¿Tienes lo que hay que tener para despedirte del trabajo como William Faulkner?

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Faulkner

El 5 de diciembre de 1921, el futuro premio Nobel y ganador del Premio Pulitzer William Faulkner consiguió un trabajo como de la Universidad de Mississippi como administrador de correos en su oficina postal. Pero no se aplicó mucho en él: diversos informen apuntan a que fue continuamente sorprendido leyendo, escribiendo; perdiendo o desechando las cartas que llegaban a sus manos, menospreciando a compañeros y clientes por igual, jugando a cartas en horario de trabajo, llegando tarde y marchándose temprano…

Sorprendentemente, el joven Faulkner se mantuvo en su puesto durante tres años, hasta septiembre de 1924, cuando después de una inspección se vio forzado a renunciar. Antes de irse, el futuro laureado escritor dejó a sus superiores una curiosa carta de despedida que, como los adjetivos que caracterizan su estilo literario, parece la puntilla que penetra en el hueco exacto de una situación que de otra forma quedaría ambigua y sin fijar. He aquí:

[Octubre, 1924]

Mientras viva en el sistema capitalista sé que mi vida estará influenciada por las demandas de la gente adinerada. Pero maldito sea si he de estar a las órdenes y disposición del primer gilipollas itinerante con dos centavos para invertir en un sello de correos.

Ésta, señor, es mi renuncia.

(Firmado)

No cabe duda de que el escritor tenía mucho genio, y con su misiva demostró que por encima del dinero estaba su personalidad. ¿Lo habría hecho también ahora con la crisis que en estos momentos vivimos?

[Fuente de la anécdota: Conversations with William Faulkner, edición de M. Thomas Inge]

Via | Letters of Note

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