
O Latinoamércia, como prefiráis. Me ha llamado la atención un breve artículo de Jorge Urrutia titulado “Un Rushdie en español”. En él hace hincapié en lo poco enriquecedor que resulta diferenciar literaturas por su nacionalidad o raza sin tener en cuenta un idioma común. Es lo que hizo Salman Rushdie al hablar de “Literatura de la comunidad británica” como el corpus literario en lengua inglesa pero no escrito por ingleses blancos, irlandeses o ciudadanos de los EE UU.
¿Tiene algún sentido distinguir razas en literatura? ¿Habría que tratar por separado la obra de Miguel Ángel Asturias si fuera más o menos indio, de Nicolás Guillén si fuera más o menos negro, de García Lorca si fuera gitano? Es innegable que el origen de cada uno puede determinar su modo de escribir, pero ahí está la riqueza, en la unidad de la variedad.
Como vemos se trata de una cuestión que va más allá de la nomenclatura, que no pocas polémicas ha generado. Llamémosle literatura en castellano, hispanoamericana, latinoamericana… Y quien dice literatura, dice cine o música. Acoger y conocer distintos pasados, distintas culturas, distintos acentos, no puede más que engrandecer.
A nadie se le ocurriría separar la literatura hecha por un andaluz de la de un madrileño. Y mira que puede haber diferencias… (o no). Además, pensemos en la ventaja de no tener que pasar por un proceso de traducción, en el que se pueden perder tantos matices, especialmente si hablamos de la lírica. Lo dicho. Desde España, benditos Neruda, Gabriela Mistral, Darío, Andrés Bello, Borges, Amado Nervo, Benedetti...

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