, Maria ha obtenido una buena ristra de premios de ensayo, a la vez que ha conseguido cuajar en el gran público, convirtiéndose en algo así como el Eduardo Punset de la filosofía y la educación.
El balance sentimental cambia constantemente. En cinco minutos de conversación puede sentirme colérico, avergonzado, tranquilo, alegre, arrepentido. El cardiograma afectivo es intermitente y lábil. Una misma situación puede provocarnos sentimientos distintos en distintos momentos. Lo que ahora hace reír a un niño puede hacerle llorar al minuto siguiente y a los adultos les pasa algo parecido. Hablar, pues, de sentimientos duraderos es contradictorio.
Editorial Anagrama
Colección Argumentos
ISBN 978-84-339-0595-6
Sitio Oficial | Ficha en Anagrama

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