
Ray Bradbury se ha convertido en un ícono incontrovertible en la defensa de los libros. En los últimos años ha hecho varias apariciones públicas para impedir el cierre de librerías independientes y ahora lo hace para resguardar la existencia de una biblioteca pública en California que se ve amenazada si no paga 280.000 dólares de los cuales, hasta ahora y a duras penas, ha podido recabar 80.000 .
Bradbury es reconocido principalmente por su novela Farenheit 451 que ha sido señalada como una de las obras fundamentales del siglo XX y como un texto fundamental para la defensa de los libros de papel y de la libertad de los seres humanos para tener acceso al conocimiento universal. Pero más allá de ello y de la desmitificación que él mismo se ha encargado de hacer de la importancia de su novela y de su relación con el futuro del libro, se trata de una figura cuyas declaraciones marcan una suerte de bisagra entre dos posturas contrapuestas sobre el tema.
De lo que no queda duda alguna es de la importancia que los libros, las librerías y las bibliotecas han tenido para este escritor nacido en 1920 en Waukegan, llinois y que desde mediados de los años 30 vive en el Estado de California. Bradbury pide que no le hablen de universidades sino de bibliotecas ya que fueron ellas las que le permitieron formarse gracias al acceso gratuito a los libros.
No creo en las universidades. Creo en las bibliotecas porque la mayoría de los estudiantes no tienen nada de dinero. Yo me gradué del secundario durante la gran depresión y no teníamos dinero. No pude ir a la universidad, entonces fui a la biblioteca pública tres días a la semana a lo largo de diez años.
Con esas palabras comenzó Bradbury su defensa de la Biblioteca H.P. Wright que lucha en estos meses para lograr el objetivo pecuniario que es la única manera de salvar su existencia. No es seguramente la única biblioteca que se encuentra en esta situación y es loable que Bradbury invierta su tiempo y energías en hacer ruido para llamar la atención al respecto. Como bien dice, no pierde nada pero otros pueden verse beneficiados.
La discusión en torno al futuro de las bibliotecas tal como las hemos venido conociendo hasta ahora no puede sostenerse sin hacer referencia al futuro del libro digital y a la tendencia cada vez más amplia de crear y alimentar repositorios de contenidos digitales. Internet, por supuesto, tiene aquí un papel preponderante y Ray Brandbury no tiene empacho en mandarlo al demonio. ¿Las razones? Su intengibilidad:
Es una distracción. No es real. Está en algún lugar en el aire.
Más allá del tremendismo y de las aparentes poses de divismo de un escritor que ya “está más allá de Dios y del Diablo” en términos literarios, estas declaraciones nos permiten observar que el debate sigue estando abierto y a fuego vivo entre aquellos que defienden a ultranza la legitimidad y permanencia del libro en papel y los que apuestan a que muy pronto éste dejará de existir para transformarnos a todos en portadores de equipos en los cuales podremos almacenar todo el conocimiento escrito y publicado a lo largo de la historia.
Esta es una postura, habrá muchas otras y cada uno tendrá sus argumentos. ¿Alguien quiere continuar con el debate?
Vía | Revista Ñ
Más información | New York Times
En Papel en blanco | Bradbury y su defensa de las librerías de viejo, Bradbury desmitifica Farenheit 451

Comentarios
La misma discusión se daba cuando se comenzaron a compartir los primeros archivos de música mediante Internet. Sin embargo, según mi más humilde parecer, creo que los soportes físicos no van a morir nunca, pues mientras existan personas que vean el valor agregado de sostener un libro o abrir un disco recién comprado éstos seguirán existiendo. De alguna u otra forma, sí puede ser que bajen las ventas, pero nunca para que las editoriales y sellos discográficos dejen de publicar obras (al menos eso es lo que quiero creer)
Me gustó el posteo...me recordó cuando, muy niña, leí Farenheit 451.
Saludos y abrazos.
Estoy deacuerdo con Masp.
Tiempo atrás apareció aquí un artículo similar, (No recuerdo si se trataba del mismo Bradbury o Arthur C. Clarke) donde el autor también tendía a condenar los libros digitales, por los motivos ya citados. Comentaré lo mismo que entonces, un Bradbury más joven aplaudiría Internet, después de todo, los escritores de ciencia ficción “siempre” le han apostado al futuro y se han dejado seducir por él. Mr Bradbury (con todo el enorme respeto que merece) lamentablemente a llegado a esa edad en que “todo tiempo pasado fue mejor” A propósito, yo si creo que el libro físico terminará desapareciendo, o transformándose al menos… Pero espero que pase dentro de muchos años, cuando yo también pueda lamentar que en mi época “no sucedían esas cosas”
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