Si te gusta Lovecraft, entonces tienes que ver el documental 'Lovecraft: Fear of the Unknown'

18 comentarios

Poster Lovecraft

La verdad es que le debo unas cuantas al compañero Alkar de ZonaFandom. Y es que gracias a él me he enterado de un par de noticias que me alegraron el día. De una de ellas ya os hablé, la adaptación para televisión de Buenos Presagios, pero es que aún hay más. Y es que me acabo de enterar de la existencia de este documental sobre H.P. Lovecraft, por el que ya sabéis que siento una debilidad especial. Lovecraft: Fear of the Unknown es el título de esta joyita sobre el genio de Providence.

Y es que Lovecraft creó escuela. Su huella puede verse en la literatura de terror posterior e incluso en el mundillo cinematográfico. De esta manera, en este documental se juntan unos cuantos especialistas en esto de hacer pasar miedo al personal para contar como Lovecraft ha influido en sus obras. De Guillermo del Toro a John Carpenter pasando por Neil Gaiman (oh, sí) y Peter Straub. ¿Lo mejor? Que lo podemos ver completamente gratis en su página web. ¿Lo peor? Que está en inglés y sin subtítulos al castellano…

Tengo que buscar tiempo para verlo, y aunque tengo el inglés un pelín oxidado (ejem ejem), este documental me llama poderosamente la atención. Lovecraft es un referente en la literatura de terror universal y su influencia es indudable. Poneos cómodos, afinad bien el oído y a disfrutar de especialistas del terror hablando sobre otro especialista del terror. Si alguien tiene un plan mejor, que me lo diga…

Vía | ZonaFandom
En Papel en Blanco | Las Aventuras del Pequeño Cthulhu, Lovecraft para niños

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H.P.Lovecraft hplovecraft
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Comentarios

  • 1

    Avatar de Josep Oliver !

    Como guionista de El joven Lovecraft, creo que mi obligación será verlo... :)

  • Respondiendo a #1:
  • 3

    Avatar de canelamad !

    ¿En serio? Lo estuve mirando,muy bueno. Enhorabuena.

  • Respondiendo a #1:
  • 4

    interesante

    Avatar de Sarah Manzano !

    Estoy preparando algo de lo tuyo para la semana que viene ;)

  • Respondiendo a #3:
  • 5

    Avatar de Josep Oliver !

    Gracias.

  • Respondiendo a #4:
  • 6

    Avatar de Josep Oliver !

    ¡Oh, qué bien! Si necesitas algo, escríbeme.

  • 2

    Avatar de canelamad !

    Divino, divino, divino. No tengo objetividad en este tema. Gracias por la recomendación.

  • 7

    Avatar de stranno !

    Gran documental y muy buena calidad

    Por cierto, si queréis descargarlo podéis hacerlo con la aplicación (gratuita) StreamStransport, son unos 700MB la versión HD

  • 8

    Avatar de hernandodesoto !

    Fíjate que casi casi antes de terminar de leer tu artículo, pensaba preguntarte cómo conseguirlo

    Bueno, será un ejercicio de idiomas entonces.

    Una buena noticia, sin duda: me siento totalmente fascinado por el imaginario del de Providence: dioses desatados y destructivos, invocaciones, sectas enloquecidas, magia, y lo oculto lovecraftiano, que supone a un tiempo lo más peligroso y atrayente para sus investigadores, que parecen precipitarse hacia el abismo de lo desconocido con la aparente certeza de que la muerte o locura son más interesantes que la vida convencional: quizá también lo fueran para su autor

    Abrazos

  • 9

    Avatar de hernandodesoto !

    Lo acabo de ver: muy bueno, aunque quizá tenga que revisionarlo para que mi desempolvado Inglés alcance su modesta profundidad. Por cierto, no sabía que Del Toro hablara tan bien Inglés, a pesar de que sé que ha trabajado en más de una ocasión en el país norteño.

    La relación entre sus escritos y sus diarios sobre la xenofobia... bueno, creo que en general a Lovecraft le aterraba todo lo que no fuera cercano: otras culturas -ninguna vez, que yo sepa, relaciona cultos evocadores de entidades alienígenas con nativos americanos o culturas anglosajonas-, otros estados -cuanto más alejados de Providence, más inquietantes para él, o ésa es mi impresión-, otras latitudes y paisajes -la Antártida y, sobre todo, el Mar, son escondite de figuras amenazadoras para él-, otros seres -especies animales alejadas de los mamíferos en los que más se inspira para las descripciones: peces, insectos, cefalópodos... y vegetales, como hongos-, otras épocas -sus terrores suelen tener milenios de antigüedad y algunos son pretendida o explícitamente inmortales-, otras religiones -dioses amenazantes, quizá trasuntos del Dios precristiano del Antiguo Testamento- y, en fin, lo desconocido y sugerido por la astronomía... el miedo por la Otridad, que quizá empieza por su temor a sí mismo, por sus aspectos menos controlables: salud e inconsciente. Y, en fin, todo lo que suponga una amenaza por lo inabarcable en el pensamiento: grandes espacios, no sólo en el Cosmos sino en nuestro planeta; grandes períodos de tiempo; lengua, culturas -invocaciones, conjuros, religiones-, imposibles de asimilar--> lo insondable, lejos de ser un acicate que anime a la aventura, a descubrir nuevos horizontes, le suponía un temor difícil de describir, ya que no sólo amenazaba a la vida sino a lo que se podía contener en los esquemas mentales: una amenaza para la misma cordura. Creo que, por lo que he leído de su obra y por lo mostrado en el documental, le atemorizaba el paso del tiempo y la descendencia, amén del inconsciente colectivo -a través de los enloquecidos acólitos, trasunto quizá no sólo del otro sino de la entera sociedad, que parecía, para el autor, creo, manejar ciertas "frecuencias" de comunicación social que él no percibía-. Dos aspectos de su mitología me parecen curiosos, que me acuerde ahora:

    1.-Los mismos aspectos que le atemorizan le espolean a escribir -como si se sintiera impulsado a explorar los límites de sus intuiciones, con el pensamiento de considerar que todo lo que nace de su imaginación puede ser real, como fascinado por el poder de sus concepciones y criaturas, cual artificiero-. 2.- Curiosamente, de todos las amenazas que podía imaginar, nunca trató la de los microorganismos y nunca específicamente la de la enfermedad, que yo sepa, a pesar de su inestable salud.

    Me gustaría leer vuestras impresiones acerca de su obra, ya que veo que contamos con muchos entusiastas en el blog

    Abrazos

  • 10

    Avatar de kruel !

    Como siempre, muy buena recomendación, Sarah. Gracias.

  • 11

    Avatar de Alkar !

    Un placer, Sarah :D

  • 12

    Avatar de hernandodesoto !

    Aquí dejo mis ideas ampliadas

    Los redactores, si lo tienen a bien, pueden borrar el anterior y más corto comentario

    Algunas notas sobre H.P. Lovecraft

    Por la marginalidad inicial de sus temáticas, manierismo y planteamientos -hoy, por un despierto gusto por los cadáveres exquisitos, el alternativo renace sublime- y por su redescubrimiento, quizá nos encontramos ante el Van Gogh de la narrativa de culto. Quizá con la pérdida de sentidos -sin suponer el abrazar otros puntos cardinales más propios, nuevos y mejores- hoy nos sintamos todos un poco hijos del de Providence.

    La relación entre sus escritos y sus diarios sobre la xenofobia da para una larga sobremesa... Creo que en general a Lovecraft le aterraba todo lo que no fuera cercano, epidérmico, incluso: otras culturas -ninguna vez, que yo sepa, relaciona cultos evocadores de entidades alienígenas con nativos americanos o culturas anglosajonas-, otros estados/sistemas sociales -cuanto más alejados de Providence, cuanto más permeables, es decir, más cambiantes, más inquietantes para él, o al menos ésa es mi impresión-, otras latitudes y paisajes -la Antártida y, sobre todo, el Mar, son escondite de figuras amenazadoras para él-, otros seres -especies animales alejadas de los mamíferos en los que más se inspira para las descripciones: peces, insectos, cefalópodos... y vegetales, como hongos... y aún más sus propios semejantes-, otras épocas -sus terrores suelen tener milenios de antigüedad y algunos son pretendida o explícitamente inmortales-, otras religiones -dioses amenazantes, quizá trasuntos del Dios precristiano del Antiguo Testamento- y, en fin, lo desconocido y sugerido por la astronomía... el miedo por la Otridad -el extranjero de más allá de las estrellas, entidades divinas cósmicas o las criaturas y culturas que siempre estuvieron aquí-, que quizá empieza por su temor hacia sí mismo -por lo que siempre ha sido o por aquello en lo que se puede convertir de no mediar vigilancia-, por sus aspectos menos controlables: salud -siempre escasa en su caso- e inconsciente -especialmente aterrador, intuyo, en un paranoico creativo como él-. En relación a las culturas extrañas y amenazantes, o la otridad como peligro de la alienación tiene mucho de tradición anglosajona -no quiero lanzar un furibundo ataque contra los autores de la Leyenda Negra, sino ponderar sus aportaciones, 'efluencias', históricamente- y no debería extrañarnos en un autor que ya es lejano en tiempo además de en espacio; hemos de recordar que el imperio Británico es uno de los que no concebía la mixtura ni cultural ni genética -au contraire que el Portugués o el Español-, ni siquiera cuando, por sentido común o por conocimientos antropológicos -si se quiere acudir a ellos, claro- se evidencia la conveniencia de tal práctica. Cierto es que, como se verá, no siempre produce réditos tal práctica al conquistador -recordemos que fue la orquestación de los criollos la que supuso el coup de grâce a la unidad colonial española-, pero al menos supone una - aristotélica por dualista - forma de expresar aperturismo -y de conseguirlo las más de las veces en lo práctico- y una cierta buena voluntad de no-aculturación, al menos parcial. El británico -y anglosajón, en general- en tales encuentros -que suponen no ya un contacto cultural malinowskiano sino una verdadera fagocitación etnológica- ha totemizado históricamente -y, en estos dos términos, platónicamente- lo británico en elementos de imaginerías tan idealizadas que ya poco tienen que ver sea con los asombrados colonizados sea con los mismos colonizadores. Lo interesante sería sorprenderse por la superación de tales presupuestos. Pero en la cultura anglosajona -o más específicamente, una serie de valijas culturales que parecen haberse, por determinismo autopercibido, fijado a la piel de la cultura unitaria o quizá más saliente-, aun hoy tales esperanzas nacen con dificultad. Sea en Lovecraft como en Tolkien -recordemos que en 'El Silmarillion' y en la nombrada 'El Señor de los Anillos', los antagonistas rara vez son rubios con ojos claros, como sus hipertrofiados elfos, cuyas matanzas/conquistas siempre resultan más cómodas al autor, tocados como están por la gracia de lo keltoi... más bien son sureños y gentes del este que parece haber medrado/degenerado en ambientes más soleados los que han perdido el Norte, nunca mejor dicho, abrazando al Maligno-, la tradición anglosajona de idealizar la cultura primigenia -que en lo paisajístico deviene casi religión animista- es larga, únicamente interrumpida por autores como Rudyard Kipling -que parecen encontrarse a sus anchas en la otridad de lo exótico, quizá el adecuado antídoto contra el veneno eurocentrista aculturizador-, incluso tras la experiencia americana: si bien es cierto que en el pasado denostaron a los nativos, hoy día parecen dar alas a su recalcitrante costumbre de idealización platónica. En tales presupuestos, los verdaderos americanos son percibidos, sucesivamente como salvajes -y no de los buenos-, con la 'absurda' manía de defender sus territorios y modos de vida, asilvestrados en su 'capricho' de no integrarse con un invasor que quizá nunca les acepte como iguales, víctimas históricas -sus derrotas son percibidas por el nordaquista como prueba de un determinismo que da la razón a los conquistadores para pasar a significar más una oportunidad de actuar sobre ellos con condescendencia- y finalmente criaturas idealizadas cuya imagen es ensalzada en su ausencia -como en su ausencia se les impide dar cuenta de su propia biografía-: una ausencia tanto física como moral. En ningún caso el alien aparece/parece percibirse reconocido en los pálidos ojos del auténtico extranjero.

    Y, en fin, siguiendo con nuestro autor, todo lo que suponga una amenaza por lo inabarcable en el pensamiento es tomado por H. P. como inquietante, peligroso: grandes espacios, no sólo en el Cosmos sino en nuestro planeta; grandes períodos de tiempo; lengua, culturas -invocaciones, conjuros, religiones-, imposibles de asimilar--> lo insondable, lejos de ser un acicate que anime a la aventura, a descubrir nuevos horizontes, le suponía un temor difícil de describir, ya que no sólo amenazaba a la vida sino a lo que se podía contener en los esquemas mentales: una amenaza para la misma cordura. Creo que, por lo que he leído de su obra y por lo mostrado en el documental, le atemorizaba el paso del tiempo y la descendencia, amén del inconsciente colectivo -a través de los enloquecidos acólitos, trasunto quizá no sólo del otro sino de la entera sociedad, que parecía, para el autor, creo, manejar ciertas "frecuencias" de comunicación social que él no percibía-. Lovecraft siente que su ser, por imprevisible a los demás -la previsión es uno de los pilares de la pervivencia de toda sociedad- es tan amenazador por incomprensible como lo es el resto de la sociedad, para él, -admitiendo grados de alejamiento cultural, como vimos-, por los mismos motivos. Puede que en este aspecto, sus inaprensibles criaturas sean símbolos de su trasunto empoderizado/¿vengativo?.

    Dos aspectos de su mitología me parecen curiosos, que me vengan a la memoria:

    1.-Los mismos aspectos que le atemorizan le espolean a escribir -como si se sintiera impulsado a explorar los límites de sus intuiciones, con el pensamiento de considerar que todo lo que nace de su imaginación puede ser real, como cautivado por el poder de sus concepciones y criaturas, cual artificiero; es el mismo y paradójico amor por la ingeniería que siente el experto en poliorcética, centrado en vencer tales sistemas-.

    2.- Curiosamente, de todos las amenazas que podía imaginar, externas o internas, nunca trató la de los microorganismos y nunca específicamente la de la enfermedad, que yo sepa, a pesar de su inestable salud. Únicamente vive en algunos de sus relatos una pálida idea de maldición genética/degenerativa y quizá por un simbólico contacto a través de las heridas infligidas por habitantes del espacio exterior.

    Como panorámica conclusión, la vida -no sólo lo extraño, empezando por sus convecinos, dada la más que probable ansiedad social del autor- es el terror para Lovecraft. Pero no cualquier vida. No aquella sistémica, cuasidomesticada que llamamos Naturaleza: ordenada, calmada, maternal, protectora, serenísima, que parece sonreírnos cual ideal Deméter. Únicamente aquélla que parece medrar recalcitrante y ciegamente, en una eterna huída hacia adelante -como el virus que no parece nombrar explícitamente-, inasequible a la consideración -especialmente a la consideración con respecto a lo humano-, independiente de -la consciencia y de- la razón -y de la Historia, al menos la conocida-: el autor ya fantasea con civilizaciones más avanzadas que la nuestra, algunas antiquísimas, varias pasadas, y otras -una especie de sobredimensionados coleópteros- que nos sucederán... la Vida que avanza sin 'moral', precisamente por hacerlo sin propósito, sin posible comprensión, la vida que se contenta con, simplemente ser, existir, sobrevivir y multiplicarse -como los virus-. En este sentido me sorprende que no haya explotado más la amenaza de lo vegetal o de lo microbiológico, como veíamos, puesto que se muestran como las formas de vida más incomprensibles, junto con otras híbridas, como los líquenes -los hongos sí son aprovechados, como los de Yuggoth- para seres animados -e instrumentalistas- como nosotros. Estos ingredientes, cocinados -y siendo también tanto su origen, como su reflejo, claro-, al calor del incipiente marco esquizotípico dan valor y forma a su particular percepción -delirante/creativa- de la realidad: onírica a veces, paranoica siempre, mostrando todo el platonismo de alguien que se siente fascinado a la par que víctima de un unive

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    Avatar de hernandodesoto !

    Os dejo la versión más larga de mis ideas. Los redactores, para evitar redundancias, pueden borrar mi anterior y más escueto comentario.

    Algunas notas sobre H.P. Lovecraft

    Por la marginalidad inicial de sus temáticas, manierismo y planteamientos -hoy, por un despierto gusto por los cadáveres exquisitos, el alternativo renace sublime- y por su redescubrimiento, quizá nos encontramos ante el Van Gogh de la narrativa de culto. Quizá con la pérdida de sentidos -sin suponer el abrazar otros puntos cardinales más propios, nuevos y mejores- hoy nos sintamos todos un poco hijos del de Providence.

    La relación entre sus escritos y sus diarios sobre la xenofobia da para una larga sobremesa... Creo que en general a Lovecraft le aterraba todo lo que no fuera cercano, epidérmico, incluso: otras culturas -ninguna vez, que yo sepa, relaciona cultos evocadores de entidades alienígenas con nativos americanos o culturas anglosajonas-, otros estados/sistemas sociales -cuanto más alejados de Providence, cuanto más permeables, es decir, más cambiantes, más inquietantes para él, o al menos ésa es mi impresión-, otras latitudes y paisajes -la Antártida y, sobre todo, el Mar, son escondite de figuras amenazadoras para él-, otros seres -especies animales alejadas de los mamíferos en los que más se inspira para las descripciones: peces, insectos, cefalópodos... y vegetales, como hongos... y aún más sus propios semejantes-, otras épocas -sus terrores suelen tener milenios de antigüedad y algunos son pretendida o explícitamente inmortales-, otras religiones -dioses amenazantes, quizá trasuntos del Dios precristiano del Antiguo Testamento- y, en fin, lo desconocido y sugerido por la astronomía... el miedo por la Otridad -el extranjero de más allá de las estrellas, entidades divinas cósmicas o las criaturas y culturas que siempre estuvieron aquí-, que quizá empieza por su temor hacia sí mismo -por lo que siempre ha sido o por aquello en lo que se puede convertir de no mediar vigilancia-, por sus aspectos menos controlables: salud -siempre escasa en su caso- e inconsciente -especialmente aterrador, intuyo, en un paranoico creativo como él-. En relación a las culturas extrañas y amenazantes, o la otridad como peligro de la alienación tiene mucho de tradición anglosajona -no quiero lanzar un furibundo ataque contra los autores de la Leyenda Negra, sino ponderar sus aportaciones, 'efluencias', históricamente- y no debería extrañarnos en un autor que ya es lejano en tiempo además de en espacio; hemos de recordar que el imperio Británico es uno de los que no concebía la mixtura ni cultural ni genética -au contraire que el Portugués o el Español-, ni siquiera cuando, por sentido común o por conocimientos antropológicos -si se quiere acudir a ellos, claro- se evidencia la conveniencia de tal práctica. Cierto es que, como se verá, no siempre produce réditos tal práctica al conquistador -recordemos que fue la orquestación de los criollos la que supuso el coup de grâce a la unidad colonial española-, pero al menos supone una - aristotélica por dualista - forma de expresar aperturismo -y de conseguirlo las más de las veces en lo práctico- y una cierta buena voluntad de no-aculturación, al menos parcial. El británico -y anglosajón, en general- en tales encuentros -que suponen no ya un contacto cultural malinowskiano sino una verdadera fagocitación etnológica- ha totemizado históricamente -y, en estos dos términos, platónicamente- lo británico en elementos de imaginerías tan idealizadas que ya poco tienen que ver sea con los asombrados colonizados sea con los mismos colonizadores. Lo interesante sería sorprenderse por la superación de tales presupuestos. Pero en la cultura anglosajona -o más específicamente, una serie de valijas culturales que parecen haberse, por determinismo autopercibido, fijado a la piel de la cultura unitaria o quizá más saliente-, aun hoy tales esperanzas nacen con dificultad. Sea en Lovecraft como en Tolkien -recordemos que en 'El Silmarillion' y en la nombrada 'El Señor de los Anillos', los antagonistas rara vez son rubios con ojos claros, como sus hipertrofiados elfos, cuyas matanzas/conquistas siempre resultan más cómodas al autor, tocados como están por la gracia de lo keltoi... más bien son sureños y gentes del este que parece haber medrado/degenerado en ambientes más soleados los que han perdido el Norte, nunca mejor dicho, abrazando al Maligno-, la tradición anglosajona de idealizar la cultura primigenia -que en lo paisajístico deviene casi religión animista- es larga, únicamente interrumpida por autores como Rudyard Kipling -que parecen encontrarse a sus anchas en la otridad de lo exótico, quizá el adecuado antídoto contra el veneno eurocentrista aculturizador-, incluso tras la experiencia americana: si bien es cierto que en el pasado denostaron a los nativos, hoy día parecen dar alas a su recalcitrante costumbre de idealización platónica. En tales presupuestos, los verdaderos americanos son percibidos, sucesivamente como salvajes -y no de los buenos-, con la 'absurda' manía de defender sus territorios y modos de vida, asilvestrados en su 'capricho' de no integrarse con un invasor que quizá nunca les acepte como iguales, víctimas históricas -sus derrotas son percibidas por el nordaquista como prueba de un determinismo que da la razón a los conquistadores para pasar a significar más una oportunidad de actuar sobre ellos con condescendencia- y finalmente criaturas idealizadas cuya imagen es ensalzada en su ausencia -como en su ausencia se les impide dar cuenta de su propia biografía-: una ausencia tanto física como moral. En ningún caso el alien aparece/parece percibirse reconocido en los pálidos ojos del auténtico extranjero.

    Y, en fin, siguiendo con nuestro autor, todo lo que suponga una amenaza por lo inabarcable en el pensamiento es tomado por H. P. como inquietante, peligroso: grandes espacios, no sólo en el Cosmos sino en nuestro planeta; grandes períodos de tiempo; lengua, culturas -invocaciones, conjuros, religiones-, imposibles de asimilar--> lo insondable, lejos de ser un acicate que anime a la aventura, a descubrir nuevos horizontes, le suponía un temor difícil de describir, ya que no sólo amenazaba a la vida sino a lo que se podía contener en los esquemas mentales: una amenaza para la misma cordura. Creo que, por lo que he leído de su obra y por lo mostrado en el documental, le atemorizaba el paso del tiempo y la descendencia, amén del inconsciente colectivo -a través de los enloquecidos acólitos, trasunto quizá no sólo del otro sino de la entera sociedad, que parecía, para el autor, creo, manejar ciertas "frecuencias" de comunicación social que él no percibía-. Lovecraft siente que su ser, por imprevisible a los demás -la previsión es uno de los pilares de la pervivencia de toda sociedad- es tan amenazador por incomprensible como lo es el resto de la sociedad, para él, -admitiendo grados de alejamiento cultural, como vimos-, por los mismos motivos. Puede que en este aspecto, sus inaprensibles criaturas sean símbolos de su trasunto empoderizado/¿vengativo?.

    Dos aspectos de su mitología me parecen curiosos, que me vengan a la memoria:

    1.-Los mismos aspectos que le atemorizan le espolean a escribir -como si se sintiera impulsado a explorar los límites de sus intuiciones, con el pensamiento de considerar que todo lo que nace de su imaginación puede ser real, como cautivado por el poder de sus concepciones y criaturas, cual artificiero; es el mismo y paradójico amor por la ingeniería que siente el experto en poliorcética, centrado en vencer tales sistemas-.

    2.- Curiosamente, de todos las amenazas que podía imaginar, externas o internas, nunca trató la de los microorganismos y nunca específicamente la de la enfermedad, que yo sepa, a pesar de su inestable salud. Únicamente vive en algunos de sus relatos una pálida idea de maldición genética/degenerativa y quizá por un simbólico contacto a través de las heridas infligidas por habitantes del espacio exterior.

    Como panorámica conclusión, la vida -no sólo lo extraño, empezando por sus convecinos, dada la más que probable ansiedad social del autor- es el terror para Lovecraft. Pero no cualquier vida. No aquella sistémica, cuasidomesticada que llamamos Naturaleza: ordenada, calmada, maternal, protectora, serenísima, que parece sonreírnos cual ideal Deméter. Únicamente aquélla que parece medrar recalcitrante y ciegamente, en una eterna huída hacia adelante -como el virus que no parece nombrar explícitamente-, inasequible a la consideración -especialmente a la consideración con respecto a lo humano-, independiente de -la consciencia y de- la razón -y de la Historia, al menos la conocida-: el autor ya fantasea con civilizaciones más avanzadas que la nuestra, algunas antiquísimas, varias pasadas, y otras -una especie de sobredimensionados coleópteros- que nos sucederán... la Vida que avanza sin 'moral', precisamente por hacerlo sin propósito, sin posible comprensión, la vida que se contenta con, simplemente ser, existir, sobrevivir y multiplicarse -como los virus-. En este sentido me sorprende que no haya explotado más la amenaza de lo vegetal o de lo microbiológico, como veíamos, puesto que se muestran como las formas de vida más incomprensibles, junto con otras híbridas, como los líquenes -los hongos sí son aprovechados, como los de Yuggoth- para seres animados -e instrumentalistas- como nosotros. Estos ingredientes, cocinados -y siendo también tanto su origen, como su reflejo, claro-, al calor del incipiente marco esquizotípico dan valor y forma a su particular percepción -delirante/creativa- de la realidad: onírica a veces, paranoica siempre, mostrando todo el platonismo de alguien que se siente fascinado a la par que vícti

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    Os dejo la versión más larga de mis ideas. Los redactores, para evitar redundancias, pueden borrar mi anterior y más escueto comentario.

    Algunas notas sobre H.P. Lovecraft

    Por la marginalidad inicial de sus temáticas, manierismo y planteamientos -hoy, por un despierto gusto por los cadáveres exquisitos, el alternativo renace sublime- y por su redescubrimiento, quizá nos encontramos ante el Van Gogh de la narrativa de culto. Quizá con la pérdida de sentidos -sin suponer el abrazar otros puntos cardinales más propios, nuevos y mejores- hoy nos sintamos todos un poco hijos del de Providence.

    La relación entre sus escritos y sus diarios sobre la xenofobia da para una larga sobremesa... Creo que en general a Lovecraft le aterraba todo lo que no fuera cercano, epidérmico, incluso: otras culturas -ninguna vez, que yo sepa, relaciona cultos evocadores de entidades alienígenas con nativos americanos o culturas anglosajonas-, otros estados/sistemas sociales -cuanto más alejados de Providence, cuanto más permeables, es decir, más cambiantes, más inquietantes para él, o al menos ésa es mi impresión-, otras latitudes y paisajes -la Antártida y, sobre todo, el Mar, son escondite de figuras amenazadoras para él-, otros seres -especies animales alejadas de los mamíferos en los que más se inspira para las descripciones: peces, insectos, cefalópodos... y vegetales, como hongos... y aún más sus propios semejantes-, otras épocas -sus terrores suelen tener milenios de antigüedad y algunos son pretendida o explícitamente inmortales-, otras religiones -dioses amenazantes, quizá trasuntos del Dios precristiano del Antiguo Testamento- y, en fin, lo desconocido y sugerido por la astronomía... el miedo por la Otridad -el extranjero de más allá de las estrellas, entidades divinas cósmicas o las criaturas y culturas que siempre estuvieron aquí-, que quizá empieza por su temor hacia sí mismo -por lo que siempre ha sido o por aquello en lo que se puede convertir de no mediar vigilancia-, por sus aspectos menos controlables: salud -siempre escasa en su caso- e inconsciente -especialmente aterrador, intuyo, en un paranoico creativo como él-. En relación a las culturas extrañas y amenazantes, o la otridad como peligro de la alienación tiene mucho de tradición anglosajona -no quiero lanzar un furibundo ataque contra los autores de la Leyenda Negra, sino ponderar sus aportaciones, 'efluencias', históricamente- y no debería extrañarnos en un autor que ya es lejano en tiempo además de en espacio; hemos de recordar que el imperio Británico es uno de los que no concebía la mixtura ni cultural ni genética -au contraire que el Portugués o el Español-, ni siquiera cuando, por sentido común o por conocimientos antropológicos -si se quiere acudir a ellos, claro- se evidencia la conveniencia de tal práctica. Cierto es que, como se verá, no siempre produce réditos tal práctica al conquistador -recordemos que fue la orquestación de los criollos la que supuso el coup de grâce a la unidad colonial española-, pero al menos supone una - aristotélica por dualista - forma de expresar aperturismo -y de conseguirlo las más de las veces en lo práctico- y una cierta buena voluntad de no-aculturación, al menos parcial. El británico -y anglosajón, en general- en tales encuentros -que suponen no ya un contacto cultural malinowskiano sino una verdadera fagocitación etnológica- ha totemizado históricamente -y, en estos dos términos, platónicamente- lo británico en elementos de imaginerías tan idealizadas que ya poco tienen que ver sea con los asombrados colonizados sea con los mismos colonizadores. Lo interesante sería sorprenderse por la superación de tales presupuestos. Pero en la cultura anglosajona -o más específicamente, una serie de valijas culturales que parecen haberse, por determinismo autopercibido, fijado a la piel de la cultura unitaria o quizá más saliente-, aun hoy tales esperanzas nacen con dificultad. Sea en Lovecraft como en Tolkien -recordemos que en 'El Silmarillion' y en la nombrada 'El Señor de los Anillos', los antagonistas rara vez son rubios con ojos claros, como sus hipertrofiados elfos, cuyas matanzas/conquistas siempre resultan más cómodas al autor, tocados como están por la gracia de lo keltoi... más bien son sureños y gentes del este que parece haber medrado/degenerado en ambientes más soleados los que han perdido el Norte, nunca mejor dicho, abrazando al Maligno-, la tradición anglosajona de idealizar la cultura primigenia -que en lo paisajístico deviene casi religión animista- es larga, únicamente interrumpida por autores como Rudyard Kipling -que parecen encontrarse a sus anchas en la otridad de lo exótico, quizá el adecuado antídoto contra el veneno eurocentrista aculturizador-, incluso tras la experiencia americana: si bien es cierto que en el pasado denostaron a los nativos, hoy día parecen dar alas a su recalcitrante costumbre de idealización platónica. En tales presupuestos, los verdaderos americanos son percibidos, sucesivamente como salvajes -y no de los buenos-, con la 'absurda' manía de defender sus territorios y modos de vida, asilvestrados en su 'capricho' de no integrarse con un invasor que quizá nunca les acepte como iguales, víctimas históricas -sus derrotas son percibidas por el nordaquista como prueba de un determinismo que da la razón a los conquistadores para pasar a significar más una oportunidad de actuar sobre ellos con condescendencia- y finalmente criaturas idealizadas cuya imagen es ensalzada en su ausencia -como en su ausencia se les impide dar cuenta de su propia biografía-: una ausencia tanto física como moral. En ningún caso el alien aparece/parece percibirse reconocido en los pálidos ojos del auténtico extranjero.

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    Avatar de hernandodesoto !

    Y, en fin, siguiendo con nuestro autor, todo lo que suponga una amenaza por lo inabarcable en el pensamiento es tomado por H. P. como inquietante, peligroso: grandes espacios, no sólo en el Cosmos sino en nuestro planeta; grandes períodos de tiempo; lengua, culturas -invocaciones, conjuros, religiones-, imposibles de asimilar--> lo insondable, lejos de ser un acicate que anime a la aventura, a descubrir nuevos horizontes, le suponía un temor difícil de describir, ya que no sólo amenazaba a la vida sino a lo que se podía contener en los esquemas mentales: una amenaza para la misma cordura. Creo que, por lo que he leído de su obra y por lo mostrado en el documental, le atemorizaba el paso del tiempo y la descendencia, amén del inconsciente colectivo -a través de los enloquecidos acólitos, trasunto quizá no sólo del otro sino de la entera sociedad, que parecía, para el autor, creo, manejar ciertas "frecuencias" de comunicación social que él no percibía-. Lovecraft siente que su ser, por imprevisible a los demás -la previsión es uno de los pilares de la pervivencia de toda sociedad- es tan amenazador por incomprensible como lo es el resto de la sociedad, para él, -admitiendo grados de alejamiento cultural, como vimos-, por los mismos motivos. Puede que en este aspecto, sus inaprensibles criaturas sean símbolos de su trasunto empoderizado/¿vengativo?. Dos aspectos de su mitología me parecen curiosos, que me vengan a la memoria: 1.-Los mismos aspectos que le atemorizan le espolean a escribir -como si se sintiera impulsado a explorar los límites de sus intuiciones, con el pensamiento de considerar que todo lo que nace de su imaginación puede ser real, como cautivado por el poder de sus concepciones y criaturas, cual artificiero; es el mismo y paradójico amor por la ingeniería que siente el experto en poliorcética, centrado en vencer tales sistemas-. 2.- Curiosamente, de todos las amenazas que podía imaginar, externas o internas, nunca trató la de los microorganismos y nunca específicamente la de la enfermedad, que yo sepa, a pesar de su inestable salud. Únicamente vive en algunos de sus relatos una pálida idea de maldición genética/degenerativa y quizá por un simbólico contacto a través de las heridas infligidas por habitantes del espacio exterior.

    Como panorámica conclusión, la vida -no sólo lo extraño, empezando por sus convecinos, dada la más que probable ansiedad social del autor- es el terror para Lovecraft. Pero no cualquier vida. No aquella sistémica, cuasidomesticada que llamamos Naturaleza: ordenada, calmada, maternal, protectora, serenísima, que parece sonreírnos cual ideal Deméter. Únicamente aquélla que parece medrar recalcitrante y ciegamente, en una eterna huída hacia adelante -como el virus que no parece nombrar explícitamente-, inasequible a la consideración -especialmente a la consideración con respecto a lo humano-, independiente de -la consciencia y de- la razón -y de la Historia, al menos la conocida-: el autor ya fantasea con civilizaciones más avanzadas que la nuestra, algunas antiquísimas, varias pasadas, y otras -una especie de sobredimensionados coleópteros- que nos sucederán... la Vida que avanza sin 'moral', precisamente por hacerlo sin propósito, sin posible comprensión, la vida que se contenta con, simplemente ser, existir, sobrevivir y multiplicarse -como los virus-. En este sentido me sorprende que no haya explotado más la amenaza de lo vegetal o de lo microbiológico, como veíamos, puesto que se muestran como las formas de vida más incomprensibles, junto con otras híbridas, como los líquenes -los hongos sí son aprovechados, como los de Yuggoth- para seres animados -e instrumentalistas- como nosotros. Estos ingredientes, cocinados -y siendo también tanto su origen, como su reflejo, claro-, al calor del incipiente marco esquizotípico dan valor y forma a su particular percepción -delirante/creativa- de la realidad: onírica a veces, paranoica siempre, mostrando todo el platonismo de alguien que se siente fascinado a la par que víctima de un universo, de una realidad, a la que sólo puede sentirse unido por su ansia de poder, por el deseo de explorar. El alejamiento neurótico de la vida parece dar pábulo, aliciente y combustible -y, sobre todo, poder- a un anhelo de realidad de la cual siempre se sentirá desnaturalizado, como quien idealiza preternaturalmente a unos padres a pesar de/a propósito del rechazo que emana de ellos. El conflicto entre origen/destino, naturaleza-inconsciente/control-identidad y, en fin, lucha generacional materno/paterno filial es de tal alcance que dejaría al propio Kafka y sus símbolos en mera anécdota: lo inquietante de lo natural, lo familiar, el miedo al rechazo, el temor tanto a lo genético como a lo exterior inundan el espacio y el  tiempo en Lovecraft: su autor, a través de los personajes, únicamente encuentra oxígeno para intentar denunciar al mundo -un mundo que parece ser cómplice de esta conspiración, al menos a nivel inconsciente- tales amenazas antes de que sea tarde -es decir, antes de 'morir', antes de enloquecer, antes de perder la esencia, la identidad, el statu quo-; siguiendo con la comparación, Lovecraft es un escritor profundamente kafkiano en su 'impresionismo' literario: su narrativa no es lineal sino cíclica por cuanto ambos dan -mediante elementos recurrentes- noticia, expresión, cuenta de unos sentimientos, impresiones más emocionales que racionales sin solución de continuidad más allá de sus propios engranajes: no hay conclusión, no hay moralina... no hay esperanza. ¿Nihilismo artístico? Es aquí, creo, el punto en el que encontramos el sentido de sus -varios- dioses: incomprensibles en sus acciones o en la simplicidad de sus comportamientos destructivos; cósmicos en su ubicuidad -inconsciente, inconsciente-; ultrapoderosos en su rechazo, en su indiferencia; crueles en su sabiduría y/o arbitrariedad; mortales en su convocatoria a la par que inmortales en su esencia -arquetipos, arquetipos-; desafiantes del origen, fin y esencia de la identidad de sus acólitos -siendo H.P. el sumo sacerdote de todos ellos, como resulta evidente- y discípulos -en H.P. la magia, la religión y el conocimiento traen descontrol, desazón y locura, aunque, cual destino de héroe, su búsqueda, con auténtica pasión de autosacrificio mesiánico es insoslayable... como indispensable es la búsqueda del amor de un Saturno/padre que nos devorará, algo que encontramos implícitamente en las impías religiones que describe-... y del resto de la Humanidad, ignorante y no por ello más segura... Deidades al fin que, a la sazón de tales méritos, se nos presentan como inefablemente seductores. 

    Lovecraft parece buscar desesperadamente en Platón -lo universal absoluto, enceguecedor dualismo- lo que no ha encontrado en Aristóteles -la propia coherencia entre el anhelo y la acción, en un monismo que una conducta y recompensa-. Su temor nace de la certeza, a pesar de intuida, de que tal búsqueda no será satisfactoria, de que sus sospechas son más reales que lo que recibe de sus sentidos, de que lo inconsciente lo define más que la vida despierta; que sus victorias no llegarán; que su destino de Laocoonte está sellado. Y en el ínterin -o más bien en su sentida, prevista, enteléquica conclusión- puede esbozar una última sonrisa de héroe griego que ha vivido la intensidad vital, acaso la intensidad de la tragedia. Con luminosos momentos de catarsis bien aprovechados. Su literatura, como rito redundante, da constancia de lo antropológico sacrificial allá donde no pudo materializarse la ceremonia de paso en el escenario vital. Su -¿nuestro?- deseo es tan poderoso que se retroalimenta y trasciende.

    ¿Son sus libros recomendables? Totalmente: uno se adentra en su mitología -original, por demás, como el reverso plutónico de un Tolkien en exceso apolíneo- con la curiosidad de un naturalista y se sorprende con ánimos y herramientas para hacer expediciones al inconsciente, propio y colectivo para terminar descubriendo la fascinación por los arquetipos. Es decir, por lo oculto. En otras palabras, por lo pasado. Sin duda, por lo universal. Eso sí: desprovisto de toda ingenuidad. Tales viajes, como bien deja claro el autor, tienen sus riesgos. Aunque uno vuelva de ellos.

    Abrazos

  • 16

    Avatar de hernandodesoto !

    Vaya, al final, el sistema, de pasar inicialmente a no dejarme incluir comentarios largos ha optado por repetirlos

    Señores redactores, les ruego solucionen este accidente

    Gracias y abrazos

  • Respondiendo a #16:
  • 17

    Avatar de canelamad !

    Vaya bucle. ¿Lovecrafatiano involuntario? Interesante tu reflexión de la literatura como rito.

  • 18

    Avatar de lurochoa !

    ¡Bravísimo!

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