La última disputa judicial sobre los derechos intelectuales de un escritor es la relativa al argentino Roberto Fontanarrosa, fallecido el año pasado a los 62 años. Gabriela Mahy, su viuda, ha puesto una demanda contra el hijo del primer matrimonio de ‘El Negro’, Franco Fontanarrosa, quien, al parecer, habría presionado a su padre para que firmara la cesión de los derechos en los últimos días de su vida, atenazado por la esclerosis lateral amiotrófica que le habían diagnosticado en 2003. Para Gabriela Mahy, con la que el escritor se casó en 2006, lo que Franco hizo a su padre en vida no puede considerarse más que una aberración. La demanda fue presentada en el juzgado comercial y civil de la ciudad natal del humorista, Rosario.
Lo cierto es que las disputas sobre el legado intelectual de algunos autores son numerosas y no sólo conllevan malestares económicos y sentimentales para los implicados, sino que, lo que es peor, muchas veces dificultan la difusión de la obra de grandes literatos, arrastrándolos poco a poco hacia el silencio.
Uno de los casos más tristes y controvertidos es el de Rafael Alberti, de quien el pasado 28 de octubre se cumplieron nueve años de su fallecimiento. El litigio parte de la gestión de los derechos que realiza El Alba del Alhelí, la sociedad mercantil controlada por María Asunción Mateo, viuda del poeta. Las principales quejas apuntan a las cantidades desorbitadas que pide por los permisos, lo que entorpece la difusión de las obras.
Por ejemplo, es lo que ocurre con la ‘Antología poética’ publicada por Espasa Calpe (Colección Austral), hoy agotada y a la que han denegado los permisos de reedición. A menor escala, pero muy llamativo es el caso de un libro editado por Visor, ‘Centuria’, una selección de poemas de autores hispanos del siglo XX comentados por los “130 mejores lectores de poesía”; Luis García Montero analiza ‘Niebla’, de Alberti, pero el volumen no ha podido reproducir los versos, tan sólo el análisis.
La que más lucha por salvar esta situación es la hija del primer matrimonio de Alberti con María Teresa León, Aitana Alberti, quien afirma:
La gestión de su obra contradice la personalidad de mi padre. Él no era así, era un hombre generoso y ahora veo desaliento entre los que quieren que la figura y obra de Alberti tenga relieve. [...] Ya apenas se oye, ni se sabe de él.
También de gran relieve es la disputa por el legado de Camilo José Cela, entre su viuda y presidenta de la Fundación que gestiona los derechos, María Castaño, y el hijo de un matrimonio anterior del escritor, Camilo José Cela Conde. Ni la Xunta de Galicia ni la Universidad de Santiago de Compostela están conformes con las actuaciones de dicha fundación.
Otro caso doloroso es el del mexicano Octavio Paz. Meses antes de su muerte, Paz creó una fundación con su nombre e hizo presidente al historiador y crítico Guillermo Sheridan. Mediante este acto se garantizaría, por un lado, la conservación de su archivo en México y, por otro lado, que su viuda dispusiera de una renta suficiente para mantenerse. Una vez que el escritor falleciera, su viuda vendería el archivo a la fundación que estaría sostenida económicamente por varios organismos mexicanos.
Pero hoy por hoy, Marie Jose Paz todavía conserva el archivo. En 2001 y tras diversos desencuentros con ella, Sheridan dimitó de su puesto. La viuda pidió cobrar derechos de autor por los poemas que figuraban en la propia web de la fundación, y en cuanto a su negativa a vender el archivo, afirma:
Sufrí una decepción y preferí no dejar sus cosas en manos extrañas. [...] No pierdo la esperanza de hacer yo misma una Fundación Octavio Paz. Eso sí, internacional, no nacional. [...] A él le importaba la obra. Y para difundirla lo mejor no es siempre una fundación.
Con lo que quedan más que abiertas las puertas para que el archivo de Octavio Paz termine en otro país, contradiciendo los deseos expresados por éste.
Sin llegar a estos extremos, el legado de otros muchos literatos se encuentra dispersado o “inmovilizado” por sus gestores: Valle-Inclán, Rubén Darío, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Vicente Aleixandre, Claudio Rodríguez…
Triste, muy triste que, como casi siempre, el vil metal se imponga sobre el Arte.
Más información | ‘Cuando el legado es litigio’ (El País), ‘Alberti, de la Arboleda al olvido’ (El País)

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