"Este es Arthur Clarke, diciendo adiós desde Colombo."
“Hola. Este es Arthur C. Clarke hablando desde mi casa en Colombo, Sri Lanka.
A medida que se acerca mi noventa cumpleaños, mis amigos me preguntan qué se siente al completar noventa agostos alrededor del mundo.
Bien, en realidad no me siento ni un día más viejo de los 89. Por supuesto, algunas cosas me recuerdan que cuento como ciudadano de la tercera edad. Como dijo Bob Hope una vez: Sabes que te estás haciendo viejo cuando las velas cuestan más que la tarta.
Me siento ahora perfectamente feliz apartándome y viendo cómo evolucionan las cosas en la Tierra . Pero vivir tanto tiempo también tiene un lado triste. La mayoría de mis contemporáneos y viejos amigos ya se han ido. Sin embargo, dejaron tras de sí muchos valiosos recuerdos en mi memoria.
Ahora paso una buena parte de mis días soñando con los tiempos pasados, presentes y futuros. Como intento sobrevivir con quince horas diarias de sueño tengo mucho tiempo para disfrutar de sueños vívidos. Estar completamente en una silla de ruedas no le impide a mi mente recorrer el universo. Al contrario.
A lo largo de mi vida he sido lo bastante afortunado como para ver muchos de mis sueños convertirse en realidad. Creciendo en los 1920 y 30 nunca esperé ver ocurrir tanto en el plazo de unas pocas décadas. Nosotros, los ‘cadetes espaciales’ de la British Interplanetary Society, pasábamos nuestro tiempo libre discutiendo sobre viajes espaciales. Nunca lo imaginamos en nuestro propio futuro cercano.
Aún no llego a creerme del todo que hayamos cumplido el 50 aniversario de la Edad Espacial. Hemos logrado mucho durante ese período pero la Edad Dorada del Espacio no ha hecho más que comenzar. Después de medio siglo de esfuerzos financiados por gobiernos, estamos observando la emergencia del viaje espacial comercial.
En los próximos cincuenta años miles de personas viajarán a la órbita de la Tierra y, de ahí, a la Luna y más allá. El viaje espacial y el turismo espacial se convertirán en algo tan habitual como el volar a destinos exóticos en nuestro propio planeta.
Las cosas también están cambiando con rapidez en otras áreas de la ciencia y la tecnología. Un ejemplo es la cobertura mundial de telefonía móvil, que ahora pasa del 50% o 3,3 billones de suscripciones. Esto se ha conseguido en poco más de un cuarto de siglo desde que se creó la primera red de telefonía móvil.
El teléfono móvil ha revolucionado las comunicaciones humanas, y está transformando a la humanidad en una familia global que charla infinitamente. ¿Qué significa esto para nosotros, como especie?
Las tecnologías de la comunicación son necesarias pero no suficientes para que los humanos nos llevemos bien los unos con los otros. Es por esto que existen aún muchas disputas y conflictos en el mundo. Las herramientas tecnológicas nos ayudan a todos y diseminan la información, pero también se necesitan cualidades como tolerancia y compasión para alcanzar un entendimiento mayor entre las personas y las naciones.
Tengo una gran fe en el optimismo como principio guía, aunque sólo fuera porque nos permite crear una profecía autorrealizada. Así que confío en que hemos aprendido algo del siglo más barbárico de la historia, el XX. Me gustaría vernos superar nuestras divisiones tribales y que empezaramos a pensar y actuar como si fuéramos una única familia. Esa sería la verdadera globalización.
Ahora que completo noventa agostos, no me arrepiento de nada ni tengo más ambiciones personales. Pero si se me concedieran tres deseos, serían estos:
Primero: Me gustaría ver alguna prueba de vida extraterrestre. Siempre he creído que no estamos sólos en el universo, pero seguimos esperando a que E.T. nos llame o nos envíe una señal. No tenemos manera de averiguar cuándo esto puede ocurrir. Espero antes que después.
Segundo: Me gustaría vernos desenganchándonos de nuestra actual adicción al petróleo y adoptar recursos de energías limpias. A lo largo de más de una década he estado realizando varios experimentos con nuevas energías, pero todavía tienen que producir resultados a escala comercial.
El cambio climático ha añadido un nuevo sentido de emergencia. Nuestra civilización depende de la energía. Pero no podemos permitir que el petróleo y el carbón asen nuestro planeta.
Y mi tercero deseo es uno más cercano a casa. He vivido en Sri Lanka durante cincuenta años, y la mitad de ese tiempo he sido el triste testigo de un amargo conflicto que divide mi país adoptivo. Deseo de corazón ver establecida la paz duradera en Sri Lanka, lo antes posible. Pero soy consciente de que la paz no puede ser sólo deseada. Requiere mucho trabajo duro, valor y persistencia.
Se me pregunta a veces cómo me gustaría ser recordado. Tengo una variada carrera como escritor, explorador submarino, promotor espacial y divulgador científico. De todas estas deseo ser recordado por encima de todo como escritor, que entretuvo a sus letores y, así lo espero, expandió su imaginación también.
Encuentro que otro escritor inglés, que como coincidencia también transcurrió gran parte de su vida en el este, lo expresa muy bien. Así que permítanme terminar con estas palabras de Rudyard Kipling:
If I have given you delight
by aught that I have done.
Let me lie quiet in that night
which shall be yours anon;
And for the little, little span
the dead are borne in mind,
seek not to question other than,
the books I leave behind.
Este es Arthur Clarke, diciendo adiós desde Colombo.”
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