Tzvetan Todorov y la literatura fantástica

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A Todorov se le reconoce como gran aportación a la Teoría de la Literatura su Introducción a la literatura fantástica de 1970, quizás porque es es la obra que mejor condensa en un brevísimo espacio las ideas para llegar a definir lo que es el fantástico literario. Para empezar, Todorov descarta que la literatura fantástica sea un género, por mucho que lo utilicemos como tal. El fantástico se puede manifestar en cualquier tipo de obra y ocurre cuando el lector es incapaz de descartar completamente lo inverosímil. Esta es su definición:

La ambigüedad se mantiene hasta el final de la aventura: ¿Realidad o sueño? ¿Verdad o ilusión? De este modo nos vemos arrastrados al corazón de lo fantástico. El fantástico ocupa el tiempo de esta incertitumbre. Desde el momento que escogemos una o la otra, abandonamos lo fantástico para entrar en un género vecino, lo extraño o lo maravilloso. El fantástico es la duda experimentada por un ser que sólo conoce las leyes naturales, frente a un acontecimiento aparentemente sobrenatural.

Lo fantástico es según Todorov un espacio en equilibrio entre lo extraño, pero realista, y lo maravilloso. Los crímenes de la calle Morgue de Edgar Allan Poe están el ámbito de lo extraño. Por truculentas que sean las soluciones a las que llega el agudo Auguste Dupin, todas entran dentro de lo excepcional pero posible. El extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde es completamente maravilloso, por el contrario, ya que todo gira entorno a un fórmula alquímica y por ende mágica. Pero leamos La caída de la casa de Usher y busquémosle una explicación. ¿Accidente fortuito o vengativo regreso de la muerte? La técnica del relato atrapa al lector en una duda sin resolver y lo sumerge en el reino nebuloso de lo fantástico.

Sucede por lo tanto que nos topemos con lo fantástico con mayor frecuencia de lo esperado, incluso bajo el sol del realismo puntilloso. Un ejemplo que suelo poner es el de Robinson Crusoe, novela escrupulosamente apegada a la verosimilitud. Sin embargo en un momento Robinson, que se cree solo en la isla, encuentra una huella de un pie en la playa. Su angustia, como la del lector, es la imaginable. Posteriormente descubrimos que los caníbales visitan la isla e inferimos que la huella ha podido ser dejada por ellos. ¿Pero cómo llegaron para marcar un rastro que ni empieza ni acaba, que simplemente está allí? No hay solución a este misterio, tan arraigado en el imaginario de los lectores que H.G. Wells lo recuperará en El hombre invisible.

Lo fantástico impregna la literatura de la misma manera que lo hace con la vida cotidiana. El cerebro más frío y positivista no llega a resignarse a que el mundo sea un caos dividido entre lo que podemos conocer y lo que no. Porque lo que desconocemos es inmenso, desconfiamos de las coincidencias (haberlas haylas, pero ¿quién me asegura que son desinteresadas?) y la imaginación de correlaciones fantásticas funciona tanto como intoxicación como consuelo. Vivir también es caminar por un territorio fronterizo entre conocimento y creencia. Quizás por eso encontramos tan estimulante la tensión y la precariedad que nos induce el fantástico literario.

En Papel en Blanco | Todorov, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales

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