'Movimiento Perpetuo', de Augusto Monterroso

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Augusto Monterroso

El escritor guatemalteco Augusto Monterroso ha conseguido sorprenderme mucho con Movimiento Perpetuo, una de las obras más extrañas e impactantes con las que he tenido la suerte de toparme.

Movimiento Perpetuo se escribió en 1972, y más que una novela, es una compilación de reflexiones, pensamientos y relatos que parecen estar conectados por una temática común invisible. Tiene una extensión muy ajustada, pero sólo por la densidad de su contenido merece mucho más la pena que infinidad de novelas de 500 páginas o más que tanto se venden en las librerías últimamente. Y es que Monterroso hace del dicho “lo bueno, si breve…” la principal virtud de su creación, de manera que la imposibilidad de seguir leyendo cuando uno llega al final, implica una rápida segunda lectura, como si fuera un libro de consulta.

Lo más destacable de esta obra es el tono con que se cuenta todo, un tono que al fin y al cabo puede ser el hilo conductor del conjunto, sin que el lector se dé verdaderamente cuenta de qué puede provocar la unidad implícita de la obra. Movimiento Perpetuo es una de las obras cumbre de la ficción breve, y por ello injustamente cuasi-desconocida, a pesar de que es y ha sido intenso objeto de estudio de cómo la prosa de corta extensión puede calar tan hondo como lo consigue, y con extraordinaria solvencia, Augusto Monterroso.

El título viene de un párrafo que con el tiempo está siendo muy citado y alabado:

La vida no es un ensayo, aunque tratemos muchas cosas; no es un cuento, aunque inventemos muchas cosas; no es un poema, aunque soñemos muchas cosas. El ensayo del cuento del poema de la vida es un movimiento perpetuo; eso es, un movimiento perpetuo.

Los apartados de los que se compone el libro casi siempre empiezan con una reflexión sobre la omnipresencia de las moscas. Muchos de ellos son brevísimos apuntes sobre la literatura, la propia experiencia del autor como escritor… Está, por ejemplo, “Fecundidad”, que consiste simplemente en una línea: “Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando una línea”. O está aquel, cuyo título no recuerdo, que empieza exactamente igual que acaba (y no, no es “Onís es asesino”, una completa reflexión sobre los palíndromos), sobre las terribles hipótesis que hace una muchacha consigo misma, sobre un joven que la va a sacar a bailar.

Movimiento Perpetuo es revolucionario, es fascinante, es una ruptura literaria para la que, con sinceridad, todavía no estamos preparados. Muchos lo han calificado de miscelánea literaria, por lo inclasificable de su contenido. Yo prefiero quedarme con lo estimable y sorprendente del conjunto, hasta concluir que es una obra muy a tener en cuenta y un obligado inicio hacia el seguimiento de la obra de Monterroso, autor que se antoja cuanto menos interesante.

Lamentablemente la edición más reciente que ha visto Movimiento Perpetuo en España es una promoción del periódico El Mundo, sin que resulte fácil encontrar otra publicación alternativa. No obstante, para estudiosos de la literatura compensa buscar con ahínco un ejemplar.

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