Esta mañana tuvo lugar la ceremonia de entrega del Premio Cervantes 2008 al escritor Juan Marsé en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid). El galardón, dotado con 125.000 euros, fue concedido al escritor catalán el pasado mes de noviembre por el conjunto de su obra. La entrega del Premio Cervantes constituye el acto central en el Día del Libro, junto con la tradicional lectura continuada del Quijote en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, a la que Marsé dio inicio ayer.
En el acto de entrega el Rey Don Juan Carlos afirmó que Juan Marsé (Barcelona, 1933) es uno de los mayores protagonistas de la cultura española durante el siglo XX y en este siglo XXI, y destacó su dominio de la lengua, que emana de la difícil sencillez de su prosa [...] y el valor de la autenticidad como concepto clave en su obra.
Minutos antes de pronunciar su discurso, el autor, poco dado a hablar en público y que, cuando lo hace, suele ser crítico y mordaz, confesó estar nervioso y que la redacción de estas palabras le había costado “más que una novela, pero este acto es mi mejor aventis”. En la ceremonia estuvieron presentes el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y su esposa, Sonsoles Espinosa; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; la Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde; el anterior Premio cervantes, Antonio Gamoneda, y diversos representantes del mundo de la cultura.
González-Sinde se refirió a Marsé como un “creador libre”:
Un escritor por vocación, hecho a sí mismo [de los que] trabajan pieza por pieza, de los capaces de engarzar la ternura y lo canalla, el dolor y el humor, con la minuciosidad del artesano que lleva tras de sí muchas horas de lectura y de trabajo… cuya obra ofrece una narrativa forjada en lo visual, que nos lleva a ver hasta lo que no puede verse.
En su discurso, Marsé apeló fundamentalmente a la memoria, desde su infancia en la Barcelona de posguerra hasta sus primeros éxitos como escritor, sin dejar de lado otra de sus grandes pasiones, el cine. Con humor y ternura, salpicándose de múltiples referencias a títulos y autores, con especial mención al Quijote, se declaró
un lector de ficciones, un amante incondicional de la fabulación. Tan adicto soy a la ficción, que a veces pienso que solamente la parte inventada, la dimensión de lo irreal o imaginado en nuestra obra, será capaz de mantener su estructura, de preservar alguna belleza a través del tiempo.
Y concluyó sus palabras invocando la importancia de la imaginación y la memoria:
Y fue entonces, todavía en años de aprendizaje de quién les habla, cuando la imaginación echó una mirada sobre aquel expolio de la memoria, y le tendió la mano. Era una labor complementaria, en todo caso, porque imaginación y memoria, para el escritor, son dos palabras que van siempre entrelazadas, y a menudo resulta difícil separarlas. Ciertamente un escritor no es nada sin imaginación, pero tampoco sin memoria, sea ésta personal o colectiva, esté proyectada en la novela histórica de fecha más remota, o en la literatura de ficción científica más futurista y fantástica. No hay literatura sin memoria.
Vía | Yahoo! Noticias
Más información | Texto íntegro del discurso de Juan Marsé
Más información | Ministerio de Cultura
En Papel en blanco | Juan Marsé, premio Cervantes 2008
