‘Economía Long Tail’ de Chris Anderson

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Después de leerme en una tarde el impresionante libro Gratis, del editor de la revista Wired Chris Anderson, no podía resistirme a echar un vistazo al libro anterior de Anderson, a pesar de que, a priori, el tema abordado no fuera de mi interés: Economía Long Tail.

Si en Gratis Anderson defendía la siguiente tesis: todo lo que están constituido por bits y no por átomos acabará siendo gratis, tarde o temprano (y nada podemos hacer por evitarlo), en Economía Long Tail hace lo propio con otra tesis igualmente revolucionaria: precisamente todo lo que acabe convirtiéndose en bits se regirá por otro tipo de lógica económica que resulta antagónica con la economía de los átomos.

A saber: que cuanto más se produce, más se gana, con la consecuente subdivisión del mercado hasta la formación de micronichos. Es decir, ya no se venderá un disco a cien millones de personas sino cien millones de discos a un puñado de personas. Casi discos a la carta. Y quien habla de discos, también habla de libros, videojuegos, aplicaciones o cualquier otro producto digitalizable.

Si la industria del espectáculo en el siglo XX se centraba en el éxito y la popularidad de los productos, la del siglo XXI se centrará en los nichos.

El término “The Long Tail” (larga cola” fue acuñada por Jeff Bezos de Amazon, alrededor de 1994, para designar la idea de emplear la eficiencia económica de la venta minorista digital para obtener unas grandes ventas agregadas de artículos de demanda relativamente baja.

Además, esta tendencia también irá produciéndose en menor medida en los artículos construidos por átomos gracias al abaratamiento de la mano de obra y la mecanización de la producción. Lo que permite cada vez a más personas ser miniexpertos que pueden permitirse caprichos que les distingan de los demás (tal y como señalaba aquél dicho yiddish, lo que más alegra al que tiene joraba es descubrir que el prójimo tiene una joroba mayor, y viceversa).

En definitiva, Anderson se ha convertido ya en mi gurú de cabecera. No sólo profundiza en las cuestiones que trata con una documentación exhaustiva y una interconexión de datos que ya quisieran para sí los popes de la consiliencia, sino que lo hace con aparente facilidad y una prosa limpia y bien ordenada que facilita que los conceptos más abstrusos los entienda hasta un niño de diez años.

A menudo me piden que mencione alguna categoría de productos que no conduzca a una economía Long Tail. Mi respuesta habitual es que debería ser algún artículo indiferenciado, en el cual la variedad no sólo está ausente sino que es indeseable. Como ocurre, por ejemplo, con la harina que se vende en el supermercado en una gran bolsa etiquetada “Harina”. Pero luego, cuando entré en nuestra tienda local de comestibles, comprendí que estaba equivocado: hoy las tiendas tienen más de veinte mil tipos diferentes de harina, como la harina integral, la harina de mandioca o la harina de maíz. Asombrosamente, ya existe una “larga cola” en la harina”.

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